Geopolítica XXI

una mirada geopolítica desde el sur del sur del planeta


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Esas guerras que EEUU nunca ganará

En los manuales de teoría estratégica se aprende que cuando las guerras no se ganan, se pierden.

El teórico de la Estrategia Karl von Clausewitz sentenciaba que nunca se debe poner en marcha una guerra que uno no haya ganado anticipadamente, situación que caracteriza a la guerra como una situación de ¨nadie gana¨.   Estados Unidos pusieron en marcha dos guerras, en 2001 y en 2003 en las que se suponía que el objetivo político primaba sobre el objetivo estratégico y militar, donde se buscaba terminar con la insurgencia talibán afgana y las divisiones religiosas iraquíes a fin de instaurar en ambos países sistemas políticos democráticos importados desde Occidente.

En Afganistán y en Irak el objetivo político estadounidense y occidental se perdió, ya que ambos países están hoy más destruidos y divididos que antes de 2001 y 2003, y el objetivo militar  ha sido un fracaso, dado que los talibanes siguen actuando en territorio afgano y el territorio irakí está crecientemente dividido por el conflicto entre sunnies, chiitas y kurdos.

Cuando las tropas estadounidenses invadieron y ocuparon Afganistan e Irak, impulsadas por la decisión política de vengarse por los ataques contra las Torres Gemelas del 2001, respondían a uno de los imperativos estratégicos de EEUU en los recientes dos siglos: tratar de llevar la guerra, su propio potencial militar y de guerra, a países lo más lejanos posible del territorio nacional estadounidense.

El resultado de las dos guerras y de las dos ocupaciones militares más prolongadas de los últimos decenios, puede observarse hoy día, cuando una fuerza insurgente yihadista antiestadounidense y antioccidental del movimiento ISIS arrasa a las fuerzas militares iraquíes y toma posesión de sucesivas ciudades camino de Bagdad la capital.

La guerra contra Irak comenzó en marzo del 2003 y en este año 2014, le ha costado entre 3 a 5 billones de dolares a la economía estadounidense y tiene un gigantesco saldo de costo en vidas que bordea el millón de personas (1.220.580 muertos para ser exactos, segun datos de la agencia ORB) , entre soldados estadounidenses y ciudadanos iraquíes.  En los 9 años de guerra y ocupación 1.600.000 ciudadanios iraquíes fueron desplazados de sus hogares, 151.000 civiles fueron asesinados y EEUU en esta guerra prolongada han cobrado 4.486 muertos y 32.223 heridos, lo que permite afirmar que los restantes 1 millon 100 mil victimas son iraquíes.

Al retirarse las tropas de EEUU de Irak a partir de 2011, necesariamente implica al reconocimiento que iniciaron una guerra que no pudieron ganar y donde el escenario actual de Irak es más complejo y más dificil de resolver que el que existía cuando las fuerzas militares americanas invadieron el país en 2003.  El escenario de violencia política y las rivalidades territoriales-religiosas entre sunnitas, chiitas y kurdos amenaza con sumir a Irak en una guerra civil.   La guerra contra Irak no la ganó Estados Unidos y cuando no se ganan las guerras, se pierden.

En las semanas recientes, los  grupos armados yihadistas suníes que luchan contra las fuerzas del Gobierno en Irak se están adentrando en territorio iraquí desde la frontera con Siria tras tomar tres nuevas localidades y siguiendo el curso del río Eufrates, aunque podrían cambiar de dirección y avanzar rumbo este hacia Bagdad.   Encabezados por el movimiento yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), los rebeldes se hicieron con el control de las localidades de Al Qaem, Raua y Aana.

Cabe observar que el actual conflicto iraquí es consecuencia de las políticas sectarias practicadas por el primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki.   Irak es actualmente el escenario de una creciente insurgencia suní, encabezada por el yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), contra el régimen de Al Maliki.

La guerra civil por causas religiosas está a la vuelta de la esquina en Irak: los movimientos suníes se han hecho con el control de varias zonas del norte de Irak, entre ellas Mosul -la segunda ciudad del país y capital de la provincia de Nínive- y amenazan con avanzar hasta Bagdad y los santuarios chiíes de Kerbala y Nayaf.

La guerra contra Afganistán, iniciada en 2001 por los ataques aéreos y la invasión estadounidense y occidental aun no ha terminado.  13 años de guerra que Estados Unidos no han podido ganar, y las fuerzas insurgentes talibanes no han sido derrotadas ni extirpadas.  El costo en vidas para EEUU ha sido de 3.450 muertos y 17.674 heridos, pero hay alrededor de 20.000 victimas civiles y 13.729 efectivos de seguridad afganos muertos.

En 2013 las fuerzas estadounidenses terminaron de retirarse de Afganistan quedando la OTAN a cargo de la ocupación.  La guerra contra Afganistán no la ganó Estados Unidos y cuando no se ganan las guerras, se pierden.

Manuel Luis Rodríguez U.


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La guerra de las Falklands/Malvinas: 31 años después

En la madrugada del 2 de abril de 1982 un contingente militar argentino anfibio invadió las proximidades de Port Stanley, al tiempo que un grupo similar había ocupado las islas Georgias del Sur.  Se iniciaba así una dramática guerra terrestre, naval, aérea, anfibia y aeroterrestre en el Atlántico sur (2 de abril-14 de junio), la unica guerra verdadera y más cercana que hayamos vivido los magallánicos en toda la historia de la Patagonia.

COMO SI LA GUERRA ESTUVIERA OCURRIENDO EN EL PATIO DE TU CASA

La guerra de las Falklands/Malvinas trajo a Magallanes extraños sucesos que forman parte de los anales anecdóticos del pasado regional.  Como los numerosos periodistas y agentes de inteligencia britanicos instalados en el Hotel Cabo de Hornos de Punta Arenas, con sus equipos de radioescucha y de transmisión de datos conectados al instante con Londres.  Como el extraño caso de ese helicóptero británico caido en la costa del Estrecho de Magallanes, en el sector Rio de los Ciervos, a varios cientos de millas de su propio radio de alcance de vuelo y cuyos pilotos fueron reenviados discretamente a Gran Bretaña, poniendo en evidencia la intensa colaboración chilena con la Fuerza Expedicionaria Británica.  Como el caso de los ventanales cubiertos del aeropuerto de Punta Arenas y de los vuelos comerciales, para que los pasajeros no vean el movimiento de aviones de combate y de reaprovisionamiento “no chilenos”, que entraban y salían de la base aérea.  Como el caso de los radares aéreos chilenos ubicados al oeste de Punta Arenas, que sirvieron eficazmente para la detección de aviones argentinos despegando desde Santa Cruz o Tierra del Fuego hacia el “teatro de operaciones Malvinas”.

Desde Punta Arenas escuchábamos por onda corta las emisiones de Radio LU-14 de Rio Gallegos y de la radioemisora BBC de Londres, lo que permitía confrontar las informaciones de la prensa escrita y de la televisión con las respectivas versiones oficiales del conflicto y su desarrollo.

Al final de la guerra en las proximidades del 14 de junio, resultaba paradójico escuchar la retórica esquizofrénica de los “partes de guerra” del Comando argentino de Operaciones en el terreno, que anunciaban la inminente victoria sobre las fuerzas inglesas, transmitidos por radioemisoras argentinas, mientras en el campo de batalla los oficiales y los soldados argentinos se rendían a los comandantes britanicos.

LOS EFECTOS DE LA GUERRA

El drama de la guerra, afectó dolorosamente a miles de soldados conscriptos argentinos, llevados al campo de batalla por oficiales ineptos a enfrentarse con soldados profesionales altamente entrenados y equipados.  La guerra de las Falklands Malvinas demostró la superioridad militar de los soldados profesionales sobre los soldados conscriptos, lo que llevaría más tarde a las FFAA argentinas y chilenas a decidir la profesionalización completa de sus contingentes, terminando con la conscripción universal obligatoria.

El impacto humano y moral de los combatientes argentinos y sus familiares, por esta guerra, se compara con el perjuicio material y psicológico de los kelpers habitantes de las islas, que vieron la invasión de sus campos, la muerte de su ganado y vivieron el peligro de los combates aéreos y terrestres.

La invasión de las Falklands/Malvinas por Argentina en 1982, fue la “salida alternativa” de la política militar agresiva de los militares argentinos, de haber emprendido un ataque e invasión sobre las islas del canal Beagle en el extremo austral del continente.  Después de triunfar en las Falklands, Argentina iba a producir un ataque sobre los territorios australes chilenos, como lo han revelado documentos argentinos desclasificados en 2009 (nos referimos al Informe Rattenbach).

EL ESCENARIO GEOPOLITICO Y DIPLOMÁTICO ACTUAL

Al término de la guerra, el cuadro geopolitico que rodea a las Falklands/Malvinas es más desventajoso para Argentina, no obstante su ambiciosa y exitosa ofensiva diplomática demandando la reapertura de negociaciones con el Reino Unido por la soberania de las islas.   Las islas disponen ahora de un considerable contingente militar, naval y aéreo, infinitamente mayor al que contaban en 1982, mientras Gran Bretaña se niega a discutir una soberanía que los propios kelpers no desean ceder, según los resultados obvios de un reciente referendum.

Si los kelpers tienen una palabra que decir en este asunto controversial, la experiencia de la invasión de tropas argentinas y de la guerra ocurrida en sus propios campos de pastoreo lanar, no es el mejor antecedente para mejorar las relaciones con los vecinos argentinos.

En el contexto del cono sur del continente sudamericano y de los mares australes, la presencia británica en las Falklands/Malvinas actúa como un factor de estabilidad geopolítica y geoestratégica, pero la presión diplomática argentina necesariamente tendrá que producir resultados, de manera que Gran Bretaña no puede sostener indefinidamente su negativa a sentarse a dialogar.

Al mismo tiempo, avanzan lentamente las minuciosas exploraciones de la firma Rokhopper en el fondo marino de la plataforma de las islas, en busca de yacimientos de hidrocarburos y los resultados hasta hoy son prometedores.  De este modo, el eventual hallazgo de petróleo y/o gas natural en la zona podría introducir un nuevo elemento de conflicto y agregar un nuevo juego de intereses para complicar aún más la controversia política y diplomática entre Argentina y Gran Bretaña.

Mientras la diplomacia corre por un carril, las relaciones humanas y comerciales entre las islas y el continente sudamericano corren por otro carril, donde la región de Magallanes y Punta Arenas cumplen un importante y sensible rol de puente aéreo y marítimo.

Pero la diplomacia es la herramienta política fundamental en este asunto.

Siempre entendiendo que en diplomacia el apresuramiento nunca produce buenos resultados, pero el inmovilismo tampoco.

Manuel Luis Rodríguez U.

PARA SABER MAS:

http://www.rockhopperexploration.co.uk/rockhopper.html

La versión inglesa del conflicto de 1982:

http://www.falklandswar.org.uk/

La versión argentina del conflicto de 1982:

http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Malvinas


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Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales.  Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx.  La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación.  Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.   Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.

Manuel Luis Rodríguez U. 

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.- 

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.

En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.

Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático. 

El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.

En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital.  En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.

Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.

En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza.  En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas.  La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.

El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.

La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.  

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Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.


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El derecho a intervención como prerrogativa imperial

Pocos medios de comunicación a nivel mundial parecen haber puesto de relieve este aspecto de la operación “Jerónimo” que realizaron fuerzas especiales SEALs de Estados Unidos en territorio nacional pakistaní, para asesinar a Osama Bin Laden: que, desde el punto de vista internacional fué una operación militar comandada y realizada por fuerzas militares estadounidenses en territorio pakistaní, saltándose todos los límites de la soberanía, las fronteras nacionales, la autoridad del Estado y las prerrogativas del derecho internacional. 

¿Y el Estado de Pakistan qué tiene (o qué puede)  decir en este asunto?  ¿Hay agentes de la inteligencia o de las fuerzas armadas, o del gobierno de Pakistán que sabían de la residencia de Bin Laden en ese país, desde hace 5 años?  ¿Puede Pakistán considerar a los Estados Unidos como un aliado confiable?  ¿Puede Estados Unidos considerar a Pakistán como un aliado confiable?  La cuestión trasciende los límites del derecho internacional, para internarse en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia. 

Es decir, desde el punto de vista del derecho internacional, se ha  reafirmado y consagrado -una vez más-  la posibilidad que el imperio estadounidense pueda intervenir en cualquier territorio de un país extranjero, si los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos así lo requieren.  El interés nacional de los Estados Unidos y sus intereses de seguridad, se han convertido en la regla no escrita que rige las relaciones internacionales.

Militarmente, podría decirse que la operación para eliminar a Bin Laden fué “perfecta”: todo fue orquestado durante varios meses (desde agosto de 2010), con agentes estadounidenses de la CIA y actividades de inteligencia en territorio pakistaní instalados cómodamente a varios cientos de metros de la residencia, sin informarle ni a los servicios secretos ni al ejército ni al gobierno pakistaní, y realizada por comandos SEALs con helicópteros ultrasecretos, drones de vigilancia, observación satelital de precisión, armamento sofisticado, comando centralizado en la sala de situación de la Casa Blanca en Washington y tropas aerotransportadas al lugar. 

El unico problema es que esta operación estadounidense, ocurrió en territorio de un supuesto aliado de Estados Unidos: en el territorio nacional del Estado de Pakistán.

El derecho a intervención existe en el mundo global actual, por lo tanto, desde que Estados Unidos es la única potencia militar y estratégica global, es decir, el único Estado con capacidad militar, tecnológica, logística y estratégica para trasladar, posicionar, introducir y extraer fuerzas militares propias en cualquier punto del planeta.

El derecho a intervención es una prerrogativa política imperial, precisamente porque el imperio está dotado de la capacidad material y estratégica para intervenir.  ¿Cómo podría denominarse a una práctica llevada a cabo por un actor político internacional o un Estado, de intentar asesinar a sus enemigos en cualquier lugar donde se encuentren, sino una práctica terrorista?   Hay otros Estados que ya han dado pruebas y ejemplos vergonzosos en esta materia, como el caso de Chile en 1976. 

¿Qué es entonces un Estado terrorista?

La captura y muerte de Bin Laden sería, desde este punto de enfoque, unica y simplemente un asesinato internacional, cometido por fuerzas militares extranjeras en territorio pakistaní, actuando para un Estado extranjero, es decir, para los Estados Unidos, en una operación en la que intervino la totalidad de la cadena de mando militar estadounidense, desde el Presidente de los Estados Unidos hacia abajo.

La muerte de Bin Laden es entonces un asesinato legitimado por el poder político y militar de los Estados Unidos y por la enorme mayoría de los medios de la opinión pública mundial.

¿Está justificado entonces que una potencia extranjera, un Estado nacional cualesquiera, pueda colocar tropas suyas en territorio extranjero y eliminar a uno o varios individuos residentes en ese país, porque éstos ponen en riesgo la seguridad nacional de este Estado?

La comparación de este ataque con la destrucción de las torres del World Trade Center y el Pentágono en 2001, no resiste ningún análisis, toda vez que dicha acción no fue obra de un Estado especifico, sino de una red de organizaciones islámicas sin territorio nacional propio.  Estamos en el centro de la controversia acerca de los límites y los alcances de la guerra en los tiempos actuales.

El derecho a intervención o a ingerencia en los asuntos internos de otros países ¿es una prerrogativa exclusiva de algunos Estados con capacidad de intervenir en otros territorios nacionales?  ¿Cuales son los criterios que rigen este nivel de las relaciones internacionales: el interés nacional de cada Estado, el derecho internacional, los intereses geopolíticos de cada actor internacional, los principios de la la ética internacional?

¿No estará ocurriendo en realidad que la muerte de Bin Laden sirve a los Estados Unidos para recuperar su credibilidad menguante de potencia unipolar y global, previo a retirar sus tropas de Afganistán ante el fracaso evidente -o la ausencia de victoria- en esa interminable e incontrolable guerra de guerrillas?

¿Asistimos en realidad al momento final de las soberanías nacionales y estatales propias del paradigma westphaliano?

¿Cuál es el lugar que tiene hoy, en el  postmoderno siglo xxi, la Razón de Estado como ideología del Estado imperial?

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES Y REFERENCIAS

Weiner, T.: Legado de cenizas.  La Historia de la CIA.  B. Aires, 2008. Editorial Sudamericana.

Council on Foreign Relations:   http://www.cfr.org/terrorism/bin-ladens-leadership-legacy-jihad/p24922

http://www.monde-diplomatique.fr/2011/05/ROBERT/20488


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Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.


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Seguridad y defensa: los nuevos paradigmas en el siglo xxi

Los problemas militares y de la guerra han visto desaparecer y transformarse sus grandes conceptos y paradigmas tradicionales de sustentación.

Desde fines del siglo xx, con el fin de la bipolaridad y las tendencias a la mundialización/globalización, asistimos a una profunda metamorfosis de la cuestión militar y estratégica, a un cuestionamiento de las certezas teóricas y conceptuales existentes en materia de seguridad y defensa.

Desde la guerra de masas y de armamentos industriales, vamos avanzando hacia la guerra focalizada, hacia instrumentos bélicos inteligentes, precisos y de alta letalidad. Desde los ejercitos masivos, territoriales y pesados, vamos hacia la configuración de fuerzas militares reducidas, altamente sofisticadas, interarmas, de reacción rápida y con creciente capacidad de ubicuidad y proyección para dar cuenta de las nuevas amenazas y riesgos.

Desde la guerra material, masiva y territorializada que se ganaba en las conciencias y en la opinión pública después que en el terreno, vamos hacia la guerra digital, desterritorializada, inteligente y quirúrgica que se ganará en las pantallas antes que en el teatro.

CONTENIDO Y FORMA DE LOS CAMBIOS EN LA ESFERA ESTRATÉGICA

Los grandes cambios sociales y culturales originados en la transformación tecnológica desencandenada con la incorporación de las TICS en todo el teatro estratégico, genera a la vez efectos sinérgicos y de dispersión en la esfera de los sistemas de armas, en los diseños estratégicos de la acción bélica, en la naturaleza y carácter del teatro de la guerra y en el campo de batalla, mientras los esquemas geopolíticos y geoestratégicos se modifican para dar paso a escenarios de conflicto caracterizados por la indeterminación, la fluidez, la complejidad y la ruptura y compresión del espacio/tiempo.

El fin del llamado ciclo de la disuasion (1945-1990) no solo puso fin a la bipolaridad Este-Oeste, si no que hizo trizas también las nociones tradicionales de fronteras y de soberanía, al mismo tiempo que hicieron implosión las dimensiones de la amenaza y de los riesgos a que se enfrentan los actores internacionales en la escena global.

Esta implosión metamorfósica de la problemática estratégica, ha traido como una de sus consecuencias más profundas, el que la cuestión de la guerra y de la paz, de la defensa y la seguridad, han dejado de ser asuntos de estricto orden militar o castrense para abarcar dimensiones hasta hoy poco consideradas en el debate y en la teoría estratégica tradicional.

¿Estamos entrando en una época post-clausewitziana?

Probablemente sí, a condición que entendamos que el paradigma clausewitziano estaba construido sobre la forma trilateral del espacio/tiempo/profundidad, parámetros que hoy han sido cuestionados por el arma nuclear, por las armas biológicas, químicas y ecológicas, por la miniaturización y digitalización de los sistemas de armas y por su proliferación horizontal.

INCERTIDUMBRE, METAMORFOSIS Y RIVALIDAD HEGEMÓNICA

Tres categorías de análisis nos permiten comprender los cambios en curso. Incertidumbre, metamorfosis y rivalidad hegemónica abren el abanico de los criterios para el análisis geoestratégico y geopolítico.

Estamos en presencia de un período de transición en el orden global, y esa transición se caracteriza por la incertidumbre, es decir, por la prevalencia de un clima de indeterminación y de imprevisibilidad de las tensiones, las rivalidades y los conflictos.

La noción de metamorfosis subraya los procesos de mutación gradual y contínua, así como la transmutación e imbricación de cambios ambientales, económicos, políticos, socio-culturales y estratégicos que experimenta el sistema-planeta, en una sinergia circular e interdependiente, donde unos y otros procesos, a velocidades y ritmos distintos y con distintos grados de intensidad, repercuten sobre la totalidad del sistema ocasionando transformaciones.

El orden internacional se encuentra en una transición entre un orden bipolar hacia un orden multipolar, transición durante la cual predomina un esquema unipolar de las hegemonías. La potencia unipolar estadounidense ha instalado un orden global que no termina de ser aceptado ni reconocido, mientras los demás actores y potencias de alcance mundial, se aprestan a rivalizar por la futura hegemonía global, dando paso hacia mediados del siglo xxi a una disputa multiple o a escenarios diversos y sucesivos de rivalidad hegemónica a diversas escalas y niveles.

Transitamos hacia un orden global multipolar -el escenario geoestratégico más probable de mediados del siglo xxi- al mismo tiempo, que nos acercamos a una prolongada etapa de rivalidad hegemónica entre potencias globales, potencias mundiales y potencias regionales por acceder a niveles mayores de la jerarquia de potencias en el sistema-planeta.

SEGURIDAD Y SOBERANÍA

Una primera revolución conceptual en esta materia es hoy la cada vez más estrecha relación e inter-dependencia entre seguridad y soberanía.

Si la seguridad es una condición compleja que hace posible el desarrollo y posibilita la existencia en condiciones de estabilidad, la soberanía se asocia a la seguridad, en tanto y en cuanto se define como el conjunto de atributos irrenunciables de un Estado para asegurar su supervivencia y su desarrollo. La seguridad se relaciona y se asocia con la soberanía, como dos dimensiones de una misma necesidad esencial del Estado moderno en el actual orden global, de hacer suyos los atributos y recursos estratégicos necesarios para obtener y mantener un lugar en el orden mundial, en un marco estructural asimétrico de relaciones entre los Estados y demas actores internacionales.

Aun en un orden global de relativización de las fronteras, el Estado nacional sigue siendo el actor principal de la escena internacional y el único dotado de la capacidad soberana de determinar cuáles son los recursos estratégicos que hacen posible y necesaria su supervivencia. Es el Estado el que define qué es estratégico para su supervivencia y para su desarrollo, en la prespectiva del presente y del futuro previsible.

LAS NUEVAS DIMENSIONES DE LA SOBERANÍA

De estas definiciones, surgen a lo menos tres dimensiones nuevas que se incorporan en la reflexión estratégica y geopolítica. Una de ellas es la soberanía energética, así también como la cuestión de la soberanía alimentaria y la soberanía ambiental.

En los próximos decenios del siglo xxi, la cuestión clave del desarrollo (a cualquier escala) será el acceso hacia fuentes eficientes de energía en condiciones de autonomía relativa. Los Estados y las corporaciones seguirán enfrentados e impelidos a la necesidad de acceder a fuentes de energía para impulsar el desarrollo, y por lo tanto, seguirán siendo estratégicas dichas fuentes. Al mismo tiempo, la escasez de energías no renovables y la rivalidad por controlarlas, agudizará los conflictos y las amenazas y riesgos de conflicto por su acceso y control y continuará siendo un factor polemológico de primera importancia.

Del mismo modo, el acceso y la provisión de recursos alimentarios, por parte de los Estados continuará ocupando un lugar crucial en las preocupaciones de políticos y economistas.

Así también la ecología y el medio ambiente serán factores de conflicto adicionales, tanto por la necesidad de los Estados de controlar el agua y preservar sus propios entornos naturales, como por el imperativo de cautelar su respectivo patrimonio ecológico territorial. Los riesgos de guerra ambiental, es decir de utilización de componentes del clima o del medio ambiente como instrumentos de destrucción masiva, podrían acentuarse en el futuro.

El conjunto del orden global, despues de haber funcionado en una tendencia hacia la concentración de los actores (propio de la guerra fría, durante la primera mitad del siglo xx), marcha hacia una tendencia a la dispersión de los actores internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

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