La guerra oculta entre Irán y EEUU estalla en Irak – JAVIER ESPINOSA – El Mundo

La fuerza militar y política de las milicias pro iraníes en Irak no ha cesado de crecer desde diciembre de 2011, cuando concluyó la retirada de las fuerzas de EEUU que habían participado en la catastrófica aventura de 2003.

Miembros de las fuerzas paramilitares heridos en Qaim, Irak. REUTERS
Oriente Próximo. La muerte de un contratista estadounidense en el ataque a una base militar iraquí eleva la tensión entre EEUU e Irán
La iconografía de Ciudad Sadr estuvo dominada desde la invasión de 2003 por la profusión de retratos del gran ayatolá Mohamed Sadeq al Sadr y de su hijo, Muqtada al Sadr, hasta que años más tarde los visitantes de ese suburbio de Bagdad comenzaron a descubrir banderolas con un diseño casi calcado al del Partido Hizbulá libanés.

Al principio, la aparición de los estandartes de Hizbulá Irak pasó desapercibida en medio del caos y la tragedia que suponía la guerra civil que azotaba en esos años a la nación árabe, pero era una simple confirmación de la preeminencia que Irán iba a conseguir en ese país ante el vacío de poder que generó la arremetida de EEUU.

En un error estratégico mayúsculo, que nunca pudo reconducir, y que dio inicio al ocaso de su preponderancia en Oriente Próximo, Washington permitió que Irak se convirtiera paso a paso en un escenario idóneo para la expansión de la influencia iraní, que se tradujo en la creación de una miríada de organizaciones paramilitares afines que hoy constituyen un elemento central del poder político en Bagdad.

El asesinato del poderoso general iraní Soleimani en un ataque con misiles en el aeropuerto de Bagdad, ordenado por Trump y que se produce sólo tres día después de que EEUU bombardeara instalaciones del citado Hizbulá en Irak, abre una nueva fase en la pugna regional que libran EEUU e Irán, que ha estallado con toda su virulencia en Irak.

La fuerza militar y política de las milicias pro iraníes en Irak no ha cesado de crecer desde diciembre de 2011, cuando concluyó la retirada de las fuerzas de EEUU que habían participado en la catastrófica aventura de 2003. Primero se sirvieron del territorio sirio como campo de entrenamiento, cuando Teherán movilizó a sus aliados para apoyar al régimen de Bashar Asad.

Después, en 2014, cuando Irak tuvo que hacer frente a la ofensiva del Estado Islámico, Irán multiplicó su asistencia y apadrinó la creación de las llamadas Fuerzas de Mobilización Popular (PMF), que agrupan a decenas de estas facciones -Hizbulá incluido- y actualmente contabilizan a cerca de 140.000 uniformados equipados con tanques, artillería y armamento de todo tipo.

Dos años más tarde, el Parlamento local les otorgó reconocimiento oficial al ofrecerles el estatus de unidades autónomas de los uniformados iraquíes y asignarles un cuantioso presupuesto cifrado en 2019 en 2.160 millones de dólares.

Los tres principales grupos -Hizbulá, Asaib Ahl al Haq y Badr- poseen además de una nutrida representación parlamentaria que les ha permitido acumular el control de ministerios y marcar de forma significativa la actuación del primer ministro, al tiempo que han establecido una sólida presencia en negocios como el cobro de tasas en las fronteras, algunos puertos o en controles de carretera.

Como aseguró uno de los dirigentes de Badr líderes, Karim al Nouri, los paramilitares se infiltraron en el parlamento “vestidos de civil, no con uniformes”.

El personaje clave de todo este entramado es Abu Mahdi Al Muhandis, un militante vinculado a Irán desde la década de los 80 -fue condenado a muerte en Kuwait por participar en los atentados contra la embajada de EEUU y Francia que dejaron cinco muertos-, que fue elegido parlamentario en 2005 y llegó a ser asesor del primer ministro iraquí Ibrahim Jaafari.

Cuando los estadounidenses hicieron pública su supuesta relación con el sangriento suceso de Kuwait, durante el gobierno de Nuri al Maliki, Muhandis se refugió en Irán donde asumió la dirección de Hizbulá Irak. Ahora se desempeña como ‘número dos’ de las PMF.

El pasado mes de septiembre, los medios locales iraquíes difundieron una orden firmada por este conocido militante, que instaba a la creación de una fuerza aérea propia de esta nebulosa de milicias al margen de la aviación iraquí.

Según estas mismas informaciones, Muhandis habría viajado en agosto a Teherán junto a Qais al-Khazali, líder de Asaib ahl al-Haq, para solicitar el suministro de misiles antiaéreos que permitieran defender sus bases.

El jefe teórico de las PMF, Faleh al-Fayadh -un personaje más moderado y que intentó acercarse a Washington, a donde viajó en octubre pasado- negó tal extremo, aunque los expertos advierten que las Fuerzas de Movilización Popular distan mucho de mantener una estructura organizada de mando y cuestionan la capacidad de Fayadh para controlar a Muhandis.

La iniciativa del jefe de filas de Hizbulá se produjo precisamente después de que las instalaciones de varias de estas agrupaciones paramilitares fueran atacadas en otoño, unos bombardeos que los propios responsables de las milicias atribuyeron a Israel en colaboración con EEUU.

La actual arremetida norteamericana coloca en una posición imposible al primer ministro en ejercicio, Adel Abdul Mahdi, que pese a sus esfuerzos por intentar mantener una posición distante tanto de Washington como de Teherán se encuentra desbordado por la nueva crisis que sufre el país, que le obligó a dimitir a principios de diciembre.

Mahdi criticó el bombardeo estadounidense y dijo que es “una violación de la soberanía iraquí y una peligrosa escalada que amenaza la seguridad de Irak y la región”.

En el amplio espectro iraquí, las descalificaciones de lo ocurrido han sido mayoritarias incluso entre los mismos manifestantes de la Plaza de Tahrir, que llevan semanas exigiendo el final del significativo poder que tienen las milicias del PMF en la política iraquí.

Los opositores calificaron a los norteamericanos de “terroristas” y dijeron que estos bombardeos inciden en uno de los “motivos más importantes” que han propiciado sus movilizaciones: “la humillación de nuestra soberanía por parte de todos los países que ha propiciado este clase política corrupta que permitió el uso incontrolado del armamento al margen de la autoridad del Estado”.

La posibilidad de que la historia de Irak intente emular los sangrientos episodios que tuvo que soportar Líbano, que además de su guerra civil tuvo que sufrir las acometidas que libraban en su territorio los acólitos de Teherán y los aliados y tropas de EEUU, dista mucho de ser una mera hipótesis.

Asaib ahl al Haq ya ha declarado que “la presencia militar estadounidense -Washington mantiene en Irak a 5.400 soldados que asisten en la formación del ejército local- es un lastre para el estado iraquí y una fuente de amenazas. “Es imperativo hacer lo que sea para expulsarlos por todos los medios legítimos”.

Según la agencia Afp, desde el pasado 28 de octubre se han registraron al menos once ataques contra bases iraquíes con presencia de tropas estadounidenses, incluido el que costó la vida a un contratista de ese país en la ciudad norteña de Kirkuk en las últimas jornadas, un suceso que Washington ha utilizado como justificación para los presentes bombardeos.

La actual escalada entraña un notable riesgo también para los más de 500 militares españoles desplegados en el país árabe, donde también asesoran a las fuerzas armadas iraquíes y comparten instalaciones con sus homólogos estadounidenses en localizaciones como la base de Besmayah, situada al sur de Bagdad, Taji y el aeropuerto de Bagdad.

Según los medios iraquíes, las instalaciones de Taji fueron alcanzadas este domingo por varios cohetes tras los bombardeos norteamericanos y aeropuerto capitalino ha sido el objetivo de varios misiles en las últimas jornadas.

Fuente. El Mundo, España.

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