Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.

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