Nada menos que la hegemonía global

La confrontación económica y aduanera entre Estados Unidos y la República Popular China, que se ha venido incrementando en el año reciente, esconde mucho más que una guerra comercial y constituye un elemento adicional de la rivalidad estratégica principal en el presente siglo XXI.

Después de la guerra fría.

Concluido el ciclo de la disuasión nuclear y la bipolaridad entre EEUU y la URSS en 1990, el sistema planeta ingresó en una era de incertidumbre donde Estados Unidos, la principal potencia de Occidente se alzó como la única potencia global.

Pero tan pronto EEUU intentó demostrar su predominio en Irak, en Afganistán y en el medio oriente, para asegurarse las fuentes de petróleo, comenzaron a surgir los desafíos emergentes a dicha hegemonía. Cada uno de ellos -las crisis financieras y económicas, el desafío del islam y la emergencia de China como potencia mundial- vienen en definitiva a cuestionar el dominio estadounidense.

Después de la guerra fría, quedó demostrado que Estados Unidos para mantener su hegemonía en el planeta, necesita guerras, necesita intervenir en conflictos armados que le permitan el despliegue de su aparato militar y dar salida a la producción de su maquinaria industrial.

Estados Unidos se mantiene en una posición dominante en el plano estratégico, principalmente porque necesita ocupar sus fuerzas militares en guerras de intervención y en invasiones y conflictos lo más alejados posible de su propio territorio.

El mundo se encuentra hoy en una transición estratégica y geopolítica: una prolongada transición entre un orden unipolar de predominio estadounidense y occidental y un orden multipolar, donde se instala China como la potencia principal del sistema planeta. Pero esa transición no será fácil ni tranquila: estará plagada de episodios de guerra comercial, de conflictos tecnológicos, de esfuerzos por derrotar al adversario en el imaginario cultural del planeta.

Tres hechos marcan este período reciente de la historia contemporánea: la emergencia de nuevos actores internacionales no estatales al mapa de los conflictos mundiales, la recuperación de Rusia como un actor político y militar de importancia en la zona de Eurasia, la emergencia de China a la escena mundial como potencia económica, financiera y tecnológica.

Pero además, el sistema internacional enfrenta un conjunto interdependiente de crisis de carácter sistémico que ponen en riesgo la estabilidad y la prosperidad: una prolongada crisis energética donde las naciones se enfrentan a la necesidad de producir la transición hacia una nueva matriz energética sustentable y renovable; una crisis ambiental y ecológica marcada por el signo precursor del cambio climático, susceptible de ocasionar el colapso del sistema mundial.

Además, una prolongada crisis migratoria, una de las consecuencias de la crisis ambiental, pone en tensión la capacidad de las naciones receptoras: multitudes de seres humanos se desplazan masivamente desde las zonas de pobreza y deterioro ambiental hacia las zonas que perciben de prosperidad y riqueza.

Una prolongada rivalidad hegemónica desde proyectos divergentes en el orden mundial.

Si hay un hecho fundamental que marca como tendencia profunda la época actual en el sistema internacional es la rivalidad hegemónica, una constante confrontación multiforme en múltiples planos (económico, cultural, político, geopolítico, tecnológico) entre las mayores potencias del mundo por asegurar su dominio y predominio.

Si entre 1945 y 1990 la rivalidad hegemónica fundamental que marcó las relaciones internacionales fue entre EEUU y la URSS, hoy en el segundo decenio del siglo XXI, la rivalidad principal, el foco de polarización más importante que marca al sistema internacional es la rivalidad entre EEUU y la República Popular China.

Cabe señalar que mientras la Doctrina de Seguridad Nacional de EEUU establece que China es una competidora estratégica y desafiante de los “valores e influencia de Estados Unidos”, no se encuentra en China una definición de política exterior que sitúe a Estados Unidos como el enemigo a derrotar o el rival a vencer. Se trata de dos concepciones divergentes, diametralmente diferentes respecto del orden mundial y del lugar que cabe a cada uno en ese sistema.

Podría traducirse que mientras EEUU incrementa su ya recargado sistema de armas y sus FFAA para preparar una eventual confrontación militar con sus adversarios, China continúa avanzando en la extensión de su capacidad de producir y comerciar tecnologías, de invertir en investigación y desarrollo, en infraestructura en los países en vías de desarrollo y de promover un nuevo orden mundial donde no hayan potencias únicas que dominen.

Estados Unidos entiende el orden mundial como un mundo donde los valores estadounidenses son la referencia cultural principal, donde reinan las reglas y las estructuras del capitalismo neoliberal.

China entiende el orden mundial como un mundo donde cada actor dispone de la libre autodeterminación para decidir sus sistemas de gobierno y donde se reconoce la multiculturalidad y el desarrollo de sus propios intereses nacionales.

Estados Unidos se enfrenta a una China que -a lo largo de los decenios venideros- va a disponer de un mayor control de su propio espacio geopolítico y geoestratégico en el Asia Pacífico y que se encamina gradualmente a la hegemonía económica y financiera y al logro de la paridad tecnológica. Es altamente previsible que esta rivalidad estratégica a escala de todo el planeta, generará condiciones de desgaste recíproco y donde logrará prevalecer aquella potencia que disponga de la mayor estabilidad interna y de políticas estables de largo plazo y de largo alcance.

La nueva geometría del orden mundial.

Mientras EEUU intenta mantener su presencia y su capacidad de dominio en el mundo, mediante sus fuerzas armadas y su potencia económica y de capital, China participa del proceso de construcción de un nuevo esquema de relaciones internacionales.

Por ejemplo, China y Rusia acordaron el miércoles 5 de junio pasado elevar sus relaciones a una asociación estratégica integral de coordinación de la nueva era.

El Presidente de China expresó en esta ocasión que “ambas partes, se han apoyado con firmeza la una a la otra en sus esfuerzos para defender los respectivos intereses fundamentales y han fomentado una fuerte confianza política y estratégica mutua. Asimismo, ambas partes han impulsado activamente la cooperación integral, cuando la fuerza conductora interna de los lazos bilaterales está surgiendo y la convergencia de los intereses de los dos países se está profundizando”. “China y Rusia han desempeñado papeles activos en los asuntos internacionales y la gobernanza global y han hecho contribuciones importantes al mantenimiento de la paz y la estabilidad mundiales, así como de la igualdad y la justicia internacionales”.

Como en los períodos anteriores de las relaciones internacional, los intereses nacionales de cada Estado constituyen el eje rector de su política exterior.

En este escenario de rivalidad hegemónica, cada potencia está procurando construir su propia alianza, su propio campo de influencia y de alianzas que le permitan jugar en la escena internacional. Mientras EEUU trata de asegurar su propia alianza con Europa, a través de la OTAN y la Unión Europea, China construye gradualmente un esquema de alianzas en Asia Pacífico, en Eurasia, en el sudeste asiático, en el Indico y en el Medio Oriente.

En este juego de la rivalidades globales, América Latina, un continente y espacio geoeconómico y cultural situado en la periferia y como patio trasero de la política exterior de Estados Unidos, sometido a las presiones de las grandes potencias mundiales, y cuyo nivel de desarrollo capitalista, lo mantiene como territorio productor de materias primas, se enfrenta al dilema de determinar en qué esquema geopolítico se inscribe en los años y decenios venideros.

Como en un gran tablero de ajedrez, los movimientos de cada una de las piezas, dan cuenta del juego global de los jugadores principales.

Notas y referencias bibliográficas y documentales.

Buhler, P.: La Puissance au XXI eme siecle. Paris, 2011. Biblis. 616 p.

Gelber, H.G.: El dragón y los demonios extranjeros. Buenos Aires, 2007. RBA Libros.

Rivarola, A.: 21st century geopolitics: integration and development in the age of ‘continental states’. 2016.

Zhengiu Wu: Classical geopolitics, realism and the balance of power theory. Journal of Strategic Studies. Volume 41, 2018.

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