Geopolítica XXI

una mirada geopolítica desde el sur del sur del planeta


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Crimea como encrucijada entre Rusia y Ucrania: notas para un análisis geopolítico

Las siguientes notas presentan algunos parámetros para un análisis geopolítico del actual conflicto por Crimea entre Rusia y Ucrania.
Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto ruso-ucraniano alrededor de Crimea, obedece a un juego entrecruzado de intereses nacionales que pesan fuertemente a la hora de las decisiones diplomáticas y estratégicas.  La escuela realista de las Relaciones Internacionales pone el acento en el interés nacional (entendido como el conjunto de objetivos permanentes que define y persigue un Estado en el escenario internacional, trascendiendo gobiernos y períodos históricos), como una de las principales claves de comprensión de la postura y de la política internacional de los Estados.
El conflicto por Crimea se sitúa en el contexto general de una agudización de la crisis política e institucional de Ucrania, la que tiene impacto sobre las relaciones con su vecina Rusia, interesada a su vez en mantener una ¨frontera occidental¨ segura y estable.
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Las dimensiones ciudadanas de la soberanía: las Falklands y los kelpers

La larga disputa territorial que opone a Gran Bretaña y Argentina a propósito de las islas Falklands, ha adquirido nuevos ribetes con una reactivación del debate diplomático y comunicacional entre ambos gobiernos en el año 2011.  La polémica diplomática tiene además, un trasfondo histórico de más de un siglo y marcado por la guerra de 1982, por una centenaria demanda de los argentinos y por la posición casi inamovible de los británicos en cuanto al ejercicio de la posesión y dominio del archipiélago.

La guerra de 1982 además, produjo tres efectos duraderos en el tiempo: en primer lugar, convirtió a las Falklands en un poderoso reducto militar aeronaval británico en el Atlántico sur cuya función estratégica y disuasiva es más que evidente: Inglaterra no se dejará sorprender dos veces por una invasión; segundo, modificó durablemente el escenario geopolítico del cono sur de América Latina, generando un nuevo esquema geoestratégico de estabilidad subregional; y tercero,  dejó en la nación argentina el amargo sabor de la derrota, uno de los sentimientos más perjudiciales y perniciosos para el pleno ejercicio de la razón diplomática y de la objetividad política. 

 En definitiva, la cuestión diplomática en torno a las Falklands no involucra solamente a dos Estados y dos naciones, en la medida en que se ha seguido la estrategia de multilateralizar el diferendo, de trasladarlo a algunas instancias internacionales y de llevarlo a los medios de comunicación como un mecanismo para hacer presión.  El problema en cuestión sin embargo, no se reduce a una simple polaridad entre “reclamamos la soberanía” y “no hay soberanía que discutir”.

El renacer de esta disputa hoy no podemos atribuirlo tampoco a la debilidad de los gobiernos implicados: a pesar de la crisis europea, el gobierno Cameron se mantiene estable y Cristina Fernández continúa siendo ratificada fuertemente por las urnas.

LOS HABITANTES ORIGINARIOS TAMBIÉN CUENTAN

Pero, en una disputa territorial entre dos Estados y que involucra la cuestión de la soberanía, no puede olvidarse que una opinión fundamental, un juicio decisivo, le cabe a los habitantes originarios de los territorios implicados.  ¿Cómo puede haber soberanía si quienes son el fundamento jurídico y humano de dicha soberanía no son consultados y su opinión no es tomada en cuenta?

No es necesario escarbar demasiado en la historia del concepto de soberanía dentro de la tradición de Occdidente (desde Jean Bodin, 1576), para percatarse que aquí la voluntad y la opinión de los kelpers, es decir, de los habitantes originarios que residen en las islas, puede resultar fundamental y hasta ineludible para entender el destino de las Falklands en los próximos decenios.  

Cabe preguntarse, ¿aceptaría Argentina la opinión de los kelpers si éstos ratificaran que desean seguir siendo ciudadanos británicos? ¿Aceptaría Gran Bretaña la opinión de los kelpers si éstos manifestaran que no desean seguir bajo la jurisdicción británica?  Incluso desarollando un enfoque crítico y no menos polémico, ¿nos hemos preguntado que opinaban los kelpers respecto de la demanda argentina de soberanía antes de la guerra de 1982 y sobre todo, después del conflicto? 

Y una pregunta que resulta crucial en este caso: ¿cómo se consideran a sí mismos los kelpers de las islas Falklands: “argentinos” usurpados por el Estado británico, o “británicos” amenazados por el Estado argentino?

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Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales.  Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx.  La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación.  Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.   Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.

Manuel Luis Rodríguez U. 

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.- 

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.

En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.

Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático. 

El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.

En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital.  En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.

Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.

En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza.  En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas.  La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.

El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.

La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.  

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¿Y si la estrategia de desarrollo neoliberal estuviera llevándonos a una mayor desigualdad social y no al desarrollo?

“Si Latinoamérica no lleva a cabo una modernización de su estrategia productiva, no será verdad eso que tanto se repite últimamente de que es su momento para cambiar su historia, ya que no habrá base para un crecimiento sostenido en el futuro.”

http://www.elpais.com/articulo/economia/Expertos/cuestionan/estrategia/crecimiento/Latinoamerica/elpepuintlat/20110512elpepueco_12/Tes


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El derecho a intervención como prerrogativa imperial

Pocos medios de comunicación a nivel mundial parecen haber puesto de relieve este aspecto de la operación “Jerónimo” que realizaron fuerzas especiales SEALs de Estados Unidos en territorio nacional pakistaní, para asesinar a Osama Bin Laden: que, desde el punto de vista internacional fué una operación militar comandada y realizada por fuerzas militares estadounidenses en territorio pakistaní, saltándose todos los límites de la soberanía, las fronteras nacionales, la autoridad del Estado y las prerrogativas del derecho internacional. 

¿Y el Estado de Pakistan qué tiene (o qué puede)  decir en este asunto?  ¿Hay agentes de la inteligencia o de las fuerzas armadas, o del gobierno de Pakistán que sabían de la residencia de Bin Laden en ese país, desde hace 5 años?  ¿Puede Pakistán considerar a los Estados Unidos como un aliado confiable?  ¿Puede Estados Unidos considerar a Pakistán como un aliado confiable?  La cuestión trasciende los límites del derecho internacional, para internarse en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia. 

Es decir, desde el punto de vista del derecho internacional, se ha  reafirmado y consagrado -una vez más-  la posibilidad que el imperio estadounidense pueda intervenir en cualquier territorio de un país extranjero, si los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos así lo requieren.  El interés nacional de los Estados Unidos y sus intereses de seguridad, se han convertido en la regla no escrita que rige las relaciones internacionales.

Militarmente, podría decirse que la operación para eliminar a Bin Laden fué “perfecta”: todo fue orquestado durante varios meses (desde agosto de 2010), con agentes estadounidenses de la CIA y actividades de inteligencia en territorio pakistaní instalados cómodamente a varios cientos de metros de la residencia, sin informarle ni a los servicios secretos ni al ejército ni al gobierno pakistaní, y realizada por comandos SEALs con helicópteros ultrasecretos, drones de vigilancia, observación satelital de precisión, armamento sofisticado, comando centralizado en la sala de situación de la Casa Blanca en Washington y tropas aerotransportadas al lugar. 

El unico problema es que esta operación estadounidense, ocurrió en territorio de un supuesto aliado de Estados Unidos: en el territorio nacional del Estado de Pakistán.

El derecho a intervención existe en el mundo global actual, por lo tanto, desde que Estados Unidos es la única potencia militar y estratégica global, es decir, el único Estado con capacidad militar, tecnológica, logística y estratégica para trasladar, posicionar, introducir y extraer fuerzas militares propias en cualquier punto del planeta.

El derecho a intervención es una prerrogativa política imperial, precisamente porque el imperio está dotado de la capacidad material y estratégica para intervenir.  ¿Cómo podría denominarse a una práctica llevada a cabo por un actor político internacional o un Estado, de intentar asesinar a sus enemigos en cualquier lugar donde se encuentren, sino una práctica terrorista?   Hay otros Estados que ya han dado pruebas y ejemplos vergonzosos en esta materia, como el caso de Chile en 1976. 

¿Qué es entonces un Estado terrorista?

La captura y muerte de Bin Laden sería, desde este punto de enfoque, unica y simplemente un asesinato internacional, cometido por fuerzas militares extranjeras en territorio pakistaní, actuando para un Estado extranjero, es decir, para los Estados Unidos, en una operación en la que intervino la totalidad de la cadena de mando militar estadounidense, desde el Presidente de los Estados Unidos hacia abajo.

La muerte de Bin Laden es entonces un asesinato legitimado por el poder político y militar de los Estados Unidos y por la enorme mayoría de los medios de la opinión pública mundial.

¿Está justificado entonces que una potencia extranjera, un Estado nacional cualesquiera, pueda colocar tropas suyas en territorio extranjero y eliminar a uno o varios individuos residentes en ese país, porque éstos ponen en riesgo la seguridad nacional de este Estado?

La comparación de este ataque con la destrucción de las torres del World Trade Center y el Pentágono en 2001, no resiste ningún análisis, toda vez que dicha acción no fue obra de un Estado especifico, sino de una red de organizaciones islámicas sin territorio nacional propio.  Estamos en el centro de la controversia acerca de los límites y los alcances de la guerra en los tiempos actuales.

El derecho a intervención o a ingerencia en los asuntos internos de otros países ¿es una prerrogativa exclusiva de algunos Estados con capacidad de intervenir en otros territorios nacionales?  ¿Cuales son los criterios que rigen este nivel de las relaciones internacionales: el interés nacional de cada Estado, el derecho internacional, los intereses geopolíticos de cada actor internacional, los principios de la la ética internacional?

¿No estará ocurriendo en realidad que la muerte de Bin Laden sirve a los Estados Unidos para recuperar su credibilidad menguante de potencia unipolar y global, previo a retirar sus tropas de Afganistán ante el fracaso evidente -o la ausencia de victoria- en esa interminable e incontrolable guerra de guerrillas?

¿Asistimos en realidad al momento final de las soberanías nacionales y estatales propias del paradigma westphaliano?

¿Cuál es el lugar que tiene hoy, en el  postmoderno siglo xxi, la Razón de Estado como ideología del Estado imperial?

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES Y REFERENCIAS

Weiner, T.: Legado de cenizas.  La Historia de la CIA.  B. Aires, 2008. Editorial Sudamericana.

Council on Foreign Relations:   http://www.cfr.org/terrorism/bin-ladens-leadership-legacy-jihad/p24922

http://www.monde-diplomatique.fr/2011/05/ROBERT/20488


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Las FFAA del Cono Sur de América Latina en el siglo xxi – Elementos para un análisis geopolítico

Un ensayo de Virgilio Beltrán, especialista argentino en Estrategia y Relaciones Internacionales.

FUERZAS ARMADAS DEL CONO SUR AMERICA LATINA EN EL SIGLO XXI


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Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.

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