El retorno de los nacionalismos

Asistimos a un momento histórico donde se manifiestan nuevamente los nacionalismos.

La historia, nos recuerda cada cierto tiempo y en forma siempre dramática, que los nacionalismos son los principales responsables ideológicos y sociales de las dos guerras mundiales más desvastadoras del pasado siglo XX: la primera guerra (1914-1918) que enfrentó al imperio AustroHungaro y Alemania contra Inglaterra, Francia y Estados Unidos (originada en los nacionalismos eslavos de Europa central), y la segunda guerra (1939-1945) que hizo colisionar al Eje nazi-fascista de Alemania, Italia y Japón, contra los aliados EEUU, Unión Soviética, Francia e Inglaterra (desencadenada por los nacionalismos alemán y japonés).

Los nacionalismos son, además, fuerzas ideológicas alimentadas en los segmentos sociales populares más desfavorecidos, por los sectores políticos de las derechas más extremas, construyendo discursos de intolerancia, de fanatismo, de miedo y de odio contra “el otro”.

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Los fanatismos nacionalistas se pueden entender principalmente, no solo por la afirmación exclusiva y excluyente de la propia identidad, sino también por la lógica del temor al extranjero y el odio racial contra ciertas poblaciones acusadas de culpas históricas, muy frecuentemente imaginarias.

Hoy, en la segunda década del siglo XXI, en la era de la globalización y de los intercambios a escala planetaria, los nacionalismos parecen estar de regreso, con su carga de exclusión, fanatismos, odiosidades, sentimientos colectivos manipulados y identidades locales activadas por la irracionalidad de algunas minorías iluminadas.

El miedo al ruso, al judío, al húngaro, al polaco, al alemán, al francés, al italiano, que tanta sangre hizo correr desde el siglo XVII hasta el siglo pasado en los territorios europeos, ahora parece de retorno con el miedo al inmigrante, al árabe, al islámico.

¿Asistimos solamente a la crisis del modelo unitario europeo o es sólo un anticipo de la implosión del bloque occidental, en un contexto caracterizado por la emergencia de nuevos centros hegemónicos globales en el Oriente?

¿Es Europa hoy todavía un referente significativo de la cultura universal de Occidente, o las actuales crisis sociales y culturales sólo van empujando el carro de la decadencia?   Una pregunta como ésta solo puede responderse desde una lógica temporal del largo plazo.

La crisis económica y financiera iniciada desde 2008 en el centro del sistema capitalista y en el núcleo del modelo neoliberal de mercado, o “campo occidental”, va camino de arrasar no solo las conquistas sociales de los Estados de bienestar europeos, sino que representa el telón de fondo y el contexto, en una Europa golpeada en los tiempos recientes por dos movimientos telúricos mayores: la crisis de los refugiados originada por la huida masiva de ciudadanos sirios huyendo de la desvastación de la guerra, y la decisión de Gran Bretaña de retirarse de la Unión Europea tras un referendum de alto impacto regional y global.

Europa vive ahora tres crisis de envergadura: los efectos retardados de una crisis económica y financiera iniciada en el sistema bancario de los Estados Unidos, el impacto de la crisis ocasionada por la llegada de alrededor de 2 millones de refugiados procedentes del Medio Oriente árabe e islámico y el Brexit, la salida de Gran Bretaña del bloque europeo y que puede funcionar como una potente señal de alarma.

GRAN BRETAÑA EN EL MAPA GLOBAL.

Gran Bretaña sale de la Unión Europea, pero no deja de ser el aliado político y estratégico más importante de EEUU en Europa, y continúa integrando la Alianza Atlántica OTAN, el poderoso e influyente brazo armado de Occidente, con operaciones militares de intervención en 3 continentes.

Los intereses estratégicos de Gran Bretaña se localizan en Europa, en América del Norte, en el Atlántico Sur, en Medio Oriente y en el sudeste asiático.

Cabe recordar que las relaciones diplomáticas y comerciales de Gran Bretaña con China viene desde la época de la dinastía Ming en 1638.

Basta anotar solamente que en 2010 altos mandos militares se reunieron en Pekín para discutir la cooperación militar entre ambos países, entre ellos el subjefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación, y el jefe del estado mayor del ejército británico, iniciando una etapa de intensificación de las relaciones entre China y el Reino Unido, e impulsando especialmente además, el comercio entre los dos países que vale miles de millones de libras esterlinas.

En el mapa geopolítico global, Gran Bretaña, una potencia mundial de primer orden que integra el campo occidental, se encamina por el desconocido y nebuloso camino de retirarse ordenadamente de la Unión Europea, manteniendo su presencia en la OTAN y en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero dejando tras suyo un cuadro de agitación  e inestabilidad.

LA CRISIS DEL BREXIT Y LOS NACIONALISMOS EUROPEOS.

La “crisis del Brexit” separó a los viejos ingleses atemorizados por el miedo a los inmigrantes, de los jóvenes esperanzados en que la Unión Europea les abría las puertas a las posibilidades, a los intercambios, a la integración.   Esta generación de jóvenes británicos frustrados ahora por el corte brutal del Brexit, serán muy previsiblemente los adultos que explotarán de rabia en 20 años más contra las instituciones inglesas y europeas.

El Brexit ha sido el detonante para poner en evidencia los virulentos e impredecibles nacionalismos y localismos europeos: los escoceses que no quieren salir de la UE pero que arriesgan separarse de Inglaterra, los catalanes que agitan su independentismo autonómico de España, los irlandeses que quieren unificarse, los holandeses que quieren promover un referendum de salida de Europa…

El impecable juego democrático de los referendum y de las iniciativas ciudadanas de ley, es decir, el ejercicio teórico y práctico de la democracia participativa, le está jugando una mala pasada a las instituciones de las democracias representativas, llevando a las naciones europeas al torbellino impredecible de los asambleísmos, de los liderazgos populistas y de las odiosidades raciales.

¿Lección para las mayorías democráticas?: nunca dejen de ocuparse de las minorías.

Hasta el presente, esas tensiones locales de inspiración nacionalista y xenófoba habían permanecido casi en la trastienda del escenario político y geopolítico del viejo continente.  Ahora los nacionalismos estallan en el rostro del modelo de integración continental.  Aún así, no puede perderse de vista que mientras el Brexit sacude transitoriamente las bolsas de valores y los bancos centrales, cientos de miles de árabes pugnan dramáticamente a través del Mediterráneo por refugiarse en la Europa en crisis.

Una vez más, como lo muestra la historia, se trata de una anomalía histórica y cultural fácil de inocular y difícil de erradicar, o por decirlo en términos médicos, el nacionalismo es hoy la enfermedad visceral de la globalización.

24 junio 2016.

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