Rivalidad hegemónica global y el escenario geopolítico sudamericano en la segunda década del siglo XXI

¿América Latina ha dejado realmente de ser el “patio trasero” de Estados Unidos?    

La evidencia indicaría que a pesar de los esfuerzos en los recientes diez años de diferentes gobiernos y cancillerías por intentar distanciar a América Latina de la influencia estadounidense, abriéndose hacia otros horizontes geopolíticos, en especial respecto de China y el Asia Pacífico, el resultado ha sido magro y la subregión sigue formando parte del espacio de hegemonía de EEUU.

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En menos de seis meses, el cuadro geopolítico sudamericano está cambiando profundamente: con la llegada de un gobierno de derecha en Argentina, el reestablecimiento de las relaciones entre Cuba y EEUU y la visita de Obama, el avance en las conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Colombia, la caida “legal” de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y la creciente crisis económico-política en Venezuela, pueden señalarse como los rasgos geopolíticos más relevantes del año 2016 en curso.

La arremetida política, comunicacional y electoral de las fuerzas políticas de derecha y neoliberales (derecha empresarial y comunicacional aliada con la derecha política conservadora y neoliberal) en todo el área sudamericana, podría poner en cuestionamiento los esquemas de integración continental, que habían desarrollado las principales subpotencias para situarse de un modo más ventajoso frente a los esfuerzos de EEUU por mantener su hegemonía en América Latina.

A principios de la actual década (2010-2020), EEUU parecía haber logrado la formación de un “eje geopolítico del Pacífico” con Canadá, EEUU, México, Colombia, Perú y Chile, como contrapartida a la formación de un “eje geopolítico del Atlántico” donde se integraban Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina.

Pero hoy es posible comprobar que en la rivalidad de las lógicas de integración de América Latina en el mundo (por ejemplo, el “esquema Pacífico” frente al “esquema Atlántico”), Estados Unidos sigue siendo una potencia determinante en el escenario geopolítico regional.

Al analizar la relación “América Latina-Estados Unidos” -que es cada vez menos la relación estratégica principal entre ambos actores- siempre hay que tener presente que la potencia estadounidense tiene una política respecto de América Latina, pero en cambio América Latina no tiene una política respecto a EEUU.   A medida que transcurre el siglo XXI y el orden global se vuelve cada vez más multipolar, el eje América Latina-EEUU deja de tener el lugar central que tenía a principios o a mediados del siglo XX.

En América Latina desde una perspectiva ideológica, el neoliberalismo es mucho más que una forma de gobierno y de Estado subsidiario sometido a las reglas del mercado, que se ha expandido geográficamente por el planeta, y que además ha logrado permear amplios sectores sociales, económicos y culturales gracias a una combinación de educación y de hegemonía cultural y control sobre los medios de comunicación.  La hegemonía ideológica del neoliberalismo fue cuestionada por las corrientes y gobiernos progresistas en el continente, al tiempo que se manifiesta una creciente crisis conceptual y política de las elites económicas y los partidos que sustentan esta ideología económica.

En la geopolítica latinoamericana, los foros sociales y políticos no son suficientes: en el siglo XXI cuentan el control de las redes comunicacionales, la capacidad de difusión de información y de movilización de redes organizacionales y el rol político de los gobiernos dispuestos a comprometerse en la agenda ciudadana.  En América Latina los efectos del “modelo neoliberal” han resultado desastrosos para la seguridad nacional, la soberanía energética y el dominio nacional sobre los recursos naturales y energéticos, porque ha significado la desnacionalización completa de dichos recursos con la consiguiente pérdida de soberanía de los Estados.

Por lo tanto, el contexto global en que se sitúa hoy el continente sudamericano es aquel que se caracteriza por la prolongación de la crisis económico-financiera a escala mundial iniciada el 2008, por la intensa rivalidad hegemónica de las potencias emergentes (Rusia, China, India)  en particular que amenaza estructuralmente el esquema de dominación occidental y estadounidense; un contexto caracterizado por la rivalidad hegemónica de las grandes potencias, la incertidumbre estratégica y las crisis.

AMERICA LATINA EN EL DISEÑO GLOBAL ESTADOUNIDENSE.

En este contexto global, la política exterior de EEUU hacia América Latina se orienta a mantener a la región dentro de un área de influencia (la ideología neoliberal de la libre empresa y del libre mercado) política, económica, tecnológica, cultural y comunicacional.

¿Es importante América Latina para la diplomacia estadounidense?

En comparación con otros espacios geopolíticos en el mundo, como el Medio Oriente, el sudeste asiático, Asia oriental o el Mediterráneo, sin duda América Latina no es el centro principal de la preocupación estadounidense.

No puede desconocerse que este esquema hegemónico se produce en un escenario mundial donde se produce una acelerada movilidad y redistribución del poder y las hegemonías entre las principales potencias y las distintas regiones del planeta, lo que otorga un clima de incertidumbre estratégica a todo el sistema-planeta.  El mundo está cambiando aceleradamente y esa aceleración es producto tanto de los esfuerzos de las potencias globales por ordenar el escenario conforme a sus intereses estratégicos, como de la percepción que asistimos a una combinación inédita de crisis que se superponen y entremezclan: crisis financiera, crisis ambiental y ecológica, crisis económica, crisis alimentaria, crisis energética.

Esa política exterior estadounidense respecto de América Latina se enfrenta hay no solo ante el dilema “Clinton-Trump” de las elecciones presidenciales (Clinton representando la continuidad de la política exterior de Obama de énfasis en las relaciones económicas; y Trump representando a los halcones de la guerra, de énfasis en la confrontación abierta con los gobiernos progresistas), sino también en un momento de reflujo de las corrientes y gobiernos progresistas.

La agenda EEUU-América Latina no se limita a los flujos de narcotráfico o de migrantes, sino a cuestiones más complejas como la recuperación y/o nacionalización de los recursos naturales y el respeto a la soberanía de los Estados de la región.    Es posible sostener que la relación entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe ya no es como antes. Washington ya no despliega una sola «política latinoamericana», sino diferentes estrategias bilaterales o subregionales: México, América Central y el Caribe conforman un área profundamente integrada, a través de la migración y el comercio, a EEUU; la zona andina constituye el foco de mayor preocupación norteamericano, debido a la inestabilidad política y el narcotráfico; mientras que los países del Cono Sur cuentan con un margen de maniobra política y diplomática que no existía en el pasado. En general, la agenda estadounidense para América Latina está menos basada en la geopolítica, la seguridad nacional y la ideología y más centrada en la economía, en el marco de problemas compartidos como el narcotráfico, el ambiente y la migración, aun que los asuntos estratégicos y militares están siempre presentes en su despliegue diplomático.

El “término de la guerra fría” en América Latina es mucho mas que el gesto político y simbólico de la apertura económica y las nuevas relaciones entre EEUU y Cuba, sino que es un lento proceso donde el viejo esquema bipolar no termina de borrarse de las mentalidades y de los diagnósticos de las cancillerías, las elites dominantes y los gobiernos latinoamericanos.

En este marco, América Latina ha expandido y multiplicado su presencia en foros internacionales y mediante la construcción de foros regionales (Mercosur, Alba, Unasur, Alianza del Pacífico, OEA), ha intentado instalar un discurso de política y diplomacia regional más o menos autónoma respecto de las potencias globales dominantes.

Los gobiernos progresistas de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay) sin embargo, van a contrapelo del esquema de hegemonía estadounidense, y esta es probablemente una de las explicaciones más consistentes para comprender la tendencia actual de crisis de la corriente progresista en la región.

LA RIVALIDAD HEGEMÓNICA GLOBAL DESDE EL ESCENARIO LATINOAMERICANO.

La rivalidad hegemónica global se traslada a América Latina y a América del Sur en particular, a través de los esfuerzos de Brasil, Argentina y Venezuela por generar estructuras regionales de integración que escapen al modelo estadounidense de relaciones económicas, y por establecer relaciones económicas y políticas con la República Popular China, con Rusia.

En este marco de rivalidad global, Brasil es una potencia importante y decisiva en América Latina.    La diplomacia brasileña dispone de una importante panoplia de arenas multilaterales donde despliega su inserción mundial.

Las más recientes orientaciones de la diplomacia brasileña en el orden internacional (bajo los gobiernos del PT) lo muestran como una potencia activa que pretende mantener su predominio en Sudamérica  y expandir su presencia global: 1. Integra el BRICS (Brasil, Rusia, India y China) grupo privilegiado de grandes espacios continentales y regionales;  2. el grupo de los cuatro junto con India, Sudáfrica y Alemania reclamando una silla permanente en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. 3. la Unasur (Unión de Naciones del Sur) junto con el resto de los países de América del Sur. 4. El grupo del G20 con los Estados de mayor producción de riqueza. 5. El G5 junto con México, Sudáfrica, China e India grupo de potencias emergentes. 6. El pacto turco-brasilero de diálogo con Irán, en contraposición a la lógica de demonización de Iran propiciada por EEUU e Israel.

En este cuadro, asistimos a una etapa de deterioro y/o de crisis de los gobiernos progresistas y el reingreso de gobiernos neoliberales o conservadores.

La crisis de los gobiernos progresistas sudamericanos obedece a una combinación compleja de factores: por una parte, la percepción ciudadana de pérdida de legitimidad de la clase política y los partidos políticos como consecuencia de la corrupción que mezcla dinero y política; por otra parte, el efecto de desgaste de los gobiernos que tienden a perpetuarse, que arriesgan derivar en personalismos populistas y que tienen dificultades para generar alternancia democrática.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES.

Carrizo, S.C., Velut, S., L’énergie dans le Mercosur. Réseaux transnationaux et logiques nationales, Hérodote 4/2006 (no 123) , p. 88-106.

Dominguez, J.: La Política exterior del Presidente Barack Obama  hacia América Latina. Rev. Foro Internacional, Vol. L, México, Abril junio 2010, Nº 2, pp. 243-269.

Giblin, B.: Nouvelle Géopolitique en Amérique Latine. Paris, 2006. Rev. Herodote.  (no123) , p. 3-8.

Russell, R., Tokatlian, J.: Modelos de política exterior y opciones estratégicas: el caso de América Latina frente a Estados Unidos.  Revista CIDOB de Asuntos Internacionales, Nº 85-86, mayo 2009. pp. 211-249.

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