La singularidad geopolítica de la Patagonia en el Cono Sur de América

La Patagonia como singularidad geográfica resalta del resto de los territorios continentales como una síntesis única de condiciones climáticas, relación centro-periferia y particularidades socio-culturales e identitarias y que la constituyen en un objeto privilegiado de la reflexión geopolítica y geoestratégica. 

La Patagonia se nos presenta en una primera aproximación como una realidad geográfica separada en dos entidades políticas vecinas: el Estado de Chile (las regiones de Aysén y Magallanes) y el Estado Argentino (las provincias de Rio Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego), de manera tal que la frontera binacional (hecho geopolítico común y compartido de diferenciación e integración) divide artificialmente un espacio geográfico y geomorfológico de similares características, e incluso con una identidad cultural distintiva.

Allí donde la cartografía nos muestra -como resultado de procesos históricos, diplomáticos y geoestratégicos de más de un siglo de duración- a dos Estados nacionales vecinos proclives a la integración, la geografía nos revela un territorio habitado por poblaciones de similares características socio-culturales, con procesos migratorios comunes y transfronterizos, con un modo de producción centrado en la explotación de recursos naturales, con bajos niveles de industrialización y que experimentan similares procesos y tendencias de transición demográfica, cambio cultural y transculturización producto del impacto de los fenómenos globalizadores.

Tres parecen ser los rasgos geopolíticos más característicos y distintivos de esta región final del continente americano: su extroversión y lejanía respecto de los centros de poder y los flujos económicos y productivos, su condición de territorios extremos (por el rigor climático y la adversidad geográfica y de habitabilidad para la vida humana), y el hecho de constituir territorios dotados de ricas reservas naturales y energéticas.

En síntesis, lejanía, extremidad y riqueza natural, son los elementos constitutivos de la singularidad geopolítica de la Patagonia, tanto chilena como argentina, y a la vez, suponen que los Estados, las naciones, las corporaciones y demás actores nacionales e internacionales deben conjugar sus políticas y diseños estratégicos con las condiciones que impone la geografía, y que permite y posibilita el espacio.

Desde el punto de vista de su posición, la Patagonia puede ser interpretada como un territorio extremo, final, periférico, pero también puede ser estudiada como un espacio central respecto de los océanos australes (Pacífico, Atlántico y Austral) y puente geográfico natural de aproximación hacia el continente antártico.  He aquí cómo la condición periférica -respecto de otros centros de poder globales, continentales y regionales- se convierte en centralidad para acercarse a la Antártica, a los espacios continentales, insulares y marítimos antárticos.

Manuel Luis Rodríguez U.

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