En el curso de los recientes veinte o treinta años, Chile ha estado sometido a una serie de proyectos de gran envergadura destinados a ampliar y fortalecer la actual matriz energética.
En el caso de Chile, un país en vías de desarrollo y alejado de las grandes fuentes energéticas del planeta, fuertemente dependiente de la exportación de productos básicos, materias primas y recursos no manufacturados, la explotación de su matriz energética implica costos ambientales que acelerarán en el futuro la dependencia, la huella de carbono del país y los impactos depredadores sobre la naturaleza.
En Chile, la globalización y el modelo neoliberal de desarrollo que se impuso hace treinta años atrás, han traido la implantación de megaproyectos de desarrollo y de energías a escala de varias regiones y con capacidad de producir impactos ambientales, energéticos y naturales de considerable importancia.
Proyectos mineros de gran escala como PascuaLama (Tercera Región) e Isla Riesco (Magallanes) y proyectos energéticos como Hidroaysen (en Aysén y el resto de la zona centro sur de Chile), apuntan precisamente en direcciones aparentemente contradictorias: por un lado, estamos sacrificando la calidad ambiental del territorio y de sus recursos naturales, para, por otra parte, incrementar la dotación energética, a fin de aumentar la producción y la capacidad exportadora de la economia en el actual esquema globalizador.
En la práctica, los megaproyectos energéticos-productivos, son parte de un diseño político de la clase empresarial, de los grandes empresarios ligados al capital internacional, pero que resultan de una alianza estratégica entre la clase empresarial y la clase política gobernante. Poder político y poder económico funcionan en una alianza estratégica para extender, consolidar, profundizar y proyectar el modelo neoliberal como unico modo de producción posible en el Chile del siglo xxi.
Y todas esas dimensiones del proceso productivo y energético (la secuencia en que intervienen la generación energética, la producción de recursos naturales y la exportación de materias primas a los mercados internacionales) son en sí mismos, mercados depredadores y consumidores de mano de obra barata y procesos capitalistas profundamente desiguales y asimétricos que inducen y profundizan las desigualdades sociales y las disparidades territoriales.
Cuando el mercado sacrifica el medio ambiente, la naturaleza y el territorio se convierten en lucrativos negocios.
Manuel Luis Rodríguez U.
ALGUNAS REFERENCIAS DOCUMENTALES