El trabajo virtual: notas introductorias para estudiar las nuevas formas de trabajo en el siglo xxi

En la sociedad y la economía material, característica del capitalismo industrial y de masas que se consolidó entre los siglos xix y xx, el trabajo era esencialmente una operación físico-intelectual en la que el individuo dedicaba una parte de su fuerza creadora a la producción de bienes o servicios, una operación social e individual de transformación de la naturaleza mediante el uso más o menos intensivo de la tecnología, la información-conocimiento, la energía (proveniente de la naturaleza) y la fuerza física invertidos en distintas proporciones, tiempos e intensidades. 

El trabajo era además, una operación material para producir plusvalía ajena.

APROXIMACIONES A UN CONCEPTO DE TRABAJO VIRTUAL

El trabajo social se encontraba encarnado en la mercancía y constituía el valor de esa mercancía, de manera que el valor del producto era la expresión concentrada del trabajo encerrado en la mercancía. En el proceso del trabajo, el productor de mercancías (o sea el trabajador) creaba valor de uso y valor de cambio. El valor de la fuerza de trabajo, en el capitalismo industrial (desarrollado y dependiente), lo mismo que el de cualquier mercancía, venía determinado por el tiempo de trabajo indispensable para la producción y reproducción de esa mercancía específica, de manera que la fuerza de trabajo encarnaba cierta cantidad de trabajo socialmente necesario.

¿Qué ha cambiado entonces en el capitalismo globalizado e informacional del siglo xxi?

En nuestro ensayo anterior: http://paradygmassiglo21.wordpress.com/2010/01/25/el-trabajo-introduccion-hacia-una-nueva-critica-de-la-economia-politica/ hemos propuesto definir el trabajo como “la actividad social de transformación de la naturaleza y de la realidad, mediante el uso combinado de la fuerza física, de la inteligencia, de la destreza, de la información y del conocimiento (conocimiento práctico, conocimiento sabiduría, conocimiento procedimental, experiencia acumulada, conocimiento innovador…). El trabajo modifica la naturaleza, transforma la materia y los recursos naturales e introduce nuevos materiales, nuevos bienes, nuevos datos en la economía y en la realidad.”

Al mismo tiempo definimos también que “el trabajo es la fuente creadora de la riqueza y del capital. Aun en las condiciones del capitalismo financiero contemporáneo y sus derivaciones especulativas, en su orígen y en su constitución primaria el capital (y la riqueza material y económica que implica) encuentra su orígen primigenio en el trabajo, es decir, en la actividad humana organizada que creó esa riqueza transformando la materia, la naturaleza o el conocimiento.”

En la economía y la sociedad del conocimiento, en cambio, como la que muestra sus albores en estos primeros decenios del siglo xxi, el trabajo deviene cada vez más una operación predominantemente intelectual (con un mínimo decreciente de esfuerzo físico y un máximo creciente de estres mental y social) de codificación y descodificación de símbolos y lenguajes, en la que las materias productivas, los factores productivos y el propio producto final del esfuerzo, son una serie interrelacionada de intangibles.

La virtualización del trabajo no hace desaparecer sus manifestaciones materiales y sociales más degradantes y de explotación, propias del “modelo” de desarrollo capitalista: solo incorpora una nueva dimensión -de forma y contenido- en el proceso productivo, modificando la escala del trabajo, las modalidades de su realización, el ritmo, el tiempo y la jornada de trabajo y transformando su aspecto espacial o territorial. Esa virtualización proviene de la intangibilidad de la materia prima del proceso productivo: la información, los datos, los saberes y conocimientos se convierten en materiales de trabajo inmateriales, ya que están plasmados solamente en los sistemas computacionales en la forma de códigos y lenguajes informacionales.

Asistimos a la implosión del tiempo de trabajo, la producción de bienes materiales se acompaña con la producción de bienes simbólicos, el objeto del trabajo deviene virtual y los medios de trabajo se desterritorializan.

Los medios de trabajo aquí: instrumentos de trabajo, condiciones materiales de trabajo, infraestructura donde se realiza el trabajo, tecnica y tecnología puesta a disposición del proceso productivo, se modifican sustancialmente, de modo que los medios de trabajo y los objetos de trabajo dan forma a medios de producción simbólica que difieren profundamente de aquellos que hicieron posible el capitalismo industrial del siglo xix y xx.

Los instrumentos de trabajo informatizados, digitales, computacionales, operan sobre una lógica de interconectividad extendida, facilitando innumerables interfaces ser humano-máquina antes desconocidas, las condiciones de trabajo se manifiestan en una suerte de red de redes, los medios de producción se expresan y realizan “en pantalla” es decir, en un espacio material-virtual en el que operan dinámicamente un conjunto interconectado y sistémico de lenguajes comunicacionales escritos, gráficos y simbólicos. Incluso los componentes automatizados de los sistemas computacionales, permiten que una parte sustancial del trabajo de producción y reproduccion y comunicación de los productos del trabajo virtual (data), se elaboren automáticamente y se transmitan a redes comunicacionales extendidas.

El lugar de producción, ahora un territorio virtual en sí mismo es la pantalla computacional, lo que permite a su vez, la deslocalización casi completa del trabajo, de la fuerza de trabajo, de manera que el espacio productivo puede estar situado en cualquier punto geográfico sin directa relación física con la unidad productiva responsable de la gestión ejecutiva del proceso de trabajo y producción. ¿Vamos camino hacia la ubicuidad del trabajo como actividad social individualizada y dispersa que solo se conecta con la organización corporativa mediante las redes computacionales?

Nos encontramos ante la paradoja que el trabajo sigue siendo visible y tangible (como operación humana racional y rutinaria ante la máquina), pero su producto final es intangible: el conocimiento y la información. Producto que demás, deviene a su vez, en materia prima para otros procesos productivos tambien tangibles e intangibles.

En la nueva economía, el trabajo que denominamos virtual es una operación predominantemente intelectual en que el individuo trabajador (generalmente un especialista de alta formación) produce conocimientos e información, mediante un uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sobre la base de tecnologías materiales interconectadas (a distintas escalas geoespaciales), que operan sobre redes virtuales cada vez mas complejas y diseminadas, el trabajador virtual produce información sobre la base de información y produce comunicación sobre la base de la información producida. Si la ecuación del capitalismo industrial y de masas, en el registro marxista clásico era M+D+M en la economía virtual del siglo xxi la ecuación es: I+T+I=C (información más trabajo más información producen comunicación).

LAS FORMAS DEL TRABAJO VIRTUAL

Dentro del proceso de lo que denominamos trabajo virtual se distinguen dos modalidades: el trabajo informacional y el trabajo comunicacional, entendiendo que ambas formas del trabajo son intimamente interdependientes, distinguiéndose sólo por el producto que resulta.

El trabajo informacional sería aquel trabajo que, a partir del tratamiento real y virtual de datos, de conocimientos y de información anteriormente elaborados y conocidos, produce nueva información, nueva tanto desde el punto de vista de los nuevos hechos o interpretaciones que contiene, como desde el punto de vista de su desconocimiento para la comunidad científica o para los públicos. En este particular y especifico proceso de elaboración y producción, la información es a la vez, materia prima y producto final no acabado del proceso productivo.

A su vez, el trabajo comunicacional sería aquella actividad que, a partir del tratamiento real y virtual de datos, conocimientos e información anterior y actualmente elaborada, produce información para ser transmitida a los públicos en alguna dimensión del espacio público. Lo informacional sirve aquí a lo comunicacional, toda vez que la información se gestiona -como producto y como servicio- para ser comunicada, para ser puesta a disposición de y transmitida a determinados públicos en el espacio público. El producto informacional se convierte aquí en la materia prima del trabajo comunicacional.

Existe entonces, dentro del capitalismo informacional y globalizado actualmente en curso, un modo de producción informacional y comunicacional, una forma de trabajo virtual que se constituye gradualmente en uno de los ejes estratégicos del proceso productivo y de servicios.

En lógica marxista, el tiempo de trabajo virtual tiende a comprimirse, al mismo tiempo que el espacio de realización de este trabajo, o sea de su localización, tiende a desterritorializarse, a desocializarse y a despersonalizarse. En efecto, uno de los resultados más evidentes del trabajo virtual en la economía globalizada del siglo xxi, es la compresión del tiempo de trabajo. El desempeño de un trabajador de la economía industrial de masas del siglo xx ó xix, es mucho menor en términos de productividad que el de un trabajador de la actual economía globalizada, lo que incrementa proporcionalmente (cuando no exponencialmente) la ganancia o plusvalía que la empresa o la corporación obtienen con el trabajo virtual, comunicacional o informacional de sus trabajadores.

El trabajo virtual, como operación tecnológicamente determinada, se produce física y virtualmente ”en pantalla” (o sea, en el componente visible del todo aparato computacional de usuario), pero además, sus productos tienen impacto sobre la esfera de la conciencia individual y social.

EL TRABAJO VIRTUAL COMO PRODUCCION IDEOLOGICA

El trabajo virtual, es parte del proceso de producción ideólogica en el sistema capitalista contemporáneo.

La ideología -como conjunto históricamente determinado de representaciones, valores y creencias y como concepción del mundo y de la realidad- es a la vez, un constructo simbólico-racional y un producto social históricamente determinado. En la sociedad burguesa y capitalista actualmente existente, la ideología es el complejo resultado de procesos sociales de producción y reproducción que hacen posible desarrollar textos y significados compatibles con los intereses y modos de pensar de la clase social dominante.

Bourdieu y Boltanski (1976) ([1]) ponen de relieve que el proceso de producción de la ideología dominante se constituye de un corpus de discurso ideológico, un conjunto de productores del discurso ideológico, un conjunto de lugares de producción y reproducción del discurso ideológico y de reproducción de sus productores, y un conjunto de lugares o espacios de reproducción del discurso ideológico dominante.

El corpus ideológico dominante –mezcla aparentemente informe de teorías políticas, doctrinas filosóficas, teologías preestablecidas y concepciones de vida y del mundo- opera y se disemina en la sociedad, en todos sus intersticios, en todos sus espacios sociales y culturales, en todas sus instituciones y logra impregnar la totalidad de la cultura social.

La ideología dominante concierne al conjunto de la experiencia vivida por los individuos en la sociedad y la cultura a la que pertenecen. Y en las condiciones de una creciente mediatización de la sociedad y la cultura, la producción de bienes simbólicos, de información y de conocimientos, tiende a constituirse en un sofisticado engranaje del proceso general de elaboración/producción de la ideología dominante.

Lo que hace dominante a ese discurso ideológico transmitido comunicacionalmente no es solamente la mayor o menor coherencia de sus conceptos y de sus premisas, la repetición ad-infinitum de sus aforismos y premisas, sino sobre todo el grado de aceptación-obediencia que recibe de parte de la mayoría de los individuos en una sociedad. El peor aspecto y la dimensión más eficaz del carácter dominante de la ideología dominante, es que el amplio número de los dominados con frecuencia no perciben el carácter dominante y el carácter ideológico del discurso en cuestión.

Es probable que en la ideología dominante se encuentren los fundamentos sutiles y profundos de la obediencia y las raíces de la sumisión y la alienación que suscitan la tradición, la costumbre y las creencias que la articulan. La eficacia del discurso dominante reside entre otros factores, en que toma en consideración las discrepancias y las contradicciones que produce, desmontándolas, descodificándolas y descontextualizándolas parta volver a integrarlas en la aceptabilidad del corpus de ideas predominantes, operaciones que tienen lugar desde los aparatos comunicacionales e ideológicos que son las corporaciones que administran los medios de comunicación social.

El discurso ideológico dominante no solo actúa y opera en el espacio público y sus numerosas instituciones y arenas, sino que se manifiesta y se materializa discursiva y prácticamente en los espacios privados de la sociedad.

La palabra ideólogo no alcanza a dar cuenta del rol y las funciones de quienes producen en discurso ideológico dominante. Los productores de ideología pueden pertenecer la clase dominante aunque no necesariamente. Aquí es donde entran en juego los comunicadores, intelectuales, educadores, religiosos, teóricos, científicos y otros individuos que contribuyen a desplegar y realizar el proceso de producción ideológica destinada a legitimar el sistema de dominación actualmente existente.

CUANDO EL TRABAJO VIRTUAL CONSTRUYE LA PRODUCCIÓN IDEOLÓGICA

Hay un cierto modo de producción ideológica así como existe un modo de producción material y económica de la sociedad. Es en este contexto que el trabajo virtual constituye una de las formas de legitimación de la ideología dominante.

Los aparatos ideológicos son esos espacios.

Estos aparatos son por su práctica y por su finalidad, los portadores y los administradores de las ideas dominantes y de las ideas de la clase en el poder, ellos modelan comportamientos y actitudes, conciencias y subconscientes individuales y colectivos, y utilizan y se amparan en su carácter privado y de sus formas discursivas diversificadas, de su aparente neutralidad así como de diversas tradiciones culturales, para reforzar su rol legitimador del poder dominante, haciéndolo aceptable.

En el proceso de producción de la ideología, los “productores” de ideas, de datos, de información y de conocimientos desempeñan un rol crucial, estratégico. La producción social de la ideologia dominante comprende el proceso de interacción y comunicación entre el individuo y la realidad, y el conjunto de las relaciones económicas, sociales, comunicacionales, políticas y culturales que se establecen en el marco de la vida social y económica.

En la producción de la ideología como sustrato simbólico justificativo de la realidad actual y del sistema social dominante, los medios de comunicación y el espacio público (D. Wolton) se sitúan en el centro neurálgico de la producción y reproducción de las ideas, cosmovisiones, doctrinas, discursos religiosos y teorías que articulan una determinada cultura y dan coherencia al paradigma ideológico dominante en la sociedad en un momento dado de su evolución histórica. Los medios comunicacionales así como los sistemas educacionales operan como máquinas sistémicas de producción y reproducción ideológica (incluso de contra-producción en cuanto instrumentos de resistencia) del sistema de dominación oculto detrás de la superficie misma de los enunciados y símbolos que lo autoreproducen consciente e inconscientemente.

El trabajo virtual (comunicacional e informacional) como operación social de producción de ideas, de conocimientos, de data, de información y de recursos comunicacionales, constituye uno de los más poderosos resortes de legitimación del orden vigente.

¿Podrá algún día el trabajo virtual constituirse en una herramienta de desconstrucción de la ideología dominante y de construcción de una ideología liberadora y desalienadora de las conciencias y las prácticas?

Manuel Luis Rodríguez U.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES

[1] Bourdieu, P., Boltanski, L.: La production de l’idéologie dominante. Paris, 1976.

Marx, C.: El Capital. Crítica de la Economía Política. Vol. II. México, 1994. Fondo de Cultura Económica.

Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.

La comunicación en el nuevo orden global: caja de herramientas para desarmar la globalización

El orden mundial –desde mediados del siglo xx y ahora en pleno siglo xxi- está en pleno proceso de mutaciones, en pleno cambio de paradigmas. Probablemente la frase que mejor sintetiza el momento histórico que vive hoy la humanidad es que nos encontramos no solo en una época de cambios sino que sobre todo asistimos a un cambio de época.

Y los cambios estructurales a los que está asistiendo la sociedad contemporánea se pueden definir y sintetizar en dos fórmulas generales, que aquí pueden tener el carácter de hipótesis de trabajo:

1° nos encontramos en un momento de evolución en el que el orden mundial ha ingresado en una era de hegemonía unipolar de carácter imperial en la que la globalización no es más que una forma de materializarse esa hegemonía; y

2° que la sociedad en su conjunto avanza desde una cultura material basada en los valores tradicionales de la modernidad, hacia una cultura basada en el conocimiento y en el saber.

Agreguemos que Chile, además se encuentra precisamente en una etapa paralela de transición hacia la modernidad. En efecto, y siempre ubicados en una perspectiva temporal del largo plazo, podemos sustentar la hipótesis de que la sociedad chilena se encuentra -desde mediados del siglo XX- en una prolongada fase de transición desde una cultura tradicional a unha cultura con rasgos modernos. El ingreso de Chile a la modernidad, al igual que las demás sociedades latinoamericanas, se produce en condiciones en que nuestro país se sitúa como una sociedad subdesarrollada y dependiente.

Por lo tanto, el cambio fundamental que caracteriza a la sociedad contemporánea es el de una profunda y prolongada transición desde una sociedad basada en el trabajo físico, el consumo de las energías no-renovables y una cultura tradicional, hacia una sociedad basada en el conocimiento, en la circularidad de la información y en el despliegue de una cultura moderna y post-moderna esencialmente materialista e individualista.

¿Qué es lo que está siendo cuestionado por este cambio estructural al cual estamos asistiendo como sociedad y como sistema-planeta?

Tres aspectos que nos interesan.

A fuerza de no pretender poner el acento en los aspectos negativos, cabe subrayar que asistimos a tres formas de crisis. Asistimos a una crisis de la Política tradicional. Asistimos a una crisis del orden mundial anterior. Asistimos a una crisis de los paradigmas anteriores de la comunicación y del conocimiento.

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