La geopolítica de América Latina en los inicios del siglo xxi: nuevos ejes y antiguos litigios

PRÓLOGO.

La reflexión geopolítica acerca de América Latina en los primeros decenios del siglo xxi, no puede realizarse sin reconocer que la región latinoamericana avanza gradualmente hacia nuevos escenarios de interrelación en el orden global, hacia nuevos ejes geopolíticos y geoeconómicos, en un contexto de redistribución de las hegemonías tanto a escala global como en la región.   La geopolítica latinoamericana contemporánea, aun no completamente desembarazada de los viejos fantasmas militaristas y germanizantes, se puede entender hoy como una herramienta conceptual estratégica para la toma de decisiones, lo que la obliga a ser a la vez, multidisciplinaria y prospectiva.  

Los problemas geopolíticos y los conjuntos de intereses que se entrecruzarán en el futuro previsible en el espacio latinoamericano, serán las problemáticas energéticas y medioambientales.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

LA REDISTRIBUCION DE LAS HEGEMONÍAS EN EL ESCENARIO LATINOAMERICANO.

América Latina, encabezada por la potencia brasileña se encamina hacia un nuevo “contrato geopolítico y estratégico” con el resto del mundo, en un esquema planetario donde asistimos a la transición desde un orden global unipolar (antes dominado por la potencia imperial estadounidense) hacia un orden multipolar (donde emergen nuevas potencias mundiales como China, India, Europa y Brasil…).

En este esquema regional, donde Brasil parece instalarse en el ejercicio de una hegemonía blanda (no invasiva nio territorial sino económica, política y tecnológica), las demás potencias subregionales (Venezuela, México, Perú, Chile, Argentina), corren con mayor o menor premura a tratar de instalarse en el nuevo orden planetario mediante distintas estrategias de integración e interdependencia.

En el juego dinámico de la correlación de fuerzas y de hegemonías políticas y geopolíticas de la región sudamericana, observamos la formación de determinados ejes geopolíticos en torno a orientaciones de gobierno de distinta coloración ideológica. 

 Así, existíría un eje geopolítico atlántico y progresista donde se articulan Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia y un eje del Pacífico conservador o neoliberal, donde se articulan Colombia, Perú y Chile. 

Pero, los ejes geopolíticos así descritos, no operan en el presente ni van a operar en el futuro en torno a la lógica de litigios territoriales (la mayoría de los cuales son diferendos heredados de guerras o conflictos del siglo xix), sino que se han articulado y se van a articular en el futuro previsible, en torno a problemáticas y a ”conjuntos de intereses” asociados a las cuestiones energéticas y medioambientales.

Al mismo tiempo, cabe observar que en materia de conflictos o diferendos territoriales o fronterizos pendientes en América del Sur, mientras éstos litigios aparecen completamente resueltos en la “vertiente atlántica” del subcontinente, en cambio en la “vertiente pacífica” continúan perviviendo entre Chile, Perú y Bolivia.  Sin embargo, el nivel de intercambios y de integración económica existente entre estas tres naciones permite pronosticar que estos diferendos se mantendrán en el plano de la diplomacia bilateral e internacional y no se trasladarán al plano estratégico o militar. 

Estos ejes a escala regional se superponen además a las nuevas tendencias -actualmente en curso- de redistribución de las hegemonías a escala planetaria, donde la potencia estadounidense y Europa, como fuerzas articuladoras tradicionales de la geopolítica y la geoeconomía de Occidente, se enfrentan a la emergencia de nuevas potencias mundiales, como es el caso de la República Popular China e India, que en el mediano plazo apuntan a convertirse en potencias globales.

Al tiempo que el nuevo orden global deja de ser exclusivamente “Estado céntrico”, la diversificación de actores internacionales, complejiza las arenas y abre nuevos escenarios de incertidumbre estratégica. 

NUEVOS EJES GEOPOLÍTICOS EN AMERICA LATINA.

En este contexto global, podría afirmarse que la geopolítica del cono sur de América Latina (Chile, Argentina, Uruguay, Falklands/Malvinas) se juega entonces en tres ejes de ordenamiento: el acceso y presencia hacia el continente antártico y los espacios oceánicos australes; el acceso y control seguro de las fuentes energéticas y de recursos (agua, hidrocarburos, minerales, pesca).

No obstante la persistencia de algunos escenarios de diferendo/conflicto de carácter fronterizo, la tendencia histórica que se manifiesta en América Latina en los recientes decenios, no es hacia los conflictos de raigambre territorial, sino hacia la construcción de esquemas de integración y modelos de relaciones multilaterales, en los cuales las problemáticas que pueden señalarse como los ejes articuladores de la nueva geopolítica sudamericana y latinoamericana, serían a lo menos los siguientes:

a)  el acceso y uso de las fuentes de recursos energéticos, en función de las necesidades provenientes del desarrollo de cada nación;

b) el uso más o menos sustentable de los recursos naturales en función de criterios estratégicos y prospectivos, que aseguren el desarrollo de las generaciones futuras;

c) la relación existente entre el modelo de desarrollo y el sistema democrático, en términos tales que el desarrollo (y el crecimiento que conlleva) se traduzca en condiciones socio-económicas y sociopolíticas democráticamente sustentables, disminuyendo las desigualdades sociales y territoriales; y

d) el paso desde una economía basada en la explotación más o menos intensiva de recursos naturales, fuentes energéticas y materias primas no renovables (y por lo tanto tecnológicamente dependiente de economías más desarrolladas), hacia una economía basada en el conocimiento y en los servicios, en un contexto regional caracterizado por una tendencia profunda de transición a la modernidad y de cambio demográfico.

Las nuevas problemáticas del desarrollo latinoamericano serán  fundamentalmente geoeconómicas, es decir, producirán sucesivos choques y tensiones entre los espacios geográficos, territoriales y virtuales con las estrategias y despliegues corporativos, económicos, financieros y tecnológicos.

ALGUNAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

http://geopoliticaxxi.wordpress.com/2011/04/24/aproximaciones-al-concepto-de-soberania-energetica/

Registro cartográfico histórico sobre América Latina.

http://www.davidrumsey.com/blog/2009/9/7/cassini-terrestrial-and-celestial-globes-1790#8a56c2746f3b3422af9a79b5664af75d

http://cl.wrs.yahoo.com/_ylt=A0oG75XoN7tNCikB8AETthh.;_ylu=X3oDMTByYWkyZ2EwBHNlYwNzcgRwb3MDNwRjb2xvA2FjMgR2dGlkAw–/SIG=1323tv27a/EXP=1304201576/**http%3a//www.gobernabilidad.cl/modules.php%3fname=News%26file=article%26sid=2251

La geopolítica de Brasil, Argentina y Chile.

http://cl.wrs.yahoo.com/_ylt=A0oG75KEOLtNo9sACI8Tthh.;_ylu=X3oDMTBzMmNtOW45BHNlYwNzcgRwb3MDMTYEY29sbwNhYzIEdnRpZAM-/SIG=15a6non7h/EXP=1304201732/**http%3a//www.asepol.cl/Visi%25F3n%2520Geopol%25EDtica%2520de%2520Am%25E9rica%2520Latina_Casos%2520de%2520Argentina-Brasil-Chile_Cecilia%2520Quintana.pdf

¿América Latina es un continente de paz o todos se preparan para la guerra?

América Latina registró en 2010 el mayor aumento del gasto militar, desplazando en este sentido a Medio Oriente y Europa, según un estudio divulgado recientemente por el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).

El aumento en términos reales fue de 5,8 por ciento para América Latina, comparado con 5,2 por ciento para África, 2,8 para América del Norte, 2,5 para Medio Oriente y 1,4 para Asia.

En Europa, la única región en registrar una reducción, el gasto militar bajó 2,8 por ciento en términos reales en 2010, en comparación con 2009.

Los más gastadores en armas y defensa en América Latina son Brasil, Chile, Colombia y Perú.

“En Brasil y Chile, el aumento del gasto militar se asocia principalmente con las aspiraciones de una presencia regional e internacional más fuerte, pero sin ser necesariamente el reflejo de un poderío militar en competencia”, según expresó la investigadora Carina Solmirano, experta en América Latina del proyecto de Gasto Militar del Sipri. De todos modos, el año pasado América Latina gastó solamente 63.300 millones de dólares en cuestiones militares, en comparación con 721.000 millones de América del Norte, 382.000 millones de Europa, 317.000 millones de Asia, 111.000 millones de Medio Oriente y 30.000 millones de África, según el informe del SIPRI.

El estudio también explica que parte del aumento que protagoniza América Latina se debe al fuerte crecimiento económico que la región ha experimentado en los últimos años, mientras que en otras zonas los efectos de la recesión económica mundial hicieron que el gasto militar cayera o por lo menos se ralentizara el 2010.

Nadie duda sin embargo que América Latina -en el estado actual de su desarrollo económico- no enfrenta ninguna amenaza militar importante y los motivos de estos incrementos del gasto militar tienen que buscarse en otra parte. Por ejemplo,  Brasil busca activamente un rol más destacado en la política internacional y un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

También es una potencia económica regional y, en algunos sentidos, es el Estado líder de la región.

En Chile, las fuerzas armadas se han beneficiado del aumento de las ganancias derivadas de la exportación de cobre, lo que explica por qué el país pudo adquirir armamento tan sofisticado en los últimos años.

Como aparece en el informe señalado, si se elimina la ley del cobre es muy probable que empecemos a presenciar una disminución en las importaciones de armas.

Según la “Ley Secreta del Cobre”, que ahora ha sido abolida, alrededor de 10 por ciento de las ganancias derivadas de ese metal se destinaban específicamente a la compra de armas.

Actualmente esa norma es reemplazada por un nuevo sistema para financiar la compra de armas, que probablemente sea administrado por el Ministerio de Finanzas.

A diferencia de Brasil, Chile no necesariamente aspira a convertirse en una gran potencia mundial o regional, pero sin dudas busca tener un rol regional o subregional importante, tanto en lo diplomático como en lo económico.

En los casos de Colombia y Perú, las amenazas a su seguridad interna los han hecho aumentar su gasto en defensa.

Los incrementos en el gasto militar no sólo tienen que ver con la compra de armas, sino también con el mantenimiento de las fuerzas armadas.

Una característica peculiar del gasto militar en América Latina es que tiende a estar dominado por los fondos destinados al personal, que habitualmente representan entre 50 y 70 por ciento del presupuesto, establece el estudio.

Argentina, por ejemplo, incrementó 6,6 por ciento sus inversiones militares en 2010, en buena medida debido a aumentos salariales, ya que la compra de armas fue muy baja, dijo Solmirano.

De hecho, la maquinaria militar de Argentina es tan anticuada que algunos expertos sugieren que es necesario comprar más armas antes de que todos los equipos se vuelvan obsoletos.

El Ministerio de Defensa de ese país señaló el año pasado que en los próximos años se destinarán más fondos a modernizar las fuerzas armadas.

Venezuela redujo por segundo año consecutivo su gasto militar en términos reales, y esa disminución está asociada a la contracción económica del país.

Aunque casi todas las economías de América del Sur crecieron en 2010, la venezolana se contrajo. Sin embargo, es demasiado pronto para decir si la caída del gasto miltiar continuará en el futuro.

Mientras, a la luz de la tendencia al alza del gasto militar en América Latina, en 2010 hubo nuevos llamados a mejorar la transparencia.

La Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se comprometieron a fortalecer los mecanismos existentes en materia de transparencia, como la Convención Interamericana sobre la Transparencia en Adquisiciones de Armas Convencionales, y para que los estados miembro reporten regularmente sus gastos militares y sus compras de armamento ante el anual Registro de Armas de la ONU.

El estudio del Sipri también señala que algunos países vecinos en América del Sur han firmado acuerdos bilaterales para armonizar el reporte de sus gastos militares –por ejemplo, Ecuador y Perú, y Perú y Chile–, como forma de crear confianza y potenciar la transparencia.

Por lo general, la mayor parte del gasto militar se destina a gastos recurrentes, es decir salarios y beneficios que se pagan al personal castrense y a costos de operaciones en curso, según informo el investigador Samuel Perlo-Freeman, jefe del Proyecto de Gasto Militar en el SIPRI.

IPS NEWS

Las revueltas árabes y su impacto en América del Sur

Asistimos a una insólita, profunda e inédita corriente de aspiraciones a la libertad y la democracia, a un movimiento de multitudes que atraviesa a la mayoría de las naciones del mundo árabe. 

Una constelación diversa de gobiernos autoritarios y de regímenes autocráticos unipersonales o unipartidistas enfrentados y resistidos por las multitudes, abarca a la mayoría de las naciones árabes (Tunez, Libia, Egipto, Siria, Argelia, Bahrein, Afganistán, Irak…) dando forma a ondas intensivas de turbulencia social y política, activadas -entre otros factores internos y externos- por las crecientes redes sociales de las nacientes clases medias y populares en busca de nuevos horizontes de oportunidades, de libertad y desarrollo.

LA CRISIS DE LAS DICTADURAS Y EL NEGOCIO DE LA DEMOCRACIA

La corriente democrática alcanza desde las capas sociales populares más desfavorecidas por la aplicación brutal de un modelo de desarrollo neoliberal basado en dinastías hereditarias y en corporaciones petroleras internacionales explotando para beneficio de Occidente la riqueza petrolera de estas naciones.  El capitalismo transnacional se ha beneficiado históricamente durante cerca de un siglo de la explotación del petróleo árabe, al costo político, ideológico y económico de instalar, sostener, financiar, apoyar y suministrar armas, capitales y tecnologías a dinastías hereditarias, regímenes autocráticos y dictadores corruptos (no importa el apellido ideológico que los adorne).

¿El partido que sustentaba a Mubarak en Egipto no era acaso integrante de la Internacional Socialista, mientras el dictador Gadaffi y el gobernante sirio habían logrado vender una imagen externa de socialistas modernos?  A este respecto, el silencio de las izquierdas latinoamericanas sobre el conflicto político y militar en Libia y las violaciones masivas a los derechos humanos perpetradas por Gadaffi, no deja de ser vergonzoso.

Lo extraño y contradictorio en esta crisis de las dictaduras y autocracias árabes es el rol incestuoso de Occidente en los diversos conflictos.  Mientras Francia, Italia y Gran Bretaña desempeñan el pobre papel de guardianes de segunda fila del imperio estadounidense, en la crisis libia, el conjunto del sistema imperial de seguridad encabezado por la OTAN, aparece ante el mundo árabe, liberando a los libios mediante el bombardeo aéreo quirúrgico.  ¿Desde cuándo los gobiernos occidentales (en este caso Francia, Gran Bretaña) le hacen el trabajo sucio a Estados Unidos, de bombardear naciones árabes para llevarles de regalo la democracia occidental?

¿La democracia es el resultado político del bombardeo aéreo de ciudades?   ¿Desde cuándo la democracia occidental se exporta y se suministra mediante misiles crucero y bombas aéreas de precisión?

¿Siria, Egipto o Libia podrían terminar con regímenes democráticos vacíos de contenido y de arraigo al estilo Irak o Afganistán?

Evidentemente, se hace necesario reconocer que la crisis social, ideológica y política de las actuales dictaduras árabes, es también en definitiva la crisis de un tipo de política imperial estadounidense y occidental con el mundo árabe.  Ya Occidente no podrá seguir financiando, respaldando, administrando, controlando y gestionando regímenes politicos árabes políticamente impresentables al precio de dominar el poderoso negocio del petróleo.

Dicho en términos geopolíticos y geoestratégicos, en el futuro, las opulentas democracias occidentales y capitalistas, ya no podrán seguir alimentándose y funcionando con petróleo suministrado por las opulentas dictaduras árabes.

Sigue leyendo