Geopolítica XXI

una mirada geopolítica desde el sur del sur del planeta


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Crimea como encrucijada entre Rusia y Ucrania: notas para un análisis geopolítico

Las siguientes notas presentan algunos parámetros para un análisis geopolítico del actual conflicto por Crimea entre Rusia y Ucrania.
Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto ruso-ucraniano alrededor de Crimea, obedece a un juego entrecruzado de intereses nacionales que pesan fuertemente a la hora de las decisiones diplomáticas y estratégicas.  La escuela realista de las Relaciones Internacionales pone el acento en el interés nacional (entendido como el conjunto de objetivos permanentes que define y persigue un Estado en el escenario internacional, trascendiendo gobiernos y períodos históricos), como una de las principales claves de comprensión de la postura y de la política internacional de los Estados.
El conflicto por Crimea se sitúa en el contexto general de una agudización de la crisis política e institucional de Ucrania, la que tiene impacto sobre las relaciones con su vecina Rusia, interesada a su vez en mantener una ¨frontera occidental¨ segura y estable.
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Las dimensiones ciudadanas de la soberanía: las Falklands y los kelpers

La larga disputa territorial que opone a Gran Bretaña y Argentina a propósito de las islas Falklands, ha adquirido nuevos ribetes con una reactivación del debate diplomático y comunicacional entre ambos gobiernos en el año 2011.  La polémica diplomática tiene además, un trasfondo histórico de más de un siglo y marcado por la guerra de 1982, por una centenaria demanda de los argentinos y por la posición casi inamovible de los británicos en cuanto al ejercicio de la posesión y dominio del archipiélago.

La guerra de 1982 además, produjo tres efectos duraderos en el tiempo: en primer lugar, convirtió a las Falklands en un poderoso reducto militar aeronaval británico en el Atlántico sur cuya función estratégica y disuasiva es más que evidente: Inglaterra no se dejará sorprender dos veces por una invasión; segundo, modificó durablemente el escenario geopolítico del cono sur de América Latina, generando un nuevo esquema geoestratégico de estabilidad subregional; y tercero,  dejó en la nación argentina el amargo sabor de la derrota, uno de los sentimientos más perjudiciales y perniciosos para el pleno ejercicio de la razón diplomática y de la objetividad política. 

 En definitiva, la cuestión diplomática en torno a las Falklands no involucra solamente a dos Estados y dos naciones, en la medida en que se ha seguido la estrategia de multilateralizar el diferendo, de trasladarlo a algunas instancias internacionales y de llevarlo a los medios de comunicación como un mecanismo para hacer presión.  El problema en cuestión sin embargo, no se reduce a una simple polaridad entre “reclamamos la soberanía” y “no hay soberanía que discutir”.

El renacer de esta disputa hoy no podemos atribuirlo tampoco a la debilidad de los gobiernos implicados: a pesar de la crisis europea, el gobierno Cameron se mantiene estable y Cristina Fernández continúa siendo ratificada fuertemente por las urnas.

LOS HABITANTES ORIGINARIOS TAMBIÉN CUENTAN

Pero, en una disputa territorial entre dos Estados y que involucra la cuestión de la soberanía, no puede olvidarse que una opinión fundamental, un juicio decisivo, le cabe a los habitantes originarios de los territorios implicados.  ¿Cómo puede haber soberanía si quienes son el fundamento jurídico y humano de dicha soberanía no son consultados y su opinión no es tomada en cuenta?

No es necesario escarbar demasiado en la historia del concepto de soberanía dentro de la tradición de Occdidente (desde Jean Bodin, 1576), para percatarse que aquí la voluntad y la opinión de los kelpers, es decir, de los habitantes originarios que residen en las islas, puede resultar fundamental y hasta ineludible para entender el destino de las Falklands en los próximos decenios.  

Cabe preguntarse, ¿aceptaría Argentina la opinión de los kelpers si éstos ratificaran que desean seguir siendo ciudadanos británicos? ¿Aceptaría Gran Bretaña la opinión de los kelpers si éstos manifestaran que no desean seguir bajo la jurisdicción británica?  Incluso desarollando un enfoque crítico y no menos polémico, ¿nos hemos preguntado que opinaban los kelpers respecto de la demanda argentina de soberanía antes de la guerra de 1982 y sobre todo, después del conflicto? 

Y una pregunta que resulta crucial en este caso: ¿cómo se consideran a sí mismos los kelpers de las islas Falklands: “argentinos” usurpados por el Estado británico, o “británicos” amenazados por el Estado argentino?

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Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales.  Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx.  La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación.  Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.   Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.

Manuel Luis Rodríguez U. 

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.- 

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.

En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.

Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático. 

El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.

En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital.  En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.

Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.

En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza.  En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas.  La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.

El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.

La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.  

DE UN ORDEN GLOBAL HACIA VARIOS ORDENES MUNDIALES

El capitalismo funcionaba en aquellos decenios finales del tercer milenio, sobre la base de ciclos hegemónicos, de la extensión ilimitada de los mercados y de la propia capacidad de autoreproducción del sistema económico, mediante la multiplicación y difusión del capital, de la tecnología y de la innovación emprendedora.

Los ciclos hegemónicos se producían en el futuro, siguiendo similar trayectoria a los ciclos históricos del pasado: una o varias potencias claves ascienden a la hegemonía a través de sucesivos conflictos, alcanzan su fase de hegemonía plena o de supremacía, para entrar a continuación en una fase de declinación y posteriormente, en una etapa de reconfiguración del sistema geopolítico mundial y de redistribución de las hegemonías.

Pero el sistema comenzó a tambalear, porque resultó cada vez más incapaz (política, económica y estratégicamente) de resolver desde su interior todas las crisis en curso.

El capitalismo del siglo xxi dió paso al postcapitalismo y a una nueva era de desarrollo de la humanidad, no porque haya sido atacado “desde afuera” por fuerzas adversarias más poderosas o letales, sino porque las poderosas mareas sociales internas de los Estados (y coaliciones de Estados) reventaron los muros del poder dominante en demanda de más igualdad y más participación protagónica.  El capitalismo no explotó: el conjunto de la estructura hizo implosión. 

El mundo del capitalismo no se derrumbó porque se cumplieron las numerosas predicciones que lo anticipaban, sino porque una suma  acumulativa de crisis y conflictos ocasionados por su propio funcionamiento y disfuncionamiento, lo llevaron hacia un prolongado período de colapsos y mutaciones.

Por su parte, la crítica al capitalismo, se había transformado, yendo desde las bases estructurales y sistémicas, a la comprensión de la crisis valórica y moral, y de los profundos impactos destructivos que este modo de producción ocasionaba sobre el medio ambiente y el uso racional de los recursos energéticos del planeta. 

La racionalidad económico-finaciera y tecnológico-mediática de sello occidental se opuso y se encontró en colisión creciente con la racionalidad humana, con la búsqueda de la felicidad, con el reencuentro con las culturas originarias casi perdidas y las cosmovisiones ancestrales antes avasalladas.

El sistema-planeta déjó entonces de ser un solo sistema global predominante y hegemónico, para dislocarse en varios sistemas mundiales liderados por potencias mundiales -o con alcance mundial- capaces de articular coaliciones supraestatales de carácter continental.  La rivalidad estratégica, geoestratégica y geopolítica, en esta prolongada época final del capitalismo occidental, ya no ocurrirá solamente entre la potencia imperial estadounidense -en declinación gradual- y las potencias imperiales asiáticas (China, India…), sino que se implantará como un escenario de confrontaciones múltiples entre coaliciones continentales, en torno a la defensa-acceso hacia los recursos energéticos escasos y las materias primas naturales.    

A su vez, la rivalidad hegemónica se desplegará no solo en las zonas de fricción geoestratégica tradicionales (Medio Oriente, sur de Asia, Mediterráneo) sino además tenderán a acentuarse en distintos escenarios de la cuenca del Pacífico, espacio oceanopolítico emergente donde se encuentran Estados Unidos, Japón, Rusia, Australia y China.

… … …

DESDE EL ESTADO BUROCRÁTICO AL ESTADO DE LOS CIUDADANOS 

La crisis del Estado fue parte de la crisis de la civilización capitalista y del modelo político occidental liberal.

El Estado -en su forma nacional surgida del paradigma de Westphalia- se encuentra sometido a una doble presión: por una parte, emergen las regiones como protagonistas económicas y político-culturales al interior de cada nación y presionan desde abajo por mayor presencia en el sistema internacional, y por el otro lado, surgen nuevas estructuras supraestatales a escala de continentes y subregiones, que pugnan por quitar porciones de soberanía estatal.

Las soberanías estatales resultaron así cuestionadas por el surgimiento de las nuevas configuraciones y alianzas de Estados, que se formaron tanto para defender recursos, como para procurar acceder a las fuentes energéticas, y porque un número cada vez mayor de regiones de países reestructuraron la arquitectura internacional formando alianzas y macrozonas en torno a especializaciones productivas, ventajas comparativas y competitivas propias y recursos energéticos y naturales propios.

El sistema internacional en crisis de representación y legitimidad, condujo a la crisis del Estado como unico y exclusivo representante de la nación en la escena mundial. 

EN LA EPOCA DE LAS POST DEMOCRACIAS

La crisis del capitalismo globalizado se vio acompañada por la crisis sucesiva de los antiguos sistemas políticos democráticos. 

La vieja estructura política y estatal, basada en la representación de la ciudadanía, el uso intensivo del dinero, las finanzas y los medios de comunicación como dispositivos de alienación colectiva e individual y el voto periódico, hizo crisis, cuando las multitudes ciudadanas avanzaron hacia la democracia virtual, hacia la auto-representación y hacia la instalación de formas de ejercicio del poder sin delegación, con autoridades revocables y estructuras de gobierno de geometría variable, basadas en la nueva legitimidad ciudadana y en el ejercicio del poder ciudadano.

El orden politico es ahora un orden ciudadano…

La ciudadanía se complejiza y se diversifica, pero constituye nuevamente el fundamento de la vida pública, despojada de las ataduras partidarias y corporativas…

La participación ciudadana dejó de ser una mera fórmula de información desde la autoridad a los ciudadanos, cuando la información y la circulación de datos se convirtieron en derechos colectivos e individuales y la nueva libertad afincada en las personas, los grupos, las comunidades y las naciones, se hizo extensiva a los sistemas y estructuras de poder.

En definitiva los nuevos dispositivos políticos, las nuevas arquitecturas institucionales y políticas se forjaron desde la ciudadanía y su diversidad organizativa e identitaria, desde su protesta y resistencia, desde su imaginación creativa y aparentemente caótica, hasta reescribir códigos, normas y referencias, lenguajes y símbolos conforme a la nueva constitución ciudadana.

Entonces la política dejó de ser un dispositivo ajeno en forma de aparato de poder, para convertirse en una configuración ciudadana para resolver y conducir el interés general.

Un modelo político y social de convivencia que tenía 19 siglos de existencia conceptual y apenas un siglo y medio de existencia real.

… … …

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click…

Jean Jacques Rousseau había muerto por segunda vez junto al paradigma del contrato social, cuando las multitudes inteligentes de ciudadanos, clientes y usuarios descontentos, de las regiones avasalladas por el centralismo y las identidades culturales y transversales silenciadas por el pensamiento único del Estado y las corporaciones privadas, habían terminado por barrer literalmente con las instituciones representativas que habían dado esa precaria y esquiva gobernabilidad y estabilidad a los sistemas políticos del siglo xx.

La muerte de las viejas democracias representativas, era un campanazo fúnebre anunciando el fin del capitalismo neoliberal del pasado.

 AQUELLAS DEMOCRACIAS…

La vieja maquinaria de las democracias representativas, había por entonces colapsado, distorsionada por la acción o la omisión de representantes que no representaban a los ciudadanos sino a determindos intereses particulares y corporativos, cuando no mafiosos; por el cansancio ciudadano ante mecanismos participativos donde no se tomaban las decisiones principales; por la captura de la mecánica democrática por parte de partidos políticos oligárquicos, de empresas y corporaciones de marketing político; por la dilución del espíritu cívico ante el individualismo rampante; por el quiebre definitivo de la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, los grupos y los territorios en la capacidad real de las instituciones y la clase política para resolver sus problemas, demandas y aspiraciones.

Aquellas democracias, terminaban siendo finalmente arreglos semicerrados grupales, partidarios, corporativos, patrimoniales y hasta familiares, de oligarquías político-económicas reducidas en tamaño pero extendidas en influencia.

Las elecciones en este contexto, eran algo así como eventos cívicos y comunicacionales prefigurados y marketeados por empresas de comunicación política y corporaciones de diseño de imagen, donde lideres artificialmente construidos, predominaban en una escena política y comunicacional altamente sofisticada, donde lo que menos se hablaba era de política, sino de inversiones, de rentabilidades, de subsidios, de tasas de crecimiento…y donde el voto no era más que una rutina individual desprovista de sentido, pero reforzada por la costumbre y por la industria de las encuestas a la medida.

El espacio público había sido secuestrado al público: solo hablaban los comunicadores.

El lenguaje político estaba entonces en franca distorsión y corrupción: los Estados llamaban “servicios públicos” a empresas privadas que recibían fondos públicos para financiar sus ganancias y hasta sus pérdidas; los políticos llamaban “convivencia” al silenciamiento de las atrocidades dictatoriales; los empresarios imploraban la ayuda del Estado cuando tenían pérdidas y exigían “menos Estado” cuando sus utilidades crecían; los ciudadanos llamaban “subsidio” a una limosna estatal que el mercado no quería asumir…

Los ciudadanos sintieron que los sistemas de vigilancia que el propio Estado privatizado había instalado para vigilarlos, necesitaba urgentemente ser a su vez vigilados por los propios ciudadanos organizados, para que su seguridad no termine secuestrada por delincuentes de cuello blanco o funcionarios de cuello azul o guardianes de cuello verde oliva.

Los ciudadanos, en primera y última instancia, sintieron que el contrato social basado en la lógica de la representación había perdido sentido e interés, desde que los intereses corporativos y empresariales de poder y las maquinarias burocráticas, habían capturado el poder para uso y abuso de sus propios objetivos financieros, llegando a la distorsión de la rentabilidad social de las políticas públicas o la privatización del patrimonio público, entendidos bajo una paradoja de suma cero: “si sale sello tu pierdes, si sale cara yo gano”, es decir, cuando ganan las empresas, los ciudadanos y la nación pierden.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click y apagaron el viejo Estado…

...QUE SE DERRUMBARON

El derrumbe de aquellas democracias, no fue el resultado de revoluciones o de insurrecciones armadas de tono “bolcheviques 1917″…fue en realidad, mucho más rápido y mucho menos sangriento.

El “palacio de invierno” de las democracias de viejo cuño, se vino abajo con sucesivos, interminables y multitudinarios cliks computacionales, correos y sms masivos y una cadena infinitesimal de manifestaciones virtuales de desobediencia civica, en que los ciudadanos atrasaron el pago de sus impuestos, o dejaron de pagarlos simplemente, colapsaron los sistemas institucionales con reclamos no resueltos, se reunieron en asambleas virtuales masivas y otras expresiones de recuperación del poder constituyente que los animaba.

La calle era un pantalla de computador, más bien dicho, millones de pantallas de computadores.

Era la política de los laptops.

Los ciudadanos le pusieron un candado virtual, político e ideológico a las instituciones de la vieja democracia representativa, porque ya no los representaba.

Las clases sociales de la nueva economía y los movimientos y nuevas articulaciones político-sociales dieron nueva significación a las políticas antisistémicas y a las prácticas de resistencia, siendo portadoras reales y virtuales de demandas y aspiraciones transversales, que tocaban las fibras profundas del descontento y del proyecto de cambio social.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click, y apagaron la vieja democracia

… … …

…DANDO PASO…

La ruptura del contrato político básico de la democracia representativa no fue fácil en aquella época futura.

Las oligarquías partidarias, políticas y comunicacionales se aferraron al poder político que les permitía el acceso al poder económico, así como los intereses corporativos se aferraron al poder económico que les permitía el acceso al poder político.

No todo se reducía a dinero…pero casi…

Los poderosos del dinero pensaron en llamar a los militares para que los salven del mal paso, pero los militares de paso pensaron primero que son ciudadanos, a muchos gerentes y generales “se les cayó el sistema”, sus pantallas se volvieron a negro … y en ese choque excluyente de pensamientos, el Estado dejó de trastabillar y la nación se puso de pie y en movimiento.

La política de los laptop, de las tecnologías comunicacionales nómades (ipods, celulares…) daba paso a expresiones ciudadanas que antes habían sido borradas de las pantallas del sistema político. La revolución democrática de los cliks y de las TICs, estuvo en marcha desde mucho antes que gobiernos y empresas trataran de frenar la proliferación de weblogs y de páginas web alterenativas, porque los ciudadanos dejaron de creer en los medios de comunicación unilineales, formateados desde alguna gerencia o desde alguna oficina del poder, para dar paso a nuevos medios de expresión-comunicación, a una capa creciente de líderes, grupos y movimientos dotados de tecnologías trans-tecnológicas y de influencias trans-sociales.

Cuando la política y la comunicación política dejó de ser monopolio de plataformas comunicacionales únicas, la nueva democracia ciudadana se comenzó a desplegar.

Así comenzaron a colapsar esas viejas democracias representativas, que funcionaban como aparatos piramidales donde unos pocos decidían y gobernaban, en nombre y a pesar de una gran mayoría que observaba.

... A OTRAS DEMOCRACIAS…

Los ciudadanos comenzaron a votar en elecciones que ninguna autoridad había convocado.

Las autoridades percibieron que sus decretos y normas apenas eran respetados por la gente.

Las asambleas y reuniones ciudadanas tenían lugar, pero también ocurrían sin tener lugar.

Los grupos y los movimientos aprendieron que la multitud comienza en las conciencias individuales potenciadas como conciencias sociales.

Los ciudadanos reclamaron y construyeron gradualmente una democracia de poderes revocables, un poder político de contenido aún más democrático y de carácter ciudadano, una democracia de ciudadanos protagonistas dentro de instituciones políticas eficientes y participativas, una democracia de la transparencia, con autoridades sujetas al control ciudadano y que dan cuenta de sus actos, los que también son controlados y exigidos por ciudadanos organizados y conscientes. Entonces, los consensos y los acuerdos políticos aparecieron respaldados por ciudadanos que se sintieron tomados en cuenta y por partidos y movcimientos políticos que vieron legitimado su nuevo rol mediador, propositivo y articulador.

En estas nuevas democracias, volcadas al uso intensivo y extensivo de las comunicaciones digitales, de las tecnologías computacionales masificadas y de las imágenes virtuales, la lucha ideológica y los debates públicos y políticos, no se dieron solamente en torno al binomio “Estado-mercado”, sino también a otros dilemas como “¿más Estado o más ciudadanía?”, “¿más crecimiento o más sustentabilidad ambiental?”, “¿más desarrollo o más crecimiento?”…

Los movimientos y los movimientos de movimientos supieron hacer el vacío allí donde el poder dominaba o reprimía, hacer presencia allí donde nadie los esperaba, dispersarse cuando se creían reunidos, reunirse cuando se les vigilaba dispersos, extenderse cuando se les restringía, conectarse cuando se les incomunicaba, moverse cuando se sentían inmóviles, desobedecer bajo una aparente obediencia, desatender cuando se reclamaba su atención, abrirse cuando se les motejaba cerrados, cerrarse cuando se les creía abiertos, funcionar como red cuando se les suponía estructurados.

La ciudadanía ya no era un mero deber civico (restringido al voto o a los impuestos), ahora en el futuro habían nuevas e innovadoras formas de ciudadanía. Los ciudadanos habían recuperado su poder constituyente originario y soberano. Habíamos entrado en la era de la soberanía ciudadana.

La participación dejó de ser una mera comunicación política vertical de la autoridad sobre los ciudadanos, reemplazada por una red extensa de redes de involucramiento directo de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.

Las nuevas institucionesde esta nueva democracia electrónica y ciudadana, operaban como sistemas organizacionales abiertos de vocación pública, de estructura participativa y vinculadas a la contraloría social de los ciudadanos.   Las nuevas formas de democracia no eran sin embargo, en el futuro, una panacea gratuita ni un remedio total a los males cívicos, por el contrario, el aspecto general de las sociedades y comunidades era de un caos aparentemente ingobernable y de un terreno de reciclaje para las viejas oligarquías políticas y del dinero.

La pantalla era una calle y un espacio cívico, pero los ciudadanos también aprendieron a ocupar los espacios públicos, partiendo siempre del principio innovador y hasta revolucionario que todo el Estado, que todos los servicios públicos, que todos los lugares y espacios públicos les pertenecen, porque ellos son la nación y el Estado le pertenece a la nación.

En aquel entonces en el futuro, la democracia había dejado de existir… reemplazada por nuevas formas de democracia, donde el centro del orden político era la ciudadanía, las nuevas formas de ciudadanía.

… … …

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

Chase-Dunn, Ch., Podobnik, B.: The next world war: world system cycles and trends.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 6, 1995.

Friedman, Th.: La tierra es plana.  Breve historia del mundo globalizado en el siglo xxi.  Madrid, 2006.  Ediciones MR.

Goldfrank, W.: Beyond cycles of hegemony. Economic, social and military factors.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 8, 1995.

Marx, C., Engels, F.: Obras Escogidas en dos tomos.  Moscú, 1955.  Ed. Progreso.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  México, 1998. 3 volúmenes. Fondo de Cultura Económica.

Wallerstein, I.: Utopistics.  N. York, 1989.  Ed. W.W. Norton.


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¿Y si la estrategia de desarrollo neoliberal estuviera llevándonos a una mayor desigualdad social y no al desarrollo?

“Si Latinoamérica no lleva a cabo una modernización de su estrategia productiva, no será verdad eso que tanto se repite últimamente de que es su momento para cambiar su historia, ya que no habrá base para un crecimiento sostenido en el futuro.”

http://www.elpais.com/articulo/economia/Expertos/cuestionan/estrategia/crecimiento/Latinoamerica/elpepuintlat/20110512elpepueco_12/Tes


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El derecho a intervención como prerrogativa imperial

Pocos medios de comunicación a nivel mundial parecen haber puesto de relieve este aspecto de la operación “Jerónimo” que realizaron fuerzas especiales SEALs de Estados Unidos en territorio nacional pakistaní, para asesinar a Osama Bin Laden: que, desde el punto de vista internacional fué una operación militar comandada y realizada por fuerzas militares estadounidenses en territorio pakistaní, saltándose todos los límites de la soberanía, las fronteras nacionales, la autoridad del Estado y las prerrogativas del derecho internacional. 

¿Y el Estado de Pakistan qué tiene (o qué puede)  decir en este asunto?  ¿Hay agentes de la inteligencia o de las fuerzas armadas, o del gobierno de Pakistán que sabían de la residencia de Bin Laden en ese país, desde hace 5 años?  ¿Puede Pakistán considerar a los Estados Unidos como un aliado confiable?  ¿Puede Estados Unidos considerar a Pakistán como un aliado confiable?  La cuestión trasciende los límites del derecho internacional, para internarse en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia. 

Es decir, desde el punto de vista del derecho internacional, se ha  reafirmado y consagrado -una vez más-  la posibilidad que el imperio estadounidense pueda intervenir en cualquier territorio de un país extranjero, si los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos así lo requieren.  El interés nacional de los Estados Unidos y sus intereses de seguridad, se han convertido en la regla no escrita que rige las relaciones internacionales.

Militarmente, podría decirse que la operación para eliminar a Bin Laden fué “perfecta”: todo fue orquestado durante varios meses (desde agosto de 2010), con agentes estadounidenses de la CIA y actividades de inteligencia en territorio pakistaní instalados cómodamente a varios cientos de metros de la residencia, sin informarle ni a los servicios secretos ni al ejército ni al gobierno pakistaní, y realizada por comandos SEALs con helicópteros ultrasecretos, drones de vigilancia, observación satelital de precisión, armamento sofisticado, comando centralizado en la sala de situación de la Casa Blanca en Washington y tropas aerotransportadas al lugar. 

El unico problema es que esta operación estadounidense, ocurrió en territorio de un supuesto aliado de Estados Unidos: en el territorio nacional del Estado de Pakistán.

El derecho a intervención existe en el mundo global actual, por lo tanto, desde que Estados Unidos es la única potencia militar y estratégica global, es decir, el único Estado con capacidad militar, tecnológica, logística y estratégica para trasladar, posicionar, introducir y extraer fuerzas militares propias en cualquier punto del planeta.

El derecho a intervención es una prerrogativa política imperial, precisamente porque el imperio está dotado de la capacidad material y estratégica para intervenir.  ¿Cómo podría denominarse a una práctica llevada a cabo por un actor político internacional o un Estado, de intentar asesinar a sus enemigos en cualquier lugar donde se encuentren, sino una práctica terrorista?   Hay otros Estados que ya han dado pruebas y ejemplos vergonzosos en esta materia, como el caso de Chile en 1976. 

¿Qué es entonces un Estado terrorista?

La captura y muerte de Bin Laden sería, desde este punto de enfoque, unica y simplemente un asesinato internacional, cometido por fuerzas militares extranjeras en territorio pakistaní, actuando para un Estado extranjero, es decir, para los Estados Unidos, en una operación en la que intervino la totalidad de la cadena de mando militar estadounidense, desde el Presidente de los Estados Unidos hacia abajo.

La muerte de Bin Laden es entonces un asesinato legitimado por el poder político y militar de los Estados Unidos y por la enorme mayoría de los medios de la opinión pública mundial.

¿Está justificado entonces que una potencia extranjera, un Estado nacional cualesquiera, pueda colocar tropas suyas en territorio extranjero y eliminar a uno o varios individuos residentes en ese país, porque éstos ponen en riesgo la seguridad nacional de este Estado?

La comparación de este ataque con la destrucción de las torres del World Trade Center y el Pentágono en 2001, no resiste ningún análisis, toda vez que dicha acción no fue obra de un Estado especifico, sino de una red de organizaciones islámicas sin territorio nacional propio.  Estamos en el centro de la controversia acerca de los límites y los alcances de la guerra en los tiempos actuales.

El derecho a intervención o a ingerencia en los asuntos internos de otros países ¿es una prerrogativa exclusiva de algunos Estados con capacidad de intervenir en otros territorios nacionales?  ¿Cuales son los criterios que rigen este nivel de las relaciones internacionales: el interés nacional de cada Estado, el derecho internacional, los intereses geopolíticos de cada actor internacional, los principios de la la ética internacional?

¿No estará ocurriendo en realidad que la muerte de Bin Laden sirve a los Estados Unidos para recuperar su credibilidad menguante de potencia unipolar y global, previo a retirar sus tropas de Afganistán ante el fracaso evidente -o la ausencia de victoria- en esa interminable e incontrolable guerra de guerrillas?

¿Asistimos en realidad al momento final de las soberanías nacionales y estatales propias del paradigma westphaliano?

¿Cuál es el lugar que tiene hoy, en el  postmoderno siglo xxi, la Razón de Estado como ideología del Estado imperial?

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES Y REFERENCIAS

Weiner, T.: Legado de cenizas.  La Historia de la CIA.  B. Aires, 2008. Editorial Sudamericana.

Council on Foreign Relations:   http://www.cfr.org/terrorism/bin-ladens-leadership-legacy-jihad/p24922

http://www.monde-diplomatique.fr/2011/05/ROBERT/20488


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Las FFAA del Cono Sur de América Latina en el siglo xxi – Elementos para un análisis geopolítico

Un ensayo de Virgilio Beltrán, especialista argentino en Estrategia y Relaciones Internacionales.

FUERZAS ARMADAS DEL CONO SUR AMERICA LATINA EN EL SIGLO XXI


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Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.


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Seguridad y defensa: los nuevos paradigmas en el siglo xxi

Los problemas militares y de la guerra han visto desaparecer y transformarse sus grandes conceptos y paradigmas tradicionales de sustentación.

Desde fines del siglo xx, con el fin de la bipolaridad y las tendencias a la mundialización/globalización, asistimos a una profunda metamorfosis de la cuestión militar y estratégica, a un cuestionamiento de las certezas teóricas y conceptuales existentes en materia de seguridad y defensa.

Desde la guerra de masas y de armamentos industriales, vamos avanzando hacia la guerra focalizada, hacia instrumentos bélicos inteligentes, precisos y de alta letalidad. Desde los ejercitos masivos, territoriales y pesados, vamos hacia la configuración de fuerzas militares reducidas, altamente sofisticadas, interarmas, de reacción rápida y con creciente capacidad de ubicuidad y proyección para dar cuenta de las nuevas amenazas y riesgos.

Desde la guerra material, masiva y territorializada que se ganaba en las conciencias y en la opinión pública después que en el terreno, vamos hacia la guerra digital, desterritorializada, inteligente y quirúrgica que se ganará en las pantallas antes que en el teatro.

CONTENIDO Y FORMA DE LOS CAMBIOS EN LA ESFERA ESTRATÉGICA

Los grandes cambios sociales y culturales originados en la transformación tecnológica desencandenada con la incorporación de las TICS en todo el teatro estratégico, genera a la vez efectos sinérgicos y de dispersión en la esfera de los sistemas de armas, en los diseños estratégicos de la acción bélica, en la naturaleza y carácter del teatro de la guerra y en el campo de batalla, mientras los esquemas geopolíticos y geoestratégicos se modifican para dar paso a escenarios de conflicto caracterizados por la indeterminación, la fluidez, la complejidad y la ruptura y compresión del espacio/tiempo.

El fin del llamado ciclo de la disuasion (1945-1990) no solo puso fin a la bipolaridad Este-Oeste, si no que hizo trizas también las nociones tradicionales de fronteras y de soberanía, al mismo tiempo que hicieron implosión las dimensiones de la amenaza y de los riesgos a que se enfrentan los actores internacionales en la escena global.

Esta implosión metamorfósica de la problemática estratégica, ha traido como una de sus consecuencias más profundas, el que la cuestión de la guerra y de la paz, de la defensa y la seguridad, han dejado de ser asuntos de estricto orden militar o castrense para abarcar dimensiones hasta hoy poco consideradas en el debate y en la teoría estratégica tradicional.

¿Estamos entrando en una época post-clausewitziana?

Probablemente sí, a condición que entendamos que el paradigma clausewitziano estaba construido sobre la forma trilateral del espacio/tiempo/profundidad, parámetros que hoy han sido cuestionados por el arma nuclear, por las armas biológicas, químicas y ecológicas, por la miniaturización y digitalización de los sistemas de armas y por su proliferación horizontal.

INCERTIDUMBRE, METAMORFOSIS Y RIVALIDAD HEGEMÓNICA

Tres categorías de análisis nos permiten comprender los cambios en curso. Incertidumbre, metamorfosis y rivalidad hegemónica abren el abanico de los criterios para el análisis geoestratégico y geopolítico.

Estamos en presencia de un período de transición en el orden global, y esa transición se caracteriza por la incertidumbre, es decir, por la prevalencia de un clima de indeterminación y de imprevisibilidad de las tensiones, las rivalidades y los conflictos.

La noción de metamorfosis subraya los procesos de mutación gradual y contínua, así como la transmutación e imbricación de cambios ambientales, económicos, políticos, socio-culturales y estratégicos que experimenta el sistema-planeta, en una sinergia circular e interdependiente, donde unos y otros procesos, a velocidades y ritmos distintos y con distintos grados de intensidad, repercuten sobre la totalidad del sistema ocasionando transformaciones.

El orden internacional se encuentra en una transición entre un orden bipolar hacia un orden multipolar, transición durante la cual predomina un esquema unipolar de las hegemonías. La potencia unipolar estadounidense ha instalado un orden global que no termina de ser aceptado ni reconocido, mientras los demás actores y potencias de alcance mundial, se aprestan a rivalizar por la futura hegemonía global, dando paso hacia mediados del siglo xxi a una disputa multiple o a escenarios diversos y sucesivos de rivalidad hegemónica a diversas escalas y niveles.

Transitamos hacia un orden global multipolar -el escenario geoestratégico más probable de mediados del siglo xxi- al mismo tiempo, que nos acercamos a una prolongada etapa de rivalidad hegemónica entre potencias globales, potencias mundiales y potencias regionales por acceder a niveles mayores de la jerarquia de potencias en el sistema-planeta.

SEGURIDAD Y SOBERANÍA

Una primera revolución conceptual en esta materia es hoy la cada vez más estrecha relación e inter-dependencia entre seguridad y soberanía.

Si la seguridad es una condición compleja que hace posible el desarrollo y posibilita la existencia en condiciones de estabilidad, la soberanía se asocia a la seguridad, en tanto y en cuanto se define como el conjunto de atributos irrenunciables de un Estado para asegurar su supervivencia y su desarrollo. La seguridad se relaciona y se asocia con la soberanía, como dos dimensiones de una misma necesidad esencial del Estado moderno en el actual orden global, de hacer suyos los atributos y recursos estratégicos necesarios para obtener y mantener un lugar en el orden mundial, en un marco estructural asimétrico de relaciones entre los Estados y demas actores internacionales.

Aun en un orden global de relativización de las fronteras, el Estado nacional sigue siendo el actor principal de la escena internacional y el único dotado de la capacidad soberana de determinar cuáles son los recursos estratégicos que hacen posible y necesaria su supervivencia. Es el Estado el que define qué es estratégico para su supervivencia y para su desarrollo, en la prespectiva del presente y del futuro previsible.

LAS NUEVAS DIMENSIONES DE LA SOBERANÍA

De estas definiciones, surgen a lo menos tres dimensiones nuevas que se incorporan en la reflexión estratégica y geopolítica. Una de ellas es la soberanía energética, así también como la cuestión de la soberanía alimentaria y la soberanía ambiental.

En los próximos decenios del siglo xxi, la cuestión clave del desarrollo (a cualquier escala) será el acceso hacia fuentes eficientes de energía en condiciones de autonomía relativa. Los Estados y las corporaciones seguirán enfrentados e impelidos a la necesidad de acceder a fuentes de energía para impulsar el desarrollo, y por lo tanto, seguirán siendo estratégicas dichas fuentes. Al mismo tiempo, la escasez de energías no renovables y la rivalidad por controlarlas, agudizará los conflictos y las amenazas y riesgos de conflicto por su acceso y control y continuará siendo un factor polemológico de primera importancia.

Del mismo modo, el acceso y la provisión de recursos alimentarios, por parte de los Estados continuará ocupando un lugar crucial en las preocupaciones de políticos y economistas.

Así también la ecología y el medio ambiente serán factores de conflicto adicionales, tanto por la necesidad de los Estados de controlar el agua y preservar sus propios entornos naturales, como por el imperativo de cautelar su respectivo patrimonio ecológico territorial. Los riesgos de guerra ambiental, es decir de utilización de componentes del clima o del medio ambiente como instrumentos de destrucción masiva, podrían acentuarse en el futuro.

El conjunto del orden global, despues de haber funcionado en una tendencia hacia la concentración de los actores (propio de la guerra fría, durante la primera mitad del siglo xx), marcha hacia una tendencia a la dispersión de los actores internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

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