Geopolítica XXI

una mirada geopolítica desde el sur del sur del planeta


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La guerra de las Falklands/Malvinas: 31 años después

En la madrugada del 2 de abril de 1982 un contingente militar argentino anfibio invadió las proximidades de Port Stanley, al tiempo que un grupo similar había ocupado las islas Georgias del Sur.  Se iniciaba así una dramática guerra terrestre, naval, aérea, anfibia y aeroterrestre en el Atlántico sur (2 de abril-14 de junio), la unica guerra verdadera y más cercana que hayamos vivido los magallánicos en toda la historia de la Patagonia.

COMO SI LA GUERRA ESTUVIERA OCURRIENDO EN EL PATIO DE TU CASA

La guerra de las Falklands/Malvinas trajo a Magallanes extraños sucesos que forman parte de los anales anecdóticos del pasado regional.  Como los numerosos periodistas y agentes de inteligencia britanicos instalados en el Hotel Cabo de Hornos de Punta Arenas, con sus equipos de radioescucha y de transmisión de datos conectados al instante con Londres.  Como el extraño caso de ese helicóptero británico caido en la costa del Estrecho de Magallanes, en el sector Rio de los Ciervos, a varios cientos de millas de su propio radio de alcance de vuelo y cuyos pilotos fueron reenviados discretamente a Gran Bretaña, poniendo en evidencia la intensa colaboración chilena con la Fuerza Expedicionaria Británica.  Como el caso de los ventanales cubiertos del aeropuerto de Punta Arenas y de los vuelos comerciales, para que los pasajeros no vean el movimiento de aviones de combate y de reaprovisionamiento “no chilenos”, que entraban y salían de la base aérea.  Como el caso de los radares aéreos chilenos ubicados al oeste de Punta Arenas, que sirvieron eficazmente para la detección de aviones argentinos despegando desde Santa Cruz o Tierra del Fuego hacia el “teatro de operaciones Malvinas”.

Desde Punta Arenas escuchábamos por onda corta las emisiones de Radio LU-14 de Rio Gallegos y de la radioemisora BBC de Londres, lo que permitía confrontar las informaciones de la prensa escrita y de la televisión con las respectivas versiones oficiales del conflicto y su desarrollo.

Al final de la guerra en las proximidades del 14 de junio, resultaba paradójico escuchar la retórica esquizofrénica de los “partes de guerra” del Comando argentino de Operaciones en el terreno, que anunciaban la inminente victoria sobre las fuerzas inglesas, transmitidos por radioemisoras argentinas, mientras en el campo de batalla los oficiales y los soldados argentinos se rendían a los comandantes britanicos.

LOS EFECTOS DE LA GUERRA

El drama de la guerra, afectó dolorosamente a miles de soldados conscriptos argentinos, llevados al campo de batalla por oficiales ineptos a enfrentarse con soldados profesionales altamente entrenados y equipados.  La guerra de las Falklands Malvinas demostró la superioridad militar de los soldados profesionales sobre los soldados conscriptos, lo que llevaría más tarde a las FFAA argentinas y chilenas a decidir la profesionalización completa de sus contingentes, terminando con la conscripción universal obligatoria.

El impacto humano y moral de los combatientes argentinos y sus familiares, por esta guerra, se compara con el perjuicio material y psicológico de los kelpers habitantes de las islas, que vieron la invasión de sus campos, la muerte de su ganado y vivieron el peligro de los combates aéreos y terrestres.

La invasión de las Falklands/Malvinas por Argentina en 1982, fue la “salida alternativa” de la política militar agresiva de los militares argentinos, de haber emprendido un ataque e invasión sobre las islas del canal Beagle en el extremo austral del continente.  Después de triunfar en las Falklands, Argentina iba a producir un ataque sobre los territorios australes chilenos, como lo han revelado documentos argentinos desclasificados en 2009 (nos referimos al Informe Rattenbach).

EL ESCENARIO GEOPOLITICO Y DIPLOMÁTICO ACTUAL

Al término de la guerra, el cuadro geopolitico que rodea a las Falklands/Malvinas es más desventajoso para Argentina, no obstante su ambiciosa y exitosa ofensiva diplomática demandando la reapertura de negociaciones con el Reino Unido por la soberania de las islas.   Las islas disponen ahora de un considerable contingente militar, naval y aéreo, infinitamente mayor al que contaban en 1982, mientras Gran Bretaña se niega a discutir una soberanía que los propios kelpers no desean ceder, según los resultados obvios de un reciente referendum.

Si los kelpers tienen una palabra que decir en este asunto controversial, la experiencia de la invasión de tropas argentinas y de la guerra ocurrida en sus propios campos de pastoreo lanar, no es el mejor antecedente para mejorar las relaciones con los vecinos argentinos.

En el contexto del cono sur del continente sudamericano y de los mares australes, la presencia británica en las Falklands/Malvinas actúa como un factor de estabilidad geopolítica y geoestratégica, pero la presión diplomática argentina necesariamente tendrá que producir resultados, de manera que Gran Bretaña no puede sostener indefinidamente su negativa a sentarse a dialogar.

Al mismo tiempo, avanzan lentamente las minuciosas exploraciones de la firma Rokhopper en el fondo marino de la plataforma de las islas, en busca de yacimientos de hidrocarburos y los resultados hasta hoy son prometedores.  De este modo, el eventual hallazgo de petróleo y/o gas natural en la zona podría introducir un nuevo elemento de conflicto y agregar un nuevo juego de intereses para complicar aún más la controversia política y diplomática entre Argentina y Gran Bretaña.

Mientras la diplomacia corre por un carril, las relaciones humanas y comerciales entre las islas y el continente sudamericano corren por otro carril, donde la región de Magallanes y Punta Arenas cumplen un importante y sensible rol de puente aéreo y marítimo.

Pero la diplomacia es la herramienta política fundamental en este asunto.

Siempre entendiendo que en diplomacia el apresuramiento nunca produce buenos resultados, pero el inmovilismo tampoco.

Manuel Luis Rodríguez U.

PARA SABER MAS:

http://www.rockhopperexploration.co.uk/rockhopper.html

La versión inglesa del conflicto de 1982:

http://www.falklandswar.org.uk/

La versión argentina del conflicto de 1982:

http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Malvinas


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Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales.  Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx.  La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación.  Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.   Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.

Manuel Luis Rodríguez U. 

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.- 

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.

En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.

Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático. 

El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.

En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital.  En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.

Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.

En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza.  En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas.  La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.

El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.

La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.  

DE UN ORDEN GLOBAL HACIA VARIOS ORDENES MUNDIALES

El capitalismo funcionaba en aquellos decenios finales del tercer milenio, sobre la base de ciclos hegemónicos, de la extensión ilimitada de los mercados y de la propia capacidad de autoreproducción del sistema económico, mediante la multiplicación y difusión del capital, de la tecnología y de la innovación emprendedora.

Los ciclos hegemónicos se producían en el futuro, siguiendo similar trayectoria a los ciclos históricos del pasado: una o varias potencias claves ascienden a la hegemonía a través de sucesivos conflictos, alcanzan su fase de hegemonía plena o de supremacía, para entrar a continuación en una fase de declinación y posteriormente, en una etapa de reconfiguración del sistema geopolítico mundial y de redistribución de las hegemonías.

Pero el sistema comenzó a tambalear, porque resultó cada vez más incapaz (política, económica y estratégicamente) de resolver desde su interior todas las crisis en curso.

El capitalismo del siglo xxi dió paso al postcapitalismo y a una nueva era de desarrollo de la humanidad, no porque haya sido atacado “desde afuera” por fuerzas adversarias más poderosas o letales, sino porque las poderosas mareas sociales internas de los Estados (y coaliciones de Estados) reventaron los muros del poder dominante en demanda de más igualdad y más participación protagónica.  El capitalismo no explotó: el conjunto de la estructura hizo implosión. 

El mundo del capitalismo no se derrumbó porque se cumplieron las numerosas predicciones que lo anticipaban, sino porque una suma  acumulativa de crisis y conflictos ocasionados por su propio funcionamiento y disfuncionamiento, lo llevaron hacia un prolongado período de colapsos y mutaciones.

Por su parte, la crítica al capitalismo, se había transformado, yendo desde las bases estructurales y sistémicas, a la comprensión de la crisis valórica y moral, y de los profundos impactos destructivos que este modo de producción ocasionaba sobre el medio ambiente y el uso racional de los recursos energéticos del planeta. 

La racionalidad económico-finaciera y tecnológico-mediática de sello occidental se opuso y se encontró en colisión creciente con la racionalidad humana, con la búsqueda de la felicidad, con el reencuentro con las culturas originarias casi perdidas y las cosmovisiones ancestrales antes avasalladas.

El sistema-planeta déjó entonces de ser un solo sistema global predominante y hegemónico, para dislocarse en varios sistemas mundiales liderados por potencias mundiales -o con alcance mundial- capaces de articular coaliciones supraestatales de carácter continental.  La rivalidad estratégica, geoestratégica y geopolítica, en esta prolongada época final del capitalismo occidental, ya no ocurrirá solamente entre la potencia imperial estadounidense -en declinación gradual- y las potencias imperiales asiáticas (China, India…), sino que se implantará como un escenario de confrontaciones múltiples entre coaliciones continentales, en torno a la defensa-acceso hacia los recursos energéticos escasos y las materias primas naturales.    

A su vez, la rivalidad hegemónica se desplegará no solo en las zonas de fricción geoestratégica tradicionales (Medio Oriente, sur de Asia, Mediterráneo) sino además tenderán a acentuarse en distintos escenarios de la cuenca del Pacífico, espacio oceanopolítico emergente donde se encuentran Estados Unidos, Japón, Rusia, Australia y China.

… … …

DESDE EL ESTADO BUROCRÁTICO AL ESTADO DE LOS CIUDADANOS 

La crisis del Estado fue parte de la crisis de la civilización capitalista y del modelo político occidental liberal.

El Estado -en su forma nacional surgida del paradigma de Westphalia- se encuentra sometido a una doble presión: por una parte, emergen las regiones como protagonistas económicas y político-culturales al interior de cada nación y presionan desde abajo por mayor presencia en el sistema internacional, y por el otro lado, surgen nuevas estructuras supraestatales a escala de continentes y subregiones, que pugnan por quitar porciones de soberanía estatal.

Las soberanías estatales resultaron así cuestionadas por el surgimiento de las nuevas configuraciones y alianzas de Estados, que se formaron tanto para defender recursos, como para procurar acceder a las fuentes energéticas, y porque un número cada vez mayor de regiones de países reestructuraron la arquitectura internacional formando alianzas y macrozonas en torno a especializaciones productivas, ventajas comparativas y competitivas propias y recursos energéticos y naturales propios.

El sistema internacional en crisis de representación y legitimidad, condujo a la crisis del Estado como unico y exclusivo representante de la nación en la escena mundial. 

EN LA EPOCA DE LAS POST DEMOCRACIAS

La crisis del capitalismo globalizado se vio acompañada por la crisis sucesiva de los antiguos sistemas políticos democráticos. 

La vieja estructura política y estatal, basada en la representación de la ciudadanía, el uso intensivo del dinero, las finanzas y los medios de comunicación como dispositivos de alienación colectiva e individual y el voto periódico, hizo crisis, cuando las multitudes ciudadanas avanzaron hacia la democracia virtual, hacia la auto-representación y hacia la instalación de formas de ejercicio del poder sin delegación, con autoridades revocables y estructuras de gobierno de geometría variable, basadas en la nueva legitimidad ciudadana y en el ejercicio del poder ciudadano.

El orden politico es ahora un orden ciudadano…

La ciudadanía se complejiza y se diversifica, pero constituye nuevamente el fundamento de la vida pública, despojada de las ataduras partidarias y corporativas…

La participación ciudadana dejó de ser una mera fórmula de información desde la autoridad a los ciudadanos, cuando la información y la circulación de datos se convirtieron en derechos colectivos e individuales y la nueva libertad afincada en las personas, los grupos, las comunidades y las naciones, se hizo extensiva a los sistemas y estructuras de poder.

En definitiva los nuevos dispositivos políticos, las nuevas arquitecturas institucionales y políticas se forjaron desde la ciudadanía y su diversidad organizativa e identitaria, desde su protesta y resistencia, desde su imaginación creativa y aparentemente caótica, hasta reescribir códigos, normas y referencias, lenguajes y símbolos conforme a la nueva constitución ciudadana.

Entonces la política dejó de ser un dispositivo ajeno en forma de aparato de poder, para convertirse en una configuración ciudadana para resolver y conducir el interés general.

Un modelo político y social de convivencia que tenía 19 siglos de existencia conceptual y apenas un siglo y medio de existencia real.

… … …

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click…

Jean Jacques Rousseau había muerto por segunda vez junto al paradigma del contrato social, cuando las multitudes inteligentes de ciudadanos, clientes y usuarios descontentos, de las regiones avasalladas por el centralismo y las identidades culturales y transversales silenciadas por el pensamiento único del Estado y las corporaciones privadas, habían terminado por barrer literalmente con las instituciones representativas que habían dado esa precaria y esquiva gobernabilidad y estabilidad a los sistemas políticos del siglo xx.

La muerte de las viejas democracias representativas, era un campanazo fúnebre anunciando el fin del capitalismo neoliberal del pasado.

 AQUELLAS DEMOCRACIAS…

La vieja maquinaria de las democracias representativas, había por entonces colapsado, distorsionada por la acción o la omisión de representantes que no representaban a los ciudadanos sino a determindos intereses particulares y corporativos, cuando no mafiosos; por el cansancio ciudadano ante mecanismos participativos donde no se tomaban las decisiones principales; por la captura de la mecánica democrática por parte de partidos políticos oligárquicos, de empresas y corporaciones de marketing político; por la dilución del espíritu cívico ante el individualismo rampante; por el quiebre definitivo de la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, los grupos y los territorios en la capacidad real de las instituciones y la clase política para resolver sus problemas, demandas y aspiraciones.

Aquellas democracias, terminaban siendo finalmente arreglos semicerrados grupales, partidarios, corporativos, patrimoniales y hasta familiares, de oligarquías político-económicas reducidas en tamaño pero extendidas en influencia.

Las elecciones en este contexto, eran algo así como eventos cívicos y comunicacionales prefigurados y marketeados por empresas de comunicación política y corporaciones de diseño de imagen, donde lideres artificialmente construidos, predominaban en una escena política y comunicacional altamente sofisticada, donde lo que menos se hablaba era de política, sino de inversiones, de rentabilidades, de subsidios, de tasas de crecimiento…y donde el voto no era más que una rutina individual desprovista de sentido, pero reforzada por la costumbre y por la industria de las encuestas a la medida.

El espacio público había sido secuestrado al público: solo hablaban los comunicadores.

El lenguaje político estaba entonces en franca distorsión y corrupción: los Estados llamaban “servicios públicos” a empresas privadas que recibían fondos públicos para financiar sus ganancias y hasta sus pérdidas; los políticos llamaban “convivencia” al silenciamiento de las atrocidades dictatoriales; los empresarios imploraban la ayuda del Estado cuando tenían pérdidas y exigían “menos Estado” cuando sus utilidades crecían; los ciudadanos llamaban “subsidio” a una limosna estatal que el mercado no quería asumir…

Los ciudadanos sintieron que los sistemas de vigilancia que el propio Estado privatizado había instalado para vigilarlos, necesitaba urgentemente ser a su vez vigilados por los propios ciudadanos organizados, para que su seguridad no termine secuestrada por delincuentes de cuello blanco o funcionarios de cuello azul o guardianes de cuello verde oliva.

Los ciudadanos, en primera y última instancia, sintieron que el contrato social basado en la lógica de la representación había perdido sentido e interés, desde que los intereses corporativos y empresariales de poder y las maquinarias burocráticas, habían capturado el poder para uso y abuso de sus propios objetivos financieros, llegando a la distorsión de la rentabilidad social de las políticas públicas o la privatización del patrimonio público, entendidos bajo una paradoja de suma cero: “si sale sello tu pierdes, si sale cara yo gano”, es decir, cuando ganan las empresas, los ciudadanos y la nación pierden.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click y apagaron el viejo Estado…

...QUE SE DERRUMBARON

El derrumbe de aquellas democracias, no fue el resultado de revoluciones o de insurrecciones armadas de tono “bolcheviques 1917″…fue en realidad, mucho más rápido y mucho menos sangriento.

El “palacio de invierno” de las democracias de viejo cuño, se vino abajo con sucesivos, interminables y multitudinarios cliks computacionales, correos y sms masivos y una cadena infinitesimal de manifestaciones virtuales de desobediencia civica, en que los ciudadanos atrasaron el pago de sus impuestos, o dejaron de pagarlos simplemente, colapsaron los sistemas institucionales con reclamos no resueltos, se reunieron en asambleas virtuales masivas y otras expresiones de recuperación del poder constituyente que los animaba.

La calle era un pantalla de computador, más bien dicho, millones de pantallas de computadores.

Era la política de los laptops.

Los ciudadanos le pusieron un candado virtual, político e ideológico a las instituciones de la vieja democracia representativa, porque ya no los representaba.

Las clases sociales de la nueva economía y los movimientos y nuevas articulaciones político-sociales dieron nueva significación a las políticas antisistémicas y a las prácticas de resistencia, siendo portadoras reales y virtuales de demandas y aspiraciones transversales, que tocaban las fibras profundas del descontento y del proyecto de cambio social.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click, y apagaron la vieja democracia

… … …

…DANDO PASO…

La ruptura del contrato político básico de la democracia representativa no fue fácil en aquella época futura.

Las oligarquías partidarias, políticas y comunicacionales se aferraron al poder político que les permitía el acceso al poder económico, así como los intereses corporativos se aferraron al poder económico que les permitía el acceso al poder político.

No todo se reducía a dinero…pero casi…

Los poderosos del dinero pensaron en llamar a los militares para que los salven del mal paso, pero los militares de paso pensaron primero que son ciudadanos, a muchos gerentes y generales “se les cayó el sistema”, sus pantallas se volvieron a negro … y en ese choque excluyente de pensamientos, el Estado dejó de trastabillar y la nación se puso de pie y en movimiento.

La política de los laptop, de las tecnologías comunicacionales nómades (ipods, celulares…) daba paso a expresiones ciudadanas que antes habían sido borradas de las pantallas del sistema político. La revolución democrática de los cliks y de las TICs, estuvo en marcha desde mucho antes que gobiernos y empresas trataran de frenar la proliferación de weblogs y de páginas web alterenativas, porque los ciudadanos dejaron de creer en los medios de comunicación unilineales, formateados desde alguna gerencia o desde alguna oficina del poder, para dar paso a nuevos medios de expresión-comunicación, a una capa creciente de líderes, grupos y movimientos dotados de tecnologías trans-tecnológicas y de influencias trans-sociales.

Cuando la política y la comunicación política dejó de ser monopolio de plataformas comunicacionales únicas, la nueva democracia ciudadana se comenzó a desplegar.

Así comenzaron a colapsar esas viejas democracias representativas, que funcionaban como aparatos piramidales donde unos pocos decidían y gobernaban, en nombre y a pesar de una gran mayoría que observaba.

... A OTRAS DEMOCRACIAS…

Los ciudadanos comenzaron a votar en elecciones que ninguna autoridad había convocado.

Las autoridades percibieron que sus decretos y normas apenas eran respetados por la gente.

Las asambleas y reuniones ciudadanas tenían lugar, pero también ocurrían sin tener lugar.

Los grupos y los movimientos aprendieron que la multitud comienza en las conciencias individuales potenciadas como conciencias sociales.

Los ciudadanos reclamaron y construyeron gradualmente una democracia de poderes revocables, un poder político de contenido aún más democrático y de carácter ciudadano, una democracia de ciudadanos protagonistas dentro de instituciones políticas eficientes y participativas, una democracia de la transparencia, con autoridades sujetas al control ciudadano y que dan cuenta de sus actos, los que también son controlados y exigidos por ciudadanos organizados y conscientes. Entonces, los consensos y los acuerdos políticos aparecieron respaldados por ciudadanos que se sintieron tomados en cuenta y por partidos y movcimientos políticos que vieron legitimado su nuevo rol mediador, propositivo y articulador.

En estas nuevas democracias, volcadas al uso intensivo y extensivo de las comunicaciones digitales, de las tecnologías computacionales masificadas y de las imágenes virtuales, la lucha ideológica y los debates públicos y políticos, no se dieron solamente en torno al binomio “Estado-mercado”, sino también a otros dilemas como “¿más Estado o más ciudadanía?”, “¿más crecimiento o más sustentabilidad ambiental?”, “¿más desarrollo o más crecimiento?”…

Los movimientos y los movimientos de movimientos supieron hacer el vacío allí donde el poder dominaba o reprimía, hacer presencia allí donde nadie los esperaba, dispersarse cuando se creían reunidos, reunirse cuando se les vigilaba dispersos, extenderse cuando se les restringía, conectarse cuando se les incomunicaba, moverse cuando se sentían inmóviles, desobedecer bajo una aparente obediencia, desatender cuando se reclamaba su atención, abrirse cuando se les motejaba cerrados, cerrarse cuando se les creía abiertos, funcionar como red cuando se les suponía estructurados.

La ciudadanía ya no era un mero deber civico (restringido al voto o a los impuestos), ahora en el futuro habían nuevas e innovadoras formas de ciudadanía. Los ciudadanos habían recuperado su poder constituyente originario y soberano. Habíamos entrado en la era de la soberanía ciudadana.

La participación dejó de ser una mera comunicación política vertical de la autoridad sobre los ciudadanos, reemplazada por una red extensa de redes de involucramiento directo de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.

Las nuevas institucionesde esta nueva democracia electrónica y ciudadana, operaban como sistemas organizacionales abiertos de vocación pública, de estructura participativa y vinculadas a la contraloría social de los ciudadanos.   Las nuevas formas de democracia no eran sin embargo, en el futuro, una panacea gratuita ni un remedio total a los males cívicos, por el contrario, el aspecto general de las sociedades y comunidades era de un caos aparentemente ingobernable y de un terreno de reciclaje para las viejas oligarquías políticas y del dinero.

La pantalla era una calle y un espacio cívico, pero los ciudadanos también aprendieron a ocupar los espacios públicos, partiendo siempre del principio innovador y hasta revolucionario que todo el Estado, que todos los servicios públicos, que todos los lugares y espacios públicos les pertenecen, porque ellos son la nación y el Estado le pertenece a la nación.

En aquel entonces en el futuro, la democracia había dejado de existir… reemplazada por nuevas formas de democracia, donde el centro del orden político era la ciudadanía, las nuevas formas de ciudadanía.

… … …

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

Chase-Dunn, Ch., Podobnik, B.: The next world war: world system cycles and trends.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 6, 1995.

Friedman, Th.: La tierra es plana.  Breve historia del mundo globalizado en el siglo xxi.  Madrid, 2006.  Ediciones MR.

Goldfrank, W.: Beyond cycles of hegemony. Economic, social and military factors.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 8, 1995.

Marx, C., Engels, F.: Obras Escogidas en dos tomos.  Moscú, 1955.  Ed. Progreso.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  México, 1998. 3 volúmenes. Fondo de Cultura Económica.

Wallerstein, I.: Utopistics.  N. York, 1989.  Ed. W.W. Norton.


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Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.


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El derecho a intervención como prerrogativa imperial

Pocos medios de comunicación a nivel mundial parecen haber puesto de relieve este aspecto de la operación “Jerónimo” que realizaron fuerzas especiales SEALs de Estados Unidos en territorio nacional pakistaní, para asesinar a Osama Bin Laden: que, desde el punto de vista internacional fué una operación militar comandada y realizada por fuerzas militares estadounidenses en territorio pakistaní, saltándose todos los límites de la soberanía, las fronteras nacionales, la autoridad del Estado y las prerrogativas del derecho internacional. 

¿Y el Estado de Pakistan qué tiene (o qué puede)  decir en este asunto?  ¿Hay agentes de la inteligencia o de las fuerzas armadas, o del gobierno de Pakistán que sabían de la residencia de Bin Laden en ese país, desde hace 5 años?  ¿Puede Pakistán considerar a los Estados Unidos como un aliado confiable?  ¿Puede Estados Unidos considerar a Pakistán como un aliado confiable?  La cuestión trasciende los límites del derecho internacional, para internarse en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia. 

Es decir, desde el punto de vista del derecho internacional, se ha  reafirmado y consagrado -una vez más-  la posibilidad que el imperio estadounidense pueda intervenir en cualquier territorio de un país extranjero, si los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos así lo requieren.  El interés nacional de los Estados Unidos y sus intereses de seguridad, se han convertido en la regla no escrita que rige las relaciones internacionales.

Militarmente, podría decirse que la operación para eliminar a Bin Laden fué “perfecta”: todo fue orquestado durante varios meses (desde agosto de 2010), con agentes estadounidenses de la CIA y actividades de inteligencia en territorio pakistaní instalados cómodamente a varios cientos de metros de la residencia, sin informarle ni a los servicios secretos ni al ejército ni al gobierno pakistaní, y realizada por comandos SEALs con helicópteros ultrasecretos, drones de vigilancia, observación satelital de precisión, armamento sofisticado, comando centralizado en la sala de situación de la Casa Blanca en Washington y tropas aerotransportadas al lugar. 

El unico problema es que esta operación estadounidense, ocurrió en territorio de un supuesto aliado de Estados Unidos: en el territorio nacional del Estado de Pakistán.

El derecho a intervención existe en el mundo global actual, por lo tanto, desde que Estados Unidos es la única potencia militar y estratégica global, es decir, el único Estado con capacidad militar, tecnológica, logística y estratégica para trasladar, posicionar, introducir y extraer fuerzas militares propias en cualquier punto del planeta.

El derecho a intervención es una prerrogativa política imperial, precisamente porque el imperio está dotado de la capacidad material y estratégica para intervenir.  ¿Cómo podría denominarse a una práctica llevada a cabo por un actor político internacional o un Estado, de intentar asesinar a sus enemigos en cualquier lugar donde se encuentren, sino una práctica terrorista?   Hay otros Estados que ya han dado pruebas y ejemplos vergonzosos en esta materia, como el caso de Chile en 1976. 

¿Qué es entonces un Estado terrorista?

La captura y muerte de Bin Laden sería, desde este punto de enfoque, unica y simplemente un asesinato internacional, cometido por fuerzas militares extranjeras en territorio pakistaní, actuando para un Estado extranjero, es decir, para los Estados Unidos, en una operación en la que intervino la totalidad de la cadena de mando militar estadounidense, desde el Presidente de los Estados Unidos hacia abajo.

La muerte de Bin Laden es entonces un asesinato legitimado por el poder político y militar de los Estados Unidos y por la enorme mayoría de los medios de la opinión pública mundial.

¿Está justificado entonces que una potencia extranjera, un Estado nacional cualesquiera, pueda colocar tropas suyas en territorio extranjero y eliminar a uno o varios individuos residentes en ese país, porque éstos ponen en riesgo la seguridad nacional de este Estado?

La comparación de este ataque con la destrucción de las torres del World Trade Center y el Pentágono en 2001, no resiste ningún análisis, toda vez que dicha acción no fue obra de un Estado especifico, sino de una red de organizaciones islámicas sin territorio nacional propio.  Estamos en el centro de la controversia acerca de los límites y los alcances de la guerra en los tiempos actuales.

El derecho a intervención o a ingerencia en los asuntos internos de otros países ¿es una prerrogativa exclusiva de algunos Estados con capacidad de intervenir en otros territorios nacionales?  ¿Cuales son los criterios que rigen este nivel de las relaciones internacionales: el interés nacional de cada Estado, el derecho internacional, los intereses geopolíticos de cada actor internacional, los principios de la la ética internacional?

¿No estará ocurriendo en realidad que la muerte de Bin Laden sirve a los Estados Unidos para recuperar su credibilidad menguante de potencia unipolar y global, previo a retirar sus tropas de Afganistán ante el fracaso evidente -o la ausencia de victoria- en esa interminable e incontrolable guerra de guerrillas?

¿Asistimos en realidad al momento final de las soberanías nacionales y estatales propias del paradigma westphaliano?

¿Cuál es el lugar que tiene hoy, en el  postmoderno siglo xxi, la Razón de Estado como ideología del Estado imperial?

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES Y REFERENCIAS

Weiner, T.: Legado de cenizas.  La Historia de la CIA.  B. Aires, 2008. Editorial Sudamericana.

Council on Foreign Relations:   http://www.cfr.org/terrorism/bin-ladens-leadership-legacy-jihad/p24922

http://www.monde-diplomatique.fr/2011/05/ROBERT/20488


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Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.


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Seguridad y defensa: los nuevos paradigmas en el siglo xxi

Los problemas militares y de la guerra han visto desaparecer y transformarse sus grandes conceptos y paradigmas tradicionales de sustentación.

Desde fines del siglo xx, con el fin de la bipolaridad y las tendencias a la mundialización/globalización, asistimos a una profunda metamorfosis de la cuestión militar y estratégica, a un cuestionamiento de las certezas teóricas y conceptuales existentes en materia de seguridad y defensa.

Desde la guerra de masas y de armamentos industriales, vamos avanzando hacia la guerra focalizada, hacia instrumentos bélicos inteligentes, precisos y de alta letalidad. Desde los ejercitos masivos, territoriales y pesados, vamos hacia la configuración de fuerzas militares reducidas, altamente sofisticadas, interarmas, de reacción rápida y con creciente capacidad de ubicuidad y proyección para dar cuenta de las nuevas amenazas y riesgos.

Desde la guerra material, masiva y territorializada que se ganaba en las conciencias y en la opinión pública después que en el terreno, vamos hacia la guerra digital, desterritorializada, inteligente y quirúrgica que se ganará en las pantallas antes que en el teatro.

CONTENIDO Y FORMA DE LOS CAMBIOS EN LA ESFERA ESTRATÉGICA

Los grandes cambios sociales y culturales originados en la transformación tecnológica desencandenada con la incorporación de las TICS en todo el teatro estratégico, genera a la vez efectos sinérgicos y de dispersión en la esfera de los sistemas de armas, en los diseños estratégicos de la acción bélica, en la naturaleza y carácter del teatro de la guerra y en el campo de batalla, mientras los esquemas geopolíticos y geoestratégicos se modifican para dar paso a escenarios de conflicto caracterizados por la indeterminación, la fluidez, la complejidad y la ruptura y compresión del espacio/tiempo.

El fin del llamado ciclo de la disuasion (1945-1990) no solo puso fin a la bipolaridad Este-Oeste, si no que hizo trizas también las nociones tradicionales de fronteras y de soberanía, al mismo tiempo que hicieron implosión las dimensiones de la amenaza y de los riesgos a que se enfrentan los actores internacionales en la escena global.

Esta implosión metamorfósica de la problemática estratégica, ha traido como una de sus consecuencias más profundas, el que la cuestión de la guerra y de la paz, de la defensa y la seguridad, han dejado de ser asuntos de estricto orden militar o castrense para abarcar dimensiones hasta hoy poco consideradas en el debate y en la teoría estratégica tradicional.

¿Estamos entrando en una época post-clausewitziana?

Probablemente sí, a condición que entendamos que el paradigma clausewitziano estaba construido sobre la forma trilateral del espacio/tiempo/profundidad, parámetros que hoy han sido cuestionados por el arma nuclear, por las armas biológicas, químicas y ecológicas, por la miniaturización y digitalización de los sistemas de armas y por su proliferación horizontal.

INCERTIDUMBRE, METAMORFOSIS Y RIVALIDAD HEGEMÓNICA

Tres categorías de análisis nos permiten comprender los cambios en curso. Incertidumbre, metamorfosis y rivalidad hegemónica abren el abanico de los criterios para el análisis geoestratégico y geopolítico.

Estamos en presencia de un período de transición en el orden global, y esa transición se caracteriza por la incertidumbre, es decir, por la prevalencia de un clima de indeterminación y de imprevisibilidad de las tensiones, las rivalidades y los conflictos.

La noción de metamorfosis subraya los procesos de mutación gradual y contínua, así como la transmutación e imbricación de cambios ambientales, económicos, políticos, socio-culturales y estratégicos que experimenta el sistema-planeta, en una sinergia circular e interdependiente, donde unos y otros procesos, a velocidades y ritmos distintos y con distintos grados de intensidad, repercuten sobre la totalidad del sistema ocasionando transformaciones.

El orden internacional se encuentra en una transición entre un orden bipolar hacia un orden multipolar, transición durante la cual predomina un esquema unipolar de las hegemonías. La potencia unipolar estadounidense ha instalado un orden global que no termina de ser aceptado ni reconocido, mientras los demás actores y potencias de alcance mundial, se aprestan a rivalizar por la futura hegemonía global, dando paso hacia mediados del siglo xxi a una disputa multiple o a escenarios diversos y sucesivos de rivalidad hegemónica a diversas escalas y niveles.

Transitamos hacia un orden global multipolar -el escenario geoestratégico más probable de mediados del siglo xxi- al mismo tiempo, que nos acercamos a una prolongada etapa de rivalidad hegemónica entre potencias globales, potencias mundiales y potencias regionales por acceder a niveles mayores de la jerarquia de potencias en el sistema-planeta.

SEGURIDAD Y SOBERANÍA

Una primera revolución conceptual en esta materia es hoy la cada vez más estrecha relación e inter-dependencia entre seguridad y soberanía.

Si la seguridad es una condición compleja que hace posible el desarrollo y posibilita la existencia en condiciones de estabilidad, la soberanía se asocia a la seguridad, en tanto y en cuanto se define como el conjunto de atributos irrenunciables de un Estado para asegurar su supervivencia y su desarrollo. La seguridad se relaciona y se asocia con la soberanía, como dos dimensiones de una misma necesidad esencial del Estado moderno en el actual orden global, de hacer suyos los atributos y recursos estratégicos necesarios para obtener y mantener un lugar en el orden mundial, en un marco estructural asimétrico de relaciones entre los Estados y demas actores internacionales.

Aun en un orden global de relativización de las fronteras, el Estado nacional sigue siendo el actor principal de la escena internacional y el único dotado de la capacidad soberana de determinar cuáles son los recursos estratégicos que hacen posible y necesaria su supervivencia. Es el Estado el que define qué es estratégico para su supervivencia y para su desarrollo, en la prespectiva del presente y del futuro previsible.

LAS NUEVAS DIMENSIONES DE LA SOBERANÍA

De estas definiciones, surgen a lo menos tres dimensiones nuevas que se incorporan en la reflexión estratégica y geopolítica. Una de ellas es la soberanía energética, así también como la cuestión de la soberanía alimentaria y la soberanía ambiental.

En los próximos decenios del siglo xxi, la cuestión clave del desarrollo (a cualquier escala) será el acceso hacia fuentes eficientes de energía en condiciones de autonomía relativa. Los Estados y las corporaciones seguirán enfrentados e impelidos a la necesidad de acceder a fuentes de energía para impulsar el desarrollo, y por lo tanto, seguirán siendo estratégicas dichas fuentes. Al mismo tiempo, la escasez de energías no renovables y la rivalidad por controlarlas, agudizará los conflictos y las amenazas y riesgos de conflicto por su acceso y control y continuará siendo un factor polemológico de primera importancia.

Del mismo modo, el acceso y la provisión de recursos alimentarios, por parte de los Estados continuará ocupando un lugar crucial en las preocupaciones de políticos y economistas.

Así también la ecología y el medio ambiente serán factores de conflicto adicionales, tanto por la necesidad de los Estados de controlar el agua y preservar sus propios entornos naturales, como por el imperativo de cautelar su respectivo patrimonio ecológico territorial. Los riesgos de guerra ambiental, es decir de utilización de componentes del clima o del medio ambiente como instrumentos de destrucción masiva, podrían acentuarse en el futuro.

El conjunto del orden global, despues de haber funcionado en una tendencia hacia la concentración de los actores (propio de la guerra fría, durante la primera mitad del siglo xx), marcha hacia una tendencia a la dispersión de los actores internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.


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Gas natural y geopolítica de la energía en el cono sur de América Latina

Este ensayo presenta un análisis de las principales tendencias geopolíticas en materia energética para América del Sur, a la luz de la información de prensa y especializada disponible. Resulta evidente que la energía, como fuente fundamental de los procesos económicos, se ha venido convirtiendo gradualmente en el continente, en un arma geopolítica y no solamente en un recurso estratégico.

Precisamente porque el gas natural y el petróleo son hoy sin lugar a dudas instrumentos geopolíticos de vital importancia estratégica para el desarrollo de las naciones sudamericanas, en manos de sus Estados y porque las lógicas de mercado resultan insuficientes para garantizar el abastecimiento y la seguridad energética a estas naciones, resulta incomprensible que algunas políticas energéticas -como la que observamos hoy en Chile- avanzan a contrapelo de la tendencia regional, intentando jibarizar a su Empresa Nacional del Petróleo, ENAP, privatizando subrepticiamente algunas de sus funciones de exploración y explotación y en definitiva entregando a los intereses extranjeros, recursos que serán cruciales para intentar el salto al desarrollo que el país requiere.

Manuel Luis Rodríguez U., Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.

Un nuevo panorama geopolítico de la energía en América del Sur

Desde la década de los años ochenta América Latina ha experimentado la notoria influencia ideológica y política de los centros de pensamiento neoliberales que promovieron en materia de políticas energéticas para la región, los dogmas de la privatización del sector energético: Sin embargo, desde los recientes años iniciales del siglo XXI puede observarse un giro en la orientación geopolítica del tema energético en la región sudamericana, lo que ha resultado en un reposicionamiento relativo del Estado como actor importante en el negocio energético.

Señales indicativas de esta nueva tendencia son la decisión boliviana de nacionalizar sus hidrocarburos, la creación de una nueva empresa estatal de energía o el plebiscito realizado en Uruguay que no permitiría la participación privada en la empresa estatal de petróleo. En general, puede afirmarse que la región sudamericana en general parece venir de regreso de la tendencia neo-liberal en materia energética que se vivió en la década de los noventa del siglo XX.

A pesar de que las crisis económicas de los primeros años de este nuevo siglo abatieron la tendencia al crecimiento constante del consumo de energía, los países del Mercosur no pudieron evitar que les faltara suministro energético. En diferentes momentos y de diferentes maneras, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay se vieron enfrentados a problemas serios de abastecimiento y debieron recurrir a distintas medidas para reducir el consumo o diversificar las fuentes de suministro.

En particular, la crisis de producción de gas natural, que se suscitó en Argentina en el otoño de 2004 y que arrastró a Chile y Uruguay, puso en evidencia las debilidades de la integración energética regional. Argentina tenía contratos de provisión de gas natural a Chile y de electricidad a Uruguay (contratos que son en esencia de productores privados a suministradores privados), los que no pudo cumplir debido a problemas internos de mercado y de falta de inversión. Ambos compradores perjudicados salieron de la crisis con la clara convicción de que Argentina no es un socio confiable.

En el caso uruguayo se comenzó a especular con importar electricidad desde Paraguay, además de aumentar el parque térmico propio. En Chile, tardíamente se ha vuelto a pensar en fuentes propias como la geotermia e incluso la eventualidad de llegar a la energía nuclear, y aún se expresa perplejidad ante la negativa de Bolivia de abastecerlo de gas natural debido al histórico y más que centenario conflicto entre los dos países, relativo a la salida boliviana al mar. Pero en definitiva, el objeto mínimo de todo Estado moderno, que es el de lograr el máximo de autonomía energética relativa posible, queda cuestionado por la fuerza de los intereses económicos que predominan en este crucial negocio.

Brasil, por su parte, siendo el mayor consumidor energético del Mercosur, ha echado mano a todo lo que pudo. Brasil ha optado por un conjunto de soluciones tales como construir grandes centrales hidroeléctricas y el propio gobierno intenta eximir a estas obras de estudios de impacto ambiental, para que así puedan construirse y en el plazo más breve. Brasil también apuesta a la importación de gas natural desde Bolivia y Venezuela, a la explotación de las reservas propias de petróleo y gas existentes bajo el mar territorial, a fuentes renovables como la energía eólica y especialmente las biomasas. También, y con una dedicación destacable en la región, se impulsan el ahorro y la eficiencia energética. Brasil acaba de anunciar en forma contundente que ha alcanzado la autosuficiencia en materia petrolera.

En general todos los países, apuestan de una u otra manera a que el gas natural llegue desde alguna de las reservas más importantes existentes (Perú, Bolivia o Venezuela) a precios baratos y en abundancia. Esto ha generado en América del Sur una proliferación de planes de gasoductos pero en su conjunto, la tendencia a la integración energética, tiene que confrontarse con la búsqueda de la mayor autonomía energética relativa posible.

 La lógica de mercado en el tema energético

La región de América Latina se embarcó durante la década del noventa del siglo XX en un modelo de desarrollo energético común basado en la integración regional, la extensión del uso del gas natural y el ingreso de compañías privadas en todas las áreas del negocio energético. Este fenómeno no fue casual, sino que respondió a las nuevas condiciones establecidas por la banca multilateral de desarrollo para financiar las necesidades del sector. La banca multilateral de desarrollo era la encargada de suministrar los fondos para los grandes macro-proyectos del sector energético.

Pero dos factores ajenos parecen haber influido para operar un cambio de timón en su orientación. Una de ellas fue la corrupción instalada en muchos gobiernos de la región, que hizo ineficientes y excesivamente costosos todos los proyectos energéticos. Un ejemplo paradigmático de esto fue la represa Yaciretá, complejo hidroeléctrico binacional argentino-paraguayo cuyo costo estaba previsto en menos de dos mil millones de dólares y terminó costando más de diez mil millones. Pero por otro lado, la banca asumió la lógica de que las necesidades energéticas de la región eran crecientes y que las grandes empresas de la energía encontrarían excelentes oportunidades de ganancia, lo que las llevaría a invertir en esos países.

La lógica de los bancos fue cortar el estilo de financiamiento impulsado hasta entonces y que tenía a las monopólicas empresas estatales de la energía como destinatarias de sus proyectos y promover una reforma del sector que fuera atractiva para las grandes empresas de la energía, es decir, se trataba de influir financieramente para privatizar el negocio energético.

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La energía en el centro de la Geopolítica del siglo xxi

En el comienzo de la historia, estaban las guerras por los recursos energéticos.  Toda la historia escrita de la humanidad podría releerse geopolíticamente bajo el criterio conceptual que las naciones, los pueblos, las comunidades, los Estados, los imperios han luchado por acceder y dominar determinados recursos que suministran la energía necesaria para su supervivencia y su continuidad como actores políticos viables. 

Si en algún momento de la historia, los conflictos y las estrategias fueron diseñadas y ejecutadas para satisfacer intereses y motivaciones de gloria o de dominación territorial, para conquistar espacios o reescribir el mapa de las fronteras, en la modernidad y en la post modernidad, el complejo juego de la redistribución de las hegemonías, el nuevo orden global emergente y la tendencia fundamental de los conflictos en el siglo xxi es la lucha por los recursos energéticos.

Las guerras por el dominio territorial y por la definición de fronteras -que caracterizaron al siglo xix- fueron sustituidas por guerras de dominio territorial sobre espacios que contaban con recursos energéticos escasos y estratégicamente necesarios. En el siglo xxi hemos entrado a la época de las guerras ecológicas y de las guerras energéticas, conflictos activados y  agudizados para la necesidad creciente de control y por la lucha competitiva por acceder a sectores del planeta que disponen dee recursos energéticos definidos como estratégicos 

El proceso industrial de exploración, explotación, refinación y distribución de los recursos energéticos (carbón durante los siglos xix y xx, petróleo, gas, nuclear, recursos hídricos…) puede constituirse en el eje articulador de comprensión del comportamiento de los Estados, las corporaciones y demás actores sociales, estratégicos y políticos y de la aplicación de estrategias de hegemonía a lo largo de los siglos recientes.

Puede construirse la hipótesis geopolítica que los Estados y las corporaciones en la escena internacional, se han guiado, entre otros intereses esenciales por el objetivo estratégico (y luego diplomatico), de aproximarse al acceso, control, dominio, propiedad y/o hegemonía sobre las fuentes de recursos energéticos esenciales para el suministro de sus industrias y actividades económicas en general.

El renovado interés de la reflexión geopolítica por la cuestión energética encuentra su razón de ser en la crisis contemporánea de escasez cada vez mayor de los recursos que constituyen la matriz energética de la economía global: en particular, los combustibles fósiles (petróleo y gas natural).

Se trata de una cuestión a la vez geopolítica (acceso y dominio) y geoeconómica (permanencia y seguridad de suministros): mientras mayor sea la incertidumbre originada en la creciente escasez de petróleo y en la lentitud del proceso de cambio de la matriz energética dominante, la lucha hegemónica por el control de esos recursos se hará cada vez más aguda. 

Si el orden global se encuentra en proceso de redistribución de las hegemonías, pasando desde un orden unipolar (propio de la fase de fines del siglo xx) a un orden planetario multipolar (emergente desde 1989 y el 11-S hasta el presente), producto del surgimiento progresivo de nuevas potencias al rango de potencias mundiales, a un orden multipolar, la redistribución de las hegemonías afecta también al orden energético mundial, donde el acceso a las principales fuentes de energía comienza a ser disputado de un modo cada vez más intenso y agudo entre las potencias. 

Paralelo al orden político y geopolítico global, e inserto en éste, existe un orden energético global, es decir, un dispositivo estructrural de distribución de las hegemonías dentro del conjunto de las fuentes energéticas, esquema que es proporcional al poder, hegemonía y dominio que cada actor internacional posee sobre dichas fuentes.

Cada nación, cada estado, cada potencia procura en este contexto, alcanzar el mayor y más seguro acceso a las fuentes energeticas, ya sea garantizándose el acceso desde su condición de potencia suministradora, o desde los niveles distintos de dependencia que cada actor tiene respecto de las fuentes de suministro.  La asimetría fundamental que estructura el orden energético global, es la distinción entre naciones suministradoras y naciones importadoras o Estados-clientes, respecto de los recursos energéticos actualmente disponibles.

(ensayo en elaboración).

Manuel Luis Rodríguez U.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Gallois, P.: Géopolitique.  Les voies de la puissance.  Paris, 1990. Ed. Plon, Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.

Lacoste, Y.: Questions de Géopolitique.  Paris, 1988.  Ed. La Découverte.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires. Ed. Sundamericana.


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La política exterior de Estados Unidos arriesga un terremoto político y diplomático de proporciones en el Medio Oriente

La diplomacia estadounidense, instalada desde la segunda mitad del siglo XX en una postura de hegemonía imperial y desde 1990 en adelante en una postura estratégica de potencia unipolar de alcance global, arriesga un terremoto geopolítico de proporciones con las actuales revoluciones ciudadanas que sacuden el Medio Oriente, el mundo árabe.

Es lo que trasluce el presente reportaje de Jan Crawford en CBS News.

(The protests in Egypt have sent shock waves through the Middle East and the White House is attempting to stay ahead of what analysts call a geopolitical earthquake that could change the region. Jan Crawford reports.)

Los dilemas geopolíticos y geoestratégicos que atraviesan a la política exterior estadounidense en el espacio árabe son múltiples: ¿apoyar a los movimientos ciudadanos opositores y arriesgar perder posición frente  a los regímenes dictatoriales con quienes las grandes corporaciones petroleras han firmado contratos para suministro de petróleo?   ¿Cuál es el precio en petróleo de cada una de las revoluciones políticas que sacuden a Libia, Yemen, Siria, Tunez…?

 ¿Qué gobiernos garantizan suministros de petróleo a qué potencias?  ¿Qué corporaciones petroleras controlan la producción y la distribución de petróleo en cada una de las naciones árabes en revolución? 

 ¿Dejar que la marea de revoluciones democráticas árabes permita el acceso al poder a los movimientos islámicos anti-occidentales, o seguir suministrando armas a las dictaduras represivas y corruptas que dominan en la región?

El ejemplo de la ambivalencia política y diplomatica de EEUU  frente a la revolución egipcia fué sintomático: ¿apoyar a Mubarak enajenándose a la opinión pública occidental dejando de lado a las multitudes ciudadanas egipcias, o apoyar el movimiento revolucionario egipcio y “dejar caer” al principal amigo de Estados Unidos en Egipto?

La marea de revoluciones e inestabilidad civil y política en el mundo árabe, deja al descubierto las contradicciones profundas de la política estadounidense en Medio Oriente: no importa cuán dictatorial, corrupto y autoritario sea un gobierno en una nación árabe cualesquiera, con tal que ese gobierno le garantice  a Estados Unidos y las potencias occidentales un suministro seguro y contínuo de petróleo. 

Manuel Luis Rodríguez U.


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La OTAN no hace lo suficiente en Libia, según Francia – Artículo de Al Jazeera

DOHA, 12 abr (IPS/Al Jazeera) – La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no hace lo suficiente para proteger a la población civil en Libia, afirmó este martes el canciller de Francia, Alain Juppe, un día después de que colapsara una propuesta de la Unión Africana para poner fin a la guerra civil.

Para Juppe, la alianza debería enfocar sus baterías en la cercada ciudad de Misurata, en el noroeste del país, donde continúan los fuertes combates entre rebeldes y las fuerzas de Muammar Gadafi.

“La OTAN debe desempeñar plenamente su rol. Quería asumir el liderazgo de las operaciones, y nosotros lo aceptamos”, dijo Juppe a la radio France Info antes de viajar a Qatar para reunirse con un grupo de contacto sobre Libia.

“Debe desempeñar su papel ahora, lo que significa impedir que Gadafi use sus armas pesadas para disparar a la poblaciones” civiles”, añadió.

La Cruz Roja Internacional anunció que abriría una oficina en Trípoli y enviaría un equipo a Misurata para ayudar a los civiles atrapados en los combates, pero uno de los ministros de Gadafi advirtió que cualquier operación en la que participaran tropas extranjeras sería considerada una declaración de guerra. El Consejo Nacional de Transición en Libia rechazó el lunes una propuesta de la Unión Africana para negociar una salida a la crisis.

El consejo rebelde, con sede en la nororiental ciudad de Bengasi, dijo que la “hoja de ruta” elaborada por una delegación de cinco presidentes africanos había quedado “desactualizada” tras la muerte y destrucción ocurrida en el último mes.

“La demanda de nuestro pueblo desde el primer día ha sido que Gadafi renunciara”, dijo el portavoz del gobierno de transición, Mustafa Jabril.

“Cualquier iniciativa que no incluya esta demanda popular clave no será considerada. Muammar Gadafi y sus hijos deben irse de inmediato”, subrayó.

Jabril advirtió que los combatientes rebeldes marcharían hacia Trípoli.

“No podemos negociar la sangre de nuestros mártires”, dijo Kabril. “Moriremos con ellos o seremos recompensados con la victoria”, añadió.

También agradeció a la comunidad internacional y a las fuerzas de la coalición por su apoyo, que consideró fundamental para salvar vidas de civiles.

La hoja de ruta de cinco puntos propone un cese del fuego y medidas para la protección de civiles, así como la provisión de ayuda humanitaria tanto para libios como para extranjeros.

El plan también llama al diálogo entre las dos partes, a un “periodo de transición inclusivo” y a reformas políticas “que cumplan con las aspiraciones del pueblo libio”.

Los líderes africanos se reunieron el lunes con Gadafi, quien dijo “aceptar” las propuestas.

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¿América Latina es un continente de paz o todos se preparan para la guerra?

América Latina registró en 2010 el mayor aumento del gasto militar, desplazando en este sentido a Medio Oriente y Europa, según un estudio divulgado recientemente por el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).

El aumento en términos reales fue de 5,8 por ciento para América Latina, comparado con 5,2 por ciento para África, 2,8 para América del Norte, 2,5 para Medio Oriente y 1,4 para Asia.

En Europa, la única región en registrar una reducción, el gasto militar bajó 2,8 por ciento en términos reales en 2010, en comparación con 2009.

Los más gastadores en armas y defensa en América Latina son Brasil, Chile, Colombia y Perú.

“En Brasil y Chile, el aumento del gasto militar se asocia principalmente con las aspiraciones de una presencia regional e internacional más fuerte, pero sin ser necesariamente el reflejo de un poderío militar en competencia”, según expresó la investigadora Carina Solmirano, experta en América Latina del proyecto de Gasto Militar del Sipri. De todos modos, el año pasado América Latina gastó solamente 63.300 millones de dólares en cuestiones militares, en comparación con 721.000 millones de América del Norte, 382.000 millones de Europa, 317.000 millones de Asia, 111.000 millones de Medio Oriente y 30.000 millones de África, según el informe del SIPRI.

El estudio también explica que parte del aumento que protagoniza América Latina se debe al fuerte crecimiento económico que la región ha experimentado en los últimos años, mientras que en otras zonas los efectos de la recesión económica mundial hicieron que el gasto militar cayera o por lo menos se ralentizara el 2010.

Nadie duda sin embargo que América Latina -en el estado actual de su desarrollo económico- no enfrenta ninguna amenaza militar importante y los motivos de estos incrementos del gasto militar tienen que buscarse en otra parte. Por ejemplo,  Brasil busca activamente un rol más destacado en la política internacional y un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

También es una potencia económica regional y, en algunos sentidos, es el Estado líder de la región.

En Chile, las fuerzas armadas se han beneficiado del aumento de las ganancias derivadas de la exportación de cobre, lo que explica por qué el país pudo adquirir armamento tan sofisticado en los últimos años.

Como aparece en el informe señalado, si se elimina la ley del cobre es muy probable que empecemos a presenciar una disminución en las importaciones de armas.

Según la “Ley Secreta del Cobre”, que ahora ha sido abolida, alrededor de 10 por ciento de las ganancias derivadas de ese metal se destinaban específicamente a la compra de armas.

Actualmente esa norma es reemplazada por un nuevo sistema para financiar la compra de armas, que probablemente sea administrado por el Ministerio de Finanzas.

A diferencia de Brasil, Chile no necesariamente aspira a convertirse en una gran potencia mundial o regional, pero sin dudas busca tener un rol regional o subregional importante, tanto en lo diplomático como en lo económico.

En los casos de Colombia y Perú, las amenazas a su seguridad interna los han hecho aumentar su gasto en defensa.

Los incrementos en el gasto militar no sólo tienen que ver con la compra de armas, sino también con el mantenimiento de las fuerzas armadas.

Una característica peculiar del gasto militar en América Latina es que tiende a estar dominado por los fondos destinados al personal, que habitualmente representan entre 50 y 70 por ciento del presupuesto, establece el estudio.

Argentina, por ejemplo, incrementó 6,6 por ciento sus inversiones militares en 2010, en buena medida debido a aumentos salariales, ya que la compra de armas fue muy baja, dijo Solmirano.

De hecho, la maquinaria militar de Argentina es tan anticuada que algunos expertos sugieren que es necesario comprar más armas antes de que todos los equipos se vuelvan obsoletos.

El Ministerio de Defensa de ese país señaló el año pasado que en los próximos años se destinarán más fondos a modernizar las fuerzas armadas.

Venezuela redujo por segundo año consecutivo su gasto militar en términos reales, y esa disminución está asociada a la contracción económica del país.

Aunque casi todas las economías de América del Sur crecieron en 2010, la venezolana se contrajo. Sin embargo, es demasiado pronto para decir si la caída del gasto miltiar continuará en el futuro.

Mientras, a la luz de la tendencia al alza del gasto militar en América Latina, en 2010 hubo nuevos llamados a mejorar la transparencia.

La Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se comprometieron a fortalecer los mecanismos existentes en materia de transparencia, como la Convención Interamericana sobre la Transparencia en Adquisiciones de Armas Convencionales, y para que los estados miembro reporten regularmente sus gastos militares y sus compras de armamento ante el anual Registro de Armas de la ONU.

El estudio del Sipri también señala que algunos países vecinos en América del Sur han firmado acuerdos bilaterales para armonizar el reporte de sus gastos militares –por ejemplo, Ecuador y Perú, y Perú y Chile–, como forma de crear confianza y potenciar la transparencia.

Por lo general, la mayor parte del gasto militar se destina a gastos recurrentes, es decir salarios y beneficios que se pagan al personal castrense y a costos de operaciones en curso, según informo el investigador Samuel Perlo-Freeman, jefe del Proyecto de Gasto Militar en el SIPRI.

IPS NEWS

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