El trabajo virtual: notas introductorias para estudiar las nuevas formas de trabajo en el siglo xxi

En la sociedad y la economía material, característica del capitalismo industrial y de masas que se consolidó entre los siglos xix y xx, el trabajo era esencialmente una operación físico-intelectual en la que el individuo dedicaba una parte de su fuerza creadora a la producción de bienes o servicios, una operación social e individual de transformación de la naturaleza mediante el uso más o menos intensivo de la tecnología, la información-conocimiento, la energía (proveniente de la naturaleza) y la fuerza física invertidos en distintas proporciones, tiempos e intensidades. 

El trabajo era además, una operación material para producir plusvalía ajena.

APROXIMACIONES A UN CONCEPTO DE TRABAJO VIRTUAL

El trabajo social se encontraba encarnado en la mercancía y constituía el valor de esa mercancía, de manera que el valor del producto era la expresión concentrada del trabajo encerrado en la mercancía. En el proceso del trabajo, el productor de mercancías (o sea el trabajador) creaba valor de uso y valor de cambio. El valor de la fuerza de trabajo, en el capitalismo industrial (desarrollado y dependiente), lo mismo que el de cualquier mercancía, venía determinado por el tiempo de trabajo indispensable para la producción y reproducción de esa mercancía específica, de manera que la fuerza de trabajo encarnaba cierta cantidad de trabajo socialmente necesario.

¿Qué ha cambiado entonces en el capitalismo globalizado e informacional del siglo xxi?

En nuestro ensayo anterior: http://paradygmassiglo21.wordpress.com/2010/01/25/el-trabajo-introduccion-hacia-una-nueva-critica-de-la-economia-politica/ hemos propuesto definir el trabajo como “la actividad social de transformación de la naturaleza y de la realidad, mediante el uso combinado de la fuerza física, de la inteligencia, de la destreza, de la información y del conocimiento (conocimiento práctico, conocimiento sabiduría, conocimiento procedimental, experiencia acumulada, conocimiento innovador…). El trabajo modifica la naturaleza, transforma la materia y los recursos naturales e introduce nuevos materiales, nuevos bienes, nuevos datos en la economía y en la realidad.”

Al mismo tiempo definimos también que “el trabajo es la fuente creadora de la riqueza y del capital. Aun en las condiciones del capitalismo financiero contemporáneo y sus derivaciones especulativas, en su orígen y en su constitución primaria el capital (y la riqueza material y económica que implica) encuentra su orígen primigenio en el trabajo, es decir, en la actividad humana organizada que creó esa riqueza transformando la materia, la naturaleza o el conocimiento.”

En la economía y la sociedad del conocimiento, en cambio, como la que muestra sus albores en estos primeros decenios del siglo xxi, el trabajo deviene cada vez más una operación predominantemente intelectual (con un mínimo decreciente de esfuerzo físico y un máximo creciente de estres mental y social) de codificación y descodificación de símbolos y lenguajes, en la que las materias productivas, los factores productivos y el propio producto final del esfuerzo, son una serie interrelacionada de intangibles.

La virtualización del trabajo no hace desaparecer sus manifestaciones materiales y sociales más degradantes y de explotación, propias del “modelo” de desarrollo capitalista: solo incorpora una nueva dimensión -de forma y contenido- en el proceso productivo, modificando la escala del trabajo, las modalidades de su realización, el ritmo, el tiempo y la jornada de trabajo y transformando su aspecto espacial o territorial. Esa virtualización proviene de la intangibilidad de la materia prima del proceso productivo: la información, los datos, los saberes y conocimientos se convierten en materiales de trabajo inmateriales, ya que están plasmados solamente en los sistemas computacionales en la forma de códigos y lenguajes informacionales.

Asistimos a la implosión del tiempo de trabajo, la producción de bienes materiales se acompaña con la producción de bienes simbólicos, el objeto del trabajo deviene virtual y los medios de trabajo se desterritorializan.

Los medios de trabajo aquí: instrumentos de trabajo, condiciones materiales de trabajo, infraestructura donde se realiza el trabajo, tecnica y tecnología puesta a disposición del proceso productivo, se modifican sustancialmente, de modo que los medios de trabajo y los objetos de trabajo dan forma a medios de producción simbólica que difieren profundamente de aquellos que hicieron posible el capitalismo industrial del siglo xix y xx.

Los instrumentos de trabajo informatizados, digitales, computacionales, operan sobre una lógica de interconectividad extendida, facilitando innumerables interfaces ser humano-máquina antes desconocidas, las condiciones de trabajo se manifiestan en una suerte de red de redes, los medios de producción se expresan y realizan “en pantalla” es decir, en un espacio material-virtual en el que operan dinámicamente un conjunto interconectado y sistémico de lenguajes comunicacionales escritos, gráficos y simbólicos. Incluso los componentes automatizados de los sistemas computacionales, permiten que una parte sustancial del trabajo de producción y reproduccion y comunicación de los productos del trabajo virtual (data), se elaboren automáticamente y se transmitan a redes comunicacionales extendidas.

El lugar de producción, ahora un territorio virtual en sí mismo es la pantalla computacional, lo que permite a su vez, la deslocalización casi completa del trabajo, de la fuerza de trabajo, de manera que el espacio productivo puede estar situado en cualquier punto geográfico sin directa relación física con la unidad productiva responsable de la gestión ejecutiva del proceso de trabajo y producción. ¿Vamos camino hacia la ubicuidad del trabajo como actividad social individualizada y dispersa que solo se conecta con la organización corporativa mediante las redes computacionales?

Nos encontramos ante la paradoja que el trabajo sigue siendo visible y tangible (como operación humana racional y rutinaria ante la máquina), pero su producto final es intangible: el conocimiento y la información. Producto que demás, deviene a su vez, en materia prima para otros procesos productivos tambien tangibles e intangibles.

En la nueva economía, el trabajo que denominamos virtual es una operación predominantemente intelectual en que el individuo trabajador (generalmente un especialista de alta formación) produce conocimientos e información, mediante un uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sobre la base de tecnologías materiales interconectadas (a distintas escalas geoespaciales), que operan sobre redes virtuales cada vez mas complejas y diseminadas, el trabajador virtual produce información sobre la base de información y produce comunicación sobre la base de la información producida. Si la ecuación del capitalismo industrial y de masas, en el registro marxista clásico era M+D+M en la economía virtual del siglo xxi la ecuación es: I+T+I=C (información más trabajo más información producen comunicación).

LAS FORMAS DEL TRABAJO VIRTUAL

Dentro del proceso de lo que denominamos trabajo virtual se distinguen dos modalidades: el trabajo informacional y el trabajo comunicacional, entendiendo que ambas formas del trabajo son intimamente interdependientes, distinguiéndose sólo por el producto que resulta.

El trabajo informacional sería aquel trabajo que, a partir del tratamiento real y virtual de datos, de conocimientos y de información anteriormente elaborados y conocidos, produce nueva información, nueva tanto desde el punto de vista de los nuevos hechos o interpretaciones que contiene, como desde el punto de vista de su desconocimiento para la comunidad científica o para los públicos. En este particular y especifico proceso de elaboración y producción, la información es a la vez, materia prima y producto final no acabado del proceso productivo.

A su vez, el trabajo comunicacional sería aquella actividad que, a partir del tratamiento real y virtual de datos, conocimientos e información anterior y actualmente elaborada, produce información para ser transmitida a los públicos en alguna dimensión del espacio público. Lo informacional sirve aquí a lo comunicacional, toda vez que la información se gestiona -como producto y como servicio- para ser comunicada, para ser puesta a disposición de y transmitida a determinados públicos en el espacio público. El producto informacional se convierte aquí en la materia prima del trabajo comunicacional.

Existe entonces, dentro del capitalismo informacional y globalizado actualmente en curso, un modo de producción informacional y comunicacional, una forma de trabajo virtual que se constituye gradualmente en uno de los ejes estratégicos del proceso productivo y de servicios.

En lógica marxista, el tiempo de trabajo virtual tiende a comprimirse, al mismo tiempo que el espacio de realización de este trabajo, o sea de su localización, tiende a desterritorializarse, a desocializarse y a despersonalizarse. En efecto, uno de los resultados más evidentes del trabajo virtual en la economía globalizada del siglo xxi, es la compresión del tiempo de trabajo. El desempeño de un trabajador de la economía industrial de masas del siglo xx ó xix, es mucho menor en términos de productividad que el de un trabajador de la actual economía globalizada, lo que incrementa proporcionalmente (cuando no exponencialmente) la ganancia o plusvalía que la empresa o la corporación obtienen con el trabajo virtual, comunicacional o informacional de sus trabajadores.

El trabajo virtual, como operación tecnológicamente determinada, se produce física y virtualmente ”en pantalla” (o sea, en el componente visible del todo aparato computacional de usuario), pero además, sus productos tienen impacto sobre la esfera de la conciencia individual y social.

EL TRABAJO VIRTUAL COMO PRODUCCION IDEOLOGICA

El trabajo virtual, es parte del proceso de producción ideólogica en el sistema capitalista contemporáneo.

La ideología -como conjunto históricamente determinado de representaciones, valores y creencias y como concepción del mundo y de la realidad- es a la vez, un constructo simbólico-racional y un producto social históricamente determinado. En la sociedad burguesa y capitalista actualmente existente, la ideología es el complejo resultado de procesos sociales de producción y reproducción que hacen posible desarrollar textos y significados compatibles con los intereses y modos de pensar de la clase social dominante.

Bourdieu y Boltanski (1976) ([1]) ponen de relieve que el proceso de producción de la ideología dominante se constituye de un corpus de discurso ideológico, un conjunto de productores del discurso ideológico, un conjunto de lugares de producción y reproducción del discurso ideológico y de reproducción de sus productores, y un conjunto de lugares o espacios de reproducción del discurso ideológico dominante.

El corpus ideológico dominante –mezcla aparentemente informe de teorías políticas, doctrinas filosóficas, teologías preestablecidas y concepciones de vida y del mundo- opera y se disemina en la sociedad, en todos sus intersticios, en todos sus espacios sociales y culturales, en todas sus instituciones y logra impregnar la totalidad de la cultura social.

La ideología dominante concierne al conjunto de la experiencia vivida por los individuos en la sociedad y la cultura a la que pertenecen. Y en las condiciones de una creciente mediatización de la sociedad y la cultura, la producción de bienes simbólicos, de información y de conocimientos, tiende a constituirse en un sofisticado engranaje del proceso general de elaboración/producción de la ideología dominante.

Lo que hace dominante a ese discurso ideológico transmitido comunicacionalmente no es solamente la mayor o menor coherencia de sus conceptos y de sus premisas, la repetición ad-infinitum de sus aforismos y premisas, sino sobre todo el grado de aceptación-obediencia que recibe de parte de la mayoría de los individuos en una sociedad. El peor aspecto y la dimensión más eficaz del carácter dominante de la ideología dominante, es que el amplio número de los dominados con frecuencia no perciben el carácter dominante y el carácter ideológico del discurso en cuestión.

Es probable que en la ideología dominante se encuentren los fundamentos sutiles y profundos de la obediencia y las raíces de la sumisión y la alienación que suscitan la tradición, la costumbre y las creencias que la articulan. La eficacia del discurso dominante reside entre otros factores, en que toma en consideración las discrepancias y las contradicciones que produce, desmontándolas, descodificándolas y descontextualizándolas parta volver a integrarlas en la aceptabilidad del corpus de ideas predominantes, operaciones que tienen lugar desde los aparatos comunicacionales e ideológicos que son las corporaciones que administran los medios de comunicación social.

El discurso ideológico dominante no solo actúa y opera en el espacio público y sus numerosas instituciones y arenas, sino que se manifiesta y se materializa discursiva y prácticamente en los espacios privados de la sociedad.

La palabra ideólogo no alcanza a dar cuenta del rol y las funciones de quienes producen en discurso ideológico dominante. Los productores de ideología pueden pertenecer la clase dominante aunque no necesariamente. Aquí es donde entran en juego los comunicadores, intelectuales, educadores, religiosos, teóricos, científicos y otros individuos que contribuyen a desplegar y realizar el proceso de producción ideológica destinada a legitimar el sistema de dominación actualmente existente.

CUANDO EL TRABAJO VIRTUAL CONSTRUYE LA PRODUCCIÓN IDEOLÓGICA

Hay un cierto modo de producción ideológica así como existe un modo de producción material y económica de la sociedad. Es en este contexto que el trabajo virtual constituye una de las formas de legitimación de la ideología dominante.

Los aparatos ideológicos son esos espacios.

Estos aparatos son por su práctica y por su finalidad, los portadores y los administradores de las ideas dominantes y de las ideas de la clase en el poder, ellos modelan comportamientos y actitudes, conciencias y subconscientes individuales y colectivos, y utilizan y se amparan en su carácter privado y de sus formas discursivas diversificadas, de su aparente neutralidad así como de diversas tradiciones culturales, para reforzar su rol legitimador del poder dominante, haciéndolo aceptable.

En el proceso de producción de la ideología, los “productores” de ideas, de datos, de información y de conocimientos desempeñan un rol crucial, estratégico. La producción social de la ideologia dominante comprende el proceso de interacción y comunicación entre el individuo y la realidad, y el conjunto de las relaciones económicas, sociales, comunicacionales, políticas y culturales que se establecen en el marco de la vida social y económica.

En la producción de la ideología como sustrato simbólico justificativo de la realidad actual y del sistema social dominante, los medios de comunicación y el espacio público (D. Wolton) se sitúan en el centro neurálgico de la producción y reproducción de las ideas, cosmovisiones, doctrinas, discursos religiosos y teorías que articulan una determinada cultura y dan coherencia al paradigma ideológico dominante en la sociedad en un momento dado de su evolución histórica. Los medios comunicacionales así como los sistemas educacionales operan como máquinas sistémicas de producción y reproducción ideológica (incluso de contra-producción en cuanto instrumentos de resistencia) del sistema de dominación oculto detrás de la superficie misma de los enunciados y símbolos que lo autoreproducen consciente e inconscientemente.

El trabajo virtual (comunicacional e informacional) como operación social de producción de ideas, de conocimientos, de data, de información y de recursos comunicacionales, constituye uno de los más poderosos resortes de legitimación del orden vigente.

¿Podrá algún día el trabajo virtual constituirse en una herramienta de desconstrucción de la ideología dominante y de construcción de una ideología liberadora y desalienadora de las conciencias y las prácticas?

Manuel Luis Rodríguez U.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES

[1] Bourdieu, P., Boltanski, L.: La production de l’idéologie dominante. Paris, 1976.

Marx, C.: El Capital. Crítica de la Economía Política. Vol. II. México, 1994. Fondo de Cultura Económica.

Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales.  Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx.  La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación.  Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.   Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.

Manuel Luis Rodríguez U. 

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.- 

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.

En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.

Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático. 

El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.

En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital.  En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.

Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.

En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza.  En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas.  La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.

El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.

La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.  

DE UN ORDEN GLOBAL HACIA VARIOS ORDENES MUNDIALES

El capitalismo funcionaba en aquellos decenios finales del tercer milenio, sobre la base de ciclos hegemónicos, de la extensión ilimitada de los mercados y de la propia capacidad de autoreproducción del sistema económico, mediante la multiplicación y difusión del capital, de la tecnología y de la innovación emprendedora.

Los ciclos hegemónicos se producían en el futuro, siguiendo similar trayectoria a los ciclos históricos del pasado: una o varias potencias claves ascienden a la hegemonía a través de sucesivos conflictos, alcanzan su fase de hegemonía plena o de supremacía, para entrar a continuación en una fase de declinación y posteriormente, en una etapa de reconfiguración del sistema geopolítico mundial y de redistribución de las hegemonías.

Pero el sistema comenzó a tambalear, porque resultó cada vez más incapaz (política, económica y estratégicamente) de resolver desde su interior todas las crisis en curso.

El capitalismo del siglo xxi dió paso al postcapitalismo y a una nueva era de desarrollo de la humanidad, no porque haya sido atacado “desde afuera” por fuerzas adversarias más poderosas o letales, sino porque las poderosas mareas sociales internas de los Estados (y coaliciones de Estados) reventaron los muros del poder dominante en demanda de más igualdad y más participación protagónica.  El capitalismo no explotó: el conjunto de la estructura hizo implosión. 

El mundo del capitalismo no se derrumbó porque se cumplieron las numerosas predicciones que lo anticipaban, sino porque una suma  acumulativa de crisis y conflictos ocasionados por su propio funcionamiento y disfuncionamiento, lo llevaron hacia un prolongado período de colapsos y mutaciones.

Por su parte, la crítica al capitalismo, se había transformado, yendo desde las bases estructurales y sistémicas, a la comprensión de la crisis valórica y moral, y de los profundos impactos destructivos que este modo de producción ocasionaba sobre el medio ambiente y el uso racional de los recursos energéticos del planeta. 

La racionalidad económico-finaciera y tecnológico-mediática de sello occidental se opuso y se encontró en colisión creciente con la racionalidad humana, con la búsqueda de la felicidad, con el reencuentro con las culturas originarias casi perdidas y las cosmovisiones ancestrales antes avasalladas.

El sistema-planeta déjó entonces de ser un solo sistema global predominante y hegemónico, para dislocarse en varios sistemas mundiales liderados por potencias mundiales -o con alcance mundial- capaces de articular coaliciones supraestatales de carácter continental.  La rivalidad estratégica, geoestratégica y geopolítica, en esta prolongada época final del capitalismo occidental, ya no ocurrirá solamente entre la potencia imperial estadounidense -en declinación gradual- y las potencias imperiales asiáticas (China, India…), sino que se implantará como un escenario de confrontaciones múltiples entre coaliciones continentales, en torno a la defensa-acceso hacia los recursos energéticos escasos y las materias primas naturales.    

A su vez, la rivalidad hegemónica se desplegará no solo en las zonas de fricción geoestratégica tradicionales (Medio Oriente, sur de Asia, Mediterráneo) sino además tenderán a acentuarse en distintos escenarios de la cuenca del Pacífico, espacio oceanopolítico emergente donde se encuentran Estados Unidos, Japón, Rusia, Australia y China.

… … …

DESDE EL ESTADO BUROCRÁTICO AL ESTADO DE LOS CIUDADANOS 

La crisis del Estado fue parte de la crisis de la civilización capitalista y del modelo político occidental liberal.

El Estado -en su forma nacional surgida del paradigma de Westphalia- se encuentra sometido a una doble presión: por una parte, emergen las regiones como protagonistas económicas y político-culturales al interior de cada nación y presionan desde abajo por mayor presencia en el sistema internacional, y por el otro lado, surgen nuevas estructuras supraestatales a escala de continentes y subregiones, que pugnan por quitar porciones de soberanía estatal.

Las soberanías estatales resultaron así cuestionadas por el surgimiento de las nuevas configuraciones y alianzas de Estados, que se formaron tanto para defender recursos, como para procurar acceder a las fuentes energéticas, y porque un número cada vez mayor de regiones de países reestructuraron la arquitectura internacional formando alianzas y macrozonas en torno a especializaciones productivas, ventajas comparativas y competitivas propias y recursos energéticos y naturales propios.

El sistema internacional en crisis de representación y legitimidad, condujo a la crisis del Estado como unico y exclusivo representante de la nación en la escena mundial. 

EN LA EPOCA DE LAS POST DEMOCRACIAS

La crisis del capitalismo globalizado se vio acompañada por la crisis sucesiva de los antiguos sistemas políticos democráticos. 

La vieja estructura política y estatal, basada en la representación de la ciudadanía, el uso intensivo del dinero, las finanzas y los medios de comunicación como dispositivos de alienación colectiva e individual y el voto periódico, hizo crisis, cuando las multitudes ciudadanas avanzaron hacia la democracia virtual, hacia la auto-representación y hacia la instalación de formas de ejercicio del poder sin delegación, con autoridades revocables y estructuras de gobierno de geometría variable, basadas en la nueva legitimidad ciudadana y en el ejercicio del poder ciudadano.

El orden politico es ahora un orden ciudadano…

La ciudadanía se complejiza y se diversifica, pero constituye nuevamente el fundamento de la vida pública, despojada de las ataduras partidarias y corporativas…

La participación ciudadana dejó de ser una mera fórmula de información desde la autoridad a los ciudadanos, cuando la información y la circulación de datos se convirtieron en derechos colectivos e individuales y la nueva libertad afincada en las personas, los grupos, las comunidades y las naciones, se hizo extensiva a los sistemas y estructuras de poder.

En definitiva los nuevos dispositivos políticos, las nuevas arquitecturas institucionales y políticas se forjaron desde la ciudadanía y su diversidad organizativa e identitaria, desde su protesta y resistencia, desde su imaginación creativa y aparentemente caótica, hasta reescribir códigos, normas y referencias, lenguajes y símbolos conforme a la nueva constitución ciudadana.

Entonces la política dejó de ser un dispositivo ajeno en forma de aparato de poder, para convertirse en una configuración ciudadana para resolver y conducir el interés general.

Un modelo político y social de convivencia que tenía 19 siglos de existencia conceptual y apenas un siglo y medio de existencia real.

… … …

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click…

Jean Jacques Rousseau había muerto por segunda vez junto al paradigma del contrato social, cuando las multitudes inteligentes de ciudadanos, clientes y usuarios descontentos, de las regiones avasalladas por el centralismo y las identidades culturales y transversales silenciadas por el pensamiento único del Estado y las corporaciones privadas, habían terminado por barrer literalmente con las instituciones representativas que habían dado esa precaria y esquiva gobernabilidad y estabilidad a los sistemas políticos del siglo xx.

La muerte de las viejas democracias representativas, era un campanazo fúnebre anunciando el fin del capitalismo neoliberal del pasado.

 AQUELLAS DEMOCRACIAS…

La vieja maquinaria de las democracias representativas, había por entonces colapsado, distorsionada por la acción o la omisión de representantes que no representaban a los ciudadanos sino a determindos intereses particulares y corporativos, cuando no mafiosos; por el cansancio ciudadano ante mecanismos participativos donde no se tomaban las decisiones principales; por la captura de la mecánica democrática por parte de partidos políticos oligárquicos, de empresas y corporaciones de marketing político; por la dilución del espíritu cívico ante el individualismo rampante; por el quiebre definitivo de la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, los grupos y los territorios en la capacidad real de las instituciones y la clase política para resolver sus problemas, demandas y aspiraciones.

Aquellas democracias, terminaban siendo finalmente arreglos semicerrados grupales, partidarios, corporativos, patrimoniales y hasta familiares, de oligarquías político-económicas reducidas en tamaño pero extendidas en influencia.

Las elecciones en este contexto, eran algo así como eventos cívicos y comunicacionales prefigurados y marketeados por empresas de comunicación política y corporaciones de diseño de imagen, donde lideres artificialmente construidos, predominaban en una escena política y comunicacional altamente sofisticada, donde lo que menos se hablaba era de política, sino de inversiones, de rentabilidades, de subsidios, de tasas de crecimiento…y donde el voto no era más que una rutina individual desprovista de sentido, pero reforzada por la costumbre y por la industria de las encuestas a la medida.

El espacio público había sido secuestrado al público: solo hablaban los comunicadores.

El lenguaje político estaba entonces en franca distorsión y corrupción: los Estados llamaban “servicios públicos” a empresas privadas que recibían fondos públicos para financiar sus ganancias y hasta sus pérdidas; los políticos llamaban “convivencia” al silenciamiento de las atrocidades dictatoriales; los empresarios imploraban la ayuda del Estado cuando tenían pérdidas y exigían “menos Estado” cuando sus utilidades crecían; los ciudadanos llamaban “subsidio” a una limosna estatal que el mercado no quería asumir…

Los ciudadanos sintieron que los sistemas de vigilancia que el propio Estado privatizado había instalado para vigilarlos, necesitaba urgentemente ser a su vez vigilados por los propios ciudadanos organizados, para que su seguridad no termine secuestrada por delincuentes de cuello blanco o funcionarios de cuello azul o guardianes de cuello verde oliva.

Los ciudadanos, en primera y última instancia, sintieron que el contrato social basado en la lógica de la representación había perdido sentido e interés, desde que los intereses corporativos y empresariales de poder y las maquinarias burocráticas, habían capturado el poder para uso y abuso de sus propios objetivos financieros, llegando a la distorsión de la rentabilidad social de las políticas públicas o la privatización del patrimonio público, entendidos bajo una paradoja de suma cero: “si sale sello tu pierdes, si sale cara yo gano”, es decir, cuando ganan las empresas, los ciudadanos y la nación pierden.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click y apagaron el viejo Estado…

...QUE SE DERRUMBARON

El derrumbe de aquellas democracias, no fue el resultado de revoluciones o de insurrecciones armadas de tono “bolcheviques 1917″…fue en realidad, mucho más rápido y mucho menos sangriento.

El “palacio de invierno” de las democracias de viejo cuño, se vino abajo con sucesivos, interminables y multitudinarios cliks computacionales, correos y sms masivos y una cadena infinitesimal de manifestaciones virtuales de desobediencia civica, en que los ciudadanos atrasaron el pago de sus impuestos, o dejaron de pagarlos simplemente, colapsaron los sistemas institucionales con reclamos no resueltos, se reunieron en asambleas virtuales masivas y otras expresiones de recuperación del poder constituyente que los animaba.

La calle era un pantalla de computador, más bien dicho, millones de pantallas de computadores.

Era la política de los laptops.

Los ciudadanos le pusieron un candado virtual, político e ideológico a las instituciones de la vieja democracia representativa, porque ya no los representaba.

Las clases sociales de la nueva economía y los movimientos y nuevas articulaciones político-sociales dieron nueva significación a las políticas antisistémicas y a las prácticas de resistencia, siendo portadoras reales y virtuales de demandas y aspiraciones transversales, que tocaban las fibras profundas del descontento y del proyecto de cambio social.

En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click, y apagaron la vieja democracia

… … …

…DANDO PASO…

La ruptura del contrato político básico de la democracia representativa no fue fácil en aquella época futura.

Las oligarquías partidarias, políticas y comunicacionales se aferraron al poder político que les permitía el acceso al poder económico, así como los intereses corporativos se aferraron al poder económico que les permitía el acceso al poder político.

No todo se reducía a dinero…pero casi…

Los poderosos del dinero pensaron en llamar a los militares para que los salven del mal paso, pero los militares de paso pensaron primero que son ciudadanos, a muchos gerentes y generales “se les cayó el sistema”, sus pantallas se volvieron a negro … y en ese choque excluyente de pensamientos, el Estado dejó de trastabillar y la nación se puso de pie y en movimiento.

La política de los laptop, de las tecnologías comunicacionales nómades (ipods, celulares…) daba paso a expresiones ciudadanas que antes habían sido borradas de las pantallas del sistema político. La revolución democrática de los cliks y de las TICs, estuvo en marcha desde mucho antes que gobiernos y empresas trataran de frenar la proliferación de weblogs y de páginas web alterenativas, porque los ciudadanos dejaron de creer en los medios de comunicación unilineales, formateados desde alguna gerencia o desde alguna oficina del poder, para dar paso a nuevos medios de expresión-comunicación, a una capa creciente de líderes, grupos y movimientos dotados de tecnologías trans-tecnológicas y de influencias trans-sociales.

Cuando la política y la comunicación política dejó de ser monopolio de plataformas comunicacionales únicas, la nueva democracia ciudadana se comenzó a desplegar.

Así comenzaron a colapsar esas viejas democracias representativas, que funcionaban como aparatos piramidales donde unos pocos decidían y gobernaban, en nombre y a pesar de una gran mayoría que observaba.

... A OTRAS DEMOCRACIAS…

Los ciudadanos comenzaron a votar en elecciones que ninguna autoridad había convocado.

Las autoridades percibieron que sus decretos y normas apenas eran respetados por la gente.

Las asambleas y reuniones ciudadanas tenían lugar, pero también ocurrían sin tener lugar.

Los grupos y los movimientos aprendieron que la multitud comienza en las conciencias individuales potenciadas como conciencias sociales.

Los ciudadanos reclamaron y construyeron gradualmente una democracia de poderes revocables, un poder político de contenido aún más democrático y de carácter ciudadano, una democracia de ciudadanos protagonistas dentro de instituciones políticas eficientes y participativas, una democracia de la transparencia, con autoridades sujetas al control ciudadano y que dan cuenta de sus actos, los que también son controlados y exigidos por ciudadanos organizados y conscientes. Entonces, los consensos y los acuerdos políticos aparecieron respaldados por ciudadanos que se sintieron tomados en cuenta y por partidos y movcimientos políticos que vieron legitimado su nuevo rol mediador, propositivo y articulador.

En estas nuevas democracias, volcadas al uso intensivo y extensivo de las comunicaciones digitales, de las tecnologías computacionales masificadas y de las imágenes virtuales, la lucha ideológica y los debates públicos y políticos, no se dieron solamente en torno al binomio “Estado-mercado”, sino también a otros dilemas como “¿más Estado o más ciudadanía?”, “¿más crecimiento o más sustentabilidad ambiental?”, “¿más desarrollo o más crecimiento?”…

Los movimientos y los movimientos de movimientos supieron hacer el vacío allí donde el poder dominaba o reprimía, hacer presencia allí donde nadie los esperaba, dispersarse cuando se creían reunidos, reunirse cuando se les vigilaba dispersos, extenderse cuando se les restringía, conectarse cuando se les incomunicaba, moverse cuando se sentían inmóviles, desobedecer bajo una aparente obediencia, desatender cuando se reclamaba su atención, abrirse cuando se les motejaba cerrados, cerrarse cuando se les creía abiertos, funcionar como red cuando se les suponía estructurados.

La ciudadanía ya no era un mero deber civico (restringido al voto o a los impuestos), ahora en el futuro habían nuevas e innovadoras formas de ciudadanía. Los ciudadanos habían recuperado su poder constituyente originario y soberano. Habíamos entrado en la era de la soberanía ciudadana.

La participación dejó de ser una mera comunicación política vertical de la autoridad sobre los ciudadanos, reemplazada por una red extensa de redes de involucramiento directo de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.

Las nuevas institucionesde esta nueva democracia electrónica y ciudadana, operaban como sistemas organizacionales abiertos de vocación pública, de estructura participativa y vinculadas a la contraloría social de los ciudadanos.   Las nuevas formas de democracia no eran sin embargo, en el futuro, una panacea gratuita ni un remedio total a los males cívicos, por el contrario, el aspecto general de las sociedades y comunidades era de un caos aparentemente ingobernable y de un terreno de reciclaje para las viejas oligarquías políticas y del dinero.

La pantalla era una calle y un espacio cívico, pero los ciudadanos también aprendieron a ocupar los espacios públicos, partiendo siempre del principio innovador y hasta revolucionario que todo el Estado, que todos los servicios públicos, que todos los lugares y espacios públicos les pertenecen, porque ellos son la nación y el Estado le pertenece a la nación.

En aquel entonces en el futuro, la democracia había dejado de existir… reemplazada por nuevas formas de democracia, donde el centro del orden político era la ciudadanía, las nuevas formas de ciudadanía.

… … …

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

Chase-Dunn, Ch., Podobnik, B.: The next world war: world system cycles and trends.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 6, 1995.

Friedman, Th.: La tierra es plana.  Breve historia del mundo globalizado en el siglo xxi.  Madrid, 2006.  Ediciones MR.

Goldfrank, W.: Beyond cycles of hegemony. Economic, social and military factors.  Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 8, 1995.

Marx, C., Engels, F.: Obras Escogidas en dos tomos.  Moscú, 1955.  Ed. Progreso.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  México, 1998. 3 volúmenes. Fondo de Cultura Económica.

Wallerstein, I.: Utopistics.  N. York, 1989.  Ed. W.W. Norton.

Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.

¿Y si la estrategia de desarrollo neoliberal estuviera llevándonos a una mayor desigualdad social y no al desarrollo?

“Si Latinoamérica no lleva a cabo una modernización de su estrategia productiva, no será verdad eso que tanto se repite últimamente de que es su momento para cambiar su historia, ya que no habrá base para un crecimiento sostenido en el futuro.”

http://www.elpais.com/articulo/economia/Expertos/cuestionan/estrategia/crecimiento/Latinoamerica/elpepuintlat/20110512elpepueco_12/Tes

Las islas Falklands y el cono sur de América: una encrucijada geopolítica

Ensayo publicado en octubre de 2010, que conserva su actualidad, donde se analiza la encrucijada geopolítica en torno a las islas Falklands en el Atlántico Sur. 

http://paradygmassiglo21.wordpress.com/2010/07/09/las-islas-falklands-y-el-cono-sur-de-america-una-encrucijada-geopolitica/

Los megaproyectos del modelo neoliberal en el Chile del siglo xxi

En el curso de los recientes veinte  o treinta años, Chile ha estado sometido a una serie de proyectos de gran envergadura destinados a ampliar y fortalecer la actual matriz energética. 

En el caso de Chile, un país en vías de desarrollo y alejado de las grandes fuentes energéticas del planeta, fuertemente dependiente de la exportación de productos básicos, materias primas y recursos no manufacturados, la explotación de su matriz energética implica costos ambientales que acelerarán en el futuro la dependencia, la huella de carbono del país y los impactos depredadores sobre la naturaleza.

En Chile, la globalización y el modelo neoliberal de desarrollo que se impuso hace treinta años atrás, han traido la implantación de megaproyectos de desarrollo y de energías a escala de varias regiones y con capacidad de producir impactos ambientales, energéticos y naturales de considerable importancia.

Proyectos mineros de gran escala como PascuaLama (Tercera Región) e Isla Riesco (Magallanes) y proyectos energéticos como Hidroaysen (en Aysén y el resto de la zona centro sur de Chile), apuntan precisamente en direcciones aparentemente contradictorias: por un lado, estamos sacrificando la calidad ambiental del territorio y de sus recursos naturales, para, por otra parte, incrementar la dotación energética, a fin de aumentar la producción y la capacidad exportadora de la economia en el actual esquema globalizador.

En la práctica, los megaproyectos energéticos-productivos, son parte de un diseño político de la clase empresarial, de los grandes empresarios ligados al capital internacional, pero que resultan de una alianza estratégica entre la clase empresarial y la clase política gobernante.  Poder político y poder económico funcionan en una alianza estratégica para extender, consolidar, profundizar y proyectar el modelo neoliberal como unico modo de producción posible en el Chile del siglo xxi.

Y todas esas dimensiones del proceso productivo y energético (la secuencia en que intervienen la generación energética, la producción de recursos naturales y la exportación de materias primas a los mercados internacionales) son en sí mismos, mercados depredadores y consumidores de mano de obra barata y  procesos capitalistas profundamente desiguales y asimétricos que inducen y profundizan las desigualdades sociales y las disparidades territoriales.

Cuando el mercado sacrifica el medio ambiente, la naturaleza y el territorio se convierten en lucrativos negocios.

Manuel Luis Rodríguez U.

ALGUNAS REFERENCIAS DOCUMENTALES

http://www.elciudadano.cl/2011/05/10/isla-riesco-carboniferas-provocaran-muerte-de-huemules-condores-ballenas-y-pinguinos/

http://www.elciudadano.cl/2011/05/05/jornada-sobre-globalizacion-y-sus-impactos-en-el-medio-ambiente-en-iquique/

http://www.elciudadano.cl/2011/05/05/40-por-ciento-del-territorio-colombiano-pedido-en-concesion-para-megaproyectos-mineros/

Trabajo y capital en la formación del territorio de la Patagonia

PRÓLOGO.

Este ensayo tiene por objeto sintetizar un conjunto de conceptos teóricos e históricos, desde una perspectiva marxista de análisis geopolítico y geoeconómico, acerca de los orígenes del capital y del trabajo en la región de Magallanes y la Patagonia en el siglo xix.

 El capital y el trabajo son dos categorías que aparecen estrechamente asociadas, en cuanto expresiones de una realidad social –de una formación social- caracterizada por la existencia de clases sociales distintas y antagónicas, en la concepción marxista, pero en el caso específico del desarrollo inicial de la economía magallánica y patagónica, puede afirmarse que el trabajo fue anterior al capital.

 El obrero, el empleado, el artesano, el gañán o el peón a que alude este ensayo, es un producto objetivo del capitalismo, de un modo de organización de la economía, del territorio y de las relaciones sociales, basado en la utilización y explotación extensiva e intensiva de la fuerza de trabajo a cambio de una remuneración.  En el proceso del trabajo, el obrero o el trabajador en general, invierte una parte -siempre variable en proporción- de su energía y esfuerzo físicos, de actividad intelectual y psicológica, de motivación y de información.

 El trabajo es una actividad a la vez, individual y social.  Es individual en la medida en que cada individuo ejecuta una tarea, una faena determinada la que forma parte de un sistema más o menos organizado de producción.    Pero, es social, en la medida en que generalmente, el individuo trabajador está inserto en un conjunto de individuos que ejecutan una serie establecida o una secuencia ordenada de actividades, todas interdependientes entre sí.  Es de esta colectividad que realiza un mismo tipo de trabajo, que produce un mismo tipo de productos, de donde surge a continuación el espíritu de cuerpo y la cohesión, así como una conciencia social común, la que resultará después en una organización que los agrupe.

 Siempre dentro de este concepto, hemos de entender que el trabajo es una actividad consciente, racional, realizada por el trabajador, en el contexto de una unidad productiva o empresa y de un mercado económico.  Hablamos entonces del trabajo asalariado.  Durante todo el período comprendido en esta historia, el trabajo ha sido la fuente principal de la riqueza, habida cuenta el nivel general de desarrollo de la economía de Magallanes y del país.

 En Magallanes y la Patagonia –constituidos como territorio desde 1843 en adelante- hubo trabajo –entendido como el esfuerzo humano individual y colectivo para transformar la naturaleza- antes que se instale el capital a explotarlo.

 Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas – Magallanes, primavera de 2010.

 ONCE TESIS GEOPOLITICAS SOBRE LA PATAGONIA

I.                    La historiografía tradicional tanto en Chile y Argentina, como en la región magallánica y patagónica ha puesto el énfasis en el surgimiento, formación y desarrollo de la región magallánica y patagónica como el resultado de la labor civilizadora e  industrializadora de diversos segmentos de colonos e inmigrantes extranjeros llegados a estos territorios australes, como resultado de una decisión política de los gobiernos liberales en la segunda mitad del siglo xix.  Esta manera de concebir y escribir la historia, parte desde la premisa conceptual del “pionero” definido como un emprendedor que hace uso de los recursos que le ofrece el territorio, a partir de una iniciativa individual, de una cultura propia y de un esfuerzo perseverante que lo lleva al éxito.  Sin embargo, la evidencia histórica pone de manifiesto que el progreso y el desarrollo y el propio proceso de producción de la riqueza en Magallanes y la Patagonia no fue ni puede ser concebido como el fruto a-social de unos cuantos empresarios desligados de ciertas condiciones estructurales, políticas, jurídicas y sociales, sino el resultado del trabajo de numerosos contingentes de trabajadores dentro de una estructura económica y social definida como capitalista, desde mediados del siglo xix.  Hemos de ampliar en consecuencia el concepto de pionero.

II.                 En Magallanes y la Patagonia, el punto de partida del desarrollo capitalista del territorio, desde mediados del siglo xix, se encuentra en el proceso de formación del capital comercial, el cual se constituyó a partir del aprovechamiento de ciertos recursos naturales y de la navegación mercantil interoceánica, que vinculó tempranamente a Punta Arenas y el estrecho de Magallanes (1840 en adelante) con las corrientes mercantiles que asociaron a la economía chilena con el mercado y los capitales ingleses. El proceso económico en la región austral de América Latina, denominada la Patagonia, ha atravesado por diversos períodos históricos. que serían los siguientes: primer período: de la economía autosuficiente.  Las comunidades aborígenes de la Patagonia y su actividad económica.  Segundo período: de la economía insuficiente. La colonización europea (1584- 1783). Tercer período: de la economía asistida. La colonización administrativa (1843-1877) y cuarto período: de la economía ganadera de exportación (1877-1929). ([1])  En el estudio de los orígenes del capital en la región austral, interesa examinar en profundidad, tanto el período de la “economía asistida” entre 1843 y 1877, por cuanto entonces se generaron  las premisas económicas, político-jurídicas, demográficas y sociales para la formación del capital. 

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Reacciones en el Medio Oriente por la muerte de Bin Laden

Imagenes de videos de The Wall Street Journal y New York Times, edición de hoy 5 de mayo de 2011: http://online.wsj.com/video/news-hubmiddle-east-reaction-to-bin-laden-death/A7CBAB78-9B2E-4CE3-B2D4-EFA4AC4079F5.html

http://online.wsj.com/video/digits-how-technology-helped-in-bin-laden-raid/C2D5A9DB-8AD6-4740-9FD0-603C2161A61A.html

http://video.nytimes.com/video/2011/05/04/us/politics/100000000804067/bin-laden-changes-afghan-debate.html

http://www.nytimes.com/2011/05/05/world/asia/05pakistan.html?ref=world

Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.

Seguridad y defensa: los nuevos paradigmas en el siglo xxi

Los problemas militares y de la guerra han visto desaparecer y transformarse sus grandes conceptos y paradigmas tradicionales de sustentación.

Desde fines del siglo xx, con el fin de la bipolaridad y las tendencias a la mundialización/globalización, asistimos a una profunda metamorfosis de la cuestión militar y estratégica, a un cuestionamiento de las certezas teóricas y conceptuales existentes en materia de seguridad y defensa.

Desde la guerra de masas y de armamentos industriales, vamos avanzando hacia la guerra focalizada, hacia instrumentos bélicos inteligentes, precisos y de alta letalidad. Desde los ejercitos masivos, territoriales y pesados, vamos hacia la configuración de fuerzas militares reducidas, altamente sofisticadas, interarmas, de reacción rápida y con creciente capacidad de ubicuidad y proyección para dar cuenta de las nuevas amenazas y riesgos.

Desde la guerra material, masiva y territorializada que se ganaba en las conciencias y en la opinión pública después que en el terreno, vamos hacia la guerra digital, desterritorializada, inteligente y quirúrgica que se ganará en las pantallas antes que en el teatro.

CONTENIDO Y FORMA DE LOS CAMBIOS EN LA ESFERA ESTRATÉGICA

Los grandes cambios sociales y culturales originados en la transformación tecnológica desencandenada con la incorporación de las TICS en todo el teatro estratégico, genera a la vez efectos sinérgicos y de dispersión en la esfera de los sistemas de armas, en los diseños estratégicos de la acción bélica, en la naturaleza y carácter del teatro de la guerra y en el campo de batalla, mientras los esquemas geopolíticos y geoestratégicos se modifican para dar paso a escenarios de conflicto caracterizados por la indeterminación, la fluidez, la complejidad y la ruptura y compresión del espacio/tiempo.

El fin del llamado ciclo de la disuasion (1945-1990) no solo puso fin a la bipolaridad Este-Oeste, si no que hizo trizas también las nociones tradicionales de fronteras y de soberanía, al mismo tiempo que hicieron implosión las dimensiones de la amenaza y de los riesgos a que se enfrentan los actores internacionales en la escena global.

Esta implosión metamorfósica de la problemática estratégica, ha traido como una de sus consecuencias más profundas, el que la cuestión de la guerra y de la paz, de la defensa y la seguridad, han dejado de ser asuntos de estricto orden militar o castrense para abarcar dimensiones hasta hoy poco consideradas en el debate y en la teoría estratégica tradicional.

¿Estamos entrando en una época post-clausewitziana?

Probablemente sí, a condición que entendamos que el paradigma clausewitziano estaba construido sobre la forma trilateral del espacio/tiempo/profundidad, parámetros que hoy han sido cuestionados por el arma nuclear, por las armas biológicas, químicas y ecológicas, por la miniaturización y digitalización de los sistemas de armas y por su proliferación horizontal.

INCERTIDUMBRE, METAMORFOSIS Y RIVALIDAD HEGEMÓNICA

Tres categorías de análisis nos permiten comprender los cambios en curso. Incertidumbre, metamorfosis y rivalidad hegemónica abren el abanico de los criterios para el análisis geoestratégico y geopolítico.

Estamos en presencia de un período de transición en el orden global, y esa transición se caracteriza por la incertidumbre, es decir, por la prevalencia de un clima de indeterminación y de imprevisibilidad de las tensiones, las rivalidades y los conflictos.

La noción de metamorfosis subraya los procesos de mutación gradual y contínua, así como la transmutación e imbricación de cambios ambientales, económicos, políticos, socio-culturales y estratégicos que experimenta el sistema-planeta, en una sinergia circular e interdependiente, donde unos y otros procesos, a velocidades y ritmos distintos y con distintos grados de intensidad, repercuten sobre la totalidad del sistema ocasionando transformaciones.

El orden internacional se encuentra en una transición entre un orden bipolar hacia un orden multipolar, transición durante la cual predomina un esquema unipolar de las hegemonías. La potencia unipolar estadounidense ha instalado un orden global que no termina de ser aceptado ni reconocido, mientras los demás actores y potencias de alcance mundial, se aprestan a rivalizar por la futura hegemonía global, dando paso hacia mediados del siglo xxi a una disputa multiple o a escenarios diversos y sucesivos de rivalidad hegemónica a diversas escalas y niveles.

Transitamos hacia un orden global multipolar -el escenario geoestratégico más probable de mediados del siglo xxi- al mismo tiempo, que nos acercamos a una prolongada etapa de rivalidad hegemónica entre potencias globales, potencias mundiales y potencias regionales por acceder a niveles mayores de la jerarquia de potencias en el sistema-planeta.

SEGURIDAD Y SOBERANÍA

Una primera revolución conceptual en esta materia es hoy la cada vez más estrecha relación e inter-dependencia entre seguridad y soberanía.

Si la seguridad es una condición compleja que hace posible el desarrollo y posibilita la existencia en condiciones de estabilidad, la soberanía se asocia a la seguridad, en tanto y en cuanto se define como el conjunto de atributos irrenunciables de un Estado para asegurar su supervivencia y su desarrollo. La seguridad se relaciona y se asocia con la soberanía, como dos dimensiones de una misma necesidad esencial del Estado moderno en el actual orden global, de hacer suyos los atributos y recursos estratégicos necesarios para obtener y mantener un lugar en el orden mundial, en un marco estructural asimétrico de relaciones entre los Estados y demas actores internacionales.

Aun en un orden global de relativización de las fronteras, el Estado nacional sigue siendo el actor principal de la escena internacional y el único dotado de la capacidad soberana de determinar cuáles son los recursos estratégicos que hacen posible y necesaria su supervivencia. Es el Estado el que define qué es estratégico para su supervivencia y para su desarrollo, en la prespectiva del presente y del futuro previsible.

LAS NUEVAS DIMENSIONES DE LA SOBERANÍA

De estas definiciones, surgen a lo menos tres dimensiones nuevas que se incorporan en la reflexión estratégica y geopolítica. Una de ellas es la soberanía energética, así también como la cuestión de la soberanía alimentaria y la soberanía ambiental.

En los próximos decenios del siglo xxi, la cuestión clave del desarrollo (a cualquier escala) será el acceso hacia fuentes eficientes de energía en condiciones de autonomía relativa. Los Estados y las corporaciones seguirán enfrentados e impelidos a la necesidad de acceder a fuentes de energía para impulsar el desarrollo, y por lo tanto, seguirán siendo estratégicas dichas fuentes. Al mismo tiempo, la escasez de energías no renovables y la rivalidad por controlarlas, agudizará los conflictos y las amenazas y riesgos de conflicto por su acceso y control y continuará siendo un factor polemológico de primera importancia.

Del mismo modo, el acceso y la provisión de recursos alimentarios, por parte de los Estados continuará ocupando un lugar crucial en las preocupaciones de políticos y economistas.

Así también la ecología y el medio ambiente serán factores de conflicto adicionales, tanto por la necesidad de los Estados de controlar el agua y preservar sus propios entornos naturales, como por el imperativo de cautelar su respectivo patrimonio ecológico territorial. Los riesgos de guerra ambiental, es decir de utilización de componentes del clima o del medio ambiente como instrumentos de destrucción masiva, podrían acentuarse en el futuro.

El conjunto del orden global, despues de haber funcionado en una tendencia hacia la concentración de los actores (propio de la guerra fría, durante la primera mitad del siglo xx), marcha hacia una tendencia a la dispersión de los actores internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

Territorialización y trabajo: una aproximación marxista a la Geopolítica

PROLOGO.

Uno de los procesos constitutivos de la naturaleza humana y de la sociedad, es el de la conquista o apropiación de determinados espacios geográficos, para ponerlos al servicio de las necesidades humanas. La forma principal que ha tenido la prehistoria y la historia humana es la de exploración, apropiación y uso del territorio geográfico para convertirlo en su habitat, conforme a ciertas necesidades, al nivel de desarrollo de la inteligencia creativa y a sus posibilidades técnicas y materiales. 

Este ensayo aborda la problemática del trabajo y la territorialización, desde una aproximación marxista contemporánea de la Geopolítica.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes, otoño de 2011.-

INTRODUCCIÓN CONCEPTUAL.

El proceso de humanización incluye y supone un prolongado y siempre interminable proceso de terrritorialización, es decir, de la aplicación de formas históricamente determinadas de apropiación, utilización y transformación del medio geográfico natural, hasta convertirlo en un espacio humanizado.

Raffestin a este respecto propone que “…un territorio es un estado de la naturaleza … un trabajo humano que se ejerce sobre una porción de espacio, la cual no se relaciona con un trabajo humano, sino con una combinación compleja de fuerzas y de acciones mecánicas, físicas, químicas, orgánicas, etc. El territorio es un reordenamiento del espacio, cuyo orden se busca en los sistemas informáticos de los cuales dispone el hombre por formar parte de una cultura. El territorio puede ser considerado como el espacio informado por la semioesfera…” (Raffestin, Cl.: Espaces, jeux et enjeux.  Paris, 1986. http://www.hypergeo.eu)

La noción de espacio -desde una perspectiva geopolítica- se apoya sobre tres grandes sistemas de referencia: 1) el espacio definido como un conjunto de coordenadas terrestres donde la posición de cada punto está dada por su latitud, su longitud y su altitud (según un sistema de proyección dado); 2) el espacio tal como es percibido, vivido o representado en la escala de los individuos comporta, más allá de las fuertes variaciones subjetivas y culturales, una organización bastante sistemática, muy a menudo centrada sobre la persona y que conforma “burbujas proxémicas” (según E.T. Hall) o “caparazones” (según A. Moles) concéntricos, de familiaridad decreciente en relación con el alejamiento, y en las cuales la percepción de las , dilatada en las zonas conocidas, se contrae a medida que la información sobre los lugares decrece.

Las formas concretas de estas representaciones, a menudo asimilables a “aureolas concéntricas” en las sociedades sedentarias tradicionales o en las grandes urbes modernas, se diversifican en función de las prácticas de movilidad de los individuos y de su frecuentación de los lugares que constituyen su espacio de vida; 3) la agregación de estos espacios individuales y la composición de sus interacciones reiteradas en la duración produce un espacio heterogéneo y anisótropo, constituido por nodos y ejes jerarquizados que organizan los flujos de circulación en territorios desigualmente enrejados.

En el transcurso de la historia, del proceso de diferenciación social y de territorialización, este espacio geográfico tiende a volverse cada vez más heterogéneo (contrastado) en términos de repartición del peso (masa, riqueza) de los nodos y de las tramas, y contraído en tiempos y recorridos, mientras que las condiciones de circulación (velocidad, confort) en las grandes distancias, así como las formas y las condiciones del hábitat tienden a homogeneizarse.

Marx analiza este proceso moderno de territorialización a escala mundial en los siguientes términos: “El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africa abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.    El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.   Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos. La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.” (Marx, C., Engels, F.: El Manifiesto Comunista.  1848.  Cap. I).

TRABAJO, ESPACIO Y TERRITORIALIZACION.

Pero, cuando se examina el decurso histórico, se observa que en definitiva, no hay territorialización, no hay apropiación, uso ni transformación de la naturaleza por parte de la especie humana, sino a través de la acción humana -individual y colectiva- organizada para transformar la naturaleza, el territorio geográfico y satisfacer ciertas necesidades. 

El contenido esencial de la territorialización es, entonces, el trabajo.

Esta sería la dimensión geopolítica del trabajo humano.

El trabajo humano y la producción, son siempre geográficamente situados, espacialmente asentados.  Solo el trabajo humano valoriza el territorio y lo puede transformar y someter.

Todo trabajo, como actividad transformadora de la naturaleza y los recursos, siempre tiene lugar en un algún ámbito determinado, delimitado, jerarquizado, establecido.

Geopolíticamente, la territorialización -y su contraparte la desterritorialización- es un proceso de instalación territorial esencialmente desigual, marcado por las diferencias de clase, por la jerarquización de los territorios, por la distribución desigual de la tierra y de los espacios, por la construcción de relaciones territoriales, sociales y culturales asimétricas, desiguales.

El trabajo permite al ser humano crear valor, transformar los recursos naturales, la información y la energía, en bienes y servicios, en conocimientos y en experiencia práctica, pero este trabajo humano es siempre trabajo situado, es decir, actividad laboral geográfica o espacialmente situada, ubicada y delimitada dentro de un determinado espacio físico o virtual donde se establecen relaciones de poder y -como lo sugiere Marx- además se establecen determinadas relaciones de producción.

En la sociedad moderna, allí donde hay trabajo, éste se realiza a partir de relaciones de producción desiguales (económicas y sociales) y relaciones de poder (políticas e ideológicas) y de relaciones espaciales o territorialmente demarcadas y asimétricas y, por lo tanto, el trabajo asalariado -característico del modo capitalista de producción y de la sociedad moderna- es una relación económica, social, política y territorialmente asimétrica, estructuralmente desigual.

Escribe Marx al respcto: “La fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital la vende a otro para asegurarse los medios de vida necesarios. Es decir, su actividad vital no es para él más que un medio para poder existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un tercero. Por eso el producto de su actividad no es tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para sí no es la seda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo que produce para sí mismo es el salario; y la seda, el oro y el palacio se reducen para él a una determinada cantidad de medios de vida…” (Marx, C.: Trabajo asalariado y capital. 1849).

Esto explica porqué en la época de la globalización del capitalismo desde fines del siglo xx, las diferencias sociales territoriales e identitarias, la explotación de todas las formas de trabajo y los conflictos sociales, ambientales, territoriales y políticos originados en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales, no han disminuido sino que se han acentuado y extendido.

Cada sociedad históricamente determinada organiza su territorio según condiciones y formas de trabajo y conforme a una espacialidad que le es propia y que depende de sus valores identitarios y de sus normas, así como también de la elección de sus actividades y de su dominio técnico. Se la analiza a partir de los principales componentes del funcionamiento de los territorios, que son: la apropiación, el hábitat, la circulación, la explotación (o producción), y la administración (o gestión). La dimensión, el espaciamiento, las y las formas (configuraciones), varían de este modo de una sociedad a otra. Pero se reconocen también en los paisajes y las estructuras espaciales los efectos de invariantes antropológicos (como la medida de las superficies cultivadas en jornadas de trabajo, la del espaciamiento de las etapas en jornadas de marcha, o la del escalonamiento de las ciudades en horas de transporte), y de tensiones geométricas (circularidad de las áreas de comercio minorista o de frecuentación alrededor de un centro, linearidad de los grandes ejes de transporte) o de interacción (fuerte decrecimiento de las probabilidades de frecuentación con el alejamiento o la “tiranía de la distancia”.

LA DESTERRITORIALIZACIÓN DEL TRABAJO

El trabajo moderno es entonces, a la vez, la fuente de una relación social de producción y el punto de partida de una relación espacial o territorial de producción, donde el trabajador está siempre situado en una estructura desigual, jerarquizada y de división social. 

La forma exterior y hasta contractual de la relación, cambia; el espacio o territorio donde esta relación tiene lugar, cambia y se diversifica a escala planetaria; el lugar donde el proceso de trabajo produce, cambia, pero no cambia la estructura desigual y asimétrica esencial que hace del trabajo -en el modo capitalista de producción- una mercancía que produce mercancías pero que, sobre todo, produce plusvalía al propietario de los medios de producción y del proceso productivo.

Al implantarse la estructura de dominación capitalista, el territorio fue expropiado y convertido en propiedad capitalista basada en la explotación y uso de la fuerza de trabajo ajena.

Desde las sociedades de clase, la tierra no es de quién la trabaja sino del propietario que ejerce su dominio y propiedad sobre el trabajador que es, paradójicamente, quién crea efectiva y materialmente el valor y la riqueza que resultan del trabajo de ese territorio.

Ni el dinero ni la mercancía son de por sí capital, como no lo son tampoco los medios de producción ni los artículos de consumo. Hay que convertirlos en capital. Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo deseosos de explotar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. Obreros libres en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción de su propiedad como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y desheredados. Con esta polarización del mercado de mercancías se dan las condiciones fundamentales de la producción capitalista.” (Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política. Vol I, cap. xxiv.)

Si el trabajo siempre sucede en algún lugar, entonces incluso en la época de la deslocalización del trabajo productivo y de creación de servicios -como sucede a principios del siglo xxi en el contexto de la globalización capitalista- el trabajo físico, el trabajo intelectual y el trabajo virtual se realizan en algún lugar.  Se puede deslocalizar el lugar donde se realizan las distintas secuencias del proceso productivo y de servicios, pero no se puede deslocalizar el trabajo mismo, toda vez que este es realizado -principalmente aunque no exclusivamente- por seres humanos geográficamente situados.

Incluso si fragmentos completos del proceso productivo pasan a ser realizados por máquinas inteligentes y autonomas, el trabajo humano sigue siendo responsable, desde algun lugar, del funcionamiento, la mantención y la continuidad de las operaciones de las máquinas.

ALGUNAS REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  Mexico, 1978.  FCE.

Marx, C., Engels, F.: El Manifiesto Comunista. 1848.

Regionalismo, movimientos ciudadanos y energías para un desarrollo sustentable: materiales para comprender el movimiento del gas de enero de 2011 en Magallanes

Reportaje en video efectuado por el Aula Factoría Patagonia sobre el movimiento del gas en la región de Magallanes, enero de 2011.

http://vimeo.com/19950276

Otros materiales de consulta, que relacionan Geopolítica, Desarrollo Regional, desarrollo sustentable y problemas energéticos a escala de la región de Magallanes (Chile), se encuentran a continuación:

ENERGIA Y DESARROLLO EN EL FUTURO DE MAGALLANES

LA REVUELTA DEL GAS ENSAYO DE SINTESIS

Las relaciones entre China y América Latina: escenarios de expansión

Al ritmo actual de expansión de las relaciones económicas entre China y América Latina, la potencia china se convertirá a mediados de la próxima década en el primer socio comercial, primer exportador y primer importador de esta parte del mundo.  La geopolítica latinoamericana deberá plantearse y replantearse el lugar de América Latina en el esquema económico y político global de la República Popular China para los decenios próximos. ¿Pasaremos  en los próximos decenios de haber sido suministradores de materias primas y productos con bajo nivel tecnológico dependientes de la potencia imperial estadounidense (durante el siglo xx), a ser suministradores de materias primas y productos con bajo nivel tecnológico dependientes de la potencia imperial china (en el siglo xxi)?

 Estudio y análisis económico y estadístico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre los nuevos escenarios y perspectivas de las relaciones económicas, políticas y comerciales entre la República Popular China y las naciones de América Latina y el Caribe.

Clicar sobre el archivo pdf adjunto ↓

relaciones_economicas_China_AL cepal 2006

La naturaleza cambiante del conflicto en un mundo incierto – Notas de geopolítica y geoestrategia

El mundo en los inicios del siglo XXI se percibe hoy convulsionado, caótico e impredecible. Si hay un rasgo que parece distinguir al mundo de hoy es su carácter esencialmente impredecible.Efectivamente, la proliferación de conflictos de distinto orden en distintas regiones del orbe, denotan la existencia de profundas controversias de intereses que no fueron resueltas durante el siglo XX y que constituyen su herencia más negativa.

El hambre, el SIDA, la pobreza, las diferencias religiosas, las tensiones étnicas y raciales, las luchas por el agua o por el petróleo, los conflictos originados en el control de zonas estratégicas del mundo, las distintas formas de intervención de la potencia imperial en aquellas regiones del mundo donde se juegan intereses cruciales, todas ellas son parte de la herencia que el siglo XXI ha recibido de la centuria anterior y, en algunos casos, del siglo XIX.

El mundo de hoy es tanto o más impredecible que durante el siglo XX.

Este ensayo tiene por objeto examinar el dilema de la guerra y la paz en la época contemporánea.

Tres disciplinas nos permiten examinar este tópico: las Relaciones Internacionales, la Teoría Estratégica y la Ciencia Política. Este trabajo presenta un análisis del sistema internacional, desde la perspectiva intelectual de la escuela teórica del realismo político y estratégico. Manuel Luis Rodríguez U. Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.

Unipolaridad, imperio, incertidumbre y redistribución de las hegemonías: los determinantes estructurales del actual orden mundial

Cuatro conceptos y tendencias profundas permiten comprender el actual estado del sistema internacional: la unipolaridad, un esquema del orden mundial que opera como resultado del término de la guerra fría (1945-1990); la actual hegemonía imperial estadounidense en los planos tecnológico, estratégico y económico; el predominio de un clima internacional caracterizado por la incertidumbre más o menos generalizada o por la pérdida de las certidumbres estratégicas y políticas anteriores; y una tendencia cada vez más marcada hacia la redistribución de las hegemonías a escala planetaria. El actual orden mundial se comprende a partir de la existencia de un esquema unipolar, es decir, del predominio y hegemonía de una sola potencia sobre el conjunto del sistema-planeta. Esa potencia unipolar es hoy Estados Unidos. La hegemonía estadounidense le permite desempeñar en la actualidad una posición de dominación incontestable en el mundo entero, posición que se caracteriza por el ejercicio cada vez más creciente de una dominación de caracter imperial. Al ordenarse el sistema-planeta en torno a una potencia global, se asume que la forma cómo esa potencia global ejerce su hegemonía es mediante la configuración de relaciones de carácter imperial con las demás potencias mundiales y regionales. El imperio global es hoy entonces una categoría de análisis que permite entender la forma cómo se encuentra materializada la actual arquitectura internacional y como está distribuido el poder y la dominación en el mundo contemporáneo.

El imperio ordena el mundo a partir de una jerarquización desigual de las potencias y de una asimetría estratégica estructural básica que el actual “desorden” mundial hereda del anterior sistema internacional.

El antiguo sistema internacional basado en el paradigma de Westfalia, se encuentra en transición hacia un orden imperial, hacia una Nueva Edad Media postmoderna en que los Estados nacionales son sometidos a una creciente presión “desde abajo” o sea desde las demandas y reivindicaciones regionales y locales, y “desde arriba”, o sea desde las emergentes entidades supranacionales y transnacionales que gradualmente le van restando márgenes de soberanía. De este deterioro del Estado nacional como entidad única y primordial del sistema internacional, también se beneficia la dominación imperial.

El imperio como forma de dominación capitalista global es parte de un proceso estructural mayor del sistema internacional: la redistribución de las hegemonías. El sistema internacional se distribuye en una jerarquización asimétrica de los actores internacionales. Esta jerarquización de los actores internacionales, además de las instituciones internacionales y de las organizaciones supranacionales, necesariamente incluye a las potencias globales, potencias mundiales y Estados pivotes continentales, así como potencias regionales y subregionales.

América Latina forma parte de este esquema de redistribución de las hegemonías, en cuanto espacio geopolítico caracterizado por su desarrollo desigual y dependiente y por su posición periférica dentro del orden global, y por su condición de espacio geo-económico de interés por los recursos naturales que posee.

Los intereses energéticos y los recursos naturales escasos: los determinantes estructurales del conflicto

Las causas fundamentales de las frecuentes guerras que han asolado el mundo desde 1914 en adelante, podrían ser analizadas desde varios puntos de vista. Aquí se analizan desde la óptica de los intereses energéticos y del control sobre ciertos recursos naturales escasos como el agua o el uranio.

Las guerras del siglo XX y la mayor parte de los actuales focos de conflicto en el mundo se pueden explicar a partir del propósito de determinadas potencias de acceder o asegurarse el control sobre las fuentes de producción y suministro del petróleo. Desde la década de 1950-1960 en adelante el sistema mundial vive una secuencia de conflictos y guerras originadas en el petróleo.

Guerras por el petróleo en que las potencias mundiales y las grandes corporaciones internacionales occidentales que controlan los puntos de producción se han disputado ya sea directamente (guerra fría entre Estados Unidos y la URSS de 1945 a 1990), o a través de sus Estados aliados (Israel, Arabia Saudita y Jordania como aliados de Estados Unidos; Irak y Egipto como aliadas de la antigua URSS).

Sin embargo, desde el término de la guerra fría (1990) el Medio Oriente ha experimentado un proceso de agudización de las tensiones originadas en el surgimiento de movimientos y grupos islámicos que reivindican el petróleo como propiedad de los Estados árabes donde éste se encuentra, apoyando su demanda en la exacerbación de los sentimientos nacionalistas y de las creencias religiosas dentro del islam. Cabe subrayar que desde fines del siglo XX, el islam (aún dentro de sus complejas diferencias interiores entre las corrientes chiitas y sunnitas) vive una profunda transformación de orden geopolítico y cultural caracterizada por una toma de conciencia de su potencia energética y por una reafirmación cultural y nacional de su identidad religiosa, como forma de oponerse y resistir a la presencia occidental en sus tierras.

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La incertidumbre geopolítica de América Latina – Tendencias y escenarios

Este ensayo tiene por objeto examinar en forma esquemática, las principales tendencias que se manifiestan en la escena internacional de América Latina y en referencia a la posición de Chile en este contexto, desde una perspectiva multidisciplinaria mediante las categorías de análisis de la Ciencia Política, las Relaciones Internacionales, la Geopolítica y la Teoría Estratégica.

Si hay dos conceptos que pueden sintetizar adecuadamente la escena política y geopolítica sudamericana para los años venideros, es decir, en el horizonte del corto y mediano plazo, son los de “incertidumbre” y de “fluidez”.

La noción de “incertidumbre” se refiere a la condición de imprevisibilidad general que parece dominar los comportamientos de los actores regionales latinoamericanos, ante la variabilidad de sus posturas políticas y geopolíticas; lo que es incierto, es aquello que no conocemos bien ni podemos precisar. Y la idea de “fluidez” expresa el carácter rapidamente cambiante que ha adquirido el escenario regional sudamericano, sobre todo desde el año 2000 en adelante; lo que es fluido, es aquello que se mueve y cambia de aspecto con rapidez.

La América Latina de la última década del siglo XX, ya no existe; vivimos hoy otro continente, otro espacio latinoamericano y sudamericano, con nuevos actores emergentes, con nuevas expectativas y visiones, con curso de acción menos previsibles; en general, formamos parte de un espacio mucho más complejo e indeterminado que a fines del siglo pasado. Lo que dificulta la previsión y la prospectiva en este nuevo contexto, es precisamente la constatación de que las tendencias profundas que parecen manifestarse en América Latina, toman el curso impreciso e indeterminado del resto de los espacios geopolíticos mundiales, pero con un menor grado de conflictividad.

¿Qué América Latina nos espera en los próximos años?

Manuel Luis Rodríguez U., Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, otoño de 2006.

Las tendencias dominantes en el actual período

Es posible constatar que a lo menos están operando en América Latina cuatro grandes tendencias, a saber:

1. Una tendencia o corriente favorable hacia la instalación de regímenes políticos populistas de signo nacionalista, como respuesta en cada caso a la crisis del sistema económico neoliberal y sus graves consecuencias sociales.

En efecto, el populismo nacionalista o de signo nacionalista, parece ser el rasgo distintivo que emerge en distintas naciones del continente. Se trata de populismos de distinto orígen histórico, vehiculizados por movimientos políticos y sociales de amplio y diverso espectro, que lograron romper –por abajo- con los sistemas tradicionales de partidos políticos centralizados, rígidos y oligárquicos, y que han emergido desde las profundidades de crisis sociales prolongadas, en las que el hastío, la “bronca”, la rabia, el cansancio definitivo ante las promesas incumplidas, han encontrado forma de canalizarse hacia el poder, a través de líderes carismáticos de amplia repercusión y protagonismo popular.

Estos populismos son portadores además, de un signo nacionalista, precisamente la respuesta nacionalista que nadie preveía mientras el mundo dominado por Occidente parece y parecía avanzar hacia el “horizonte luminoso” y triunfante de una globalización de signo capitalista; un nacionalismo que pretende rescatar los recursos naturales para los propios Estados evitando que se sigan beneficiando de ellos depredadores capitales extranjeros; un nacionalismo que pretende ejecutar políticas sociales más eficaces y directas en beneficio de los pobres y desheredados.

Mientras el mundo parece ir hacia la mundialización de los intercambios y la normalización del orden mundial bajo la “pax americana”, en América Latina surgen múltiples esquemas nacional-populistas de respuesta alternativa al “modelo único”, e intentando ensayar formas de mayor protagonismo económico del Estado en la recuperación de los recursos naturales propios, la preservación del medio ambiente y en las políticas sociales. Parece haber terminado la época de las políticas neo-liberales como panacea única e irrefutable, como receta indiscutible, precisamente porque las profundas desigualdades que produce y acentúa, desestabilizan a las democracias.

2. Una tendencia hacia la búsqueda de mayores niveles de autonomía en las políticas exteriores de los Estados sudamericanos, respecto de la política estadounidense hacia la región.

Las políticas exteriores en América del Sur no pueden y no podrán por mucho tiempo, evitar tomar en consideración el enorme peso económico, tecnológico, estratégico y geopolítico de los Estados Unidos. El orden global ha entrado en una fase de hegemonía unipolar, no completamente aceptada pero que todavía no genera las reacciones de resistencia propias de la dominación imperial. Al mismo tiempo que trata de instalarse y consolidarse la dominación imperial estadounidense, emergen actores internacionales y con capacidad global susceptibles de disputar la hegemonía americana en el mediano y largo plazo: la fase de redistribución de las hegemonías está en pleno desarrollo.

Pero, aun en este contexto de hegemonía uni-polar, muchas cancillerías sudamericanas intentan abrirse paso entre los intersticios de la dominación estadounidense, mediante la búsqueda de mayores grados de autonomía respecto a ésta y de articulación regional y subregional. Lo que no está definido, es si la integración económica y política en América del Sur puede hacerse “a pesar” de los Estados Unidos o “con” los Estados Unidos. Mientras la actual Venezuela –teniendo detrás a Cuba- cree que hay que integrarse “a pesar” del gigante del Norte, otros actores como Chile, parecen creer que se puede generar integración con Estados Unidos.

Las políticas e instituciones de integración regional y subregional apuntan en esa dirección, pero ellas se enfrentan al embate de la política estadounidense que prefiere entenderse caso a caso con cada Estado sudamericano antes que negociar con estructuras regionales multinacionales. El proyecto de unidad latinoamericana, de integración sudamericana, se enfrenta abierta o subrepticiamente con la tentativa de Estados Unidos de arrastrar a toda la región a un modelo de integración (tipo ALCA) basado en la apertura de mercados y el libre comercio…libre y abierto para los productos estadounidenses…

Pero además, se están configurando gradualmente en esta región nuevos ejes geopolíticos, respecto de los cuales Chile deberá definirse y posicionarse.

¿Hacia dónde va el Mercosur si se integran plenamente en él Bolivia, Perú y otras naciones, mientras Chile sigue vinculado casi desde los bordes exteriores de esta asociación? ¿Qué significado económico y geopolítico puede tener un nuevo eje energético entre Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia para las demandas energéticas de Chile, país en plena expansión y crecimiento? ¿Cómo se sitúa Chile en el cono sur de América, si se configura un eje geopolítico entre Bolivia y Perú a partir de sus nuevos gobiernos nacionalistas?

¿Es la integración regional y subregional la única política estratégica válida, para impedir el aislamiento de Chile en una escena sudamericana que no le aparece como propicia? ¿Es la alianza de Chile con Brasil, o incluso con Estados Unidos, como aliado extra-OTAN como ha sido sugerido, la mejor forma de contrapeso a los nuevos ejes geopolíticos que surgen a su alrededor?

3. Una tendencia hacia el mejoramiento gradual de las condiciones económicas de la región, de mayor inserción internacional en los mercados, pero en un contexto de creciente rivalidad hegemónica entre la potencia unipolar estadounidense y los nuevos polos de poder, Europa y China.

Paradójicamente, mientras América Latina parece entrar en una nueva fase geopolítica, las condiciones y las expectativas económicas futuras del continente parecen ser halagueñas. El futuro próximo en América del Sur será de economías que van a comenzar a salir de la depresión y a crecer, y de otras que van a insertarse internacionalmente en forma más o menos exitosa, mientras sus escenarios políticos producen una impresión de incertidumbre, de conflictividad y de inestabilidad hacia el mediano plazo.

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Gas natural y geopolítica de la energía en el cono sur de América Latina

Este ensayo presenta un análisis de las principales tendencias geopolíticas en materia energética para América del Sur, a la luz de la información de prensa y especializada disponible. Resulta evidente que la energía, como fuente fundamental de los procesos económicos, se ha venido convirtiendo gradualmente en el continente, en un arma geopolítica y no solamente en un recurso estratégico.

Precisamente porque el gas natural y el petróleo son hoy sin lugar a dudas instrumentos geopolíticos de vital importancia estratégica para el desarrollo de las naciones sudamericanas, en manos de sus Estados y porque las lógicas de mercado resultan insuficientes para garantizar el abastecimiento y la seguridad energética a estas naciones, resulta incomprensible que algunas políticas energéticas -como la que observamos hoy en Chile- avanzan a contrapelo de la tendencia regional, intentando jibarizar a su Empresa Nacional del Petróleo, ENAP, privatizando subrepticiamente algunas de sus funciones de exploración y explotación y en definitiva entregando a los intereses extranjeros, recursos que serán cruciales para intentar el salto al desarrollo que el país requiere.

Manuel Luis Rodríguez U., Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.

Un nuevo panorama geopolítico de la energía en América del Sur

Desde la década de los años ochenta América Latina ha experimentado la notoria influencia ideológica y política de los centros de pensamiento neoliberales que promovieron en materia de políticas energéticas para la región, los dogmas de la privatización del sector energético: Sin embargo, desde los recientes años iniciales del siglo XXI puede observarse un giro en la orientación geopolítica del tema energético en la región sudamericana, lo que ha resultado en un reposicionamiento relativo del Estado como actor importante en el negocio energético.

Señales indicativas de esta nueva tendencia son la decisión boliviana de nacionalizar sus hidrocarburos, la creación de una nueva empresa estatal de energía o el plebiscito realizado en Uruguay que no permitiría la participación privada en la empresa estatal de petróleo. En general, puede afirmarse que la región sudamericana en general parece venir de regreso de la tendencia neo-liberal en materia energética que se vivió en la década de los noventa del siglo XX.

A pesar de que las crisis económicas de los primeros años de este nuevo siglo abatieron la tendencia al crecimiento constante del consumo de energía, los países del Mercosur no pudieron evitar que les faltara suministro energético. En diferentes momentos y de diferentes maneras, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay se vieron enfrentados a problemas serios de abastecimiento y debieron recurrir a distintas medidas para reducir el consumo o diversificar las fuentes de suministro.

En particular, la crisis de producción de gas natural, que se suscitó en Argentina en el otoño de 2004 y que arrastró a Chile y Uruguay, puso en evidencia las debilidades de la integración energética regional. Argentina tenía contratos de provisión de gas natural a Chile y de electricidad a Uruguay (contratos que son en esencia de productores privados a suministradores privados), los que no pudo cumplir debido a problemas internos de mercado y de falta de inversión. Ambos compradores perjudicados salieron de la crisis con la clara convicción de que Argentina no es un socio confiable.

En el caso uruguayo se comenzó a especular con importar electricidad desde Paraguay, además de aumentar el parque térmico propio. En Chile, tardíamente se ha vuelto a pensar en fuentes propias como la geotermia e incluso la eventualidad de llegar a la energía nuclear, y aún se expresa perplejidad ante la negativa de Bolivia de abastecerlo de gas natural debido al histórico y más que centenario conflicto entre los dos países, relativo a la salida boliviana al mar. Pero en definitiva, el objeto mínimo de todo Estado moderno, que es el de lograr el máximo de autonomía energética relativa posible, queda cuestionado por la fuerza de los intereses económicos que predominan en este crucial negocio.

Brasil, por su parte, siendo el mayor consumidor energético del Mercosur, ha echado mano a todo lo que pudo. Brasil ha optado por un conjunto de soluciones tales como construir grandes centrales hidroeléctricas y el propio gobierno intenta eximir a estas obras de estudios de impacto ambiental, para que así puedan construirse y en el plazo más breve. Brasil también apuesta a la importación de gas natural desde Bolivia y Venezuela, a la explotación de las reservas propias de petróleo y gas existentes bajo el mar territorial, a fuentes renovables como la energía eólica y especialmente las biomasas. También, y con una dedicación destacable en la región, se impulsan el ahorro y la eficiencia energética. Brasil acaba de anunciar en forma contundente que ha alcanzado la autosuficiencia en materia petrolera.

En general todos los países, apuestan de una u otra manera a que el gas natural llegue desde alguna de las reservas más importantes existentes (Perú, Bolivia o Venezuela) a precios baratos y en abundancia. Esto ha generado en América del Sur una proliferación de planes de gasoductos pero en su conjunto, la tendencia a la integración energética, tiene que confrontarse con la búsqueda de la mayor autonomía energética relativa posible.

 La lógica de mercado en el tema energético

La región de América Latina se embarcó durante la década del noventa del siglo XX en un modelo de desarrollo energético común basado en la integración regional, la extensión del uso del gas natural y el ingreso de compañías privadas en todas las áreas del negocio energético. Este fenómeno no fue casual, sino que respondió a las nuevas condiciones establecidas por la banca multilateral de desarrollo para financiar las necesidades del sector. La banca multilateral de desarrollo era la encargada de suministrar los fondos para los grandes macro-proyectos del sector energético.

Pero dos factores ajenos parecen haber influido para operar un cambio de timón en su orientación. Una de ellas fue la corrupción instalada en muchos gobiernos de la región, que hizo ineficientes y excesivamente costosos todos los proyectos energéticos. Un ejemplo paradigmático de esto fue la represa Yaciretá, complejo hidroeléctrico binacional argentino-paraguayo cuyo costo estaba previsto en menos de dos mil millones de dólares y terminó costando más de diez mil millones. Pero por otro lado, la banca asumió la lógica de que las necesidades energéticas de la región eran crecientes y que las grandes empresas de la energía encontrarían excelentes oportunidades de ganancia, lo que las llevaría a invertir en esos países.

La lógica de los bancos fue cortar el estilo de financiamiento impulsado hasta entonces y que tenía a las monopólicas empresas estatales de la energía como destinatarias de sus proyectos y promover una reforma del sector que fuera atractiva para las grandes empresas de la energía, es decir, se trataba de influir financieramente para privatizar el negocio energético.

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La energía en el centro de la Geopolítica del siglo xxi

En el comienzo de la historia, estaban las guerras por los recursos energéticos.  Toda la historia escrita de la humanidad podría releerse geopolíticamente bajo el criterio conceptual que las naciones, los pueblos, las comunidades, los Estados, los imperios han luchado por acceder y dominar determinados recursos que suministran la energía necesaria para su supervivencia y su continuidad como actores políticos viables. 

Si en algún momento de la historia, los conflictos y las estrategias fueron diseñadas y ejecutadas para satisfacer intereses y motivaciones de gloria o de dominación territorial, para conquistar espacios o reescribir el mapa de las fronteras, en la modernidad y en la post modernidad, el complejo juego de la redistribución de las hegemonías, el nuevo orden global emergente y la tendencia fundamental de los conflictos en el siglo xxi es la lucha por los recursos energéticos.

Las guerras por el dominio territorial y por la definición de fronteras -que caracterizaron al siglo xix- fueron sustituidas por guerras de dominio territorial sobre espacios que contaban con recursos energéticos escasos y estratégicamente necesarios. En el siglo xxi hemos entrado a la época de las guerras ecológicas y de las guerras energéticas, conflictos activados y  agudizados para la necesidad creciente de control y por la lucha competitiva por acceder a sectores del planeta que disponen dee recursos energéticos definidos como estratégicos 

El proceso industrial de exploración, explotación, refinación y distribución de los recursos energéticos (carbón durante los siglos xix y xx, petróleo, gas, nuclear, recursos hídricos…) puede constituirse en el eje articulador de comprensión del comportamiento de los Estados, las corporaciones y demás actores sociales, estratégicos y políticos y de la aplicación de estrategias de hegemonía a lo largo de los siglos recientes.

Puede construirse la hipótesis geopolítica que los Estados y las corporaciones en la escena internacional, se han guiado, entre otros intereses esenciales por el objetivo estratégico (y luego diplomatico), de aproximarse al acceso, control, dominio, propiedad y/o hegemonía sobre las fuentes de recursos energéticos esenciales para el suministro de sus industrias y actividades económicas en general.

El renovado interés de la reflexión geopolítica por la cuestión energética encuentra su razón de ser en la crisis contemporánea de escasez cada vez mayor de los recursos que constituyen la matriz energética de la economía global: en particular, los combustibles fósiles (petróleo y gas natural).

Se trata de una cuestión a la vez geopolítica (acceso y dominio) y geoeconómica (permanencia y seguridad de suministros): mientras mayor sea la incertidumbre originada en la creciente escasez de petróleo y en la lentitud del proceso de cambio de la matriz energética dominante, la lucha hegemónica por el control de esos recursos se hará cada vez más aguda. 

Si el orden global se encuentra en proceso de redistribución de las hegemonías, pasando desde un orden unipolar (propio de la fase de fines del siglo xx) a un orden planetario multipolar (emergente desde 1989 y el 11-S hasta el presente), producto del surgimiento progresivo de nuevas potencias al rango de potencias mundiales, a un orden multipolar, la redistribución de las hegemonías afecta también al orden energético mundial, donde el acceso a las principales fuentes de energía comienza a ser disputado de un modo cada vez más intenso y agudo entre las potencias. 

Paralelo al orden político y geopolítico global, e inserto en éste, existe un orden energético global, es decir, un dispositivo estructrural de distribución de las hegemonías dentro del conjunto de las fuentes energéticas, esquema que es proporcional al poder, hegemonía y dominio que cada actor internacional posee sobre dichas fuentes.

Cada nación, cada estado, cada potencia procura en este contexto, alcanzar el mayor y más seguro acceso a las fuentes energeticas, ya sea garantizándose el acceso desde su condición de potencia suministradora, o desde los niveles distintos de dependencia que cada actor tiene respecto de las fuentes de suministro.  La asimetría fundamental que estructura el orden energético global, es la distinción entre naciones suministradoras y naciones importadoras o Estados-clientes, respecto de los recursos energéticos actualmente disponibles.

(ensayo en elaboración).

Manuel Luis Rodríguez U.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Gallois, P.: Géopolitique.  Les voies de la puissance.  Paris, 1990. Ed. Plon, Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.

Lacoste, Y.: Questions de Géopolitique.  Paris, 1988.  Ed. La Découverte.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires. Ed. Sundamericana.

La política exterior de Estados Unidos arriesga un terremoto político y diplomático de proporciones en el Medio Oriente

La diplomacia estadounidense, instalada desde la segunda mitad del siglo XX en una postura de hegemonía imperial y desde 1990 en adelante en una postura estratégica de potencia unipolar de alcance global, arriesga un terremoto geopolítico de proporciones con las actuales revoluciones ciudadanas que sacuden el Medio Oriente, el mundo árabe.

Es lo que trasluce el presente reportaje de Jan Crawford en CBS News.

(The protests in Egypt have sent shock waves through the Middle East and the White House is attempting to stay ahead of what analysts call a geopolitical earthquake that could change the region. Jan Crawford reports.)

Los dilemas geopolíticos y geoestratégicos que atraviesan a la política exterior estadounidense en el espacio árabe son múltiples: ¿apoyar a los movimientos ciudadanos opositores y arriesgar perder posición frente  a los regímenes dictatoriales con quienes las grandes corporaciones petroleras han firmado contratos para suministro de petróleo?   ¿Cuál es el precio en petróleo de cada una de las revoluciones políticas que sacuden a Libia, Yemen, Siria, Tunez…?

 ¿Qué gobiernos garantizan suministros de petróleo a qué potencias?  ¿Qué corporaciones petroleras controlan la producción y la distribución de petróleo en cada una de las naciones árabes en revolución? 

 ¿Dejar que la marea de revoluciones democráticas árabes permita el acceso al poder a los movimientos islámicos anti-occidentales, o seguir suministrando armas a las dictaduras represivas y corruptas que dominan en la región?

El ejemplo de la ambivalencia política y diplomatica de EEUU  frente a la revolución egipcia fué sintomático: ¿apoyar a Mubarak enajenándose a la opinión pública occidental dejando de lado a las multitudes ciudadanas egipcias, o apoyar el movimiento revolucionario egipcio y “dejar caer” al principal amigo de Estados Unidos en Egipto?

La marea de revoluciones e inestabilidad civil y política en el mundo árabe, deja al descubierto las contradicciones profundas de la política estadounidense en Medio Oriente: no importa cuán dictatorial, corrupto y autoritario sea un gobierno en una nación árabe cualesquiera, con tal que ese gobierno le garantice  a Estados Unidos y las potencias occidentales un suministro seguro y contínuo de petróleo. 

Manuel Luis Rodríguez U.

Las islas Falklands y el cono sur de América: una encrucijada geopolítica

En los meses finales del año 2010, diversos hechos relacionados con las Islas Falklands han vuelto al archipiélago inglés nuevamente al centro de la atencion de la opinión pública, aunque sea por breves momentos.

Desde la exploración petrolera de una empresa británica en el fondo marino de las islas, hasta un programa de intercambio estudiantil entre la Municipalidad de Punta Arenas con Port Stanley, y las recientes reuniones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, así como la prohibición argentina para la recalada de naves mercantes entre las islas y el puerto chileno de Punta Arenas, y de las naves comprometidas en dicha exploración de hidrocarburos en puertos argentinos, en cada uno de estos eventos el gobierno justicialista de Argentina ha intentado escalar la presión diplomática y mediática para lograr sentar a Gran Bretaña en alguna mesa de negociaciones.

Un incidente menor ocasionado artificialmente por la Cancillería argentina a propósito del viaje de estudiantes magallánicos (de condición social vulnerable) a Falklands para fortalecer su dominio del idioma inglés, incluso podría servir de motivo para preguntarse si acaso la política exterior del Estado de Chile ante el tema Falklands, se decide en el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile o en la Casa Rosada en Buenos Aires.

En la encrucijada geopolítica de las islas Falklands, siempre se entrecruzan a lo menos cuatro actores relevantes, a saber, Argentina, los kelpers, Gran Bretaña y Chile, aunque éste útimo solo tenga algunos intereses comerciales con los habitantes y comerciantes del archipiélago.

Entre los dos actores centrales, aparecen además los integrantes de la comunidad kelper de las islas, un grupo de alrededor de 3.000 británicos originarios de las Falklands (según el censo de 2001), que aspiran a lograr mayores niveles de autonomía local, aunque siempre bajo el paraguas protector de la soberanía británica a la que pertenecen. Las islas se autofinancian actualmente, tanto por la venta de licencias de pesca en las aguas del Atlántico sur, como por el comercio de ultramarinos (125 millones de dólares por exportaciones el 2008), la ganadería ovina, la pesca, el turismo (30.000 visitantes el año 2001) y la navegación marítima. (CIA: The World Factbook, 2010.). Adicionalmente, desde el año 1993, el British Geological Survey desarrolla un programa de exploración en busca de hidrocarburos. Las finanzas de las islas se incrementan además, con el consumo producido por la dotación militar, naval y aérea allí estacionada.

El juego entrecruzado de intereses de estos actores sigue siendo una encrucijada geopolítica no resuelta: mientras Argentina reclama soberanía sobre un archipiélago en el que no reside ningún argentino y que solo fue ocupado militarmente por tropas argentinas invasoras durante tres o cuatro meses en 1982 con ocasión de la guerra, Gran Bretaña asume en plenitud y refuerza el ejercicio de su soberanía sobre las islas y no parece estar dispuesta a ceder, mientras los kelpers, los verdaderos habitantes originarios de las islas, prefieren indudablemente vivir y continuar viviendo bajo la soberanía británica por múltiples razones históricas, culturales, económicas y políticas.

Desde 1982 sin embargo, las islas representan un espacio de interés geopolítico, acrecentado por el posible carácter comercial de las reservas de hidrocarburos existentes en su fondo marino.

Para cada actor en juego, las islas tienen un significado geopolítico distinto, ahora acrecentado y multiplicado por la perspectiva de la existencia de reservas de hidrocarburos -aunque de mediana calidad- en el fondo marino del archipiélago, susceptibles de avivar la controversia británico-argentina, si dichas reservas tienen un valor comercial explotable.

Para Argentina, la opción diplomática sigue siendo en el presente, la única alternativa viable de acceder a negociaciones que impulsen su demanda territorial. Para Gran Bretaña, evidentemente las Falklands no son su prioridad estratégica ni política, ocupadas en resolver la crisis financiera en curso y la inserción inglesa en la Unión Europea.

Para los kelpers, la eventualidad de la presencia argentina, es una amenaza que trae a la memoria los meses de invasión y destrucción que les significó la guerra de 1982.

En este contexto, para el Estado de Chile y para la posición geopolítica y oceanopolítica chilena en el cono sur de América, resulta indudablemente más conveniente que las islas Falklands continúen bajo soberania británica y no pasen a convertirse -en manos argentinas- en una posición geoestratégica susceptible de controlar la navegación hacia y desde la boca oriental del Estrecho de Magallanes.

Manuel Luis Rodríguez U.

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FUENTES DE INFORMACIÓN Y REFERENCIA

Sobre el mismo tópico:

http://geopoliticasur.wordpress.com/2010/02/19/el-despliegue-actua-de-fuerzas-militares-britanicas-en-falklands-islands/

http://oceanoplaneta.wordpress.com/2010/02/20/exploracion-petrolera-en-falklands-islands-aspectos-diplomaticos-y-geoeconomicos/

Empresa Rockhopper de exploración de hidrocarburos: http://www.rockhopperexploration.co.uk

Falklands Government: http://www.falklands.gov.fk