Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.

Los megaproyectos del modelo neoliberal en el Chile del siglo xxi

En el curso de los recientes veinte  o treinta años, Chile ha estado sometido a una serie de proyectos de gran envergadura destinados a ampliar y fortalecer la actual matriz energética. 

En el caso de Chile, un país en vías de desarrollo y alejado de las grandes fuentes energéticas del planeta, fuertemente dependiente de la exportación de productos básicos, materias primas y recursos no manufacturados, la explotación de su matriz energética implica costos ambientales que acelerarán en el futuro la dependencia, la huella de carbono del país y los impactos depredadores sobre la naturaleza.

En Chile, la globalización y el modelo neoliberal de desarrollo que se impuso hace treinta años atrás, han traido la implantación de megaproyectos de desarrollo y de energías a escala de varias regiones y con capacidad de producir impactos ambientales, energéticos y naturales de considerable importancia.

Proyectos mineros de gran escala como PascuaLama (Tercera Región) e Isla Riesco (Magallanes) y proyectos energéticos como Hidroaysen (en Aysén y el resto de la zona centro sur de Chile), apuntan precisamente en direcciones aparentemente contradictorias: por un lado, estamos sacrificando la calidad ambiental del territorio y de sus recursos naturales, para, por otra parte, incrementar la dotación energética, a fin de aumentar la producción y la capacidad exportadora de la economia en el actual esquema globalizador.

En la práctica, los megaproyectos energéticos-productivos, son parte de un diseño político de la clase empresarial, de los grandes empresarios ligados al capital internacional, pero que resultan de una alianza estratégica entre la clase empresarial y la clase política gobernante.  Poder político y poder económico funcionan en una alianza estratégica para extender, consolidar, profundizar y proyectar el modelo neoliberal como unico modo de producción posible en el Chile del siglo xxi.

Y todas esas dimensiones del proceso productivo y energético (la secuencia en que intervienen la generación energética, la producción de recursos naturales y la exportación de materias primas a los mercados internacionales) son en sí mismos, mercados depredadores y consumidores de mano de obra barata y  procesos capitalistas profundamente desiguales y asimétricos que inducen y profundizan las desigualdades sociales y las disparidades territoriales.

Cuando el mercado sacrifica el medio ambiente, la naturaleza y el territorio se convierten en lucrativos negocios.

Manuel Luis Rodríguez U.

ALGUNAS REFERENCIAS DOCUMENTALES

http://www.elciudadano.cl/2011/05/10/isla-riesco-carboniferas-provocaran-muerte-de-huemules-condores-ballenas-y-pinguinos/

http://www.elciudadano.cl/2011/05/05/jornada-sobre-globalizacion-y-sus-impactos-en-el-medio-ambiente-en-iquique/

http://www.elciudadano.cl/2011/05/05/40-por-ciento-del-territorio-colombiano-pedido-en-concesion-para-megaproyectos-mineros/

Trabajo y capital en la formación del territorio de la Patagonia

PRÓLOGO.

Este ensayo tiene por objeto sintetizar un conjunto de conceptos teóricos e históricos, desde una perspectiva marxista de análisis geopolítico y geoeconómico, acerca de los orígenes del capital y del trabajo en la región de Magallanes y la Patagonia en el siglo xix.

 El capital y el trabajo son dos categorías que aparecen estrechamente asociadas, en cuanto expresiones de una realidad social –de una formación social- caracterizada por la existencia de clases sociales distintas y antagónicas, en la concepción marxista, pero en el caso específico del desarrollo inicial de la economía magallánica y patagónica, puede afirmarse que el trabajo fue anterior al capital.

 El obrero, el empleado, el artesano, el gañán o el peón a que alude este ensayo, es un producto objetivo del capitalismo, de un modo de organización de la economía, del territorio y de las relaciones sociales, basado en la utilización y explotación extensiva e intensiva de la fuerza de trabajo a cambio de una remuneración.  En el proceso del trabajo, el obrero o el trabajador en general, invierte una parte -siempre variable en proporción- de su energía y esfuerzo físicos, de actividad intelectual y psicológica, de motivación y de información.

 El trabajo es una actividad a la vez, individual y social.  Es individual en la medida en que cada individuo ejecuta una tarea, una faena determinada la que forma parte de un sistema más o menos organizado de producción.    Pero, es social, en la medida en que generalmente, el individuo trabajador está inserto en un conjunto de individuos que ejecutan una serie establecida o una secuencia ordenada de actividades, todas interdependientes entre sí.  Es de esta colectividad que realiza un mismo tipo de trabajo, que produce un mismo tipo de productos, de donde surge a continuación el espíritu de cuerpo y la cohesión, así como una conciencia social común, la que resultará después en una organización que los agrupe.

 Siempre dentro de este concepto, hemos de entender que el trabajo es una actividad consciente, racional, realizada por el trabajador, en el contexto de una unidad productiva o empresa y de un mercado económico.  Hablamos entonces del trabajo asalariado.  Durante todo el período comprendido en esta historia, el trabajo ha sido la fuente principal de la riqueza, habida cuenta el nivel general de desarrollo de la economía de Magallanes y del país.

 En Magallanes y la Patagonia –constituidos como territorio desde 1843 en adelante- hubo trabajo –entendido como el esfuerzo humano individual y colectivo para transformar la naturaleza- antes que se instale el capital a explotarlo.

 Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas – Magallanes, primavera de 2010.

 ONCE TESIS GEOPOLITICAS SOBRE LA PATAGONIA

I.                    La historiografía tradicional tanto en Chile y Argentina, como en la región magallánica y patagónica ha puesto el énfasis en el surgimiento, formación y desarrollo de la región magallánica y patagónica como el resultado de la labor civilizadora e  industrializadora de diversos segmentos de colonos e inmigrantes extranjeros llegados a estos territorios australes, como resultado de una decisión política de los gobiernos liberales en la segunda mitad del siglo xix.  Esta manera de concebir y escribir la historia, parte desde la premisa conceptual del “pionero” definido como un emprendedor que hace uso de los recursos que le ofrece el territorio, a partir de una iniciativa individual, de una cultura propia y de un esfuerzo perseverante que lo lleva al éxito.  Sin embargo, la evidencia histórica pone de manifiesto que el progreso y el desarrollo y el propio proceso de producción de la riqueza en Magallanes y la Patagonia no fue ni puede ser concebido como el fruto a-social de unos cuantos empresarios desligados de ciertas condiciones estructurales, políticas, jurídicas y sociales, sino el resultado del trabajo de numerosos contingentes de trabajadores dentro de una estructura económica y social definida como capitalista, desde mediados del siglo xix.  Hemos de ampliar en consecuencia el concepto de pionero.

II.                 En Magallanes y la Patagonia, el punto de partida del desarrollo capitalista del territorio, desde mediados del siglo xix, se encuentra en el proceso de formación del capital comercial, el cual se constituyó a partir del aprovechamiento de ciertos recursos naturales y de la navegación mercantil interoceánica, que vinculó tempranamente a Punta Arenas y el estrecho de Magallanes (1840 en adelante) con las corrientes mercantiles que asociaron a la economía chilena con el mercado y los capitales ingleses. El proceso económico en la región austral de América Latina, denominada la Patagonia, ha atravesado por diversos períodos históricos. que serían los siguientes: primer período: de la economía autosuficiente.  Las comunidades aborígenes de la Patagonia y su actividad económica.  Segundo período: de la economía insuficiente. La colonización europea (1584- 1783). Tercer período: de la economía asistida. La colonización administrativa (1843-1877) y cuarto período: de la economía ganadera de exportación (1877-1929). ([1])  En el estudio de los orígenes del capital en la región austral, interesa examinar en profundidad, tanto el período de la “economía asistida” entre 1843 y 1877, por cuanto entonces se generaron  las premisas económicas, político-jurídicas, demográficas y sociales para la formación del capital. 

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Globalización y geopolítica del Océano Pacífico: la redistribución de las hegemonías en el siglo xxi

PROLOGO.

En los inicios del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico.  Si hubiera un concepto que defina y sintetice dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablar se de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías.

 La Geopolítica, en su desarrollo moderno ([1]), constituye una disciplina que contiene una representación del espacio en relación con los actores políticos que en el se despliegan.  En cuanto representación del espacio, la Geopolítica integra categorías de análisis provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, produciendo ópticas o lecturas destinadas a comprender la articulación existente e imaginada entre los actores políticos y los espacios y territorios en los que se manifiestan las relaciones de poder.   Para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación.

 Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación polemológica o conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

 Cambio y continuidad: asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer.

 La implosión del sistema imperial soviético y al término del ciclo de la guerra fría, ha abierto en todo el anterior orden internacional una insospechada “caja de Pandora”: renacen los mismos y ancestrales regionalismos, los antiguos nacionalismos, las ambiciones territoriales, los particularismos locales, mientras el Estado-nación hace crisis y las resistencias anti-sistema se precisan y complejizan; en suma, los viejos, olvidados y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

 La hegemonía estadounidense, constituida en estas etapa como la única potencia estratégica global del planeta, no sucede sin embargo en un escenario de sumisión ni en un clima de aprobación por parte de las opiniones públicas; la creciente militarización y la presencia militar de Estados Unidos en casi todo el mundo, ocurre en un contexto en que comienzan a emerger otras potencias y bloques de poder mundiales, poco dispuestos a aceptar per se la superioridad estadounidense, tanto por la connotación imperial de sus conductas internacionales, como porque resulta evidente que los intereses geopolíticos y estratégicos de dicha potencia, aunque sean presentados retóricamente como aspiraciones de alcance universal, resultan ser en definitiva, puros y concretos intereses económicos, respaldados por el peso de la tecnología y la fuerza militar.

 El nuevo orden unipolar e imperial al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario mas inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras.

 El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre.

 Producto de una compleja combinación de dinámicas de poder, el océano Pacífico parece estar en camino de convertirse en una arena geopolítica –una más en el mundo actual- donde se entrecruzan las diferentes rivalidades y ambiciones de las distintas potencias y naciones que tienen costas e intereses en dicha zona del mundo.

 En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

 Este ensayo examina los roles que la cuenca del Pacífico puede desempeñar en el actual escenario económico y político internacional de globalización y sus proyecciones futuras más plausibles, desde la perspectiva de la escuela realista de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), otoño de 2011.

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[1]Y por lo tanto definitivamente expurgada de sus antiguas pre-nociones, útiles al proyecto nazi de dominación, racismo y expansionismo.

La Patagonia austral chileno argentina como espacio geopolítico y oceanopolítico

Este ensayo tiene por objeto examinar algunas de las principales variables de una geopolítica y una oceanopolítica austral, centrando el análisis en los espacios patagónicos. Asumimos conceptualmente que el analisis geopolítico es una herramienta util a la reflexión estratégica y a la comprensión política de los fenómenos sociales, económicos, culturales y tecnológicos del presente y del futuro.

Este ensayo examina algunos elementos para una geopolítica y una visión oceanopolítica del cono sur de América Latina, delimitando su objeto de estudio en la región continental, insular y marítima austral del continente sudamericano y que se denomina región patagónica o Patagonia.

A diferencia del resto de la frontera común chileno-argentina, en la región patagónica no existe una cordillera que separa los espacios territoriales, dominada por extensas pampas que se extienden en toda la región continental y la isla de Tierra del Fuego.

A diferencia del resto de los respectivos territorios jurisdiccionales chileno y argentino, en la Patagonia la geografía no separa ambas culturas ni ambas comunidades, sino que se presta para comunicarse y aproximarse.

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PATAGONIA AUSTRAL CHILENO ARGENTINA COMO ESPACIO GEOPOLITICO Y OCEANOPOLITICO

 

Regionalismo, movimientos ciudadanos y energías para un desarrollo sustentable: materiales para comprender el movimiento del gas de enero de 2011 en Magallanes

Reportaje en video efectuado por el Aula Factoría Patagonia sobre el movimiento del gas en la región de Magallanes, enero de 2011.

http://vimeo.com/19950276

Otros materiales de consulta, que relacionan Geopolítica, Desarrollo Regional, desarrollo sustentable y problemas energéticos a escala de la región de Magallanes (Chile), se encuentran a continuación:

ENERGIA Y DESARROLLO EN EL FUTURO DE MAGALLANES

LA REVUELTA DEL GAS ENSAYO DE SINTESIS

Las relaciones entre China y América Latina: escenarios de expansión

Al ritmo actual de expansión de las relaciones económicas entre China y América Latina, la potencia china se convertirá a mediados de la próxima década en el primer socio comercial, primer exportador y primer importador de esta parte del mundo.  La geopolítica latinoamericana deberá plantearse y replantearse el lugar de América Latina en el esquema económico y político global de la República Popular China para los decenios próximos. ¿Pasaremos  en los próximos decenios de haber sido suministradores de materias primas y productos con bajo nivel tecnológico dependientes de la potencia imperial estadounidense (durante el siglo xx), a ser suministradores de materias primas y productos con bajo nivel tecnológico dependientes de la potencia imperial china (en el siglo xxi)?

 Estudio y análisis económico y estadístico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre los nuevos escenarios y perspectivas de las relaciones económicas, políticas y comerciales entre la República Popular China y las naciones de América Latina y el Caribe.

Clicar sobre el archivo pdf adjunto ↓

relaciones_economicas_China_AL cepal 2006

La naturaleza cambiante del conflicto en un mundo incierto – Notas de geopolítica y geoestrategia

El mundo en los inicios del siglo XXI se percibe hoy convulsionado, caótico e impredecible. Si hay un rasgo que parece distinguir al mundo de hoy es su carácter esencialmente impredecible.Efectivamente, la proliferación de conflictos de distinto orden en distintas regiones del orbe, denotan la existencia de profundas controversias de intereses que no fueron resueltas durante el siglo XX y que constituyen su herencia más negativa.

El hambre, el SIDA, la pobreza, las diferencias religiosas, las tensiones étnicas y raciales, las luchas por el agua o por el petróleo, los conflictos originados en el control de zonas estratégicas del mundo, las distintas formas de intervención de la potencia imperial en aquellas regiones del mundo donde se juegan intereses cruciales, todas ellas son parte de la herencia que el siglo XXI ha recibido de la centuria anterior y, en algunos casos, del siglo XIX.

El mundo de hoy es tanto o más impredecible que durante el siglo XX.

Este ensayo tiene por objeto examinar el dilema de la guerra y la paz en la época contemporánea.

Tres disciplinas nos permiten examinar este tópico: las Relaciones Internacionales, la Teoría Estratégica y la Ciencia Política. Este trabajo presenta un análisis del sistema internacional, desde la perspectiva intelectual de la escuela teórica del realismo político y estratégico. Manuel Luis Rodríguez U. Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.

Unipolaridad, imperio, incertidumbre y redistribución de las hegemonías: los determinantes estructurales del actual orden mundial

Cuatro conceptos y tendencias profundas permiten comprender el actual estado del sistema internacional: la unipolaridad, un esquema del orden mundial que opera como resultado del término de la guerra fría (1945-1990); la actual hegemonía imperial estadounidense en los planos tecnológico, estratégico y económico; el predominio de un clima internacional caracterizado por la incertidumbre más o menos generalizada o por la pérdida de las certidumbres estratégicas y políticas anteriores; y una tendencia cada vez más marcada hacia la redistribución de las hegemonías a escala planetaria. El actual orden mundial se comprende a partir de la existencia de un esquema unipolar, es decir, del predominio y hegemonía de una sola potencia sobre el conjunto del sistema-planeta. Esa potencia unipolar es hoy Estados Unidos. La hegemonía estadounidense le permite desempeñar en la actualidad una posición de dominación incontestable en el mundo entero, posición que se caracteriza por el ejercicio cada vez más creciente de una dominación de caracter imperial. Al ordenarse el sistema-planeta en torno a una potencia global, se asume que la forma cómo esa potencia global ejerce su hegemonía es mediante la configuración de relaciones de carácter imperial con las demás potencias mundiales y regionales. El imperio global es hoy entonces una categoría de análisis que permite entender la forma cómo se encuentra materializada la actual arquitectura internacional y como está distribuido el poder y la dominación en el mundo contemporáneo.

El imperio ordena el mundo a partir de una jerarquización desigual de las potencias y de una asimetría estratégica estructural básica que el actual “desorden” mundial hereda del anterior sistema internacional.

El antiguo sistema internacional basado en el paradigma de Westfalia, se encuentra en transición hacia un orden imperial, hacia una Nueva Edad Media postmoderna en que los Estados nacionales son sometidos a una creciente presión “desde abajo” o sea desde las demandas y reivindicaciones regionales y locales, y “desde arriba”, o sea desde las emergentes entidades supranacionales y transnacionales que gradualmente le van restando márgenes de soberanía. De este deterioro del Estado nacional como entidad única y primordial del sistema internacional, también se beneficia la dominación imperial.

El imperio como forma de dominación capitalista global es parte de un proceso estructural mayor del sistema internacional: la redistribución de las hegemonías. El sistema internacional se distribuye en una jerarquización asimétrica de los actores internacionales. Esta jerarquización de los actores internacionales, además de las instituciones internacionales y de las organizaciones supranacionales, necesariamente incluye a las potencias globales, potencias mundiales y Estados pivotes continentales, así como potencias regionales y subregionales.

América Latina forma parte de este esquema de redistribución de las hegemonías, en cuanto espacio geopolítico caracterizado por su desarrollo desigual y dependiente y por su posición periférica dentro del orden global, y por su condición de espacio geo-económico de interés por los recursos naturales que posee.

Los intereses energéticos y los recursos naturales escasos: los determinantes estructurales del conflicto

Las causas fundamentales de las frecuentes guerras que han asolado el mundo desde 1914 en adelante, podrían ser analizadas desde varios puntos de vista. Aquí se analizan desde la óptica de los intereses energéticos y del control sobre ciertos recursos naturales escasos como el agua o el uranio.

Las guerras del siglo XX y la mayor parte de los actuales focos de conflicto en el mundo se pueden explicar a partir del propósito de determinadas potencias de acceder o asegurarse el control sobre las fuentes de producción y suministro del petróleo. Desde la década de 1950-1960 en adelante el sistema mundial vive una secuencia de conflictos y guerras originadas en el petróleo.

Guerras por el petróleo en que las potencias mundiales y las grandes corporaciones internacionales occidentales que controlan los puntos de producción se han disputado ya sea directamente (guerra fría entre Estados Unidos y la URSS de 1945 a 1990), o a través de sus Estados aliados (Israel, Arabia Saudita y Jordania como aliados de Estados Unidos; Irak y Egipto como aliadas de la antigua URSS).

Sin embargo, desde el término de la guerra fría (1990) el Medio Oriente ha experimentado un proceso de agudización de las tensiones originadas en el surgimiento de movimientos y grupos islámicos que reivindican el petróleo como propiedad de los Estados árabes donde éste se encuentra, apoyando su demanda en la exacerbación de los sentimientos nacionalistas y de las creencias religiosas dentro del islam. Cabe subrayar que desde fines del siglo XX, el islam (aún dentro de sus complejas diferencias interiores entre las corrientes chiitas y sunnitas) vive una profunda transformación de orden geopolítico y cultural caracterizada por una toma de conciencia de su potencia energética y por una reafirmación cultural y nacional de su identidad religiosa, como forma de oponerse y resistir a la presencia occidental en sus tierras.

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Gas natural y geopolítica de la energía en el cono sur de América Latina

Este ensayo presenta un análisis de las principales tendencias geopolíticas en materia energética para América del Sur, a la luz de la información de prensa y especializada disponible. Resulta evidente que la energía, como fuente fundamental de los procesos económicos, se ha venido convirtiendo gradualmente en el continente, en un arma geopolítica y no solamente en un recurso estratégico.

Precisamente porque el gas natural y el petróleo son hoy sin lugar a dudas instrumentos geopolíticos de vital importancia estratégica para el desarrollo de las naciones sudamericanas, en manos de sus Estados y porque las lógicas de mercado resultan insuficientes para garantizar el abastecimiento y la seguridad energética a estas naciones, resulta incomprensible que algunas políticas energéticas -como la que observamos hoy en Chile- avanzan a contrapelo de la tendencia regional, intentando jibarizar a su Empresa Nacional del Petróleo, ENAP, privatizando subrepticiamente algunas de sus funciones de exploración y explotación y en definitiva entregando a los intereses extranjeros, recursos que serán cruciales para intentar el salto al desarrollo que el país requiere.

Manuel Luis Rodríguez U., Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.

Un nuevo panorama geopolítico de la energía en América del Sur

Desde la década de los años ochenta América Latina ha experimentado la notoria influencia ideológica y política de los centros de pensamiento neoliberales que promovieron en materia de políticas energéticas para la región, los dogmas de la privatización del sector energético: Sin embargo, desde los recientes años iniciales del siglo XXI puede observarse un giro en la orientación geopolítica del tema energético en la región sudamericana, lo que ha resultado en un reposicionamiento relativo del Estado como actor importante en el negocio energético.

Señales indicativas de esta nueva tendencia son la decisión boliviana de nacionalizar sus hidrocarburos, la creación de una nueva empresa estatal de energía o el plebiscito realizado en Uruguay que no permitiría la participación privada en la empresa estatal de petróleo. En general, puede afirmarse que la región sudamericana en general parece venir de regreso de la tendencia neo-liberal en materia energética que se vivió en la década de los noventa del siglo XX.

A pesar de que las crisis económicas de los primeros años de este nuevo siglo abatieron la tendencia al crecimiento constante del consumo de energía, los países del Mercosur no pudieron evitar que les faltara suministro energético. En diferentes momentos y de diferentes maneras, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay se vieron enfrentados a problemas serios de abastecimiento y debieron recurrir a distintas medidas para reducir el consumo o diversificar las fuentes de suministro.

En particular, la crisis de producción de gas natural, que se suscitó en Argentina en el otoño de 2004 y que arrastró a Chile y Uruguay, puso en evidencia las debilidades de la integración energética regional. Argentina tenía contratos de provisión de gas natural a Chile y de electricidad a Uruguay (contratos que son en esencia de productores privados a suministradores privados), los que no pudo cumplir debido a problemas internos de mercado y de falta de inversión. Ambos compradores perjudicados salieron de la crisis con la clara convicción de que Argentina no es un socio confiable.

En el caso uruguayo se comenzó a especular con importar electricidad desde Paraguay, además de aumentar el parque térmico propio. En Chile, tardíamente se ha vuelto a pensar en fuentes propias como la geotermia e incluso la eventualidad de llegar a la energía nuclear, y aún se expresa perplejidad ante la negativa de Bolivia de abastecerlo de gas natural debido al histórico y más que centenario conflicto entre los dos países, relativo a la salida boliviana al mar. Pero en definitiva, el objeto mínimo de todo Estado moderno, que es el de lograr el máximo de autonomía energética relativa posible, queda cuestionado por la fuerza de los intereses económicos que predominan en este crucial negocio.

Brasil, por su parte, siendo el mayor consumidor energético del Mercosur, ha echado mano a todo lo que pudo. Brasil ha optado por un conjunto de soluciones tales como construir grandes centrales hidroeléctricas y el propio gobierno intenta eximir a estas obras de estudios de impacto ambiental, para que así puedan construirse y en el plazo más breve. Brasil también apuesta a la importación de gas natural desde Bolivia y Venezuela, a la explotación de las reservas propias de petróleo y gas existentes bajo el mar territorial, a fuentes renovables como la energía eólica y especialmente las biomasas. También, y con una dedicación destacable en la región, se impulsan el ahorro y la eficiencia energética. Brasil acaba de anunciar en forma contundente que ha alcanzado la autosuficiencia en materia petrolera.

En general todos los países, apuestan de una u otra manera a que el gas natural llegue desde alguna de las reservas más importantes existentes (Perú, Bolivia o Venezuela) a precios baratos y en abundancia. Esto ha generado en América del Sur una proliferación de planes de gasoductos pero en su conjunto, la tendencia a la integración energética, tiene que confrontarse con la búsqueda de la mayor autonomía energética relativa posible.

 La lógica de mercado en el tema energético

La región de América Latina se embarcó durante la década del noventa del siglo XX en un modelo de desarrollo energético común basado en la integración regional, la extensión del uso del gas natural y el ingreso de compañías privadas en todas las áreas del negocio energético. Este fenómeno no fue casual, sino que respondió a las nuevas condiciones establecidas por la banca multilateral de desarrollo para financiar las necesidades del sector. La banca multilateral de desarrollo era la encargada de suministrar los fondos para los grandes macro-proyectos del sector energético.

Pero dos factores ajenos parecen haber influido para operar un cambio de timón en su orientación. Una de ellas fue la corrupción instalada en muchos gobiernos de la región, que hizo ineficientes y excesivamente costosos todos los proyectos energéticos. Un ejemplo paradigmático de esto fue la represa Yaciretá, complejo hidroeléctrico binacional argentino-paraguayo cuyo costo estaba previsto en menos de dos mil millones de dólares y terminó costando más de diez mil millones. Pero por otro lado, la banca asumió la lógica de que las necesidades energéticas de la región eran crecientes y que las grandes empresas de la energía encontrarían excelentes oportunidades de ganancia, lo que las llevaría a invertir en esos países.

La lógica de los bancos fue cortar el estilo de financiamiento impulsado hasta entonces y que tenía a las monopólicas empresas estatales de la energía como destinatarias de sus proyectos y promover una reforma del sector que fuera atractiva para las grandes empresas de la energía, es decir, se trataba de influir financieramente para privatizar el negocio energético.

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Aproximaciones al concepto de soberanía energética

En las condiciones de la actual crisis global de la energía, la cuestión de la soberanía energética adquiere una relevancia estratégica, en el sentido que los actores estatales y nacionales deben definir con la mayor claridad posible su rol en relación con los recursos energéticos disponibles en su propio territorio. 

De aquí resulta que la disputa geopolítica y geoestratégica global por los recursos naturales es uno de los elementos más marcantes de la dinámica actual y futura previsible del capitalismo contemporáneo y de su lógica de acumulación.

En una primera aproximación conceptual, entendemos básicamente la soberanía energética como el pleno dominio, control y acceso preferente del Estado nacional a las fuentes de recursos energéticos y recursos naturales existentes en su propio territorio. Si la soberanía es el derecho exclusivo de ejercer la autoridad política sobre un determinado territorio, sobre una determinada zona geográfica, la soberanía energética sería el derecho exclusivo de ejercer la autoridad del Estado sobre los recursos y fuentes energéticas existentes en el territorio sometido a tal soberanía.  La noción de soberanía energética está intimamente relacionada con el concepto de patrimonio ecológico territorial, que plantea que cada Estado nacional dispone en su territorio de un conjunto de bienes y recursos naturales que constituyen un patrimonio inalienable e imprescriptible sobre el cual ejerce soberanía plena. 

« La souveraineté est la qualité de l’État de n’être obligé ou déterminé que par sa propre volonté, dans les limites du principe supérieur du droit, et conformément au but collectif qu’il est appelé à réaliser »[8]. (Louis Le Fur).  La soberanía, en su acepción moderna, es “la calidad del Estado de no ser obligado ni determinado sino por su propia voluntad, en los limites de un principio superior del derecho y conforme al fin colectivo que es llamado a realizar”.

Bajo el concepto de soberanía energética subyace la idea que un país que carece de autonomía para determinar su matriz o hacerlo dependiente de otro para generar energía, no es totalmente soberano, de donde se desprende que ser soberanos es poder disponer de la energía que cada país tiene, de los recursos del suelo y el subsuelo con el mayor grado posible de libertad y de autonomía.

En consecuencia, la cuestión de la soberanía energética tiene tres significados interrelacionados: 1° significa que todos los recursos energéticos deben permanecer bajo la propiedad nacional, el control y la gestión del Estado; 2° que la matriz energética de cada territorio y cada comunidad debe realizarse prioritariamente a partir de las propias fuentes energéticas, de manera de disminuir al máximo la dependencia energética externa, y 3°, que cada territorio debe utilizar sus propios recursos de energía de un modo sustentable, procurando no contaminar otras zonas del país con su explotación.”

Manuel Luis Rodríguez U.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES

Bruckmann, M.: Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana.Rio de Janeiro, 2008. (http://www.alainet.org)

Caycedo, J.: Economicismo y guerras periféricas. Estrategias globales y sujetos en pugna.  Bogotá, 2009. Revista Espacio Crítico.

Jimenez, C.: Las nuevas geografías del capital. sujetos, narrativas y políticas de la producción espacial.  Bogotá, 2009.  Revista Espacio Crítico, N° 10, 2009. (http://www.espaciocritico.com)

Annette Freyberg-Inan, Ewan Harrison et Patrick James (dir.), 2009, Rethinking Realism in International Relations. Between Tradition and Innovation, Baltimore, md, The Johns Hopkins University Press, 305 p.

Krasner, S.: Sovereignity: organized hypocrisy. N, York, 1999. Princeton University Press.

La energía en el centro de la Geopolítica del siglo xxi

En el comienzo de la historia, estaban las guerras por los recursos energéticos.  Toda la historia escrita de la humanidad podría releerse geopolíticamente bajo el criterio conceptual que las naciones, los pueblos, las comunidades, los Estados, los imperios han luchado por acceder y dominar determinados recursos que suministran la energía necesaria para su supervivencia y su continuidad como actores políticos viables. 

Si en algún momento de la historia, los conflictos y las estrategias fueron diseñadas y ejecutadas para satisfacer intereses y motivaciones de gloria o de dominación territorial, para conquistar espacios o reescribir el mapa de las fronteras, en la modernidad y en la post modernidad, el complejo juego de la redistribución de las hegemonías, el nuevo orden global emergente y la tendencia fundamental de los conflictos en el siglo xxi es la lucha por los recursos energéticos.

Las guerras por el dominio territorial y por la definición de fronteras -que caracterizaron al siglo xix- fueron sustituidas por guerras de dominio territorial sobre espacios que contaban con recursos energéticos escasos y estratégicamente necesarios. En el siglo xxi hemos entrado a la época de las guerras ecológicas y de las guerras energéticas, conflictos activados y  agudizados para la necesidad creciente de control y por la lucha competitiva por acceder a sectores del planeta que disponen dee recursos energéticos definidos como estratégicos 

El proceso industrial de exploración, explotación, refinación y distribución de los recursos energéticos (carbón durante los siglos xix y xx, petróleo, gas, nuclear, recursos hídricos…) puede constituirse en el eje articulador de comprensión del comportamiento de los Estados, las corporaciones y demás actores sociales, estratégicos y políticos y de la aplicación de estrategias de hegemonía a lo largo de los siglos recientes.

Puede construirse la hipótesis geopolítica que los Estados y las corporaciones en la escena internacional, se han guiado, entre otros intereses esenciales por el objetivo estratégico (y luego diplomatico), de aproximarse al acceso, control, dominio, propiedad y/o hegemonía sobre las fuentes de recursos energéticos esenciales para el suministro de sus industrias y actividades económicas en general.

El renovado interés de la reflexión geopolítica por la cuestión energética encuentra su razón de ser en la crisis contemporánea de escasez cada vez mayor de los recursos que constituyen la matriz energética de la economía global: en particular, los combustibles fósiles (petróleo y gas natural).

Se trata de una cuestión a la vez geopolítica (acceso y dominio) y geoeconómica (permanencia y seguridad de suministros): mientras mayor sea la incertidumbre originada en la creciente escasez de petróleo y en la lentitud del proceso de cambio de la matriz energética dominante, la lucha hegemónica por el control de esos recursos se hará cada vez más aguda. 

Si el orden global se encuentra en proceso de redistribución de las hegemonías, pasando desde un orden unipolar (propio de la fase de fines del siglo xx) a un orden planetario multipolar (emergente desde 1989 y el 11-S hasta el presente), producto del surgimiento progresivo de nuevas potencias al rango de potencias mundiales, a un orden multipolar, la redistribución de las hegemonías afecta también al orden energético mundial, donde el acceso a las principales fuentes de energía comienza a ser disputado de un modo cada vez más intenso y agudo entre las potencias. 

Paralelo al orden político y geopolítico global, e inserto en éste, existe un orden energético global, es decir, un dispositivo estructrural de distribución de las hegemonías dentro del conjunto de las fuentes energéticas, esquema que es proporcional al poder, hegemonía y dominio que cada actor internacional posee sobre dichas fuentes.

Cada nación, cada estado, cada potencia procura en este contexto, alcanzar el mayor y más seguro acceso a las fuentes energeticas, ya sea garantizándose el acceso desde su condición de potencia suministradora, o desde los niveles distintos de dependencia que cada actor tiene respecto de las fuentes de suministro.  La asimetría fundamental que estructura el orden energético global, es la distinción entre naciones suministradoras y naciones importadoras o Estados-clientes, respecto de los recursos energéticos actualmente disponibles.

(ensayo en elaboración).

Manuel Luis Rodríguez U.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Gallois, P.: Géopolitique.  Les voies de la puissance.  Paris, 1990. Ed. Plon, Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.

Lacoste, Y.: Questions de Géopolitique.  Paris, 1988.  Ed. La Découverte.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires. Ed. Sundamericana.

¿El retorno de una geopolítica de los recursos? – Kattalin Gabriel Oyhamburu

Kattalin Gabriel-Oyhamburu, « Le retour d’une géopolitique des ressources ? », L’Espace Politique [En ligne] , 12 | 2010-3 , mis en ligne le 11 février 2011, Consulté le 22 avril 2011. URL : http://espacepolitique.revues.org/index1796.html -

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Introduction

1Bourdieu (1980) dans un article sur le nationalisme et le régionalisme avait introduit une distinction fort intéressante entre les représentations mentales de la nation/région et les représentations objectales. « …La recherche des critères objectifs de l’identité régionale ou ethnique, ne doit pas faire oublier que, dans la pratique sociale, ces critères (par exemple la langue, le dialecte ou l’accent) sont l’objet de représentations mentales, c’est-à-dire d’actes de perception et d’appréciation, de connaissance et de reconnaissance, où les agents investissent leurs intérêts et leurs présupposés, et de représentations objectales, dans des choses (emblèmes, drapeaux, insignes) ou des stratégies intéressées de manipulation symbolique »

2Nous inspirant de cette distinction, nous avons voulu réfléchir aux concepts qui guident la géopolitique et à ces nouvelles inflexions en différenciant la géopolitique zonale (vecteur de puissance par le contrôle d’une région ou du monde) et la géopolitique objectale (contrôle des ressources comme seul vecteur de puissance) En effet, ces concepts n’ont pas tout à fait la même fonction, selon le contexte historique dans lequel ils s’inscrivent. Si on adopte la définition la plus minimaliste, la géopolitique serait alors la traduction spatiale de conflits de nature différente. On peut alors différencier les concepts opératoires et les invariants de la géopolitique. Les surdéterminants sont des concepts opératoires variables dans le temps tels que l’insularité, l’enclavement, l’effet d’altitude, la polarité, la ligne, le centre et la périphérie. On ne peut donc les écarter de toute analyse géopolitique mais leur poids varie. Les invariants sont eux intangibles et doivent s’intégrer totalement dans toute analyse géopolitique d’un territoire : la nation, l’ethnie, la langue et la religion.

3Ces différents ingrédients de toute analyse géopolitique permettent de circonscrire un territoire et de l’observer à la loupe dans notre fringale de la découpe : on délimite un territoire, on crée des limites et on observe alors comment ces surdéterminants et ces invariants fonctionnent. Jusque là pas de rupture dans le mode d’approche géopolitique d’un territoire. On est donc dans une analyse zonale d’un territoire comme l’était Vidal de la Blache dans son approche régionale des espaces. La géopolitique était donc zonale car toute étude géopolitique passait par une délimitation plus ou moins implicite d’un territoire : géopolitique de l’Espagne, géopolitique des Etats-Unis, géopolitique de la Russie, on assiste, aujourd’hui à une véritable inflation de ces géopolitiques, qui de fait sont de simples récits historiques, ou dans le meilleur des cas, on agrège une analyse géohistorique plus solide.

4Notre hypothèse de travail est la suivante : les concepts de la géopolitique varient dans le temps. Les fondateurs de la géopolitique étaient obsédés par la maîtrise d’un territoire : le « lebensraum » ou la maîtrise des mers de Mahan s’équivalent. Il s’agit bien de fonder sa puissance sur une zone. C’est donc une géopolitique zonale. Or, lors de la troisième mondialisation, les paramètres de l’analyse géopolitique ont changé. Pas seulement parce que la troisième mondialisation est, à l’origine, un processus économique, mais parce que certains géopoliticiens, et notamment l’école française, ont réintroduit l’idée que la lecture géopolitique d’un espace passe par ses représentations. Nous nous trouvons donc dans une nouvelle période, celle d’une géopolitique subjectivée, où la perception d’un territoire doit également faire partie de l’appréhension géopolitique de ce territoire.

5Enfin, dans la deuxième phase de la troisième mondialisation, après la crise économique de 2008, on entre, peut-être dans une troisième phase conceptuelle où la rareté des ressources –et la prise de conscience de cette rareté- nous fait entrer dans une nouvelle phase, celle d’une géopolitique et d’une lutte des puissances où la force provient d’une maîtrise obsédante des ressources énergétiques, agroalimentaires et hydriques. C’est donc une géopolitique objectale c’est-à-dire que le vecteur de puissance passe par le contrôle des objets ressources et non plus des territoires qui se met en place. Peut-on, pour autant considérer que cette nouvelle mouvance fondée sur ce monde de ressources rares » est un retour en fanfare de la géopolitique stato-nationale de ses fondateurs, telle est la question à laquelle nous chercherons à répondre.

6Or, penser la géopolitique, aujourd’hui, exige que l’on sorte des contraintes du principe de souveraineté, qui a marqué l’histoire de la géopolitique. A partir des années 2010, ce qui devient déterminant, pour asseoir sa puissance, c’est la maîtrise des ressources. Juste retour des choses, puisque les premiers géopoliticiens pensaient également qu’une puissance devait avoir, avant tout, la maîtrise de ses richesses. Cependant, alors que la géopolitique se pensait durant le XXème siècle dans un cadrage stato-national, aujourd’hui, le contrôle des ressources doit se gérer à l’échelle mondiale.

Pourquoi la troisième mondialisation renouvelle les concepts de la géopolitique ?

La spécificité de la troisième mondialisation (3M).

7La plupart des économistes (D. Cohen, 2003, Stiglitz, 2003) sont formels : la troisième mondialisation est d’abord et avant tout un processus économique, qui se traduit par une accélération des flux de capitaux -1700 milliards de dollars en 2008- (Bost, 2004) et par un spectaculaire mouvement de délocalisations, un emballement des multinationales qui créent de nombreuses filiales, notamment dans les pays émergents. Cette troisième mondialisation que Bourguinat (1992) a synthétisée en parlant des trois D, dérégulation, décloisonnement et désintermédiation, est, de fait, beaucoup plus complexe. On ne peut oublier, par exemple, la force de la globalisation financière et l’autonomie de plus en plus visible de la sphère financière, voire le décrochage de cette sphère face à la sphère productive. Et les géographes ont su également nous alerter, en mesurant les effets spatiaux de cette troisième mondialisation : littoralisation, maritimisation, métropolisation, polarisation des territoires et émergence de lieux du monde. On peut débattre éperdument sur ces phases de la troisième mondialisation (Grataloup, 2007). Considérer que c’est un processus long ou un mouvement cyclique avec des phases plus intenses (Gruzinski, 2006) n’est pas le cœur du débat. Economistes et géographes s’entendent à reconnaître la rupture des années 1980.

8C’est aussi dans cette première période de la «3M » que les associations régionales de deuxième génération pullulent : ALENA, MERCOSUR, ASEAN+3, APEC, Union Africaine, SAARC, CCG… Même si ces associations ont pu être considérées comme des contre feux à la troisième mondialisation, elles apparaissent, aujourd’hui, plutôt comme des instances qui reproduisent, à plus grande échelle le principe de souveraineté. C’est donc, à travers ces associations, un déplacement furtif du stato-national vers le supranational, le supranational n’étant qu’une reproduction du national et non une refondation politique vers une dimension plus cosmopolitique du monde (Beck, 2004)

9Ainsi, dans cette première phase de la troisième mondialisation, assurer sa puissance c’est, au fond, asseoir ses vecteurs de puissance sur des éléments assez traditionnels de la géopolitique, au début de son histoire : une puissance est puissance parce qu’elle contrôle son hard power et garde une relative maîtrise du monde grâce à son soft power, que l’on peut définir comme étant « la capacité d’obtenir ce que l’on veut par l’attraction plus que par la coercition » (Nye, 1990)

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Energía y desarrollo en Magallanes: una perspectiva geopolítica y prospectiva

PRÓLOGO

El problema energético ocupa con creciente frecuencia el debate público y se incorpora a la agenda pública, en nuestro país y también en la región austral. El reciente conflicto social y político originado por el gobierno al pretender incrementar el precio del gas natural, trajo como resultado que una mayoría de los habitantes de la región de Magallanes, entienden y asumen que el problema del gas, como todo el problema de la energía, es un problema político.

Este ensayo –elaborado como una contribución política e intelectual al debate público y para la Asamblea Ciudadana de Magallanes- propone un conjunto de conceptos para una reflexión política y prospectiva acerca de la problemática energética en la región de Magallanes.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes, febrero de 2011.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO ES UN PROBLEMA POLÍTICO

Una primera afirmación debiera presidir el debate público acerca del desarrollo regional y el desarrollo energético: el concepto de que el problema energético que enfrenta toda sociedad moderna, es un problema político y solo subsidiariamente es un problema económico o técnico.

Existe así presente en el debate público, una falacia discursiva que contiene implicancias también políticas: la llamaremos la “falacia técnica”.

La falacia técnica del problema energético, afirma que la problemática de los recursos energéticos, su escasez versus su abundancia, su propiedad versus su utilización, o su costo versus sus beneficios, es en primer lugar un problema técnico cuya resolución depende –en consecuencia- de los técnicos, quienes supuestamente, entregan y dejan en manos de los políticos la toma de decisiones informada y adecuada mediante la información técnica que aquellos producen.

Debajo de esta falacia se esconde sin embargo, una trampa política, ideológica y ética. Si los políticos deciden y los técnicos solo informan, entonces la responsabilidad final de las decisiones recae en los políticos y no en los técnicos; si la información predominante para la toma de decisiones es técnica, entonces la responsabilidad política de los políticos de desvanece y se diluye; si el problema de la energía es solamente técnico, entonces los políticos solo asumen la decisión tomada pero no sus consecuencias, lo que es una inconsecuencia.

Todo problema energético –sobre todo en una sociedad donde los recursos energéticos utilizados son crecientemente deficitarios y se están agotando- es en primer lugar un problema político, porque las decisiones en materia energética afectarán inevitablemente al conjunto de la humanidad y de la comunidad humana implicada.

El tipo de matriz energética que se adopte en el presente para el futuro, es una decisión política y si el problema energético es un problema político, entonces es un asunto que compete a todos los ciudadanos sin distinciones ni exclusiones.

El problema energético es un problema político y ciudadano de primer orden.

DESARROLLO Y ENERGÍA EN LA REGIÓN DE MAGALLANES: SOBERANÍA ENERGÉTICA Y SUSTENTABILIDAD AMBIENTAL

Asumimos que la cuestión energética es un punto de cruce transversal de dimensiones económicas, sociales, culturales, políticas y geopolíticas, que no pueden entenderse de un modo aislado: la energía que se necesita para la vida y el desarrollo en la región de Magallanes, tiene que se estudiada desde una perspectiva global (o sea de un planeta del que formamos parte), de una perspectiva patagónica y binacional (somos parte de la Patagonia austral del continente sudamericano) y desde una perspectiva nacional, regional y local (constituimos una región distinta, alejada y de condiciones geográfico-ambientales y climáticas diferentes, únicas y especiales).

Tras un desarrollo regional sustentable

La región de Magallanes, por sus condiciones geográficas únicas, merece un desarrollo sustentable, es decir, un desarrollo que se debiera realizar sobre un conjunto de recursos naturales limitados (nutrientes en el suelo, agua potable, biodiversidad marina y terrestre, minerales), susceptibles de agotarse, y entendiendo además, que una creciente actividad económica sin más criterio que el económico ha estado produciendo, tanto a escala local como planetaria, graves problemas e impactos medio-ambientales que pueden llegar a ser irreversibles.

Entendemos que el futuro del desarrollo regional dependerá, entre otros factores estratégicos, de un uso apropiado de las fuentes energéticas disponibles y que el conjunto de la región debe apuntar a utilizar sus propios recursos energéticos, a fin de contribuir hacia su autonomía regional e integración patagónica binacional y austral.

Detrás de todo concepto de la energía y de su utilización, subyace un concepto de desarrollo.

Afirma el documento Cumbre para la Tierra, Programa 21 de Naciones Unidas:

La mayor parte de la energía comercial y no comercial producida en la actualidad se utiliza en los asentamientos humanos y se destina a ellos; el sector de los hogares utiliza un porcentaje considerable de dicha energía. Los países en desarrollo hacen frente actualmente a la necesidad de aumentar su producción de energía para acelerar el desarrollo y mejorar las condiciones de vida de su población, y de reducir al mismo tiempo los costos de producción de la energía y la contaminación producida por ésta. El incremento de la utilización eficaz de la energía con objeto de reducir sus efectos contaminantes y de promover la utilización de fuentes de energía renovables debería tener prioridad en toda medida adoptada para proteger el medio ambiente urbano”. ([1]).

Creemos además, que el problema energético de esta región austral, debe ser comprendido desde un punto de vista geopolítico.

Una lectura geopolítica

La perspectiva geopolítica, incorpora el concepto de política integral de las energías y del dominio del territorio. Según este concepto, para analizar el problema energético de una región, de un territorio, debemos interrogarnos por los siguientes aspectos:

1. El acceso a los recursos energéticos: prácticamente puede afirmarse que la historia contemporánea, demuestra que la preocupación fundamental de las relaciones internacionales es el acceso a las materias primas y a la energía y su utilización más cerca de los lugares de producción industrial. Mientras más cerca esté un recurso energético de su lugar de utilización, más eficiente económica y socialmente será su uso y explotación.

Dicho “acceso” está, a su vez, determinado por factores geográficos y políticas institucionales.

2. Los factores geográficos que favorecen o dificultan el acceso a un recurso energético: estos factores son datos básicos de la realidad geopolítica, por lo que deben ser considerados por las modificaciones que sufren y que se refieren a:

a. Tiempo, los recursos valen no sólo por lo que hoy son, sino por su futura explotación.

b. Tecnología, elemento esencial para la capitalización y aprovechamiento de la matriz energética.

c. Accesibilidad, es decir posibilidad de explotación presente y futura.

d. Costos, factor decisivo de la política de explotación presente.

3. Los objetivos explícitos de desarrollo regional: la política energética no puede estar desvinculada del desarrollo regional. En este sentido, la explotación de recursos energéticos debiera propender hacia los siguientes objetivos:

a. Descentralización y equilibrio territorial.

b. Repotenciación del desarrollo regional, logrando que sus beneficios tengan impacto local.

c. Integración interregional, no sólo en el nivel nacional, sino con los países vecinos.

Por lo tanto, una perspectiva geopolítica con verdadero sentido nacional indica que el desarrollo de la región de Magallanes, dadas sus condiciones geográficas y climáticas de aislamiento relativo, de lejanía respecto del centro del país y de los grandes centros productivos y de clima riguroso, exige y demanda aprovechar en forma sustentable sus propios recursos energéticos, asegurando la absoluta, plena e inalienable soberanía de la nación sobre éstos.

Nuestro concepto de soberanía energética

La experiencia nacional e internacional de los recientes decenios, demuestra inobjetablemente que el mercado no puede resolver por sí solo los dilemas energéticos del presente y del futuro de la región más austral de Chile; se requiere de un concepto activo de política pública basado en la soberanía energética.

Cuál es nuestro concepto de soberanía energética?

Soberanía energética –desde la perspectiva del desarrollo futuro de la región de Magallanes- tiene tres significados interrelacionados: 1° significa que todos los recursos energéticos deben permanecer bajo la propiedad nacional y la gestión del Estado; 2° que la matriz energética de cada territorio y cada comunidad debe realizarse a partir de las propias fuentes energéticas, de manera de disminuir al máximo la dependencia energética externa, y 3°, que cada territorio debe utilizar sus propios recursos de energía de un modo sustentable, procurando no contaminar otras zonas del país con su explotación.

De la soberanía energética emana la idea de sustentabilidad de su uso y explotación: si los recursos energéticos pertenecen a toda la nación, su explotación debe ser inteligente, racional y humanamente compatible con el desarrollo presente y futuro de una región o comunidad, y esa explotación inteligente, racional y humanamente compatible, significa que es sustentable, de manera que su uso asegure racionalmente la preservación y protección de todos los recursos naturales disponibles.

La energía no es solamente un producto transable en los mercados; en primer lugar es un recurso estratégico de interés regional, nacional y global, cuya utilización está al servicio de las comunidades, de la población, de los habitantes de un territorio.

En este siglo xxi, a medida que disminuye gradualmente la disponibilidad de recursos energéticos no renovables (petróleo, gas, carbón) –como consecuencia de su uso irracional y depredador ocasionado por el modo capitalista de desarrollo- la energía deja cada vez más de constituirse en un mero producto transable, dentro de mercados estructuralmente distorsionados por los monopolios y la desigualdad estructural entre oferta y demanda- para convertirse en un recurso estratégico del cual depende la supervivencia de la especie humana, de las comunidades locales y regionales, de las naciones y sus identidades.

De allí la importancia estratégica de recurrir a fuentes energéticas renovables y limpias (eólica, mareomotriz, biomasa, solar…) que, junto con disminuir la dependencia energética externa (soberanía energética una vez más), facilite un desarrollo sustentable para las comunidades y territorios.

El futuro de la energía en las regiones y en los países, no depende del precio al que se transa, sino de la disponibilidad propia –o sea de la soberanía que ejercen sobre su propias fuentes de energía- que esas regiones y países tienen respecto de sus propios recursos energéticos, para no depender de fuentes externas ni de mercados oligopólicos o monopólicos.

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La política exterior de Estados Unidos arriesga un terremoto político y diplomático de proporciones en el Medio Oriente

La diplomacia estadounidense, instalada desde la segunda mitad del siglo XX en una postura de hegemonía imperial y desde 1990 en adelante en una postura estratégica de potencia unipolar de alcance global, arriesga un terremoto geopolítico de proporciones con las actuales revoluciones ciudadanas que sacuden el Medio Oriente, el mundo árabe.

Es lo que trasluce el presente reportaje de Jan Crawford en CBS News.

(The protests in Egypt have sent shock waves through the Middle East and the White House is attempting to stay ahead of what analysts call a geopolitical earthquake that could change the region. Jan Crawford reports.)

Los dilemas geopolíticos y geoestratégicos que atraviesan a la política exterior estadounidense en el espacio árabe son múltiples: ¿apoyar a los movimientos ciudadanos opositores y arriesgar perder posición frente  a los regímenes dictatoriales con quienes las grandes corporaciones petroleras han firmado contratos para suministro de petróleo?   ¿Cuál es el precio en petróleo de cada una de las revoluciones políticas que sacuden a Libia, Yemen, Siria, Tunez…?

 ¿Qué gobiernos garantizan suministros de petróleo a qué potencias?  ¿Qué corporaciones petroleras controlan la producción y la distribución de petróleo en cada una de las naciones árabes en revolución? 

 ¿Dejar que la marea de revoluciones democráticas árabes permita el acceso al poder a los movimientos islámicos anti-occidentales, o seguir suministrando armas a las dictaduras represivas y corruptas que dominan en la región?

El ejemplo de la ambivalencia política y diplomatica de EEUU  frente a la revolución egipcia fué sintomático: ¿apoyar a Mubarak enajenándose a la opinión pública occidental dejando de lado a las multitudes ciudadanas egipcias, o apoyar el movimiento revolucionario egipcio y “dejar caer” al principal amigo de Estados Unidos en Egipto?

La marea de revoluciones e inestabilidad civil y política en el mundo árabe, deja al descubierto las contradicciones profundas de la política estadounidense en Medio Oriente: no importa cuán dictatorial, corrupto y autoritario sea un gobierno en una nación árabe cualesquiera, con tal que ese gobierno le garantice  a Estados Unidos y las potencias occidentales un suministro seguro y contínuo de petróleo. 

Manuel Luis Rodríguez U.

Las islas Falklands y el cono sur de América: una encrucijada geopolítica

En los meses finales del año 2010, diversos hechos relacionados con las Islas Falklands han vuelto al archipiélago inglés nuevamente al centro de la atencion de la opinión pública, aunque sea por breves momentos.

Desde la exploración petrolera de una empresa británica en el fondo marino de las islas, hasta un programa de intercambio estudiantil entre la Municipalidad de Punta Arenas con Port Stanley, y las recientes reuniones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, así como la prohibición argentina para la recalada de naves mercantes entre las islas y el puerto chileno de Punta Arenas, y de las naves comprometidas en dicha exploración de hidrocarburos en puertos argentinos, en cada uno de estos eventos el gobierno justicialista de Argentina ha intentado escalar la presión diplomática y mediática para lograr sentar a Gran Bretaña en alguna mesa de negociaciones.

Un incidente menor ocasionado artificialmente por la Cancillería argentina a propósito del viaje de estudiantes magallánicos (de condición social vulnerable) a Falklands para fortalecer su dominio del idioma inglés, incluso podría servir de motivo para preguntarse si acaso la política exterior del Estado de Chile ante el tema Falklands, se decide en el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile o en la Casa Rosada en Buenos Aires.

En la encrucijada geopolítica de las islas Falklands, siempre se entrecruzan a lo menos cuatro actores relevantes, a saber, Argentina, los kelpers, Gran Bretaña y Chile, aunque éste útimo solo tenga algunos intereses comerciales con los habitantes y comerciantes del archipiélago.

Entre los dos actores centrales, aparecen además los integrantes de la comunidad kelper de las islas, un grupo de alrededor de 3.000 británicos originarios de las Falklands (según el censo de 2001), que aspiran a lograr mayores niveles de autonomía local, aunque siempre bajo el paraguas protector de la soberanía británica a la que pertenecen. Las islas se autofinancian actualmente, tanto por la venta de licencias de pesca en las aguas del Atlántico sur, como por el comercio de ultramarinos (125 millones de dólares por exportaciones el 2008), la ganadería ovina, la pesca, el turismo (30.000 visitantes el año 2001) y la navegación marítima. (CIA: The World Factbook, 2010.). Adicionalmente, desde el año 1993, el British Geological Survey desarrolla un programa de exploración en busca de hidrocarburos. Las finanzas de las islas se incrementan además, con el consumo producido por la dotación militar, naval y aérea allí estacionada.

El juego entrecruzado de intereses de estos actores sigue siendo una encrucijada geopolítica no resuelta: mientras Argentina reclama soberanía sobre un archipiélago en el que no reside ningún argentino y que solo fue ocupado militarmente por tropas argentinas invasoras durante tres o cuatro meses en 1982 con ocasión de la guerra, Gran Bretaña asume en plenitud y refuerza el ejercicio de su soberanía sobre las islas y no parece estar dispuesta a ceder, mientras los kelpers, los verdaderos habitantes originarios de las islas, prefieren indudablemente vivir y continuar viviendo bajo la soberanía británica por múltiples razones históricas, culturales, económicas y políticas.

Desde 1982 sin embargo, las islas representan un espacio de interés geopolítico, acrecentado por el posible carácter comercial de las reservas de hidrocarburos existentes en su fondo marino.

Para cada actor en juego, las islas tienen un significado geopolítico distinto, ahora acrecentado y multiplicado por la perspectiva de la existencia de reservas de hidrocarburos -aunque de mediana calidad- en el fondo marino del archipiélago, susceptibles de avivar la controversia británico-argentina, si dichas reservas tienen un valor comercial explotable.

Para Argentina, la opción diplomática sigue siendo en el presente, la única alternativa viable de acceder a negociaciones que impulsen su demanda territorial. Para Gran Bretaña, evidentemente las Falklands no son su prioridad estratégica ni política, ocupadas en resolver la crisis financiera en curso y la inserción inglesa en la Unión Europea.

Para los kelpers, la eventualidad de la presencia argentina, es una amenaza que trae a la memoria los meses de invasión y destrucción que les significó la guerra de 1982.

En este contexto, para el Estado de Chile y para la posición geopolítica y oceanopolítica chilena en el cono sur de América, resulta indudablemente más conveniente que las islas Falklands continúen bajo soberania británica y no pasen a convertirse -en manos argentinas- en una posición geoestratégica susceptible de controlar la navegación hacia y desde la boca oriental del Estrecho de Magallanes.

Manuel Luis Rodríguez U.

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FUENTES DE INFORMACIÓN Y REFERENCIA

Sobre el mismo tópico:

http://geopoliticasur.wordpress.com/2010/02/19/el-despliegue-actua-de-fuerzas-militares-britanicas-en-falklands-islands/

http://oceanoplaneta.wordpress.com/2010/02/20/exploracion-petrolera-en-falklands-islands-aspectos-diplomaticos-y-geoeconomicos/

Empresa Rockhopper de exploración de hidrocarburos: http://www.rockhopperexploration.co.uk

Falklands Government: http://www.falklands.gov.fk

 

Impactos de las tendencias energéticas sobre el desarrollo sostenible en América Latina – Hugo Altomonte, CEPAL, Noviembre de 2007

Materiales del Seminario Internacional:  ”FRANCIA - AMERICA LATINA: GEOPOLITICA, SEGURIDAD Y SUSTENTABILIDAD, LA TRANSICIÓN HACIA UN NUEVO ORDEN ENERGÉTICO“, organizado por CEPAL-NACIONES UNIDAS, en noviembre de 2007, Santiago de Chile. 

http://www.eclac.cl/drni/noticias/noticias/9/30239/6__Sr.Altomonte.pdf

Las revueltas árabes y su impacto en América del Sur

Asistimos a una insólita, profunda e inédita corriente de aspiraciones a la libertad y la democracia, a un movimiento de multitudes que atraviesa a la mayoría de las naciones del mundo árabe. 

Una constelación diversa de gobiernos autoritarios y de regímenes autocráticos unipersonales o unipartidistas enfrentados y resistidos por las multitudes, abarca a la mayoría de las naciones árabes (Tunez, Libia, Egipto, Siria, Argelia, Bahrein, Afganistán, Irak…) dando forma a ondas intensivas de turbulencia social y política, activadas -entre otros factores internos y externos- por las crecientes redes sociales de las nacientes clases medias y populares en busca de nuevos horizontes de oportunidades, de libertad y desarrollo.

LA CRISIS DE LAS DICTADURAS Y EL NEGOCIO DE LA DEMOCRACIA

La corriente democrática alcanza desde las capas sociales populares más desfavorecidas por la aplicación brutal de un modelo de desarrollo neoliberal basado en dinastías hereditarias y en corporaciones petroleras internacionales explotando para beneficio de Occidente la riqueza petrolera de estas naciones.  El capitalismo transnacional se ha beneficiado históricamente durante cerca de un siglo de la explotación del petróleo árabe, al costo político, ideológico y económico de instalar, sostener, financiar, apoyar y suministrar armas, capitales y tecnologías a dinastías hereditarias, regímenes autocráticos y dictadores corruptos (no importa el apellido ideológico que los adorne).

¿El partido que sustentaba a Mubarak en Egipto no era acaso integrante de la Internacional Socialista, mientras el dictador Gadaffi y el gobernante sirio habían logrado vender una imagen externa de socialistas modernos?  A este respecto, el silencio de las izquierdas latinoamericanas sobre el conflicto político y militar en Libia y las violaciones masivas a los derechos humanos perpetradas por Gadaffi, no deja de ser vergonzoso.

Lo extraño y contradictorio en esta crisis de las dictaduras y autocracias árabes es el rol incestuoso de Occidente en los diversos conflictos.  Mientras Francia, Italia y Gran Bretaña desempeñan el pobre papel de guardianes de segunda fila del imperio estadounidense, en la crisis libia, el conjunto del sistema imperial de seguridad encabezado por la OTAN, aparece ante el mundo árabe, liberando a los libios mediante el bombardeo aéreo quirúrgico.  ¿Desde cuándo los gobiernos occidentales (en este caso Francia, Gran Bretaña) le hacen el trabajo sucio a Estados Unidos, de bombardear naciones árabes para llevarles de regalo la democracia occidental?

¿La democracia es el resultado político del bombardeo aéreo de ciudades?   ¿Desde cuándo la democracia occidental se exporta y se suministra mediante misiles crucero y bombas aéreas de precisión?

¿Siria, Egipto o Libia podrían terminar con regímenes democráticos vacíos de contenido y de arraigo al estilo Irak o Afganistán?

Evidentemente, se hace necesario reconocer que la crisis social, ideológica y política de las actuales dictaduras árabes, es también en definitiva la crisis de un tipo de política imperial estadounidense y occidental con el mundo árabe.  Ya Occidente no podrá seguir financiando, respaldando, administrando, controlando y gestionando regímenes politicos árabes políticamente impresentables al precio de dominar el poderoso negocio del petróleo.

Dicho en términos geopolíticos y geoestratégicos, en el futuro, las opulentas democracias occidentales y capitalistas, ya no podrán seguir alimentándose y funcionando con petróleo suministrado por las opulentas dictaduras árabes.

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