En la era de la asimetría informacional

PRÓLOGO.

En los años noventa del siglo XX, se instaló la teoría de las relaciones internacionales según la cual el conjunto de la sociedad moderna entraba a una era de predominio de la información.  Alvin Toffler, Joseph Nye, Robert Keohane y otros autores anunciaban que el conjunto de la sociedad contemporánea se encontraba en una prolongada transición desde una era industrial a una era informacional, desde un modelo de relaciones bipolares a un escenario de interdependencia compleja y asimétrica. 

http://www.cfr.org/us-strategy-and-politics/navigating-americas-foreign-policy-uncertain-world-video/p24053

HIPÓTESIS.

Partimos desde la hipótesis que la información se ha convertido en un factor crecientemente decisivo en las relaciones internacionales y en las relaciones interpersonales, pero la información es un recurso que, no obstante su abundancia cuantitativa y su diversidad cualitativa, se encuentra repartido desigualmente en la sociedad, en el Estado y en la economía.  La desigualdad en la distribución de la información se origina en una desigualdad estructural en su producción o elaboración.

En el contexto de la globalización/mundialización del orden internacional, el espacio y la naturaleza de la circulación de la información, se transforma aceleradamente en una dimensión estratégica para la toma de decisiones en la política, en la economía y en la vida cotidiana de las personas y las organizaciones.  Lo informacional, es decir, el ambito de producción, difusión y almacenamiento de la información deviene una dimensión clave del desarrollo contemporáneo, pero donde se manifiesta con mayor y evidente agudeza la asimetría estructural que caracteriza al orden dominante.

El orden dominante hoy es esencialmente y estructuralmente asimétrico, desigual.

Nos encontramos en la era de la asimetría informacional, una epoca caracterizada por la distribución desigual del recurso informacional, una distribución inequitativa de la información y que afecta al orden político y a los ciudadanos, a los mercados y a los consumidores, a las estructuras y los usuarios.

Otros territorios de exploración: La Pachamama y la cosmovisión andina – Arnaldo Quispe

La Pachamama en la Cosmovisión Andina.

Arnaldo Quispe.

El significado más común de Pachamama es “Madre Tierra”. “Pacha” para los pueblos quechua y aymara equivale a tierra, universo, mundo o cosmos, tiempo y espacio. Usualmente se emplea como significado de: “TIERRA”. Por otra parte, “mama” significa madre que origina, que concibe la vida (“Paqarina”).

Pachamama, “Madre Tierra” o del “Cosmos”, es el todo en su conjunto. El todo en estas tradiciones es más que la suma de las partes (similar a la Teoría Gestáltica Psicológica). Lo que afecta a las partes afecta al todo y viceversa (Teoría Sistémica). Pachamama según la cosmovisión andina está presente en todo y en todas partes (espacio/tiempo), de allí que su visión es holística (Teoría Holística), porque en el mundo-hombre lo que incide en uno de sus elementos, afecta necesariamente al resto. Como los órganos son indispensables en el organismo vivo, el organismo está presente en cada uno de los órganos (interdependencia). Se trata de un mundo comunitario y solidario en el que no cabe exclusión alguna. Cada quién (ya sea un hombre, un árbol, una piedra) es tan importante como cualquier otro. El holismo de la pachamama es propio de un mundo colectivista, afectado de un sentimiento de pertenencia: uno sabe siempre que es miembro de una comunidad con cuya pertenencia se siente íntimamente comprometido. Esta comunidad vive en nosotros (“Ayllu”). Es así como se vive la experiencia de unidad de la vida propia con la vida toda del mundo-humano andino.

La pachamama es definida también como divinidad, una diosa mujer por excelencia (esposa de Tata Inti “Padre Sol”), protectora y a la vez proveedora, la que concede la fertilidad y favorece la fecundidad, con la cual se dialoga permanentemente por que está presente en la naturaleza y en todo aquello que nos rodea. Para profundizar un poco más en el significado de pachamama tenemos que revisar algunos aspectos de la cosmovisión del problador andino.

Cosmovisión Andina y Pachamama.

Pachamama puede concebirse como una práctica ritualística y milenaria (“una religión cultural paralela a la oficial”) que subsiste en los Andes peruanos, bolivianos y el norte de Argentina. La forma y contenido de sus práctica varía según el entorno geográfico y social. No hay una única puesta en escena de las tradiciones y rituales de pachamama, pero hay elementos comúnes que se conservan aún la distancia y el lugar, la colectividad (Inclusión Social) y bienestar comunitario (“Ayllu”), la reciprocidad con la tierra (“Ayni”, cuyo tributo principal a la tierra son las ofrendas, “pago” o “challa”); El agradecimiento y el permiso por el uso de la tierra y las aguas (como una forma de reconciliación con la naturaleza). La armonía con la naturaleza se evidencia con la estrecha relación y respeto con los espíritus de la pachamama.

Parte de la reciprocidad en el intercambio con la pachamama implica que ésta tiene necesidades, que requiere de ciertos elementos simbólicos que nutran su apetito, algunos de los cuales son similares a los gustos humanos (hojas de coca, tabaco, bebidas, dulces, etc.). Según la tradición aymara, durante el mes de agosto la Pachamama se encuentra con la boca abierta porque tiene “hambre”, en esta época se prepara la tierra para el tiempo de cosecha, y es preciso agradecer a la Madre Tierra por su fertilidad.

El mes de agosto se considera como mes de la pachamama, siendo el primero de agosto en muchos lugares el día central de su festividad. En otros lugares, la ceremonia de la pachamama se celebra cada primer viernes de cada mes o en ocasiones particularmente especiales (“matrimonios”, “nacimientos”, “inauguraciones”, etc.).

Con la presencia hispánica en el continente y la llamada “época de extirpación de idolatrías”, las creencias animistas altoandinas e indígenas fueron prácticamente extintas. El ritual de la pachamama es uno de los pocos paradigmas arcaicos pre-hispánicos, que sobrevive a pesar de los intentos de clausurarla. En Perú, han contribuido también a su desaparición las migraciones internas, de parte del poblador andino hacia la costa peruana y hacia las ciudades en general. Este fenómeno de las migraciones trajo como consecuencia la pérdida paulatina de los patrimonios culturales y de lenguas quechuas/aymaras, dejando en el recuerdo prácticas ritualísticas como de la pachamama. Por otra parte, muchos probladores migrantes en el proceso de adaptación socio-cultural asumen como propio el idioma español y la religión oficial católica. En el mejor de los casos, por medio del sincretismo cultural, se asumen ambas prácticas como una forma de simbiosis o fusión propio del mestizaje y del mosaico etnológico. Es común encontrarnos en ceremonias de pachamama –en los apukunas-, con imágenes de santos, empleo de la cruz y de la virgen María (“Vírgen de la Candelaria”). Entre estos elementos no existe confrontación, pugnas de poder o egocentrismos. No existen confrontaciones sino una forma de simbiosis pacífica (el problador andino es pacifista por excelencia). Existe una suerte de adaptamiento cultural que asimila y emplea dos o varios elementos como uno solo.

La pachamama tiene un rol muy importante dentro de la Cosmovisión Andina, su presencia en el cosmos se realiza a través de tres instancias:, el Kaypacha el presente, el Ukupacha el pasado y el Jananpacha el futuro, la correspondencia psicoanalítica sería: consciente, subconsciente y sopraconsciente.

1) El Jananpacha es la tierra de arriba, lo superior, el cielo, es el ámbito de Inti (sol), Quilla (luna), Coyllur (estrellas), Illapa (rayo), Huayra (viento), Kuychi (arcoiris), Chakana (Cruz del sur) y Paras (lluvia) que es la que fecunda. La Hatun Colca (gran almacén de granos) es la Vía Láctea. Mallqui (árbol) comparte los tres mundo (raíz, tronco y frutos). Sede de los dioses ancestrales (Achachilas y Ñawpas), vinculado al mundo espiritual, el futuro y la energía vital refinada (sami). El cóndor es el animal emblemático del Jananpacha. Se alimenta de carroña para luego volar por las alturas máximas del corazón de los Andes. Es el símbolo del maestro que transmuta sus defectos en virtudes.

2) Kaypacha: Es la tierra del medio, aquí mora temporalmente la Pachamama que pasa por los tres planos. Los Apus y los “wamanis” (espíritus de las montañas) son considerados sus portavoces y guardianes. Es en este canal donde el poblador andino realiza sus diálogos con los espíritus, previa ofrenda a la madre tierra. A las vicuñas se les dice ganadito del Apu, porque pertenecen a la montaña. El puma es el animal que representa al Kaypacha.

3) Ukupacha: Corresponde a las profundidades de la tierra, el inframundo, el pasado. Se encuentran aquí la Yacu (agua) en todos sus formas. Hatuncocha es el mar. El río es mayu que siempre está en constante movimiento. La cocha es la laguna. El puquio (es el manantial donde brota el agua). El animal principal del Ukupacha es la serpiente.

Las tradiciones quechuas cuentan que los Apukunas (“cerros”) albergan los espíritus de los dioses que vivieron antes de un gran diluvio y que tuvieron el atrevimiento de darle el conocimiento a los primeros humanos para construir civilizaciones. Como castigo, los demás dioses encerraron a estos “Prometeos andinos” (Salvadores) en las montañas. Se les llama Ñawpa (los primeros ancianos), llamados también Wamanís y están alojados en la parte más alta de la montaña. Dicen los andinos que “cuando baja el nublado… los Wamanis descienden de las alturas, vienen a hablarnos… a susurrarnos al oído e inspirarnos”.

Así como en Oriente existe el concepto de los opuestos-complementarios, Yin/Yang, en la Cultura Andina éstos se manifiestan como Tatainti, el Padre Wiracocha, (Padre-Cosmos) y su opuesto complementario la Pachamama (Madre-Cosmos). Representados en el mundo de las formas por un cuadrado (macho, padre) y por el círculo (hembra, madre), así, las montañas pueden diferenciarse como machos o hembras, según la predominancia de sus formas. En el perfil o silueta de una montaña, podemos observar la representación de las Serpientes sagradas que transitan desde el Ukupacha (inframundo de la montaña) hacia Jananpacha (mundo superior – cúspide). La serpiente llamada Sachamama, recorre el camino desde la base a la cúspide en un trayecto lineal recto, en líneas verticales, transformándose al llegar al Janampacha, en el Arco Iris, representando la vitalidad de las cosas y la fecundidad. La Serpiente llamada Yacumama recorre el camino en forma ondulante, transfigurándose al llegar al Jananpacha, en el Rayo y la Lluvia. Los tres mundos se hallan unidos por estas dos serpientes, diosas del agua y de la fecundidad. La armonía cósmica andina de la pachamama se denomina Yanantin, los responsables de éste órden armónico son los habitantes sagrados de las montañas (“Apukunas” que son los cerros): Los Achachilas, y Los Ñawpas (Wamanís).

Para los andinos el mundo es una totalidad viva. El todo es más que la suma de las partes, por ende no se comprende a las partes separadas del todo, cualquier evento se entiende inmerso dentro de los demás y donde cada parte refleja el todo (holografía andina). Este mundo íntegro y vivo es conceptuado como si fuera un animal, semejante a un puma capaz de reaccionar con inusitada fiereza cuando se le agrede. La totalidad es la colectividad natural o Pacha; comprende al conjunto de comunidades vivas, diversas y variables, cada una de las cuales a su vez representa al Todo.

Esta totalidad está conformada por la comunidad natural pluriecológica constituida por el suelo, clima, agua, animales, plantas y todo el paisaje en general, por la comunidad humana multiétnica que comprende a los diferentes pueblos que viven en los Andes y por la comunidad de deidades telúricas y celestes, a quienes se les concede el carácter de “Waca” (“lugar sagrado”), en el sentido de tenerles mayor respeto, por haber vivido y visto mucho más y por haber acompañado a nuestros ancestros, porque nos acompaña y acompañará a los hijos de nuestros hijos. Estas comunidades se encuentran relacionadas a través de un continuo y activo diálogo, reciprocidad y efectiva redistribución. Cada comunidad es equivalente a cualquier otra; todas tienen el mismo valor, ninguna vale más y por lo tanto todas son importantes, merecen respeto y consideración, en la concepción andina esto se expresa cuando se reconoce que todo es sagrado, es sagrada la tierra, los cerros, (Apus, Achachilas, Wamanís, Auquis), las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las piedras, nuestros muertos, los ríos, manantiales (“puquios”), lagunas, los seres humanos vivos, los animales y las plantas, no sólo las cultivadas sino también las silvestres.

Todos quienes existen en el mundo andino son como somos nosotros mismos y son nuestros amigos. Con ellos nos acompañamos, con ellos conversamos e interactuamos. Les contamos lo que nos pasa y nos dan consejos; y también ellos nos cuentan lo suyo y confían en nosotros. Tratamos con cada uno de ellos de persona a persona, conversamos con ellos cara a cara.

Todo cuanto existe en el mundo andino es vivo. No sólo el hombre, los animales y las plantas sino también las piedras, los ríos, los cerros y todo lo demás. En el mundo andino no existe algo inerte: todo tiene vida. Igual que nosotros todos participan en la gran fiesta de la vida: todos comen, todos duermen, todos danzan, todos cantan: todos viven a plenitud.

En el mundo andino no hay poderosos ni autosuficientes. Todos nos necesitamos los unos a los otros para vivir. En los Andes no existe el mundo como totalidad íntegra diferente y diferenciada de sus componentes. Aquí no existen «todos» ni «partes», que tan sólo son abstracciones. Aquí hay simbiosis que es lo inmediato a la vida. La simbiosis se vive en los Andes en forma de experiencia mútua.

Ritual de la Pachamama.

La ceremonia de la pachamama comienza con la víspera o “el día anterior”, mediante sus preparativos, en el cual, la noche previa se prepara la comida y bebida especial (chicha de maíz) que se va a ofrecer a la pachamama. Además se deja las instrucciones a los participantes del ritual sobre que traer y como vestirse. Se deja dispuesto los materiales a utilizar, el lugar donde cavar el hoyo y todo lo necesario para el día central. Normalmente se enciende sahumerio desde el día anterior como una forma de anunciación, limpieza o alerta a los espíritus.

El mejor momento para las ofrendas a la Pachamama es al caer la tarde, en pleno ocaso de Sol. La luz natural termina, comienza la noche, en este intervalo esta “pachachaka energética” (nuestra ceremonia) está abierta y pachamama junto a los demás espíritus están más presentes. El fuego sagrado del ritual iluminará el espacio cuando la luz del sol se haya apartado del horizonte. Sin la luz hay oscuridad (vacío universal). La oscuridad es importante como la luz, es más grande que ésta. Pero es la luz con su inteligencia y propósito, la que nos conducirá por el sendero del calor y del amor. Por ello, debemos conservar la fogata en nuestro ritual. En otras poblaciones se acostumbra dar inicio a las ceremonias al alba, al mediodía o a medianoche.

Es importante la puntualidad, una vez comenzada la ceremonia se cierra el círculo sagrado de participantes y no se podrá participar del ritual, sino hasta que el hoyo sea cubierto con piedras y pétalos de flóres. El recibimiento de los participantes se lleva a cabo con la mayor hospitalidad, con presentaciones y saludos cordiales. No se permiten tomar fotografías, ni grabar videos a menos que se cuente con el permiso del oferente.

Según el amauta (sabio) Antonio Espinoza de la Organización “Proyecto Cultural Wiñay Marka (ciudad eterna)” existen tres formas de realizar estas ceremonias, “la primera y la más sencilla es la q’uwachada o el saumerio en la que se quema incienso en la brasa para Jananpacha (mundo de arriba), el viento lo sube y se lo lleva, después se pone a la misma braza el copal (resina vegetal), y el “palo santo”, que es para la Pachamama.

Otra ceremonia es la wajt’a, que consiste en quemar mesas llenas de objetos simbólicos, preparadas de acuerdo al pedido que se haga. La wilancha es la tercera forma, ésta únicamente se la practica cuando se trata de grandes organizaciones o instituciones, porque aquí ya se habla de un sacrificio animal”.

En la actualidad, los sacrificios de animales como ovejas, llamas u otros auquénidos se ha ido perdiendo entre los tiempos, la sangre de éstos animales debía ser derramada en la tierra. Era común también en las prácticas del ritual sacrificar por ejemplo el fetos de llama o chancho, que no debia faltar en época de cosecha.

Las ofrendas (llamado comúnmente “despacho” o “corpachada” que quiere decir dar de comer a la tierra en el Norte de Argentina), se colocan alrededor del hoyo o en el manto multicolor dispuesto por el oferente que dirige el ritual, semejante a un altar o mesa de trabajo de curanderismo. Bebidas (Coca Cola, chicha, cerveza, licor, vino tinto); agua bendita, dulces, hojas de coca (planta sagrada andina, mediadora con los espíritus), diversos objetos (dinero, monedas, amuletos, piedras de colores); comida (pan, galletas, frutas). Flóres, perfumes, semillas y otras cosas provenientes de la tierra de las que tenemos en casa (sésamo, lino, trigo, lentejas, porotos, garbanzos, arroz, huayruros, etc), las semillas las colocamos en un cuenco o tazón de arcilla; Incienso o sahumerio adicionalmente. La ceremonia puede estar acompañada de velas blancas o de colores y diversos objetos que simbolizan el contexto social, fotos, amuletos, conchas marinas (“mullu”), dinero, ekekos, toritos de pucará, excremento de vaca, etc.

Según la tradición los rituales estaban a cargo de las personas sabias y de gran solvencia moral dentro de la comunidad, eran sacerdotes propios de ésta religión andina. Para los quechuas las ceremonias están a cargo del “Paqo” o “Altomisayoc”, para los aymaras son los “yatiris” los encargados de realizar estas ceremonias. Nosotros empleamos particularmente el término oferente.

Los participantes son invitados, por lo general no hay ingreso libre, el que asiste aunque si se presenta el mismo día de la ceremonia debe ser invitado por el oferente. El ritual de la pachamama es un acto voluntario en el cual el único requisito para estar presente es pedir permiso para su ingreso y ponerse de acuerdo con los organizadores sobre los detalles del ritual (horario, vestimenta, ofrenda, etc.). No hay límite de asistencia. El día de la celebración los participantes se colocarán cintas de colores en ciertas partes del cuerpo: tobillos, muñecas y cuello, según las creencias es para ser del agrado de la pachamama y evitar alguna reprimenda. Otros emplean cordones de hilo blanco y negro, confeccionados con lana de llama en lo posible.

El hoyo representa en sí una forma de altar y una “waca” a la vez (un lugar sagrado), una “paqarina” (un útero simbólico” en la tierra) y “pachachaka” (un puente o contacto con las instancias superiores), al mismo tiempo. Este se cava de manera circular a una profundidad de medio metro aproximadamente por un metro de diámetro (como si se preparase una “pachamanka” en la tierra), que por lo general debe localizarse a un punto abierto y expuesto al sol, ideal si es cercano a un árbol o una ladera de montaña (“apu”). En la actualidad ciertas ceremonias de pachamama se realizan en parques urbanos, wacas o en la playa. Si el hoyo no es circular no hay problema. Los importante es la intención de hacer lo mejor posible. Hay muchas maneras de realizar el ritual, particularmente proponemos una con la cual nos hemos familiarizado:

1) Activar el fuego. Encender dos hogueras, una pequeña dentro del hoyo y otra grande fuera de él. El fuego sagrado permite que la tierra se eleve a las montañas, al cielo. En la hoguera pequeña colocar leña, palo santo, ramas de laurel, romero, olivo, eucalipto y tabaco. La hoguera grande es solo de leña. Esta debe ubicarse a por lo menos cinco metros del hoyo cavado. La hoguera grande es opcional y puede servir para depositar pequeños escritos en papel blanco de cosas de las cuales debemos desprendernos, nuestros errores y defectos. Sirve y para el perdón con las instancias superiores, pachamama que está presente debe interceder con éstas peticiones.

2) Activar el aire. Por medio del fuego mediador. Encender el incienso, gracias a los olores la tierra se sensibiliza al recordar sus maravillas. Los participantes pueden fumar primero y luego dar de fumar a la tierra (esto es parte del ritual). Los cigarros por lo general son sin filtro. La ceniza del tabaco debe conservarse para observar sus características, luego servirá para pintar la cara de cada participante. Las cenizas de color blanco indicarán que la pachamama está alegre y bendice sus ofrendas.

3) Activar el agua. Primer brindis con la tierra. Rociar un poco de las bebidas en la tierra. Chicha (licor de maíz), cerveza o “aguardiente”, luego cada uno debe brindar con la con la tierra. Ella vive y siente como nosotros y debemos brindar con ella.

4) Activar la tierra. Es el momento de comenzar a masticar sin tragar (“chaqchar”) un poco de hojas de coca y mientras tanto esperar el turno para poder ofrendar a la tierra. Las ofrendas se inician uno por uno o de a dos, generalmente en actitud compasiva y sumisión al cosmos. De rodillas frente al hoyo comenzamos a entregar lo que previamente hemos ofrendado. En este momento el participante puede realizar alguna pleglaria, pedido, canto, oración, rezo, pensamiento, namasté o meditación (“el silencio o vacío es muy bien apreciado por ella”) para con la pachamama, según sea su credo o religión. Estas ofrendas deben realizarse con ambas manos. Se comienza con la hoja de coca y el agua bendita si hubiera. Luego las comidas, dulces y demás ofrendas. Este momento es pertinente para nuestras peticiones para este nuevo año, éstas deben ser escritas previamente en papelitos multicolores y ser soltadas en la fogata pequeña al interior del hoyo. Al final de este acto el participante debe realizar el brindis final con chicha de maiz con la pachamama. Hay que prestar atención a las señales que la pachamama nos envía a través de las brasas del fuego, las cenizas, ruidos, movimientos o sucesos imprevisibles que suelen ocurrir.

5) Cerrar es abrir. Activar los elementos de la pachamama con el cierre del ritual. Cuando todos los participantes han finalizado su tributo, cada uno debe colaborar en cubrir el hoyo, a éstas alturas la tierra está bien alimentada y satisfecha con nuestras ofrendas. Opcionalmente se puede rezar un Padre Nuestro (considerando el sincretismo religioso presente). La ceremonia termina tapando el hoyo con piedras pequeñas de diferente forma o color, cubiertas con pétalos de flores.

Cabe agregar, que la celebración y la ofrenda a la pachamama no mantiene grandes reglas o mayores secretos, lo antes dicho es solo una propuesta que pretende dar un cierto órden e desmitificar su ceremonia. Su importancia principal radica en reactualizar el valor de la tierra y la profunda identidad de los pueblos que conviven con ella.

Adicionalmente la ceremonia puede estar acompañada por cantos o icaros, por música suave o relajante, por el sonido de tambores (percusión), por abrazos fraternos entre todos y cada uno de los participantes y danzas tribales alrededor del fuego (danzas arquetípicas libres pluriétnicas que corresponden a todos los elementos: agua, aire, viento y tierra; Pueden incluirse los elementos metal y madera de la medicina tradicional china). Es una celebración y todos podemos festejar. Al final, podemos agregar a éste acontecimiento una CENA como punto final en su honor y compartir la gastronomía andina que nos brinda Pachamama, al compás de la música de quenas y zampoñas, del cóndor pasa y la valicha.

Los rituales en honor a la pachamama dan cuenta de un tipo de espiritualidad andina que no es ajena a la materia. Espíritu y materia confluyen, convergen y se complementan. Al igual que todas las religiones basadas en el culto a la Madre, las celebraciones a la Pachamama se basan en el respeto por todos los seres vivientes, por cuanto ellos no solamente son el fruto de Su Creación sino que forman parte de Ella misma. Nosotros sus seguidores no pretendemos “dominar” a la Naturaleza sino protegerla y cuidarla, como una manera de devolver a la Madre todo lo que la Madre nos brinda con generosidad.
Entre las plegarias comunes que se escucha: “Pachamama, santa tierra no me comas, todavía soy joven y puedo dejar semilla”, “Pachamama, devuélveme el doble de lo que te doy!”, “Pachamama, santa tierra Kusiya, kusiya! Vicuña cuay, Amá mi naicho, Kusiya, kuisya!”. Antiguo verso quechua-castellano, que se traduce literalmente: “Pachamama, santa tierra ¡Haz que nos vaya bien! Danos vicuñas y no nos las mezquines. Danos fortuna y no nos hagas enfermar. ¡Haz que nos vaya bien!”.

Otra muestra de plegaria: “Pachamama, deidad inmortal y bien amada, que tienes tu refugio en las grutas ignotas de la sierra, entre música de quenas invisibles y tibiezas inefables; para Pachamama dueña y señora de los picachos y de los pastos, de las bestias y de los hombres, la que se enoja en los temblores, la que protesta en el rodar de los truenos, la que extravía al hurgador que ofende la tierra buscando oro, estaño y plomo”.

Oración a la Pachamama: “Madre tierra, Diosa de la Naturaleza, que creas cada cosa y siempre haces que el Sol reaparezca como un regalo para las personas, protectora del cielo, del mar y de todos los espíritus; En ti que fluye toda la naturaleza, que nos brindas la alegría de la luz de los días y que mantienes tu promesa de darnos los nutrientes. Nosotros retornamos a ti en forma de espíritus, al final de nuestra vida, que es el comienzo en ti. Te damos los agradecimientos por tu benevolencia. Yo me inclino ante tu divino nombre y con la mayor dignidad imploro que nos concedas los donos de tu misericordia. Te agradezco por todo lo que haces por nosostros, quiénes tenemos fé en tus divinos deseos”.

Arnaldo Quispe.

Un país ajeno profundamente nuestro

En aquellos años, cuando comencé a tener conciencia del país, de la provincia y del lugar austral en que vivía, eran esos locos años sesenta, tan reventados de revoluciones y tan preñados de utopías de las que hoy tan pocos quieren oir hablar.

 Creo que era feliz en los años sesenta.  Más bien, puedo afirmar sin lugar a dudas, cuarenta años más tarde, que en aquella época era feliz, posiblemente sin saberlo.

 Por aquí me parece que entro al problema de la libertad del ser humano.  “También el hombre tiene su acto de nacimiento, la historia… acto de nacimiento que se supera a sí mismo…”  escribió Marx.

 La historia es el nacimiento del ser humano.

 El ser es humano cuando acontece en la historia, cuando se humaniza en la historia, o sea en la práctica, en la praxis.  Luego la historia es el espacio donde se construye la libertad humana.  El ser humano es un acto de razón y de libertad, de pasión y de sacrificio, de felicidad incompleta y de búsqueda interminable.

 Y por eso creo.

 Creo en el ser humano, centro de la vida y de la realidad.

 Creo en el ser humano, como entidad racional libre y perfectible, como individuo capaz de redimirse en nombre de la libertad, de la dignidad y de la lealtad, de sí mismo y de toda la humanidad.

 Creo que los dioses son invenciones humanas y que el ser humano es el único y definitivo autor de su existencia, es el único constructor de su destino.

 Creo en la libertad, como supremo valor que hace posible la existencia social y la convivencia entre los seres humanos, entre seres humanos que son a la vez iguales y diferentes.

 Creo que la libertad es un valor ético intransable.

 Y los años sesenta fueron una tentativa de la libertad.

 Debo reconocer que ser hippie –o tratar de serlo o parecerlo- en aquella época era caro, pero sugestivo, novedoso e interesante.  Solo muchos años más tarde me di cuenta que el único diario que teníamos en Punta Arenas, jamás escribió alguna noticia que dé cuenta de la revolución de mayo de 1968 en Paris, pero las noticias corrían de muchos modos y por vías insospechadas.

 La política es consustancial al ser humano y todos los regimenes que han tratado de castrar esta vocación cívica han terminado derribados.  Ser político es ser ciudadano y la ciudadanía es una forma política de ser humano en el presente.

 ESOS AÑOS SESENTA TAN ACTUALES

 En aquellos años, las cosas parecían diferentes.

 Ser revolucionario significaba dejarse crecer la barba, fumarse alegremente un pito (para probar), leer en detalle el Manifiesto o a Marcuse, escuchar las arengas del Che y salir a la calle con la música convocante del Quilapayún.  Los debates juveniles eran políticos e incluso filosóficos, pero llevar un libro bajo el brazo era como llevar hoy un MP4: ayer se escuchaban los Beatles y hoy Lady Gaga, aunque en ambos casos muy pocos entendían la letra…

 Inundaba mi mente de saberes universales,  de conocimientos que iban más allá de las enseñanzas del aula, de lecturas atrevidas e interminables, de sueños forjados desde los albores de la república y entonces muchos de mi generación (me considero un “sesentero” a mucha honra) sentían y tenían conciencia que el mundo se movía en la dirección de los sueños posibles.  En los sesenta creíamos que era posible cambiar el mundo, aquel mundo que veíamos y comprendíamos injusto y desigual y en los setenta lo intentamos.  El problema se llamaba en aquel entonces el “sistema capitalista” y aunque hoy sigue siendo el mismo problema, evidentemente que el sistema se comió y se tragó a varias generaciones.

 Para quienes tuvimos el inmenso privilegio de formar parte de la generación que hizo posible el proyecto y el gobierno de la Unidad Popular, de Salvador Allende, sentirnos parte de su epopeya fue como sentirnos que estábamos haciendo historia, cada uno en su profundo compromiso social, político e ideológico, cada uno en el lugar y en el momento en que la marea del cambio nos encontró.

 ¿Eramos felices en aquella época?  No estoy muy seguro, sobre todo si uno piensa que mientras una mayoría trataba de serlo, una minoría se amargaba con el odio y los rencores acumulados.

 Una enorme cantidad de empresas del Estado como ENAP,  EMPORCHI,  CODELCO, ENDESA, ENTEL, la Compañía de Teléfonos de Chile, estaban funcionando y operaban al servicio de las mayorías nacionales, de los ciudadanos a los que servían, de la nación que les dio origen.

 En aquella época (que hoy muchos quieren silenciar y distorsionar), el Estado tenía verdaderos servicios públicos, cajas de previsión para todos los trabajadores,  educación pública gratuita, puertos, aeropuertos y servicios aéreos y marítimos, salud pública gratuita, agua potable y alcantarillado a bajo costo, vivienda para el que la necesite, reajustes automáticos de sueldos según el alza del costo de la vida,  escuelas y hospitales al servicio de la mayoría, es decir, un Estado que podía ofrecer seguridad, oportunidades y ventajas a todos quienes las requieran, es decir, un Estado al servicio de la Nación.

 Después, como dice la canción, “después vino la tormenta…” y una gigantesca marea de terror, de muerte, de represión y de control vino a derrumbar un proyecto abortado.  El hundimiento, provocado y auto-producido del proyecto histórico de la Unidad Popular puso término –a su vez- a un ciclo democrático de la historia de Chile a lo largo del siglo xx, tal como muchos otros proyectos de cambio social habían sido arrasados en Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil y otros países latinoamericanos.

 Después cayeron varios muros de Berlín, desde 1989 en adelante, pero en el día de hoy tenemos ante nuestros ojos y nuestras pantallas, los nuevos “muros de Berlín” de los que muy pocos quieren hablar, indecentes en su formidable exclusión y contra los cuales hablan y se movilizan muchos pueblos, y que atraviesan con alambradas electrificadas la frontera de Estados Unidos con México y el límite conflictivo de Israel con los territorios palestinos.

 El imperio estadounidense contra el cual marcharon cientos de miles en Chile por la guerra de Vietnam en 1969, es el mismo imperio de hoy, solo que mas envejecido, más depredador, más dominante, más agresivo, más desafiante, más endeudado y mas temeroso.

 DELINCUENTES Y ANTISISTÉMICOS

 Y aquí estamos nuevamente, instalados en un presente que se nos viene cargado de futuros inquietantes.

 Treinta o cuarenta años después hemos tomado consciencia de la fragilidad del planeta que nos alimenta y nos sostiene.

 Treinta o cuarenta años después, parece cada vez más evidente que las mismas razones que movieron a mi generación a levantarse a favor de un proyecto de cambio social o de socialismo, mueven hoy a las generaciones de jóvenes, trabajadores, dueñas de casa, profesionales, desempleados, temporeras, veteranos, jubilados, estudiantes, que salen a las calles y reclaman en aparente desorden por un cambio social, por un cambio de sistema que no ven en el horizonte, en Santiago, en Trípoli, en Magallanes, en Madrid, en Barcelona, en Yemen, en El Cairo o en Siria.

 El sistema (y los medios de comunicación que le acompaña y le sirve) los desprecia mediáticamente tratándolos de “jóvenes anti-sistémicos” o de terroristas, de la misma manera como los españoles trataban de “delincuentes” por allá por 1811 y 1817 por luchar contra el poder extranjero instalado en su propia tierra,  a algunos jóvenes osados y resueltos de apellidos Carrera, Rodríguez, O’Higgins,  Henríquez, Larrain o Infante.

 ¿Antisistémicos?

 ¿Perdón, dijo usted antisistémicos? Pues bien, todos somos antisistémicos, cuando nos indignamos de ver el despojo sistemático de los recursos, la soberbia política de los gobernantes, la sordera ideológica de las autoridades y la eficiente frialdad de los gerentes.

 En los luminosos años sesenta y en los insolentes años setenta y también en los sombríos años ochenta, luchábamos desde la tribuna política, desde las calles multitudinarias, desde la prensa oculta (y no desde la prensa obsecuente), desde el silencio riguroso de la clandestinidad, luchábamos para que Chile, digno país subdesarrollado ubicado en el último rincón de América del Sur, fuera dueño soberano de sus propios recursos naturales, su cobre, sus minerales, su mar y sus aguas.   Durante tres o cuatro decenios luchamos y luchamos contra esos poderes extranjeros instalados en nuestra propia tierra, como potencias dominantes sobre nuestros recursos.

 Pero la palabra y el concepto de soberanía se les olvidó a los magnates del poder financiero y político.

 Primero, en los años setenta, vendieron la mayor parte de las empresas del Estado, una por una,  al que mejor pudiera comprarlas y al que pagara lo menos posible.  Liquidaron la capacidad industrial y productiva de la economía nacional y nos convirtieron nuevamente en país productor de materias primas para abastecer los mercados extranjeros.

 Después en los años ochenta, vendieron el enorme y costoso sistema previsional –forjado en más de 30 años de aportes de todos los trabajadores de Chile- y lo convirtieron en una de las industrias lucrativas más insolentemente multimillonarias de Chile y hasta se permitieron la impudicia de salir al extranjero a mostrar las maravillas del negocio financiero recién inventado, a costa de las cotizaciones obligadas de todos los chilenos que trabajaban y trabajan. 

 Así crearon -en el fragor neoliberal de la dictadura- las llamadas AFP, que algunos inocentes llaman todavía “Administradoras de Fondos de Pensiones” y que yo llamo lo que son en realidad: Administradoras de Fondos de Pérdidas.  Sigo creyendo que los uniformados y los ideólogos neoliberales que inventaron las AFP sabían muy bien a quienes iban a beneficiar y a cuántos iban a perjudicar porque,  ¡oh extraña paradoja!, dejaron a los integrantes de las FFAA fuera de las AFP, obligando al Estado, o sea a todos los ciudadanos y contribuyentes a pagar las jubilaciones millonarias de los jubilados de uniforme.

 Instalaron así la ley del embudo en todo el sistema económico y social.

 Y después, en los años noventa, recién estrenada la así llamada transición democrática, los gobiernos de turno, siguieron vendiendo las empresas sanitarias, los derechos de pesca, las fuentes energéticas (gas, carbón, petróleo), los derechos de agua, las licencias de telecomunicaciones y de señales televisivas y radiales, todo ello con el buen beneplácito de los nuevos gobernantes de la transición, con frecuencia más preocupados en inclinar la cerviz ante los amos empresariales, a fin de dar muestras de “buena conducta”,  todo como en la “Maldición de Malinche” que nos cantaba Amparo Ochoa.

 La historia tiene extrañas curvas y recovecos.

 Doscientos años después de la guerra de la independencia, los españoles controlan hoy la economía chilena como los españoles controlaban la economía de Chile en 1810.

¿Qué conducta política creen ustedes que adoptarían el hacendado sureño Bernardo O’Higgins o el abogado capitalino Manuel Rodríguez Erdoiza o el terrateniente santiaguino José Miguel Carrera y Verdugo, si vivieran hoy en Chile?

¿Qué harían O’Higgins, Carrera, Rodríguez o Camilo Henríquez frente a los megaproyectos energéticos que pretenden destruir el capital natural de esta tierra que ellos dejaron libre e independiente, antes o después de morir por Chile?

¿Qué dirían esos “delincuentes” que hoy llamamos Padres de la Patria chilena,  si supieran que los bancos están en manos de españoles, que los seguros están dominados por españoles, que las telecomunicaciones están controladas por españoles, que el cobre está en manos extranjeras, que el agua está en manos de capitales foráneos, que las reservas pesqueras son explotadas por empresas foráneas, que la electricidad está controlada por empresas extranjeras y que los derechos de pesca en ese mar que tranquilo nos baña son de propiedad de firmas foráneas?

¿Qué le pertenece a Chile hoy en realidad?

El país, la nación la han convertido en una sociedad anónima cuyos beneficios se acumulan en las manos de unos pocos accionistas mayoritarios (casi todos extranjeros) y donde el resto de los “socios” (unos 8  millones de personas a decir verdad) solo tenemos derecho a un incierto y futuro chorreo… o goteo, para ser más precisos.

Si hasta la multimillonaria industria salmonífera, en manos de capitales extranjeros, se permite el lujo de lucrar en el exterior con exportaciones gigantescas a costa de los sueldos miserables a sus trabajadores chilenos y de la profunda contaminación de los fondos marinos chilenos donde se instala.

Digamos las cosas por su nombre: se están llevando nuestro cobre, nuestros peces, nuestras plantas, nuestras semillas, nuestros minerales, nuestro gas natural, nuestro petróleo, nuestro hierro, nuestro molibdeno, nuestros recursos energéticos y acuíferos y … ¿nos deberíamos quedar callados y a brazos cruzados?

Tenemos derecho a preguntarnos una y otra vez, ¿somos felices hoy en este país que vivimos? ¿A cuánta felicidad tiene derecho hoy un pescador artesanal, una dueña de casa de un barrio marginal, una familia en campamentos en la zona terremoteada, una joven estudiante madre soltera, un jubilado que recibe una miserable pensión, una madre golpeada por la violencia intrafamiliar,  un joven que termina sus estudios y no encuentra un trabajo decente?   

¿Somos felices hoy en este país que vivimos?

Si tantos cientos de miles de jóvenes estudiantes salieron a las calles reclamando una mejor educación en 2006 y les dieron a cambio, la misma educación pero más selectiva, más clasista y más cara, ¿de qué nos extrañamos que ahora esos mismos adolescentes, ya algo “creciditos”, salgan nuevamente a las calles y plazas de Chile a reclamar lo que se les prometió y no se les ha cumplido?

Si les hemos dicho y enseñado hasta la saciedad en las aulas a estos jóvenes, que Chile debe proteger su medio ambiente y hemos discurseado fácilmente durante 20 ó 30 años sobre el desarrollo sustentable y el respeto al medioambiente, ¿de qué nos extrañamos que hoy salgan a la calle a exigir que se cumpla lo que les hemos enseñado en colegios, liceos y universidades, es decir, que no se sigan entregando los recursos naturales a intereses empresariales depredadores del medio ambiente? 

El megaproyecto Hidroaysén, en este sentido, así como Isla Riesco, PascuaLama y otros proyectos, no son más que un nuevo caso emblemático de colusión político-empresarial y la punta del iceberg de una renuncia colectiva y casi total que han cometido la clase política y gobernante, junto a la clase empresarial y corporativa, a lo largo de más de 30 años, en contra de un incierto futuro desarrollo sustentable y equitativo.

¿Qué derecho tenemos los adultos y los adultos mayores hoy en Chile de hablar de futuro, mientras contaminamos suelos, aguas y mares e instalamos represas y megacentrales termoeléctricas a carbón, si el futuro lo van a vivir estos jóvenes y  niños de hoy, y a ellos… les lanzamos bombas lacrimógenas para que se callen?

A veces se me ocurre que la ausencia de la gran mayoría de los jóvenes ante el sistema político imperante, no se debe solamente a que el sistema les cierra la puerta (más de 2 millones de jóvenes en Chile no se inscriben porque no quieren inscribirse), sino también a que muchos de ellos prefieren esconderse en un presente embrutecedor y alienante, para no tener que vomitar cuando comprenden y toman consciencia de la sociedad excluyente, racista y clasista en que viven, del  Estado oligárquico que los gobierna y del panorama desastroso del planeta en que pretendemos dejarlos gobernando.  

Es probable que -en realidad y siendo fríamente realistas- a gran parte de la actual clase política le interese poco ponerse al alcance de un poderoso cañonazo de 2 millones de votos juveniles, capaces de “botarles la estantería” a partidos, oligarquías y liderazgos políticos sexagenarios, cuando no octogenarios…

Hoy nos permitimos hablar de un futuro que no viviremos y que no nos pertenece: le pertenece a la generación de niños y jóvenes que hoy transitan por escuelas y liceos, por las aulas universitarias y yo, en verdad, no quiero pasar la vergüenza de imaginarme que alguna vez mis alumnos ya adultos, digan del país que les heredamos: “miren la mierda contaminada que nos dejaron los viejos de los años dos mil…”

 ¿Y la huella de carbono que dejaremos como país en el planeta y en los próximos 30 años, la viviremos acaso nosotros…o la soportarán avergonzados los jóvenes de hoy, cuando tengan 40 ó 50 años de edad?

 ¿Y la felicidad sería para cuándo?

 Solo puedo advertir que las deudas con la historia –como las deudas con la madre Naturaleza- siempre se pagan…ya sea en el presente o en el futuro…pero inexorablemente se pagan y caro.

 Punta Arenas, Magallanes (Patagonia sin represas), invierno de 2011.-

 Manuel Luis Rodríguez U.

Indignate – El Manifiesto de Stephane Hessel que esta moviendo multitudes en el mundo

Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta”. No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos.” 

http://coyunturapolitica.wordpress.com/2011/05/28/indignate-el-manifiesto-de-stephane-hessel-que-esta-moviendo-multitudes-en-el-mundo/

Introducción al post-capitalismo – II – La hipótesis geoenergética

PREFACIO.

En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.

Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).

Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.

Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos ordenadamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.

Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Disponemos hoy delante de nosotros, solo de distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro.

Por eso, esta segunda parte del ensayo, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética y medioambiental.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-

CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, patrimonio ecológico territorial, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.

EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y MEDIOAMBIENTAL ES UN PROBLEMA GEOPOLÍTICO

El mundo consumiría tres veces más recursos naturales para mediados de este siglo que en la actualidad, según un informe de Naciones Unidas.

Se predice que la humanidad utilizará cada año alrededor de 140 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, minerales y metales para el año 2050.

Los autores llaman a que el consumo de recursos sea “desconectado” del crecimiento económico, y a que los productores hagan “más con menos”.

El crecimiento de la población y de la prosperidad son los principales impulsores del crecimiento en el uso de recursos naturales, observan los creadores del estudio.

El informe es el último de una serie de reportes del Panel Internacional de Recursos, creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“La disociación tiene sentido en todas las esferas económica, social y ambiental”, dijo el Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

“La gente cree que los daños medioambientales son el precio que se debe pagar para el desarrollo económico de bienes. Sin embargo, no podemos y no es necesario seguir actuando como si esta disyuntiva es inevitable”, agregó Steiner.

En desarrollo

El co-autor principal del estudio, Mark Swilling, de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, explicó por qué habría un aumento de la demanda por los recursos.

“La realidad es que hay otros mil millones de consumidores de clase media en el camino como consecuencia de la rápida industrialización en los países en desarrollo”, dijo a la BBC.

“Si los recursos necesarios para generar esos bienes y servicios se utilizan con la eficiencia actual, entonces veremos un crecimiento masivo en su uso de hasta 140.000 millones de toneladas”, agrega el especialista.

El crecimiento de la población también jugará un papel en el aumento previsto.

“Si se agrega un indio a la población mundial, estás hablando de aumentar hasta cuatro toneladas de consumo de recursos cada año. Si se suma un canadiense promedio, se van a consumir otras 25 toneladas”, explicó.

“Las poblaciones del mundo desarrollado son estables, y algunos incluso están cayendo, por lo que el verdadero reto … está en el mundo en desarrollo”, agrega el profesor.

Prueba global

Para hacer esta proyección los expertos se basaron en datos sobre cuatro recursos fundamentales: los minerales y metales, los combustibles fósiles y la biomasa.

El promedio mundial de consumo anual per cápita en 2000 fue de 8 a 10 toneladas, alrededor de dos veces más que en 1900, según el informe.

La combinación del crecimiento demográfico, la persistencia de altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales – especialmente en países como China, India y Brasil – produjo un crecimiento en el uso de los recursos de hasta ocho veces más en el siglo XX.

La disociación entre el crecimiento económico y el consumo de recursos está ocurriendo, observan los autores, solo que no lo suficientemente rápido.

Los autores describen a China como un “caso de prueba”, ya que quieren continuar su rápido crecimiento económico, pero usar los recursos de manera más sostenible”.

“Las medidas que China ha introducido para conciliar estos objetivos serán de importancia crucial para todos los demás países en desarrollo con intenciones políticas similares”, añaden.

Reconocer la necesidad de utilizar los recursos naturales finitos del planeta de manera más eficiente no es una nueva preocupación, pero hay un nuevo factor emergente que está generando un “gran optimismo” entre los analistas.

“Los precios de los recursos entre los años 1900 al 2000 se redujeron en términos reales”, explica el sudafricano Mark Swilling.

“Pero desde 2000, los precios de los recursos han comenzado a subir y existe un consenso entre los economistas que esto no es un problema pasajero, pero probablemente el comienzo de una tendencia a largo plazo”.

Este aumento impactaría directamente a la hora de intentar cambiar las políticas y reconocer la necesidad de eficiencia de los recursos, asegura el informe.

EL CORAZÓN DEL CONFLICTO.

La hipótesis de trabajo de este ensayo, postula que a lo largo del siglo xxi se producirán mutaciones profundas en el sistema planeta a consecuencia de una creciente rivalidad hegemónica entre las distintas potencias y actores internacionales, en función del propósito e interés de estos actores de acceder, mantener y controlar las fuentes energéticas estratégicas para asegurar su supervivencia. 

La crisis energética y la crisis medioambiental que aquejan al planeta deben ser comprendidas como los dos aspectos de un mismo problema global y estratégico para el modo de producción dominante: ambas son el resultado del funcionamiento de una estructura capitalista de dominación, derroche, especulación, apropiación y explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo.

Esta rivalidad hegemónica adoptará, entonces, la forma de una multiforme rivalidad energética manifestada en distintas arenas, escenarios y territorios, y pudiera impulsar, extender y profundizar la crisis generalizada del sistema capitalista global y conduciría hacia determinados escenarios y formaciones sociales de post-capitalismo.  La lucha política, geopolítica y geoeconómica y los conflictos diplomáticos y estratégicos entre naciones y coaliciones de Estados, por acceder o por preservar fuentes energéticas de interés, se extenderá a todos los confines del sistema mundial.

RIVALIDAD ENERGÉTICA Y GUERRA.

Definimos como rivalidad energética, a una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos naturales sensibles y recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.

El centro de la conflictualidad del post-capitalismo, e incluso del capitalismo globalizado, vino dada por la rivalidad entre las potencias por acceder, en condiciones de seguridad y certeza, a las fuentes de energías no renovables, en especial hacia las reservas de petróleo y gas natural.  ¿Existía conciencia de la vulnerabilidad de las fuentes productoras de petróleo en el siglo xx y en el siglo xxi?  ¿Se comprendía cabalmente la complejidad de los escenarios de agotamiento gradual (pero inexorable) de las reservas de petróleo a escala planetaria?

Lo que resultaba claro sin embargo es que el fundamento geopolítico y geoestratégico de las guerras, de la mayor parte de las guerras más cruentas y extensas que habían tenido lugar, a lo menos durante el siglo xx, encontraban su principal causa mediata y/o inmediata en la rivalidad y la competencia por el acceso, el control y el uso y consumo seguro del petróleo, en tantro en cuanto éste era el combustible principal de la matriz energética en todo el planeta.  

El quiebre geopolítico y la brecha geoestratégica entre las naciones dotadas de fuentes energéticas abundantes y propias y aquellas naciones obligadas a abastacerse de fuentes energéticas importadas desde el exterior, se fue haciendo cada vez más notorio y profundo.

Por lo tanto, si se aceptaba la premisa conceptual que la mayor parte de las guerras, revoluciones y convulsiones geopolíticas sucedidas durante un siglo de historia de la humanidad, era perfectamente plausible pronosticar un conjunto de escenarios geopolíticos y geoestratégicos, en que las potencias mundiales y las potencias emergentes que aspiraban a ocupar un lugar preeminente en la arena internacional, rivalizaran por acceder a esas fuentes energéticas, mayormente incluso si se consideraba que esos recursos y combustibles se fueron haciendo cada vez más escasos y costosos de producir.

GUERRAS POR EL AGUA.

En algún momento del desarrollo la creencia ciega en las fuerzas creadoras del mercado y el fortalecimiento ilimitado de las capacidades corporativas empresariales, producto de una ideología neoliberal transformada en sistema intocable, vino a producir efectos desvastadores sobre el medio ambiente y los recursos naturales.  Se tendió entonces a privatizar todo.  Nadie -o muy pocos- entendieron que “…la privatización sin la imprescindible infraestructura institucional llevó más a la liquidación de activos que a la creación de riqueza… y que los monopolios privatizados, sin regulación, tuvieron mas capacidad para explotar a los consumidores que los monopolios públicos.” (Stiglitz, J. E.: El malestar en la globalización. B.Aires, 2002.  Ed. Taurus, p. 275).

En aquel período final del siglo xxi y en plena transición al post-capitalismo, los intelectuales y políticos recordaban dolorosamente la promonitoria advertencia de Jeffrey Sachs, uno de los gurúes de la economía capitalista de principios del tercer milenio: “…privatizar directamente el agua sin establecer garantías firmes para los pobres puede acabar traduciendose en negar a la franja más débil de la población el acceso al agua slubre que necesita par seguir viviendo.  Además, la privatización de los derechos sobre el agua puede ser contraria a una buena gestión económica básica…” (Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana, p. 165).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Lebaron, F.: La crise de la croyance economique.  Paris, 2010.  Ed. du Croquant.

Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires, 2008.  Ed. Sudamericana.

Stiglitz, J.: El malestar en la globalizción.  B.Aires, 2002, Ed. Taurus.

REFERENCIAS VIRTUALES.

¿Y si la estrategia de desarrollo neoliberal estuviera llevándonos a una mayor desigualdad social y no al desarrollo?

“Si Latinoamérica no lleva a cabo una modernización de su estrategia productiva, no será verdad eso que tanto se repite últimamente de que es su momento para cambiar su historia, ya que no habrá base para un crecimiento sostenido en el futuro.”

http://www.elpais.com/articulo/economia/Expertos/cuestionan/estrategia/crecimiento/Latinoamerica/elpepuintlat/20110512elpepueco_12/Tes

La especie humana está produciendo impactos geológicos profundos en el planeta

La presencia humana en el planeta, no solo ha impactado profundamente en el desarrollo de las especies vivientes, de la naturaleza y de la biodiversidad; las más modernas investigaciones conducen a estimar que la presencia humana está impactando en la estructura geológicica del planeta. La geopolítica de la intervención humana se cruza con la geología de la tierra. Un interesante artículo del The New York Times:

http://www.nytimes.com/roomfordebate/2011/05/19/the-age-of-anthropocene-should-we-worry?nl=todaysheadlines&emc=thab1