Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta”. No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos.”
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Introducción al post-capitalismo – I – La hipótesis geopolítica y geoestratégica
PREFACIO.
En las postrimerías de la primera revolución industrial que desencadenó la expansión del capitalismo (en la primera mitad del siglo xix), las voces premonitorias que anunciaban el fin del sistema económico y político burgués, se acumulaban y entrecruzaban sus pronósticos desde la ciencia económica, la Historia, la Ciencia Política y la Sociología, es decir, desde las nacientes Ciencias Sociales. Modernidad, progreso cultura y civilización eran conceptos que definían el orden social predominante, para diferenciarlo de las otras configuraciones socio-culturales y territoriales exteriores al Occidente.
Pero ninguna de las anticipaciones del derrumbe del capitalismo pudo pronosticar la permanencia, la continuidad y la profundización-expansión del sistema de dominación del capital, como lo vieron los siglos xix y xx. La mayor parte de las utopías del fin del capitalismo, influidas por el ideario marxista, anunciaban un escenario de asalto final sobre la ciudadela capitalista y burguesa, asalto final que nunca ocurrió o que solo tuvo un paréntesis de 70 años (con la revolución bolchevique, la URSS y el campo del socialismo real).
Pero, cuando observamos y reflexionamos el futuro, y reconstruimos en sentido retrospectivo el horizonte del mediano y largo plazo, percibimos en cambio, que el derrumbe o implosión del modelo de desarrollo capitalista dominante, parece plausible de suceder más por la presión y combinación de una serie de crisis globales combinadas, de manera que la dolorosa y prolongada transición desde el capitalismo al postcapitalismo, y desde el postcapitalismo a algún otro modo de desarrollo de la conciencia y la sociedad, resulta más plausiblemente como “efecto en cadena” de un sumatoria de crisis de todo orden y en las más diferentes escalas de ocurrencia.
Nada permite anticipar hoy que la crisis multiforme del capitalismo global, su colapso eventual y los escenarios de futuro que pudieran provenir de su implosión después del siglo xxi, resultarán en ordenamientos sociales armónicos, en sistemas políticos idílicamente pacíficos o en configuraciones geopolíticas integrativas o de cooperación. Solo los seres humanos conocen la escasa distancia que siempre ha existido en la Historia, entre los paraísos imaginados y los infiernos reales.
Este ensayo pretende explorar las tendencias globales que conducen a ese post-capitalismo, desde una perspectiva geopolítica, prospectiva y geoestratégica. Tenemos delante de nosotros, solo distintos puzzles empíricos e incertidumbres interpretativas, producto de la enorme cantidad de información y data disponible y de lo escuálido de los modelos interpretativos que permitan reconstruir la historia del futuro. Por eso, esta primera parte del ensayo aborda el cambio global hacia el post-capitalismo desde el punto de vista político y geopolítico; la segunda parte, en cambio, examina la hipótesis geoeconómica del colapso planetario por la rivalidad energética.
Manuel Luis Rodríguez U.
Punta Arenas – Magallanes (Patagonia…sin represas…), otoño de 2011.-
CONCEPTOS CLAVES: Crisis energética, rivalidad hegemónica, rivalidad energética, distribución de las hegemonías, progreso, post-capitalismo.
LA MADRE DE TODAS LAS CRISIS.
En aquellos tiempos turbulentos de fines del siglo xxi, cuando una combinación de crisis a escala mundial y a escala micro-territorial hicieron tambalear las bases del modelo capitalista de producción, el orden internacional basado en la extensión de la especulación, de la corrupción, de las guerras e intervenciones, de las finanzas mafiosas, de la delincuencia internacional, de la hambruna y de la desigualdad social, del terrorismo estatal y contra-estatal, de la contaminación y depredación del planeta, condujeron hacia una diversidad de formas y dimensiones de post-capitalismo.
Ls crisis económicas -aquellas donde “…se destruye sistemáticamente, no solo una parte considerable de los productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas…” (Marx, C.: El Manifiesto Comunista. En Marx, C., Engels, F.: Obras escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso, p. 26)- dejaron de ser solo parte de un ciclo cronológico de colapsos económico-tecnológicos y sociales, sino que se combinaron, en sus causas y en sus efectos, con la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis medioambiental y el cambio climático.
El corazón de la crisis mundial del capitalismo globalizado, consistió en el desencadenamiento acumulativo de la crisis energética (que provenía desde mediados del siglo xx), de la crisis alimentaria, la crisis demográfica y la crisis medio-ambiental (una de cuyas manifestaciones era la crisis climática), pero la motivación principal, el nudo gordiano de la rivalidad planetaria fué el acceso y control de los recursos energéticos.
En un siglo de evolución reciente, cambió la forma del capitalismo, cambió el modo de producción, las fuerzas productivas y las relaciones sociales, el Estado y el orden político, pero persisitó el mismo esquema de explotación y de creación de plusvalía a costa del trabajo ajeno y del uso intensivo de recursos naturales y energéticos agotables, al tiempo que se amplió la escala de los mercados y de la concentración del capital. En consecuencia, las luchas de clases cambiaron de forma, de escala y de extensión (movimientos de desheredados, sin tierra o sin agua, movimientos post-materiales, redes sociales transversales movilizadas, interacciones valóricas, conjunciones identitarias, multitudes inteligentes…), pero su contenido -la rivalidad social básica y la división de la sociedad en clases sociales distintas y antagónicas, originada en el capitalismo- siguió siendo el mismo.
Aquel capitalismo de desastre (N. Klein), basado en el aprovechamiento expansivo de las crisis, en la privatización mercantilizada de las guerras y en el uso de los desastres naturales (que el mismo sistema provoca e intensifica), como fuente casi inagotable de gigantescos beneficios corporativos rentables, entró en una prolongada fase de colapso: este capitalismo de desastre o de crisis, fue reemplazado por un capitalismo de la especulación y el derroche ilimitados.
En la profunda asimetría que aquejaba a la estructura capitalista, la acumulación desmesurada de la riqueza se correspondía y se explicaba por la acumulación desmesurada de la pobreza. En este contexto, la sucesión y traslapamiento de crisis a diferentes escalas, solo podía anticipar el incremento, la expansión y la multiplicación de escenarios de luchas de clases, de rivalidades territoriales, de revueltas sociales y de revoluciones políticas. La desigualdad social, económica, material y territorial flagrante entre los centros de poder y hegemonía y las periferias empobrecidas, esclavizadas, discriminadas, necesariamente tuvieron el rol de agente desencadenante de la inquietud, la movilización ciudadana y el despliegue de múltiples formas de resistencia, de contra-culturas, de protesta y hasta de anarquización de las multitudes y los entornos contestarios.
El planeta no se había vuelto plano: se había trizado y resquebrajado, por su desigualdad estructural y las placas tectónicas que lo entrecruzaban comenzaban a chocar entre sí.
La rivalidad hegemónica entre los distintos core-power mundiales y continentales (Estados nacionales y coaliciones estatales, adoptó la forma de rivalidad energética, es decir, una lucha multiforme (política, diplomática, estratégica, tecnológica e ideológica, virtual y territorial) por acceder, controlar y dominar aquellas fuentes de recursos energéticos que garanticen su propia seguridad y estabilidad.
DE UN ORDEN GLOBAL HACIA VARIOS ORDENES MUNDIALES
El capitalismo funcionaba en aquellos decenios finales del tercer milenio, sobre la base de ciclos hegemónicos, de la extensión ilimitada de los mercados y de la propia capacidad de autoreproducción del sistema económico, mediante la multiplicación y difusión del capital, de la tecnología y de la innovación emprendedora.
Los ciclos hegemónicos se producían en el futuro, siguiendo similar trayectoria a los ciclos históricos del pasado: una o varias potencias claves ascienden a la hegemonía a través de sucesivos conflictos, alcanzan su fase de hegemonía plena o de supremacía, para entrar a continuación en una fase de declinación y posteriormente, en una etapa de reconfiguración del sistema geopolítico mundial y de redistribución de las hegemonías.
Pero el sistema comenzó a tambalear, porque resultó cada vez más incapaz (política, económica y estratégicamente) de resolver desde su interior todas las crisis en curso.
El capitalismo del siglo xxi dió paso al postcapitalismo y a una nueva era de desarrollo de la humanidad, no porque haya sido atacado “desde afuera” por fuerzas adversarias más poderosas o letales, sino porque las poderosas mareas sociales internas de los Estados (y coaliciones de Estados) reventaron los muros del poder dominante en demanda de más igualdad y más participación protagónica. El capitalismo no explotó: el conjunto de la estructura hizo implosión.
El mundo del capitalismo no se derrumbó porque se cumplieron las numerosas predicciones que lo anticipaban, sino porque una suma acumulativa de crisis y conflictos ocasionados por su propio funcionamiento y disfuncionamiento, lo llevaron hacia un prolongado período de colapsos y mutaciones.
Por su parte, la crítica al capitalismo, se había transformado, yendo desde las bases estructurales y sistémicas, a la comprensión de la crisis valórica y moral, y de los profundos impactos destructivos que este modo de producción ocasionaba sobre el medio ambiente y el uso racional de los recursos energéticos del planeta.
La racionalidad económico-finaciera y tecnológico-mediática de sello occidental se opuso y se encontró en colisión creciente con la racionalidad humana, con la búsqueda de la felicidad, con el reencuentro con las culturas originarias casi perdidas y las cosmovisiones ancestrales antes avasalladas.
El sistema-planeta déjó entonces de ser un solo sistema global predominante y hegemónico, para dislocarse en varios sistemas mundiales liderados por potencias mundiales -o con alcance mundial- capaces de articular coaliciones supraestatales de carácter continental. La rivalidad estratégica, geoestratégica y geopolítica, en esta prolongada época final del capitalismo occidental, ya no ocurrirá solamente entre la potencia imperial estadounidense -en declinación gradual- y las potencias imperiales asiáticas (China, India…), sino que se implantará como un escenario de confrontaciones múltiples entre coaliciones continentales, en torno a la defensa-acceso hacia los recursos energéticos escasos y las materias primas naturales.
A su vez, la rivalidad hegemónica se desplegará no solo en las zonas de fricción geoestratégica tradicionales (Medio Oriente, sur de Asia, Mediterráneo) sino además tenderán a acentuarse en distintos escenarios de la cuenca del Pacífico, espacio oceanopolítico emergente donde se encuentran Estados Unidos, Japón, Rusia, Australia y China.
… … …
DESDE EL ESTADO BUROCRÁTICO AL ESTADO DE LOS CIUDADANOS
La crisis del Estado fue parte de la crisis de la civilización capitalista y del modelo político occidental liberal.
El Estado -en su forma nacional surgida del paradigma de Westphalia- se encuentra sometido a una doble presión: por una parte, emergen las regiones como protagonistas económicas y político-culturales al interior de cada nación y presionan desde abajo por mayor presencia en el sistema internacional, y por el otro lado, surgen nuevas estructuras supraestatales a escala de continentes y subregiones, que pugnan por quitar porciones de soberanía estatal.
Las soberanías estatales resultaron así cuestionadas por el surgimiento de las nuevas configuraciones y alianzas de Estados, que se formaron tanto para defender recursos, como para procurar acceder a las fuentes energéticas, y porque un número cada vez mayor de regiones de países reestructuraron la arquitectura internacional formando alianzas y macrozonas en torno a especializaciones productivas, ventajas comparativas y competitivas propias y recursos energéticos y naturales propios.
El sistema internacional en crisis de representación y legitimidad, condujo a la crisis del Estado como unico y exclusivo representante de la nación en la escena mundial.
EN LA EPOCA DE LAS POST DEMOCRACIAS
La crisis del capitalismo globalizado se vio acompañada por la crisis sucesiva de los antiguos sistemas políticos democráticos.
La vieja estructura política y estatal, basada en la representación de la ciudadanía, el uso intensivo del dinero, las finanzas y los medios de comunicación como dispositivos de alienación colectiva e individual y el voto periódico, hizo crisis, cuando las multitudes ciudadanas avanzaron hacia la democracia virtual, hacia la auto-representación y hacia la instalación de formas de ejercicio del poder sin delegación, con autoridades revocables y estructuras de gobierno de geometría variable, basadas en la nueva legitimidad ciudadana y en el ejercicio del poder ciudadano.
El orden politico es ahora un orden ciudadano…
La ciudadanía se complejiza y se diversifica, pero constituye nuevamente el fundamento de la vida pública, despojada de las ataduras partidarias y corporativas…
La participación ciudadana dejó de ser una mera fórmula de información desde la autoridad a los ciudadanos, cuando la información y la circulación de datos se convirtieron en derechos colectivos e individuales y la nueva libertad afincada en las personas, los grupos, las comunidades y las naciones, se hizo extensiva a los sistemas y estructuras de poder.
En definitiva los nuevos dispositivos políticos, las nuevas arquitecturas institucionales y políticas se forjaron desde la ciudadanía y su diversidad organizativa e identitaria, desde su protesta y resistencia, desde su imaginación creativa y aparentemente caótica, hasta reescribir códigos, normas y referencias, lenguajes y símbolos conforme a la nueva constitución ciudadana.
Entonces la política dejó de ser un dispositivo ajeno en forma de aparato de poder, para convertirse en una configuración ciudadana para resolver y conducir el interés general.
Un modelo político y social de convivencia que tenía 19 siglos de existencia conceptual y apenas un siglo y medio de existencia real.
… … …
En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click…
Jean Jacques Rousseau había muerto por segunda vez junto al paradigma del contrato social, cuando las multitudes inteligentes de ciudadanos, clientes y usuarios descontentos, de las regiones avasalladas por el centralismo y las identidades culturales y transversales silenciadas por el pensamiento único del Estado y las corporaciones privadas, habían terminado por barrer literalmente con las instituciones representativas que habían dado esa precaria y esquiva gobernabilidad y estabilidad a los sistemas políticos del siglo xx.
La muerte de las viejas democracias representativas, era un campanazo fúnebre anunciando el fin del capitalismo neoliberal del pasado.
AQUELLAS DEMOCRACIAS…
La vieja maquinaria de las democracias representativas, había por entonces colapsado, distorsionada por la acción o la omisión de representantes que no representaban a los ciudadanos sino a determindos intereses particulares y corporativos, cuando no mafiosos; por el cansancio ciudadano ante mecanismos participativos donde no se tomaban las decisiones principales; por la captura de la mecánica democrática por parte de partidos políticos oligárquicos, de empresas y corporaciones de marketing político; por la dilución del espíritu cívico ante el individualismo rampante; por el quiebre definitivo de la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, los grupos y los territorios en la capacidad real de las instituciones y la clase política para resolver sus problemas, demandas y aspiraciones.
Aquellas democracias, terminaban siendo finalmente arreglos semicerrados grupales, partidarios, corporativos, patrimoniales y hasta familiares, de oligarquías político-económicas reducidas en tamaño pero extendidas en influencia.
Las elecciones en este contexto, eran algo así como eventos cívicos y comunicacionales prefigurados y marketeados por empresas de comunicación política y corporaciones de diseño de imagen, donde lideres artificialmente construidos, predominaban en una escena política y comunicacional altamente sofisticada, donde lo que menos se hablaba era de política, sino de inversiones, de rentabilidades, de subsidios, de tasas de crecimiento…y donde el voto no era más que una rutina individual desprovista de sentido, pero reforzada por la costumbre y por la industria de las encuestas a la medida.
El espacio público había sido secuestrado al público: solo hablaban los comunicadores.
El lenguaje político estaba entonces en franca distorsión y corrupción: los Estados llamaban “servicios públicos” a empresas privadas que recibían fondos públicos para financiar sus ganancias y hasta sus pérdidas; los políticos llamaban “convivencia” al silenciamiento de las atrocidades dictatoriales; los empresarios imploraban la ayuda del Estado cuando tenían pérdidas y exigían “menos Estado” cuando sus utilidades crecían; los ciudadanos llamaban “subsidio” a una limosna estatal que el mercado no quería asumir…
Los ciudadanos sintieron que los sistemas de vigilancia que el propio Estado privatizado había instalado para vigilarlos, necesitaba urgentemente ser a su vez vigilados por los propios ciudadanos organizados, para que su seguridad no termine secuestrada por delincuentes de cuello blanco o funcionarios de cuello azul o guardianes de cuello verde oliva.
Los ciudadanos, en primera y última instancia, sintieron que el contrato social basado en la lógica de la representación había perdido sentido e interés, desde que los intereses corporativos y empresariales de poder y las maquinarias burocráticas, habían capturado el poder para uso y abuso de sus propios objetivos financieros, llegando a la distorsión de la rentabilidad social de las políticas públicas o la privatización del patrimonio público, entendidos bajo una paradoja de suma cero: “si sale sello tu pierdes, si sale cara yo gano”, es decir, cuando ganan las empresas, los ciudadanos y la nación pierden.
En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click y apagaron el viejo Estado…
...QUE SE DERRUMBARON…
El derrumbe de aquellas democracias, no fue el resultado de revoluciones o de insurrecciones armadas de tono “bolcheviques 1917″…fue en realidad, mucho más rápido y mucho menos sangriento.
El “palacio de invierno” de las democracias de viejo cuño, se vino abajo con sucesivos, interminables y multitudinarios cliks computacionales, correos y sms masivos y una cadena infinitesimal de manifestaciones virtuales de desobediencia civica, en que los ciudadanos atrasaron el pago de sus impuestos, o dejaron de pagarlos simplemente, colapsaron los sistemas institucionales con reclamos no resueltos, se reunieron en asambleas virtuales masivas y otras expresiones de recuperación del poder constituyente que los animaba.
La calle era un pantalla de computador, más bien dicho, millones de pantallas de computadores.
Era la política de los laptops.
Los ciudadanos le pusieron un candado virtual, político e ideológico a las instituciones de la vieja democracia representativa, porque ya no los representaba.
Las clases sociales de la nueva economía y los movimientos y nuevas articulaciones político-sociales dieron nueva significación a las políticas antisistémicas y a las prácticas de resistencia, siendo portadoras reales y virtuales de demandas y aspiraciones transversales, que tocaban las fibras profundas del descontento y del proyecto de cambio social.
En aquel entonces, millones de ciudadanos hicieron click, y apagaron la vieja democracia…
… … …
…DANDO PASO…
La ruptura del contrato político básico de la democracia representativa no fue fácil en aquella época futura.
Las oligarquías partidarias, políticas y comunicacionales se aferraron al poder político que les permitía el acceso al poder económico, así como los intereses corporativos se aferraron al poder económico que les permitía el acceso al poder político.
No todo se reducía a dinero…pero casi…
Los poderosos del dinero pensaron en llamar a los militares para que los salven del mal paso, pero los militares de paso pensaron primero que son ciudadanos, a muchos gerentes y generales “se les cayó el sistema”, sus pantallas se volvieron a negro … y en ese choque excluyente de pensamientos, el Estado dejó de trastabillar y la nación se puso de pie y en movimiento.
La política de los laptop, de las tecnologías comunicacionales nómades (ipods, celulares…) daba paso a expresiones ciudadanas que antes habían sido borradas de las pantallas del sistema político. La revolución democrática de los cliks y de las TICs, estuvo en marcha desde mucho antes que gobiernos y empresas trataran de frenar la proliferación de weblogs y de páginas web alterenativas, porque los ciudadanos dejaron de creer en los medios de comunicación unilineales, formateados desde alguna gerencia o desde alguna oficina del poder, para dar paso a nuevos medios de expresión-comunicación, a una capa creciente de líderes, grupos y movimientos dotados de tecnologías trans-tecnológicas y de influencias trans-sociales.
Cuando la política y la comunicación política dejó de ser monopolio de plataformas comunicacionales únicas, la nueva democracia ciudadana se comenzó a desplegar.
Así comenzaron a colapsar esas viejas democracias representativas, que funcionaban como aparatos piramidales donde unos pocos decidían y gobernaban, en nombre y a pesar de una gran mayoría que observaba.
... A OTRAS DEMOCRACIAS…
Los ciudadanos comenzaron a votar en elecciones que ninguna autoridad había convocado.
Las autoridades percibieron que sus decretos y normas apenas eran respetados por la gente.
Las asambleas y reuniones ciudadanas tenían lugar, pero también ocurrían sin tener lugar.
Los grupos y los movimientos aprendieron que la multitud comienza en las conciencias individuales potenciadas como conciencias sociales.
Los ciudadanos reclamaron y construyeron gradualmente una democracia de poderes revocables, un poder político de contenido aún más democrático y de carácter ciudadano, una democracia de ciudadanos protagonistas dentro de instituciones políticas eficientes y participativas, una democracia de la transparencia, con autoridades sujetas al control ciudadano y que dan cuenta de sus actos, los que también son controlados y exigidos por ciudadanos organizados y conscientes. Entonces, los consensos y los acuerdos políticos aparecieron respaldados por ciudadanos que se sintieron tomados en cuenta y por partidos y movcimientos políticos que vieron legitimado su nuevo rol mediador, propositivo y articulador.
En estas nuevas democracias, volcadas al uso intensivo y extensivo de las comunicaciones digitales, de las tecnologías computacionales masificadas y de las imágenes virtuales, la lucha ideológica y los debates públicos y políticos, no se dieron solamente en torno al binomio “Estado-mercado”, sino también a otros dilemas como “¿más Estado o más ciudadanía?”, “¿más crecimiento o más sustentabilidad ambiental?”, “¿más desarrollo o más crecimiento?”…
Los movimientos y los movimientos de movimientos supieron hacer el vacío allí donde el poder dominaba o reprimía, hacer presencia allí donde nadie los esperaba, dispersarse cuando se creían reunidos, reunirse cuando se les vigilaba dispersos, extenderse cuando se les restringía, conectarse cuando se les incomunicaba, moverse cuando se sentían inmóviles, desobedecer bajo una aparente obediencia, desatender cuando se reclamaba su atención, abrirse cuando se les motejaba cerrados, cerrarse cuando se les creía abiertos, funcionar como red cuando se les suponía estructurados.
La ciudadanía ya no era un mero deber civico (restringido al voto o a los impuestos), ahora en el futuro habían nuevas e innovadoras formas de ciudadanía. Los ciudadanos habían recuperado su poder constituyente originario y soberano. Habíamos entrado en la era de la soberanía ciudadana.
La participación dejó de ser una mera comunicación política vertical de la autoridad sobre los ciudadanos, reemplazada por una red extensa de redes de involucramiento directo de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.
Las nuevas institucionesde esta nueva democracia electrónica y ciudadana, operaban como sistemas organizacionales abiertos de vocación pública, de estructura participativa y vinculadas a la contraloría social de los ciudadanos. Las nuevas formas de democracia no eran sin embargo, en el futuro, una panacea gratuita ni un remedio total a los males cívicos, por el contrario, el aspecto general de las sociedades y comunidades era de un caos aparentemente ingobernable y de un terreno de reciclaje para las viejas oligarquías políticas y del dinero.
La pantalla era una calle y un espacio cívico, pero los ciudadanos también aprendieron a ocupar los espacios públicos, partiendo siempre del principio innovador y hasta revolucionario que todo el Estado, que todos los servicios públicos, que todos los lugares y espacios públicos les pertenecen, porque ellos son la nación y el Estado le pertenece a la nación.
En aquel entonces en el futuro, la democracia había dejado de existir… reemplazada por nuevas formas de democracia, donde el centro del orden político era la ciudadanía, las nuevas formas de ciudadanía.
… … …
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.
Chase-Dunn, Ch., Podobnik, B.: The next world war: world system cycles and trends. Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 6, 1995.
Friedman, Th.: La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado en el siglo xxi. Madrid, 2006. Ediciones MR.
Goldfrank, W.: Beyond cycles of hegemony. Economic, social and military factors. Journal of World System Research, Vol. I, Nr. 8, 1995.
Marx, C., Engels, F.: Obras Escogidas en dos tomos. Moscú, 1955. Ed. Progreso.
Marx, C.: El Capital. Crítica de la Economía Política. México, 1998. 3 volúmenes. Fondo de Cultura Económica.
Wallerstein, I.: Utopistics. N. York, 1989. Ed. W.W. Norton.
El despertar árabe – Antecedentes en Le Monde Diplomatique sobre las actuales revoluciones políticas en el mundo árabe
El estudio y la comprensión de las causas, factores y consecuencias de las revoluciones árabes, se está constituyendo en un tema académico de amplio interés y alcance. A su vez, el estudio comparativo de las transiciones desde regímenes autoritarios a gobiernos (más o menos) democráticos, es además, un tópico que pudiera conectar a América Latina con el Medio Oriente.
Consultar en Le Monde Diplomatique de mayo 2011: http://www.monde-diplomatique.fr/mav/117/
El derecho a intervención como prerrogativa imperial
Pocos medios de comunicación a nivel mundial parecen haber puesto de relieve este aspecto de la operación “Jerónimo” que realizaron fuerzas especiales SEALs de Estados Unidos en territorio nacional pakistaní, para asesinar a Osama Bin Laden: que, desde el punto de vista internacional fué una operación militar comandada y realizada por fuerzas militares estadounidenses en territorio pakistaní, saltándose todos los límites de la soberanía, las fronteras nacionales, la autoridad del Estado y las prerrogativas del derecho internacional.
¿Y el Estado de Pakistan qué tiene (o qué puede) decir en este asunto? ¿Hay agentes de la inteligencia o de las fuerzas armadas, o del gobierno de Pakistán que sabían de la residencia de Bin Laden en ese país, desde hace 5 años? ¿Puede Pakistán considerar a los Estados Unidos como un aliado confiable? ¿Puede Estados Unidos considerar a Pakistán como un aliado confiable? La cuestión trasciende los límites del derecho internacional, para internarse en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia.
Es decir, desde el punto de vista del derecho internacional, se ha reafirmado y consagrado -una vez más- la posibilidad que el imperio estadounidense pueda intervenir en cualquier territorio de un país extranjero, si los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos así lo requieren.
El interés nacional de los Estados Unidos y sus intereses de seguridad, se han convertido en la regla no escrita que rige las relaciones internacionales.
Militarmente, podría decirse que la operación para eliminar a Bin Laden fué “perfecta”: todo fue orquestado durante varios meses (desde agosto de 2010), con agentes estadounidenses de la CIA y actividades de inteligencia en territorio pakistaní instalados cómodamente a varios cientos de metros de la residencia, sin informarle ni a los servicios secretos ni al ejército ni al gobierno pakistaní, y realizada por comandos SEALs con helicópteros ultrasecretos, drones de vigilancia, observación satelital de precisión, armamento sofisticado, comando centralizado en la sala de situación de la Casa Blanca en Washington y tropas aerotransportadas al lugar.
El unico problema es que esta operación estadounidense, ocurrió en territorio de un supuesto aliado de Estados Unidos: en el territorio nacional del Estado de Pakistán.
El derecho a intervención existe en el mundo global actual, por lo tanto, desde que Estados Unidos es la única potencia militar y estratégica global, es decir, el único Estado con capacidad militar, tecnológica, logística y estratégica para trasladar, posicionar, introducir y extraer fuerzas militares propias en cualquier punto del planeta.
El derecho a intervención es una prerrogativa política imperial, precisamente porque el imperio está dotado de la capacidad material y estratégica para intervenir. ¿Cómo podría denominarse a una práctica llevada a cabo por un actor político internacional o un Estado, de intentar asesinar a sus enemigos en cualquier lugar donde se encuentren, sino una práctica terrorista? Hay otros Estados que ya han dado pruebas y ejemplos vergonzosos en esta materia, como el caso de Chile en 1976.
¿Qué es entonces un Estado terrorista?
La captura y muerte de Bin Laden sería, desde este punto de enfoque, unica y simplemente un asesinato internacional, cometido por fuerzas militares extranjeras en territorio pakistaní, actuando para un Estado extranjero, es decir, para los Estados Unidos, en una operación en la que intervino la totalidad de la cadena de mando militar estadounidense, desde el Presidente de los Estados Unidos hacia abajo.
La muerte de Bin Laden es entonces un asesinato legitimado por el poder político y militar de los Estados Unidos y por la enorme mayoría de los medios de la opinión pública mundial.
¿Está justificado entonces que una potencia extranjera, un Estado nacional cualesquiera, pueda colocar tropas suyas en territorio extranjero y eliminar a uno o varios individuos residentes en ese país, porque éstos ponen en riesgo la seguridad nacional de este Estado?
La comparación de este ataque con la destrucción de las torres del World Trade Center y el Pentágono en 2001, no resiste ningún análisis, toda vez que dicha acción no fue obra de un Estado especifico, sino de una red de organizaciones islámicas sin territorio nacional propio. Estamos en el centro de la controversia acerca de los límites y los alcances de la guerra en los tiempos actuales.
El derecho a intervención o a ingerencia en los asuntos internos de otros países ¿es una prerrogativa exclusiva de algunos Estados con capacidad de intervenir en otros territorios nacionales? ¿Cuales son los criterios que rigen este nivel de las relaciones internacionales: el interés nacional de cada Estado, el derecho internacional, los intereses geopolíticos de cada actor internacional, los principios de la la ética internacional?
¿No estará ocurriendo en realidad que la muerte de Bin Laden sirve a los Estados Unidos para recuperar su credibilidad menguante de potencia unipolar y global, previo a retirar sus tropas de Afganistán ante el fracaso evidente -o la ausencia de victoria- en esa interminable e incontrolable guerra de guerrillas?
¿Asistimos en realidad al momento final de las soberanías nacionales y estatales propias del paradigma westphaliano?
¿Cuál es el lugar que tiene hoy, en el postmoderno siglo xxi, la Razón de Estado como ideología del Estado imperial?
Manuel Luis Rodríguez U.
FUENTES Y REFERENCIAS
Weiner, T.: Legado de cenizas. La Historia de la CIA. B. Aires, 2008. Editorial Sudamericana.
Council on Foreign Relations: http://www.cfr.org/terrorism/bin-ladens-leadership-legacy-jihad/p24922
Geopolítica de América Latina 1
Reacciones en el Medio Oriente por la muerte de Bin Laden
Imagenes de videos de The Wall Street Journal y New York Times, edición de hoy 5 de mayo de 2011: http://online.wsj.com/video/news-hubmiddle-east-reaction-to-bin-laden-death/A7CBAB78-9B2E-4CE3-B2D4-EFA4AC4079F5.html
http://www.nytimes.com/2011/05/05/world/asia/05pakistan.html?ref=world
La muerte de Osama, no garantiza la reelección de Obama
Ni siquiera la extraña, mediática y controvertida muerte de Osama Ben Laden en Pakistán, podría garantizar la reelección de Barack Obama en las elecciones presidenciales de noviembre de 2012. Revisando los términos de la más reciente encuesta de The New York Times y CBS en Estados Unidos, Obama obtiene un 72% de aprobación por el desempeño de su gobierno en la lucha contra el terrorismo, pero solo un 34% de aprobación por el manejo económico de la crisis.
La disputa en la campaña presidencial del 2012 en Estados Unidos será en primer lugar una batalla mediática por definir la agenda de los temas que interesan prioritariamente al electorado estodounidense. Y todo dependerá -entre otros factores- de la salida de las tropas estadounidenses desde Afganistán (como efecto mediático y político) y de las medidas adoptadas por Obama para disminuir el desempleo y conjurar los efectos de la actual crisis económica.
Para conocer en detalle la encuesta NewYork Times/CBS, clicar a continuación ↓
Osama Bin Laden, le Che Guevara du XXIeme siecle
Ernesto Che Guevara et Osama Bin Laden semblent plus proches de ce quiconque pourrait le croire. Les deux ont provoqué l’admiration et la haine des millions d’individus partout dans le monde.
Les deux se sont confrontés a l’empire américain avec ses moyens et sa volonté, et ont réussi, meme d’une maniere imparfaite, a toucher le coeur du pouvoir et a susciter la lutte de milliers d’individus convoqués par leur heroisme et leur courage.
Tandis que Guevara avait lutté, les armes a la main dans les terres d’Amérique Latine il a réussi a trascender et depasser ses propes limites identitaires, de meme que Bin Laden a touché profondement le coeur des multitudes arabes.
Il est fort probable que nous memes, habitants de la deuxiéme decenie du XXIeme siecle, nous n’avons pleine conscience du role et du poids symbolique des deux heros morts dans la lutte anti-imperialiste a cinquante ans l’un de l’autre.
Manuel Luis Rodriguez U.
Osama Bin Laden, Che Guevara of the XXIth century
Ernesto Che Guevara and Osama Bin Laden seem to share more than their common battle against the American empire, both captured the imagination of millions of individuals around the world, both transcended their own national epic and identity, and both managed to become – in spite of themselves and the efforts to co-opt-in system and ideological cultural icons representative of a heroic resistance against the imperial power.
Both also were killed in action, ie in combat, allowing you to associate the fighting courage of those heroes of the nineteenth century that transformed their peoples into nations, giving them a sense of unique and distinctive identity.
By now the twenty-first century and the huge deployment of media and social networking, the overall impact of both figures should not make us forget that, for the people and the Arab masses, the hero Osama Bin Laden is poised to become a powerful symbolic icon for millions of young and citizens Arab, have tarnished his body that had been thrown into the sea (violating Islamic precepts of burying their dead), but become a myth and legend figure.
Después de Osama Bin Laden, sigue Al Qaeda
La muerte de Osama Bin Laden a manos de fuerzas especiales militares de EEUU -después de 9 años de búsqueda infructuosa- es un golpe político, diplomático y militar de importancia estratégica en la “guerra global” que lleva a cabo el imperio estadounidense contra el terrorismo. Se trata de una compleja operación de inteligencia y de despliegue de unidades altamente especializadas (sobre la cual persisten profundas dudas y justificadas interrogantes), que se llevaba a cabo desde agosto de 2010 en territorio pakistaní y que fue ratificada por el presidente Obama en marzo de este año.
Aún así, con el hecho que el cuerpo de Bin Laden no ha sido mostrado oficialmente, queda en entredicho nuevamente la credibilidad de Estados Unidos.
Muere Bin Laden, pero continúa Al Qaeda.
Es un golpe político de gran repercusión en la política interna de los Estados Unidos, porque podría abrirle la puerta a la reelección de Obama en las elecciones presidenciales del próximo año: Obama ahora puede mostrar un éxito militar significativo en su batalla contra Al Qaeda y contra la resistencia árabe antioccidental, mientras las guerras de ocupación en Afganistán y en Irak se han convertido en “pantanos sin salida honrosa”, como lo había sido en su época Vietnam. Es también un éxito militar que podrá ser mostrado como una victoria para la política exterior de Estados Unidos, y puede dar cabida a un esfuerzo más sostenido para producir la retirada de las tropas estadounidenses desde territorio afgano.
Pero los electores estadounidenses están menos preocupados por Osama Bin Laden y Al Qaeda, que por la persistencia de la crisis económica y el elevado nivel de desempleo, por lo que éste tópico económico pudiera ser central en la campaña presidencial que culminará en noviembre de 2012.
ELEMENTOS PARA UN ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
La muerte de Bin Laden hay que situarla además en la perspectiva de la identidad y del sentimiento árabe en el Medio Oriente y en el mundo. ¿Cómo va a reaccionar el sentimiento nacional árabe de los pakistaníes, cuando se enteren que tropas de Estados Unidos han realizado una extensa operación militar dentro de su territorio nacional (¿Pakistán es un aliado amigo de Estados Unidos?), en una ciudad regional sede de una división y la academia militar del Ejército pakistaní?
Para organizaciones islámicas como Al Qaeda, que opera como una red horizontal y no como una pirámide estructurada, la muerte de su principal lider significa un golpe de gran efecto simbólico (Bin Laden es hoy un ícono del heroismo y de la identidad árabe y ahora será un martir de gran simbolismo para los pueblos árabes, ya que murió combatiendo), pero la organización hará todos los esfuerzos posibles por golpear y seguir golpeando lugares y símbolos del poder occidental, para dejar en evidencia que sigue existiendo y funcionando y que es capaz de trascender a su líder fundacional. ¿La muerte de Bin Laden pudiera abrir nuevas posibilidades de acuerdo político con el movimiento Talibán en Pakistán y Afganistán, cuyos avances militares y políticos son evidentes?
Detrás del fallecido lider Bin Laden y con crecientes rasgos de autonomía operacional y financiera, existe una compleja red de organizaciones descentralizadas y con capacidades operativas propias de acción y reacción, que abren serias interrogantes acerca de la extensión y ubicuidad de sus unidades en terreno, sobre todo en Asia, en el Medio Oriente y en Africa.
A la hora final de Bin Laden, no puede olvidarse que el guerrero, el héroe combatiente Osama Bin Laden, así como muchos líderes árabes actuales, son una hechura de Estados Unidos, una hechura del poder imperial estadounidense, que utilizó, entrenó y respaldó al guerrillero árabe hasta que el guerrillero árabe se dió cuenta y tomó consciencia de la presencia occidental dominante y avasalladora en las naciones petroleras del Medio Oriente.
Al quitarle a Estados Unidos la sensación de impotencia por su fallida captura a lo largo de casi una década, las redes de Al Qaeda se fueron reforzando, diversificando y repotenciando, al punto que ahora el temor de la amenaza de ataques no solo abarca a los Estados Unidos sino también a Gran Bretaña, Francia, España y otras potencias occidentales. Estados Unidos retoma ahora la imagen de prestigio como primera potencia global. Pero al eliminar a Bin Laden, puede anticiparse que las fuerzas militares estadounidenses han dado un golpe a un avispero, diseminando las posibilidades y la amenaza de ataques puntuales contra muchos otros objetivos occidentales.
El estado de alerta en que se encuentran varias naciones occidentales, como Estados Unidos, ¿no volverá a impactar acaso sobre la industria aeronáutica y sobre la industria turística en el Hemisferio Norte y en el resto del mundo?
Estados Unidos se demoraron 9 años en encontrar a Osama Bin Laden y se demoraron apenas unas cuantas horas en lanzar -supuestamente- su cadáver al mar (atentando contra el precepto religioso islámico de entierro), para intentar borrar de la memoria colectiva al héroe árabe que murió combatiendo.
Manuel Luis Rodríguez U.
ALGUNAS FUENTES ACTUALIZADAS DE PRENSA
http://kristof.blogs.nytimes.com/2011/05/02/after-osama-bin-laden/?ref=asia
http://english.aljazeera.net/news/americas/2011/05/2011522132275789.html
A l’affut des revolutions: Twitter, Facebook et Youtube, revolution dans la revolution
Las verdaderas razones de Occidente para intervenir en Libia
Syrie: la revolte s’amplifie, la repression aussi
Syrie: la revolte s’amplifie, la repression aussi
Elementos de análisis de las revoluciones en el mundo árabe
La naturaleza cambiante del conflicto en un mundo incierto – Notas de geopolítica y geoestrategia
El mundo en los inicios del siglo XXI se percibe hoy convulsionado, caótico e impredecible. Si hay un rasgo que parece distinguir al mundo de hoy es su carácter esencialmente impredecible.Efectivamente, la proliferación de conflictos de distinto orden en distintas regiones del orbe, denotan la existencia de profundas controversias de intereses que no fueron resueltas durante el siglo XX y que constituyen su herencia más negativa.
El hambre, el SIDA, la pobreza, las diferencias religiosas, las tensiones étnicas y raciales, las luchas por el agua o por el petróleo, los conflictos originados en el control de zonas estratégicas del mundo, las distintas formas de intervención de la potencia imperial en aquellas regiones del mundo donde se juegan intereses cruciales, todas ellas son parte de la herencia que el siglo XXI ha recibido de la centuria anterior y, en algunos casos, del siglo XIX.
El mundo de hoy es tanto o más impredecible que durante el siglo XX.
Este ensayo tiene por objeto examinar el dilema de la guerra y la paz en la época contemporánea.
Tres disciplinas nos permiten examinar este tópico: las Relaciones Internacionales, la Teoría Estratégica y la Ciencia Política. Este trabajo presenta un análisis del sistema internacional, desde la perspectiva intelectual de la escuela teórica del realismo político y estratégico. Manuel Luis Rodríguez U. Cientista Político.
Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.
Unipolaridad, imperio, incertidumbre y redistribución de las hegemonías: los determinantes estructurales del actual orden mundial
Cuatro conceptos y tendencias profundas permiten comprender el actual estado del sistema internacional: la unipolaridad, un esquema del orden mundial que opera como resultado del término de la guerra fría (1945-1990); la actual hegemonía imperial estadounidense en los planos tecnológico, estratégico y económico; el predominio de un clima internacional caracterizado por la incertidumbre más o menos generalizada o por la pérdida de las certidumbres estratégicas y políticas anteriores; y una tendencia cada vez más marcada hacia la redistribución de las hegemonías a escala planetaria. El actual orden mundial se comprende a partir de la existencia de un esquema unipolar, es decir, del predominio y hegemonía de una sola potencia sobre el conjunto del sistema-planeta. Esa potencia unipolar es hoy Estados Unidos. La hegemonía estadounidense le permite desempeñar en la actualidad una posición de dominación incontestable en el mundo entero, posición que se caracteriza por el ejercicio cada vez más creciente de una dominación de caracter imperial. Al ordenarse el sistema-planeta en torno a una potencia global, se asume que la forma cómo esa potencia global ejerce su hegemonía es mediante la configuración de relaciones de carácter imperial con las demás potencias mundiales y regionales. El imperio global es hoy entonces una categoría de análisis que permite entender la forma cómo se encuentra materializada la actual arquitectura internacional y como está distribuido el poder y la dominación en el mundo contemporáneo.
El imperio ordena el mundo a partir de una jerarquización desigual de las potencias y de una asimetría estratégica estructural básica que el actual “desorden” mundial hereda del anterior sistema internacional.
El antiguo sistema internacional basado en el paradigma de Westfalia, se encuentra en transición hacia un orden imperial, hacia una Nueva Edad Media postmoderna en que los Estados nacionales son sometidos a una creciente presión “desde abajo” o sea desde las demandas y reivindicaciones regionales y locales, y “desde arriba”, o sea desde las emergentes entidades supranacionales y transnacionales que gradualmente le van restando márgenes de soberanía. De este deterioro del Estado nacional como entidad única y primordial del sistema internacional, también se beneficia la dominación imperial.
El imperio como forma de dominación capitalista global es parte de un proceso estructural mayor del sistema internacional: la redistribución de las hegemonías. El sistema internacional se distribuye en una jerarquización asimétrica de los actores internacionales. Esta jerarquización de los actores internacionales, además de las instituciones internacionales y de las organizaciones supranacionales, necesariamente incluye a las potencias globales, potencias mundiales y Estados pivotes continentales, así como potencias regionales y subregionales.
América Latina forma parte de este esquema de redistribución de las hegemonías, en cuanto espacio geopolítico caracterizado por su desarrollo desigual y dependiente y por su posición periférica dentro del orden global, y por su condición de espacio geo-económico de interés por los recursos naturales que posee.
Los intereses energéticos y los recursos naturales escasos: los determinantes estructurales del conflicto
Las causas fundamentales de las frecuentes guerras que han asolado el mundo desde 1914 en adelante, podrían ser analizadas desde varios puntos de vista. Aquí se analizan desde la óptica de los intereses energéticos y del control sobre ciertos recursos naturales escasos como el agua o el uranio.
Las guerras del siglo XX y la mayor parte de los actuales focos de conflicto en el mundo se pueden explicar a partir del propósito de determinadas potencias de acceder o asegurarse el control sobre las fuentes de producción y suministro del petróleo. Desde la década de 1950-1960 en adelante el sistema mundial vive una secuencia de conflictos y guerras originadas en el petróleo.
Guerras por el petróleo en que las potencias mundiales y las grandes corporaciones internacionales occidentales que controlan los puntos de producción se han disputado ya sea directamente (guerra fría entre Estados Unidos y la URSS de 1945 a 1990), o a través de sus Estados aliados (Israel, Arabia Saudita y Jordania como aliados de Estados Unidos; Irak y Egipto como aliadas de la antigua URSS).
Sin embargo, desde el término de la guerra fría (1990) el Medio Oriente ha experimentado un proceso de agudización de las tensiones originadas en el surgimiento de movimientos y grupos islámicos que reivindican el petróleo como propiedad de los Estados árabes donde éste se encuentra, apoyando su demanda en la exacerbación de los sentimientos nacionalistas y de las creencias religiosas dentro del islam. Cabe subrayar que desde fines del siglo XX, el islam (aún dentro de sus complejas diferencias interiores entre las corrientes chiitas y sunnitas) vive una profunda transformación de orden geopolítico y cultural caracterizada por una toma de conciencia de su potencia energética y por una reafirmación cultural y nacional de su identidad religiosa, como forma de oponerse y resistir a la presencia occidental en sus tierras.
Las transiciones democráticas – Notas para una geopolítica del cambio de poder
Desde finales de los setenta, en el cono sur de América Latina se comenzó a hablar de transiciones a la democracia. La emergencia y la crisis de las dictaduras militares, así como su reemplazo por gobiernos civiles, generó toda una discusión académica en torno a las vías y los mecanismos de reconstitución de la legalidad perdida durante los años de la hegemonía militar. En un primer momento, la noción de transición democrática significó el reestablecimiento de mecanismos institucionales y legales que hicieran factible la instauración de una democracia política, la cual debería estar fundada en un sistema de partidos, que diera legitimidad al sistema político emergente.
Se trataba de establecer un orden jurídico político que posibilitara la reconstitución del sistema de partidos como eje gestor de la transición hacia la democracia.
La reconstitución del sistema político y la creación de un sistema de partidos que fuese lo suficientemente estable y legítimo ocuparon la atención no sólo de los actores sociales y políticos comprometidos con la transición, sino de muchos cientistas sociales y políticos, que pretendían, esta vez sí, decir la última palabra sobre el eterno problema de la democracia. Una vez agotadas las discusiones en torno a la reconstitución de la democracia política y estando ya en vigencia las instituciones básicas para que ésta se hiciera efectiva, la cuestión de la transición siguió siendo un problema sin resolver. Se cayó en la cuenta de que no era suficiente reconstituir el sistema de partidos y hacer mínimamente efectiva una praxis política anclada en el liberalismo, sino que ésta era sólo una de las dimensiones de la transición, la más urgente quizás, pero no la única ni la más importante.
Lo que se comenzó a percibir ya desde principios de los ochenta era que en América Latina se estaba operando un profundo cambio de su matriz socioeconómica, es decir, el paso de una “matriz Estado céntrica” -caracterizada por un relativo equilibrio entre la economía y la política a través del Estado- a otra “mercado- céntrica” en la que predominaría el mercado y en la cual el Estado perdería la centralidad que antaño lo caracterizó como eje articulador de la economía y la política.
En este sentido, las transiciones democráticas que aquí estudiaremos, constituirían sólo un aspecto, una dimensión particular, de una transición más global y de más largo aliento, transición que implicaría el reemplazo de una matriz socioeconómica por otra y en la que se insertan las actuales tendencias a la mundialización y la globalización.
Es posible partir de la hipótesis de que la matriz Estado céntrica, se habría agotado como eje articulador del desarrollo económico y social. Sus mejores momentos se habrían producido cuando -tras el colapso de los regímenes oligárquicos en la primera mitad del siglo XX- logró impulsar, a nivel económico, un proceso de industrialización sin precedentes en América Latina y, a nivel político, la organización de los diversos sectores populares como actores políticos subordinados al Estado.
El ascenso de los militares al poder en la década de los setenta, proceso que como se verá más adelante, se inició en Brasil en 1965, constituye un signo inequívoco de las contradicciones políticas y económicas que se gestaron en el seno de esta matriz socioeconómica de dominación. El modelo de industrialización y de sustitución de importaciones terminó revelando sus deficiencias estructurales más profundas, deficiencias que se tradujeron en costos sociales, los cuales debieron ser asumidos por unos sectores populares cada vez más insatisfechos y conscientes de su potencial organizativo y movilizador. En la década de los sesenta, cuando el Estado y el sistema político democrático tradicional se volvieron incapaces de controlar las demandas sociales, de encapsular los conflictos sociales y políticos, de conciliar las exigencias del modelo económico con las demandas de estos sectores populares, los militares decidieron “restaurar el orden”, estableciendo un “Estado burocrático autoritario”.
Esta restauración conservadora del orden supuso para los militares no sólo la desarticulación de las organizaciones populares, sino la abolición de todos los mecanismos legales e institucionales que posibilitaran la participación de la sociedad civil en la vida política. Es un retorno a la política del siglo XIX. ( ) Pero también supuso la restauración de los mecanismos del mercado como elemento desencadenante del desarrollo económico, ya fuese en la ruta del “reequilibrio económico” (Chile, México, Colombia) o ya fuese en la ruta del “ajuste caótico” (Argentina, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Brasil).
Fue en el terreno económico que los militares se creyeron anotar sus mejores logros. Evitaron, temporalmente, el colapso económico de la vieja matriz socioeconómica, pero eliminando uno de sus supuestos básicos de funcionamiento: la participación política de la sociedad civil.
La crisis de las dictaduras en la década de los ochenta, obedeció más que a su fracaso en la gestión económica o a la movilización de la sociedad civil, a la insostenibilidad del modelo socioeconómico, en el cual los militares insertaron su proyecto. Estos, en efecto, inscribieron su proyecto de desarrollo económico en el marco de la vieja matriz, es decir, pretendieron potenciar al mercado desde el Estado, pero para debilitarlo y “reducirlo”. Es así como no lograron evitar la contradicción entre el mercado y el Estado, contradicción que habría llevado al colapso de los regímenes populistas, con el agravante de que el fortalecimiento del Estado pretendido por los militares, se hacía sin el soporte de la movilización popular, que habría servido a aquellos como instrumento para controlar las demandas empresariales. ( )
La potenciación de las fuerzas del mercado, animada por el Estado burocrático autoritario, generó dinamismos económicos y políticos que hacían cada vez más innecesaria la presencia de un Estado fuerte o autoritario, al estilo del implantado por las dictaduras militares. Políticamente, los sectores populares no constituían ya una amenaza real ni para los empresarios capitalistas ni para los militares.
Dos décadas de terror y represión institucionalizados habrían acabado con el potencial de movilización popular, generado por el anterior Estado populista, pero además habrían clausurado toda una cultura política anterior, que se guiaba por los patrones cívicos de la participación, el debate pluralista, el compromiso ciudadano y el respeto a la diversidad. Económicamente, el mercado había generado unos dinamismos no sólo en el interior de las economías nacionales, sino en relación a un orden económico internacional cada vez más globalizado, haciendo necesario redefinir las funciones del Estado en la economía. Fue en este contexto que las élites empresariales y militares menos reacias al cambio político-social -los civiles “blandos” y los militares “blandos”- decidieron pactar la transición de los años ochenta. Es decir, decidieron pactar el recambio de los militares por civiles en la gestión del poder político, pero a condición que el sistema político y la nueva matriz económica impuesta, no resulten alterados.
Así se iniciaron las transiciones democráticas en América Latina.
Este ensayo, en la forma de Apunte de Clases presenta un análisis politológico de los procesos de transición hacia y desde la democracia. Ciertas corrientes politológicas modernas hablan de “transitología” para referirse conceptualmente al estudio y análisis de los procesos políticos e institucionales mediante los cuales los sistemas pasan de un régimen autoritario o totalitario a un régimen democrático.
Para ser exactos y rigurosos además, este tópico de las Ciencias Políticas debiera también examinar el “tránsito al revés”, es decir, la crisis y derrumbe de las democracias y el advenimiento de los regímenes autoritarios. Este ensayo examina ambas grandes opciones de transición.
Los contenidos de este apunte se sitúan en el marco de la cátedra de Regímenes Políticos en la carrera de Ciencia Política de la Universidad ARCIS, sede Magallanes.
Punta Arenas, agosto de 2004.
Los procesos de transicion: elementos para un marco teórico.
El tópico de las transiciones constituye un campo nuevo en la Ciencia Política, en la medida en que solo durante la segunda mitad del siglo XX se comenzó a prestar atención a ciertos procesos políticos de cambio.
En términos generales se puede definir los procesos de transición como una secuencia de eventos políticos e institucionales que generan un cambio desde un régimen político a otro, a lo largo de un período variable de tiempo. ( )
Tipología
y categorías de análisis
Las transiciones pueden ser analizadas desde varios puntos de vista. Aquí hemos elegido un enfoque estructural en el que se establece la relación con el régimen de origen y el régimen resultante; según este criterio, pueden clasificarse en transiciones hacia la democracia y las transiciones desde la democracia.
Las categorías de análisis politológico fundamentales que permiten comprender los procesos de transición son las siguientes:
a) la problemática de la gobernabilidad y estabilidad del sistema político, entendida como la suma de condiciones estructurales y funcionales que facilitan, aceleran, frenan o dificultan el proceso de cambio; en este sentido, todo escenario de cambio transicional debe ser comprendido como un escenario en el que se han de manifestar determinados grados de inestabilidad e ingobernabilidad, dependiendo de los actores políticos y del sistema, la capacidad para disminuir dichos márgenes de fluidez;
b) la cuestión de las inercias y resistencias que las estructuras institucionales instaladas en el sistema ofrecen a los cambios; aquí aparece relacionada la cuestión de la polarización de las arenas y de los actores, de manera que a una mayor polarización del cuadro político, mayores son las posibilidades que el sistema tienda a resistir al cambio, bajo la retórica que presenta la dualidad “orden- anarquía” como irreductible; ( )
c) las crisis políticas e institucionales, como el o los escenarios en los cuales se producen los cambios que conducen hacia una transición; toda transición hacia o desde la democracia tiene lugar en un contexto que se inicia o que incluye una o varias fases de crisis política e institucional; desde la perspectiva del estudio de las crisis, los cambios transicionales pueden ser comprendidos como coyunturas fluidas, en las que la secuencia de eventos sigue una trayectoria que se inicia con una fase de dispersión de los actores y de las arenas, continúa después con una fase de ingobernabilidad, en las que el sistema muestra cada vez mas indicios de incapacidad para resolver los conflictos que lo atraviesan; y finalmente se manifiesta una fase de rearticulación y resolución, en la que se reconfigura la correlación de fuerzas y emergen las nuevas instituciones y hegemonías;
d) el tempo y trayectoria del proceso de transición, entendidos como una secuencia de eventos políticos e institucionales cuyo ritmo es único e irrepetible; el proceso transicional impone un tempo al conjunto del proceso político, tendiendo a acelerar ciertas coyunturas o a retardar otras etapas, lo que constituye -en la realidad- la tensión existente de fuerzas que significa la lucha política entre las fuerzas conservadoras del sistema y las fuerzas transformadoras o del cambio. ( )
El punto de partida es el régimen político existente el cual se encuentra sometido a un escenario de presión social y de polarización política.
Un determinado factor desencadenante, genera a continuación un escenario de crisis política e institucional, en el curso de la cual se pone de manifiesto tanto que la ciudadanía o la mayoría ciudadana se niega a seguir siendo gobernada como hasta ahora, mientras el gobierno o el régimen resultan cada vez más incapaces de seguir gobernando como hasta ahora.
A partir de esta crisis se produce una fase de inestabilidad e ingobernabilidad, en la que se manifiesta una dispersión de los actores políticos, al mismo tiempo que el régimen político aparece como incapaz de otorgar gobernabilidad al sistema. Hay además una crisis de credibilidad en el régimen político dominante, el cual no solo es rechazado por una parte de la ciudadanía, sino que además comienza a perder el respaldo social, político y cultural que recibía hasta entonces.
Esta es acaso el rasgo cultural, ideológico y comunicacional más significativo que manifiestan estas coyunturas fluidas: la pérdida de cohesión política producida por la polarización de los actores, se acompaña con el creciente clima de descrédito y deslegitimación del sistema y sus virtudes, no solo entre la ciudadanía indiferente sino también entre los propios actores y los defensores de éste.
La fase de inestabilidad e ingobernabilidad que se inicia con la crisis política e institucional, se caracteriza por la fluidez de las relaciones políticas entre los actores principales del sistema, por la dispersión que manifiestan estos actores y sus alianzas y por la posibilidad de que el conjunto de la crisis, pueda tener como una salida alternativa la disolución completa o el quiebre definitivo del sistema en los términos y normas como ha estado funcionando hasta el presente.
Esta “salida intermedia” puede darse a lo largo de todo el escenario de crisis, salvo que la reconfiguración de la correlación de fuerzas pueda generar polos de poder y de hegemonía suficientemente fuertes, como para frenar la tendencia disociadora y reconstruir ejes de dominación que aseguren la implantación de nuevas arenas e instituciones.
La rearticulación de las fuerzas políticas y los nuevos consensos alrededor de nuevos factores de poder, conducen a una reconfiguración de la correlación de fuerzas, en términos tales que las fuerzas que inducen hacia el cambio prevalecen sobre las fuerzas que sustentan la mantención o preservación del régimen existente.
Esta rearticulación de fuerzas y los nuevos consensos, van a conducir a la gradual o brusca implantación de las nuevas instituciones en las que se plasma el nuevo poder dominante y la nueva correlación de fuerzas.
Las nuevas instituciones dan forma a un nuevo régimen político.
En general, los procesos de transición de un régimen político a otro, aparecen con semejanzas con los escenarios de crisis, porque muy frecuentemente el tránsito desde un tipo de régimen político a otro, se manifiesta en el contexto de una crisis política o de una secuencia de crisis políticas e institucionales que tiene lugar en los territorios. Dos de las diferencias mayores que es posible identificar entre ambos fenómenos reside en la duración en el tiempo de estas coyunturas fluidas y en el tempo durante el cual se produce la implantación de las nuevas instituciones. ( )
La energía en el centro de la Geopolítica del siglo xxi
En el comienzo de la historia, estaban las guerras por los recursos energéticos. Toda la historia escrita de la humanidad podría releerse geopolíticamente bajo el criterio conceptual que las naciones, los pueblos, las comunidades, los Estados, los imperios han luchado por acceder y dominar determinados recursos que suministran la energía necesaria para su supervivencia y su continuidad como actores políticos viables.
Si en algún momento de la historia, los conflictos y las estrategias fueron diseñadas y ejecutadas para satisfacer intereses y motivaciones de gloria o de dominación territorial, para conquistar espacios o reescribir el mapa de las fronteras, en la modernidad y en la post modernidad, el complejo juego de la redistribución de las hegemonías, el nuevo orden global emergente y la tendencia fundamental de los conflictos en el siglo xxi es la lucha por los recursos energéticos.
Las guerras por el dominio territorial y por la definición de fronteras -que caracterizaron al siglo xix- fueron sustituidas por guerras de dominio territorial sobre espacios que contaban con recursos energéticos escasos y estratégicamente necesarios. En el siglo xxi hemos entrado a la época de las guerras ecológicas y de las guerras energéticas, conflictos activados y agudizados para la necesidad creciente de control y por la lucha competitiva por acceder a sectores del planeta que disponen dee recursos energéticos definidos como estratégicos
El proceso industrial de exploración, explotación, refinación y distribución de los recursos energéticos (carbón durante los siglos xix y xx, petróleo, gas, nuclear, recursos hídricos…) puede constituirse en el eje articulador de comprensión del comportamiento de los Estados, las corporaciones y demás actores sociales, estratégicos y políticos y de la aplicación de estrategias de hegemonía a lo largo de los siglos recientes.
Puede construirse la hipótesis geopolítica que los Estados y las corporaciones en la escena internacional, se han guiado, entre otros intereses esenciales por el objetivo estratégico (y luego diplomatico), de aproximarse al acceso, control, dominio, propiedad y/o hegemonía sobre las fuentes de recursos energéticos esenciales para el suministro de sus industrias y actividades económicas en general.
El renovado interés de la reflexión geopolítica por la cuestión energética encuentra su razón de ser en la crisis contemporánea de escasez cada vez mayor de los recursos que constituyen la matriz energética de la economía global: en particular, los combustibles fósiles (petróleo y gas natural).
Se trata de una cuestión a la vez geopolítica (acceso y dominio) y geoeconómica (permanencia y seguridad de suministros): mientras mayor sea la incertidumbre originada en la creciente escasez de petróleo y en la lentitud del proceso de cambio de la matriz energética dominante, la lucha hegemónica por el control de esos recursos se hará cada vez más aguda.
Si el orden global se encuentra en proceso de redistribución de las hegemonías, pasando desde un orden unipolar (propio de la fase de fines del siglo xx) a un orden planetario multipolar (emergente desde 1989 y el 11-S hasta el presente), producto del surgimiento progresivo de nuevas potencias al rango de potencias mundiales, a un orden multipolar, la redistribución de las hegemonías afecta también al orden energético mundial, donde el acceso a las principales fuentes de energía comienza a ser disputado de un modo cada vez más intenso y agudo entre las potencias.
Paralelo al orden político y geopolítico global, e inserto en éste, existe un orden energético global, es decir, un dispositivo estructrural de distribución de las hegemonías dentro del conjunto de las fuentes energéticas, esquema que es proporcional al poder, hegemonía y dominio que cada actor internacional posee sobre dichas fuentes.
Cada nación, cada estado, cada potencia procura en este contexto, alcanzar el mayor y más seguro acceso a las fuentes energeticas, ya sea garantizándose el acceso desde su condición de potencia suministradora, o desde los niveles distintos de dependencia que cada actor tiene respecto de las fuentes de suministro. La asimetría fundamental que estructura el orden energético global, es la distinción entre naciones suministradoras y naciones importadoras o Estados-clientes, respecto de los recursos energéticos actualmente disponibles.
(ensayo en elaboración).
Manuel Luis Rodríguez U.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Gallois, P.: Géopolitique. Les voies de la puissance. Paris, 1990. Ed. Plon, Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.
Lacoste, Y.: Questions de Géopolitique. Paris, 1988. Ed. La Découverte.
Sachs, J.: Economía para un planeta abarrotado. B. Aires. Ed. Sundamericana.
La política exterior de Estados Unidos arriesga un terremoto político y diplomático de proporciones en el Medio Oriente
La diplomacia estadounidense, instalada desde la segunda mitad del siglo XX en una postura de hegemonía imperial y desde 1990 en adelante en una postura estratégica de potencia unipolar de alcance global, arriesga un terremoto geopolítico de proporciones con las actuales revoluciones ciudadanas que sacuden el Medio Oriente, el mundo árabe.
Es lo que trasluce el presente reportaje de Jan Crawford en CBS News.
(The protests in Egypt have sent shock waves through the Middle East and the White House is attempting to stay ahead of what analysts call a geopolitical earthquake that could change the region. Jan Crawford reports.)
Los dilemas geopolíticos y geoestratégicos que atraviesan a la política exterior estadounidense en el espacio árabe son múltiples: ¿apoyar a los movimientos ciudadanos opositores y arriesgar perder posición frente a los regímenes dictatoriales con quienes las grandes corporaciones petroleras han firmado contratos para suministro de petróleo? ¿Cuál es el precio en petróleo de cada una de las revoluciones políticas que sacuden a Libia, Yemen, Siria, Tunez…?
¿Qué gobiernos garantizan suministros de petróleo a qué potencias? ¿Qué corporaciones petroleras controlan la producción y la distribución de petróleo en cada una de las naciones árabes en revolución?
¿Dejar que la marea de revoluciones democráticas árabes permita el acceso al poder a los movimientos islámicos anti-occidentales, o seguir suministrando armas a las dictaduras represivas y corruptas que dominan en la región?
El ejemplo de la ambivalencia política y diplomatica de EEUU frente a la revolución egipcia fué sintomático: ¿apoyar a Mubarak enajenándose a la opinión pública occidental dejando de lado a las multitudes ciudadanas egipcias, o apoyar el movimiento revolucionario egipcio y “dejar caer” al principal amigo de Estados Unidos en Egipto?
La marea de revoluciones e inestabilidad civil y política en el mundo árabe, deja al descubierto las contradicciones profundas de la política estadounidense en Medio Oriente: no importa cuán dictatorial, corrupto y autoritario sea un gobierno en una nación árabe cualesquiera, con tal que ese gobierno le garantice a Estados Unidos y las potencias occidentales un suministro seguro y contínuo de petróleo.
Manuel Luis Rodríguez U.
Encrucijadas geopolíticas y amenazas globales – Análisis geopolítico de Edgar Pisani
Recuento en video de los principales focos de manifestaciones ciudadanas en el mundo árabe
CRISIS POLITICA EN SIRIA
COMBATES EN LIBIA
La OTAN no hace lo suficiente en Libia, según Francia – Artículo de Al Jazeera
DOHA, 12 abr (IPS/Al Jazeera) – La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no hace lo suficiente para proteger a la población civil en Libia, afirmó este martes el canciller de Francia, Alain Juppe, un día después de que colapsara una propuesta de la Unión Africana para poner fin a la guerra civil.
Para Juppe, la alianza debería enfocar sus baterías en la cercada ciudad de Misurata, en el noroeste del país, donde continúan los fuertes combates entre rebeldes y las fuerzas de Muammar Gadafi.
“La OTAN debe desempeñar plenamente su rol. Quería asumir el liderazgo de las operaciones, y nosotros lo aceptamos”, dijo Juppe a la radio France Info antes de viajar a Qatar para reunirse con un grupo de contacto sobre Libia.
“Debe desempeñar su papel ahora, lo que significa impedir que Gadafi use sus armas pesadas para disparar a la poblaciones” civiles”, añadió.
La Cruz Roja Internacional anunció que abriría una oficina en Trípoli y enviaría un equipo a Misurata para ayudar a los civiles atrapados en los combates, pero uno de los ministros de Gadafi advirtió que cualquier operación en la que participaran tropas extranjeras sería considerada una declaración de guerra. El Consejo Nacional de Transición en Libia rechazó el lunes una propuesta de la Unión Africana para negociar una salida a la crisis.
El consejo rebelde, con sede en la nororiental ciudad de Bengasi, dijo que la “hoja de ruta” elaborada por una delegación de cinco presidentes africanos había quedado “desactualizada” tras la muerte y destrucción ocurrida en el último mes.
“La demanda de nuestro pueblo desde el primer día ha sido que Gadafi renunciara”, dijo el portavoz del gobierno de transición, Mustafa Jabril.
“Cualquier iniciativa que no incluya esta demanda popular clave no será considerada. Muammar Gadafi y sus hijos deben irse de inmediato”, subrayó.
Jabril advirtió que los combatientes rebeldes marcharían hacia Trípoli.
“No podemos negociar la sangre de nuestros mártires”, dijo Kabril. “Moriremos con ellos o seremos recompensados con la victoria”, añadió.
También agradeció a la comunidad internacional y a las fuerzas de la coalición por su apoyo, que consideró fundamental para salvar vidas de civiles.
La hoja de ruta de cinco puntos propone un cese del fuego y medidas para la protección de civiles, así como la provisión de ayuda humanitaria tanto para libios como para extranjeros.
El plan también llama al diálogo entre las dos partes, a un “periodo de transición inclusivo” y a reformas políticas “que cumplan con las aspiraciones del pueblo libio”.
Los líderes africanos se reunieron el lunes con Gadafi, quien dijo “aceptar” las propuestas.