¿Y si el gasto en Defensa lo entendemos como inversión en seguridad?

¿GASTO O INVERSIÓN EN DEFENSA?

El debate político, técnico y castrense acerca de los recursos que una  nación destina a la Defensa Nacional, parece derivar subrepticiamente desde la importancia y relevancia del uso que dichos recursos tienen para el ejercicio normal y eficiente de la “función Defensa”, hacia la implantación de un enfoque financiero, diríamos estrechamente financiero y presupuestario, que gira en torno a la lógica del llamado ”gasto militar” y a la necesidad de reducir el déficit estructural que caracteriza al presupuesto de Defensa.

El dilema conceptual del llamado “deficit estructural” del presupuesto de Defensa, en el caso de Chile, se origina en una doble constatación de hecho: 1° que el presupuesto de la Defensa en Chile presenta un márgen de déficit que se ha mantenido durante largos años llegando a formar parte estructural de éste, y 2° que todo presupuesto de Defensa se construye sobre supuestos operacionales, organizacionales y de misión necesariamente flexibles y dinámicos en el tiempo.  Luego todo presupuesto de defensa representa siempre la difícil cuadratura del círculo entre la necesidad de fijar en el tiempo-espacio un conjunto de recursos en función de ciertas misiones y tareas, pero que se trata de misiones y tareas que cambian de acuerdo a la naturaleza dinámica de los escenarios geopolíticos y geoestratégicos en los que aquellas deben realizarse.

En el caso de Chile, la lógica presupuestaria que preside la “función de Defensa” del Estado, debe inscribirse en la perspectiva de los escenarios geopolíticos cambiantes que rodean al país, donde a la actual situación de semi-incertidumbre diplomática con Peru como consecuencia de la ddemanda marítima de ese país, se suma un clima soterrado de creciente volatilidad del actor boliviano, a la par que se avanza en los niveles de integración y cooperación con Argentina. 

LA DEFENSA EN UN CONTEXTO GEOPOLÍTICO CAMBIANTE Y FLUIDO

En síntesis, el contexto geopolítico y geoestratégico inmediato que rodea a Chile, se caracteriza por un doble cuadro de incertidumbre relativa en el cuadrante Norte (lo que obliga a mantener una actitud y posición disuasiva sobre todo en los espacios marítimos), y por un cuadro de certidumbre y estabilidad en el cuadrante Este con Argentina.  

A su vez, sobre este escenario geopolítico vecinal, se superpone un cuadro geopolítico subregional y oceánico, donde Chile incrementa aceleradamente su dependencia de los intercambios comerciales, financieros y tecnológicos con las potencias asiáticas orientales (China, India, Japón, Estados del sudeste asiático) al tiempo que en el intrincado ajedrez sudamericano, Chile mantiene relaciones privilegiadas con Ecuador y Brasil.

LEY RESERVADA DEL COBRE Y FINANCIAMIENTO DE LA DEFENSA

A este cuadro externo, hay que sumar el cambio que está intentando producir el Estado de Chile en cuanto al modo de financiamiento de la Defensa, a partir del proyecto de ley de derogación de la Ley Reservada del Cobre.  En efecto, puede decirse que uno de los factores principales que motivan el desfase entre el gasto presupuestado y el gasto efectivamente realizado en Defensa en nuestro país, es la existencia de un mecanimo automático de transferencia que asegura Y otorga el 10% de las ventas al extranjero y subproductos de CODELCO a las Fuerzas Armadas.

Su carácter de “reservada” le ha otorgado a esta ley una percepción pública de secretismo que no ha ayudado a restarle controversia en los últimos años, no sólo porque el dinero es utilizado para financiar las compras militares de las Fuerzas Armadas, sino además porque estos fondos no se rigen por las normas sobre manejo, pertinencia y proporcionalidad en el uso de los recursos fiscales vigentes, sino por normas de excepción que permiten tomar créditos y no entregar información sobre las deudas.

Estas normas excepcionales le confieren cierta libertad de acción a la Defensa Nacional para la decisión de adquisición de armamentos.

En primer lugar este gasto militar no se somete a la discusión del Congreso, como ocurre con todo el resto del Presupuesto de la Nación cada año, y tampoco las inversiones realizadas por las Fuerzas Armadas son analizadas posteriormente por el Poder Legislativo. Sólo son analizadas administrativamente por la Contraloría, aunque tampoco puede pronunciarse sobre la materia.   Pero en lo fudamental, lo que más se discute es precisamente que la mayor o menor compra de armamento varíe según los precios del cobre, dando orígen a una dependencia presupuestaria y operacional que genera que el gasto militar pueda alejarse desproporcionadamente de la realidad, tanto en exceso como en déficit.

En este cuadro, la Defensa nunca puede entenderse solamente como gasto militar, sino también y sobre todo como inversión en seguridad, toda vez que la “función de Defensa” del Estado da cuenta de una necesidad estructural que toca a la supervivencia del país y a la relación existente entre la defensa y el desarrollo.

Así el déficit estructural del presupuesto de la Defensa depende hoy del mecanismo de financiamiento.

Manuel Luis Rodríguez U.

Las dimensiones ciudadanas de la soberanía: las Falklands y los kelpers

La larga disputa territorial que opone a Gran Bretaña y Argentina a propósito de las islas Falklands, ha adquirido nuevos ribetes con una reactivación del debate diplomático y comunicacional entre ambos gobiernos en el año 2011.  La polémica diplomática tiene además, un trasfondo histórico de más de un siglo y marcado por la guerra de 1982, por una centenaria demanda de los argentinos y por la posición casi inamovible de los británicos en cuanto al ejercicio de la posesión y dominio del archipiélago.

La guerra de 1982 además, produjo tres efectos duraderos en el tiempo: en primer lugar, convirtió a las Falklands en un poderoso reducto militar aeronaval británico en el Atlántico sur cuya función estratégica y disuasiva es más que evidente: Inglaterra no se dejará sorprender dos veces por una invasión; segundo, modificó durablemente el escenario geopolítico del cono sur de América Latina, generando un nuevo esquema geoestratégico de estabilidad subregional; y tercero,  dejó en la nación argentina el amargo sabor de la derrota, uno de los sentimientos más perjudiciales y perniciosos para el pleno ejercicio de la razón diplomática y de la objetividad política. 

 En definitiva, la cuestión diplomática en torno a las Falklands no involucra solamente a dos Estados y dos naciones, en la medida en que se ha seguido la estrategia de multilateralizar el diferendo, de trasladarlo a algunas instancias internacionales y de llevarlo a los medios de comunicación como un mecanismo para hacer presión.  El problema en cuestión sin embargo, no se reduce a una simple polaridad entre “reclamamos la soberanía” y “no hay soberanía que discutir”.

El renacer de esta disputa hoy no podemos atribuirlo tampoco a la debilidad de los gobiernos implicados: a pesar de la crisis europea, el gobierno Cameron se mantiene estable y Cristina Fernández continúa siendo ratificada fuertemente por las urnas.

LOS HABITANTES ORIGINARIOS TAMBIÉN CUENTAN

Pero, en una disputa territorial entre dos Estados y que involucra la cuestión de la soberanía, no puede olvidarse que una opinión fundamental, un juicio decisivo, le cabe a los habitantes originarios de los territorios implicados.  ¿Cómo puede haber soberanía si quienes son el fundamento jurídico y humano de dicha soberanía no son consultados y su opinión no es tomada en cuenta?

No es necesario escarbar demasiado en la historia del concepto de soberanía dentro de la tradición de Occdidente (desde Jean Bodin, 1576), para percatarse que aquí la voluntad y la opinión de los kelpers, es decir, de los habitantes originarios que residen en las islas, puede resultar fundamental y hasta ineludible para entender el destino de las Falklands en los próximos decenios.  

Cabe preguntarse, ¿aceptaría Argentina la opinión de los kelpers si éstos ratificaran que desean seguir siendo ciudadanos británicos? ¿Aceptaría Gran Bretaña la opinión de los kelpers si éstos manifestaran que no desean seguir bajo la jurisdicción británica?  Incluso desarollando un enfoque crítico y no menos polémico, ¿nos hemos preguntado que opinaban los kelpers respecto de la demanda argentina de soberanía antes de la guerra de 1982 y sobre todo, después del conflicto? 

Y una pregunta que resulta crucial en este caso: ¿cómo se consideran a sí mismos los kelpers de las islas Falklands: “argentinos” usurpados por el Estado británico, o “británicos” amenazados por el Estado argentino?

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