Geopolítica XXI

una mirada geopolítica desde el sur del sur del planeta

Para una Geopolítica de la globalización: redes, estructuras e ideología

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PROLOGO

 No obstante ser uno de los tópicos de moda, desde los últimos decenios del siglo XX, la globalización se nos aparece como una materia difícil a aprehender intelectualmente: como resultado de esta nebulosa indefinida que se forma en torno a la cuestión, las posturas teóricas tienden  a polarizarse.

 La problemática de la globalización es al mismo tiempo, un tópico de reflexión intelectual y una materia crítica que sin duda alguna, influirá poderosamente en el desarrollo económico, político y cultural de nuestras sociedades, a medida que nuestras fronteras materiales y económicas se abren, y a medida que se expanden las fronteras del conocimiento y la información. 

 Nuestras identidades culturales, nuestra chilenidad, nuestra condición regional o “magallaneidad” como algunos la han bautizado, se verán ineludiblemente sometidas al desafío de confrontarse con patrones culturales extranjeros de larga data y de profunda densidad, y frente a ellos, solo tenemos el recurso de fortalecer nuestros propios valores nacionales y regionales, de saber apreciar lo nuestro como algo único y distinto de lo extranjero, sin excluirlo, pero sabiendo hacer la diferencia.

 Este ensayo –elaborado como ponencia para el seminario internacional “Globalización y APEC” de la sede Magallanes de la Universidad ARCIS el año 2004- es una invitación a la reflexión intelectual e intenta presentar una lectura geopolítica y crítica de la globalización actualmente en curso, a la luz de un conjunto de categorías multidisciplinarias de análisis.

 Manuel Luis Rodríguez U.

 Punta Arenas (Magallanes), primavera de 2010.

 LA PROBLEMÁTICA DE LA GLOBALIZACIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA GEOPOLÍTICA

 La perspectiva geopolítica moderna, permite comprender la tendencia globalizadora como un fenómeno que se inserta y hace uso del marco de relaciones espaciales y territoriales de poder preexistentes en el orden mundial, produciendo en ellas una transformación funcional a los fines e ideologías que la sustentan.

 La asimetría estructural que ha existido en las relaciones económicas, políticas y culturales del sistema capitalista mundial, se ha trasladado al interior del proceso globalizador, constituyendo a éste en una nueva fase en la evolución histórica del sistema.

 Esta asimetría básica, estructura las relaciones económicas a escala mundial, de regiones-continentes y de cada economía nacional, funciona a través de redes corporativas e institucionales, reales y virtuales, dentro de determinados espacios-territorios, estudiados, planificados y operacionalizados bajo la forma de mercados, es decir, de espacios geo-económicos.

 Como se analiza más adelante, la asimetría estructural que caracteriza al sistema capitalista mundial actualmente en funcionamiento y de la que hace uso la globalización, constituye el punto de partida del cual parte cada economía individualmente considerada para insertarse –o verse arrastrada- a la tendencia globalizadora.

 Espacios geo-económicos

 Desde un punto de vista geopolítico puede definirse la globalización como una tendencia profunda del desarrollo económico, tecnológico y cultural en la sociedad contemporánea que opera en la forma de redes de intercambios y flujos materiales y no-materiales sobre determinados espacios geo-económicos.

 Desde esta perspectiva, la globalización se inserta en el sistema económico mundial madiante redes que operan a escala de ciertos espacios geo-económicos, es decir, territorios jerarquizados y estructurados en función de los recursos económicos y tecnológicos de que disponen.  

 

Cada espacio geo-económico así, es una configuración territorializada de recursos, redes y líneas de intercambio y relaciones de poder, una malla a escala de ciertos intercambios económicos e instalada en territorios.  Mallas, líneas y territorios, se articulan en función de los intereses corporativos o estatales, para facilitar los intercambios.

 

Las relaciones económicas globalizadas operan sobre una configuración territorializada de recursos (tecnológicos, informáticos, financieros, humanos), sobre una compleja red de redes y líneas (comunicacionales, de transporte, informacionales, de navegación, etc.) cuya función central es operar los intercambios y materializar las relaciones de poder, configurándose así una compleja malla a escala de ciertos intercambios económicos e instalada en territorios.  Mallas, líneas y territorios, se articulan en función de los intereses corporativos o estatales, para facilitar los intercambios.

 

El territorio de estas relaciones geo-económicas se apoya sobre una multiplicidad de espacios –y sus diversas escalas- aunque no son solamente espacios materiales, puesto que existen también espacios virtuales que la globalización hace suyos. 

 

Siempre desde una perspectiva geopolítica, entendemos que los espacios geo-económicos o los territorios de mercados constituyen una producción a partir de una determinada realidad económica y socio-cultural, lo que implica el establecimiento de relaciones de poder. Así, en definitiva “la producción de espacios geo-económicos, por todas las relaciones que pone en juego se inscribe en un campo de poder, del mismo modo como producir una representación del espacio es ya una forma de apropiación, una tentativa de control y de dominio”. ([1])

 

La forma principal de los espacios geo-económicos en los que opera actualmente la globalización son los mercados; más bien, los mercados son la dimensión espacial más importante y significativa de los procesos e intercambios que realizan los actores de la globalización.

 

La globalización se instala en los espacios geo-económicos (sistema-planeta, continentes, grupos de países, economías nacionales, regiones de países, etc.) a partir de redes empresariales, corporativas e institucionales cada vez más interconectadas e interdependientes que materializan los flujos de intercambio y que tienden a consolidar la asimetría que separa las relaciones económicas en el mundo de hoy.

 

Espacios geo-económicos y escalas

 

 

El cambio mayor que impone la globalización a las economías y a las empresas-corporaciones, es al nivel de la escala a la que se producen los intercambios y los flujos de productos, bienes, capitales, servicios y otros intangibles.

 

Lo que caracteriza a las redes corporativas-empresariales que utilizan la globalización, es la escala geo-espacial a la cual operan y donde se instalan. 

 

La globalización en sí misma, en tanto red de flujos e intercambios reales y virtuales, es una malla de relaciones que opera a escala planetaria, a escala global, aunque incorporando también a sus redes de relaciones de poder y mecanismos de control, la escala continental, subregional, nacional y local de dichos intercambios.

 

Lo que sucede es que la puesta en marcha de intercambios a escala global, tiende a distorsionar las escala, los contenidos y las dimensiones de las otras escalas “menores” del intercambio económico, en la medida en que tiende a subordinar a éstas con respecto a los flujos globales: la lógica de que el pez mayor se come al pez menor, no es solo una metáfora en este caso; se trata de un mecanismo propio de los procesos de globalización, con un agregado adicional, la lógica subyacente del “pez mayor y el pez menor”: “el pez mayor se come al pez menor, del mismo modo como el pez extranjero mayor se come al pez nacional menor, y como, a otra escala, el pez nacional mayor se come al pez regional o local menor”… 

 

En la globalización, la escala de los intercambios opera como mecanismo estructurado de desigualación y de asimetría, en términos tales que la escala mayor de los intercambios y del acceso a los recursos, avasalla, aprovecha, depreda y predomina sobre las escalas menores.

 

Geográfica y espacialmente, la globalización opera como una gigantesca y multiforme pirámide, una estructura de pirámide jerarquizada que tiende a configurar económica y culturalmente una diferencia fundamental, estructural, la que –como veremos a continuación- es su propio punto de partida conceptual y su propio punto de llegada material y sistémica.

 

Y el punto de partida de la globalización es la desigualdad, es la asimetría.

 

 

LAS REDES Y ESTRUCTURAS

 DE LA GLOBALIZACIÓN

 

 

La estructura piramidal y asimétrica de la globalización (pirámides de empresas y asimetrías de capitales, pirámides de mercados y asimetrías de recursos…), se articula en cuatro componentes fundamentales:

 

a)         un conjunto de empresas y corporaciones globales (de carácter industrial, financiero y comercial), cuyas estrategias y mercados se planifican a escala planetaria y también a escalas espaciales menores;

b)        un conjunto de espacios geo-económicos constituidos en mercados, a diferentes escalas y con diversos niveles de dinamismo;

c)         un conjunto de entidades supranacionales cada vez más interdependientes entre sí, y que tiende a configurar la nueva arquitectura económica y jurídica global;

d)        un conjunto de instituciones internacionales que tienden a constituir la estructura política global del futuro.

 

La asimetría caracteriza a estos cuatro subsistemas componentes: son asimétricas las relaciones entre las empresas y corporaciones globales y sus empresas nacionales y locales relacionadas, proveedoras y/o maquiladoras; son asimétricos, desiguales, los mercados, al interior de los cuales con frecuencia los consumidores se ven desprotegidos frente a la omnipotencia del monopolio, del oligopolio y de sus estrategias de marketing, y donde los mercados locales se ven invadidos por la presencia avasalladora de empresas nacionales o redes transnacionales que apuntan a dominar mercados en términos de hegemonía excluyente.

 

Del mismo modo, es asimétrica en realidad la estructura y la acción de las entidades supranacionales que dominan el proceso globalizador.  Entidades internacionales, con diversos grados de institucionalización, como la OMC, el G-8, el Foro Económico de Davos, la APEC, el FMI o el Banco Mundial, operan en realidad como factores institucionales de apoyo a la expansión de las corporaciones globales, por la vía de estimular política, jurídica e ideológicamente el libre comercio y la mayor apertura de los mercados.

 

La lógica asimétrica de la globalización encuentra su punto culminante en la desigualdad básica que se inscribe en las instituciones internacionales como Naciones Unidas o la OTAN, cuya función estratégica en este nuevo ordenamiento mundial se dirige a otorgar fundamento político y militar a las tendencias globalizadoras.

 

 

LOS SOPORTES MATERIALES

 DE LA GLOBALIZACIÓN

 

 

Los procesos globalizadores son posibles gracias a la articulación de un marco de soportes materiales, que se combinan con los soportes ideológicos que la justifican e impulsan.

 

Estos soportes materiales son a lo menos tres:

 

a)       las cada vez más amplias y diversificadas redes satelitales de información y de intercambio, las que tienden a virtualizar los mercados y los flujos de bienes y servicios, sin reemplazar su materialidad;

b)      los sistemas informáticos de archivo, tratamiento, manipulación y transferencia de data, conocimientos e información, que se ven reforzados por la expansión exponencial de su acceso y uso y por la miniaturización de los artefactos y soportes;

c)       las redes financieras, bancarias y bursátiles, que permiten fluidizar, agilizar los movimientos e intercambios de capitales, de plusvalías, a través de las antiguas fronteras nacionales y continentales, ampliando la escala –y el tiempo espacio- de los flujos de capital y concentrando su acumulación desigual.

 

Visto desde este punto de vista, la globalización opera sobre la base de una formidable estructura satelital de redes informáticas, que aceleran los intercambios, relativizan las fronteras, cuestionan las soberanías y dejan obsoletos los marcos legales nacionales.

 

Veamos la cuestión desde la perspectiva einsteniana del espacio-tiempo: mientras los espacios geo-económicos tienden a expandirse en alcance y escala y a reducirse en velocidades de desplazamientos (de bienes, de capitales, de personas, de servicios), los tiempos de intercambio van disminuyendo hasta el punto de la instantaneidad, de la virtualidad inmediata.  Desde el punto de vista económico mientras se multiplican los intercambios, se concentran los flujos hacia los centros económicos de poder global, se aceleran y se acortan los tiempos entre el diseño, la producción y el consumo, entre la compra y la venta.

 

La globalización en cuanto forma actual de expansión del capitalismo es debida esencialmente a un conjunto de mutaciones tecnológicas que permiten la rápida transferencia de capitales y la gestión industrial flexible; a la extensión de las redes de inversores y firmas comerciales establecidas por las firmas transnacionales y globales; al desarrollo creciente de bloques comerciales regionales apuntando a crear economías continentales de escala; a los avances en las negociaciones sobre la liberalización del comercio internacional; a la liberalización de las economías en vías de desarrollo y suministradoras de materias primas. 

 

Pero, la globalización no es solamente una mundialización del sistema capitalista debido a la transnacionalización del capital, la circulación acelerada de los productos y a la deslocalización de la producción; es además, una forma actualizada de invasión del campo social por el capital, mediante la normalización de las redes económicas, a la mercantilización de los servicios, de la ciencia y de la cultura y en particular, a través del surgimiento de nuevos centros de poder geo-económicos no estatales y no territoriales, favorables a la acción expansiva de las corporaciones globales, centros de poder hegemónico que tienden a emanciparse de la tutela de los Estados y las soberanías nacionales.

 

 

LOS SOPORTES IDEOLÓGICOS

DE LA GLOBALIZACIÓN

 

 

Pero, la globalización no es solamente una red de redes piramidales, o una tendencia asimétrica del desarrollo contemporáneo, o una estructura mundial de poderes económicos y políticos articulados.  La globalización se presenta a sí misma, tiende a presentarse y a justificarse a sí misma, como una realidad ineludible, como un proceso que no tiene vuelta a atrás, como una locomotora a alta velocidad de la que es imposible bajarse. 

 

Es decir, la globalización posee su propia ideología, ella misma opera como una poderosa ideología comunicacional e intelectual, como un pensamiento único, que instala en el espacio público su propio lenguaje neoliberal o neo-conservador, que pone de moda ciertos conceptos (como mundialización, flexibilidad, gobernabilidad, empleabilidad, desregulación, nueva economía, economía del conocimiento, postmodernidad…) y que deja en las sombras del olvido, de la obsolescencia o de la impertinencia a otros conceptos develadores (como capitalismo, poder global, imperio, plusvalía, desigualdad, etc.).

 

Los riesgos del discurso único que verbaliza esta ideología única o pretendidamente única, residen precisamente en la creencia de que los dogmas de la globalización capitalista en marcha, constituyen artículos de fé intocables, encíclicas absolutas de una “nueva vulgata planetaria” (como dice Pierre Bourdieu) ([2]) y que resulta operar en la realidad social como un delicado, poderoso y sutil tamiz incluyente y excluyente de lo que es permitido o no dentro de la ideología del poder. 

 

Foucault dice que “la verdad está ligada circularmente a sistemas de poder que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que inducen y la prorrogan. Un régimen de la verdad” ([3])

 

La ideología de la globalización funciona hoy como una religión inquisidora de la Edad Media, solo que ahora parece estaríamos entrando en realidad en la edad media de la modernidad, ya que presenta y asume sus verdades como dogmas, como la verdad única, incontrastable, absoluta, en la que el dios-mercado sacrifica  en su altar virtual las identidades locales, regionales y nacionales, las especificidades humanas, las particularidades identitarias, en nombre de la eficiencia, de la productividad, de las metas estadísticas y de la rentabilidad, sin importar mayormente los efectos individuales en términos de estrés y depresiones, y los efectos colectivos en términos de desigualdad, marginación y acumulación social de frustraciones.

 

El paradigma de la globalización –cuyos acentos económicos neo-liberales se combinan con el enfoque político neo-conservador- opera como una sutil maquinaria de desmemoriación ([4]) de las historia particulares y de las economías anteriores.  Los paradigmas económicos pretéritos del colonialismo interno, de la marginalidad estructural, de la dependencia, de las relaciones centro-periferia, del imperialismo económico y financiero, habrían quedado obsoletos en cuanto ineficaces para responder a los “nuevos desafíos” de la modernidad y la post-modernidad globalizadora.

 

La liturgia de esta nueva religión única, totalitaria y totalizadora sucede cotidianamente en los mercados; el mercado es el altar sagrado de la globalización, de sus causas y de sus efectos, de sus formas y de sus contenidos; el mercado es el sancta-sanctorum donde se guardan y adoran las tablas de la ley (los tratados de libre comercio, las liberalizaciones aduaneras, las políticas desreguladoras, las prácticas privatizadoras, los códigos empresariales, los Estados subsidiarios).

 

A este nuevo Baal intocable, se le rinde pleitesía en los medios de comunicación, en todo el espacio público, en las políticas públicas y en la vida cotidiana de las personas: este dios-mercado omnipotente todo lo decide, todo lo ordena, todo lo organiza.

 

La globalización se presenta como modelo, cuando no es más que una etapa, una etapa transitoria de la evolución capitalista mundial, y la imagen comunicacional, esa poderosa mercancía que participa en el proceso de acumulación del capital por la vía de su realización y de su reificación, le sirve como soporte ideológico y virtual.

 

El proceso de la globalización se manifiesta además como portador de modelos culturales, laborales, sociales y económicos que se imponen a todos como verdades intocables y como verdades sustentadas en la verdad científica.  Los estilos de trabajo, las culturas laborales, las formas de producción, los conceptos de liderazgo, todo resulta ser asemejado al paradigma occidental de trabajo, de rentabilidad y de rendimiento.

 

Dos parecen ser los dogmas constitutivos del nuevo catecismo político-económico: la idea de que el libre comercio constituye la vía principal y privilegiada a través de la cual se lograría el progreso, el crecimiento y el desarrollo; y la noción de que el desarrollo económico, base material del progreso social, resultará después del logro de un crecimiento económico basado prioritariamente en la apertura de los mercados al libre intercambio, sobre la base del uso intensivo de ciertas ventajas comparativas y competitivas.

 

Lo potente del proceso globalizador consiste, entre otros factores, en que este discurso ideológico se instala en los imaginarios colectivos y en las elites dominantes de las sociedades, sino que además, se inscribe en los territorios y espacios geo-económicos, transformando la totalidad del sistema-planeta en mercados segmentados, que deben obedecer a una lógica única y a patrones de comportamiento económico pre-establecidos.

 

 

El dogma del libre comercio

 y la apertura de los mercados

 

 

Uno de los dogmas fundantes de esta globalización es el del “libre comercio”: el libre comercio permitirá el progreso de los pueblos.

 

Leemos en el Informe Mundial de Comercio 2003 de la OMC: “La apertura al comercio ayuda a los países a utilizar mejor sus recursos de varias maneras. En primer lugar, el comercio permite a un país especializarse en las actividades productivas que realiza relativamente mejor que otros países y explotar así su ventaja comparativa. En segundo lugar, el comercio amplía el mercado de los productores locales y les permite aprovechar mejor las economías de escala, lo que aumenta los niveles de ingresos y la eficiencia de la asignación de los recursos. Esos efectos se consideran beneficios estáticos resultantes del comercio. El comercio sólo tendrá un efecto positivo de crecimiento a largo plazo si aumenta la tasa de inversión o mejora los incentivos al desarrollo y difusión de tecnología.” ([5])

 

Otro concepto de la OMC., en esta misma línea de razonamiento, afirma que “…el comercio permite una mayor especialización y estimula la inversión mediante el aprovechamiento de las economías de escala y la transferencia de tecnología. Se ha resaltado también que las actividades de investigación y desarrollo y la inversión de capital se refuerzan mutuamente, puesto que las innovaciones van a veces incorporadas en bienes de equipo y generan en ocasiones nuevos bienes de consumo y servicios que requieren nuevas inversiones para entrar en el mercado.” ([6])

 

La circularidad de la innovación tecnológica acelerada (que se acompaña con el envejecimiento acelerado y prematuro de las tecnologías anteriores) y de la generación de nuevos bienes y servicios, se completa con el rol dinámico del mercadeo global y segmentado que tiende a inventar nuevas necesidades artificiales poniendo a disposición del consumidor satisfactores que los medios le han presentado como necesarios.  La globalización iguala y segmenta, en un marco de desigualdad.

 

Para agregarse a continuación que: “El comercio puede aumentar la transferencia de tecnología al dar acceso a las empresas a bienes de equipo y productos intermedios tecnológicamente avanzados del extranjero. El comercio de servicios – entre otros, servicios prestados a las empresas y servicios financieros, de telecomunicaciones y de transporte – puede suministrar los insumos necesarios para penetrar en nuevos sectores y reducir los costos del intercambio de información… Las importaciones pueden también facilitar el acceso a conocimientos que pueden adquirirse mediante ingeniería inversa. El comercio ofrece la posibilidad de la comunicación de persona a persona, que puede fomentar la transferencia de tecnología. La inversión extranjera directa puede asimismo contribuir a la transferencia de tecnología mediante la formación en el empleo y diversas formas de interacción entre empresas nacionales y extranjeras. Las concatenaciones regresivas y progresivas favorecen la difusión de tecnología, ya que las filiales extranjeras tecnológicamente avanzadas ayudan a sus proveedores locales y a las empresas del país huésped que intervienen en etapas posteriores del proceso de producción a elevar los niveles de calidad y servicio. Como consecuencia de la interacción entre los productores locales y los extranjeros pueden adoptarse nuevos procesos de gestión, comercialización y producción. Esa interacción puede ejercer también un efecto positivo en la transferencia de tecnología a través de la presión competitiva. ([7])

 

Lo que no nos dice esta afirmación dogmática es que la concatenación entre empresas importadoras de la tecnología y las empresas productoras de tecnología, se produce en un contexto asimétrico, desigual, estructuralmente desigual en el que las primeras no pueden o no rompen el círculo de dependencia que las articula con las segundas.

 

Otro artículo de fe globalizador afirma que “A pesar del firme apoyo teórico y empírico a los beneficios de la apertura, no en todas partes se ha acogido con entusiasmo la liberalización del comercio ni la globalización. Una de las preocupaciones fundamentales ha sido que los países más pobres tal vez no puedan beneficiarse de un régimen de comercio más abierto y se queden incluso más rezagados con relación a las economías prósperas. Esta preocupación está justificada, pero no implica que los países pobres no deban liberalizar el comercio. Lo que implica más bien es que los países pobres tal vez no vean cristalizados todos los beneficios potenciales de la liberalización del comercio a menos que esa liberalización se complemente con otras medidas de política, por ejemplo inversiones en infraestructura y desreglamentación de los sectores de servicios infraestructurales fundamentales, incluidos los servicios financieros. ([8])

 

Aquí la ideología toca los límites de la realidad y se interna en la noción dogmática: lo más probable es que lo países pobres tal vez no van a progresar ni se van a beneficiar de un régimen abierto de comercio, pero igual deben abrirse a los productos extranjeros y liberalizar su comercio.

 

El más reciente informe anual del FMI, propone la siguiente lectura: “Muchos problemas económicos se deben a fallos de funcionamiento de los mercados, no a una escasez de recursos o un exceso o falta de demanda global. Hay consenso general en que en los países que tienen estos problemas, la aplicación de reformas estructurales, es decir, de medidas de política que modifiquen el régimen institucional y reglamentario que rige el funcionamiento de los mercados, se traduce en la asignación y uso más eficientes de los recursos y en mayores incentivos para la innovación y, por ende, no solo en un aumento de la productividad y los ingresos per cápita, sino también en una aceleración del crecimiento a largo plazo. Las reformas estructurales también pueden fomentar el crecimiento a corto plazo al incrementar el rendimiento de la inversión y dejar margen para que las políticas macroeconómicas den cabida a un aumento de los niveles de utilización de la capacidad sin originar presiones inflacionarias en la economía. No obstante, muchas reformas estructurales lamentablemente imponen costos a corto plazo en unos pocos individuos o grupos sociales, y a menudo quienes consideran que podrían verse perjudicados logran, por medio de su oposición, que las reformas no se apliquen.” ([9])

 

 

El dogma del desarrollo

después del crecimiento

 

 

Un segundo artículo de fe del catecismo globalizador es la afirmación de que el crecimiento es el fundamento que hará posible el desarrollo, la eliminación de la pobreza y las desigualdades en la distribución de los ingresos.

 

Afirma a este respecto el mismo Informe de la OMC, ya citado: “El crecimiento es una condición necesaria, pero no suficiente, para mitigar la pobreza. Aun cuando la liberalización del comercio dé lugar a un crecimiento más rápido, ello no implica que mejoren las condiciones de los pobres. Si la desigualdad de los ingresos aumenta al mismo tiempo, la situación de los pobres puede en realidad empeorar. Muchos estudios teóricos y empíricos se han centrado en la relación entre comercio y desigualdad. Los economistas consideran que lo más probable es que la desigualdad de los salarios disminuya en los países en desarrollo como consecuencia de la liberalización del comercio, ya que dichos países están normalmente bien dotados de mano de obra poco cualificada con relación a los países desarrollados. Por consiguiente, al abrirse al comercio, los países en desarrollo serán más competitivos en sectores de gran intensidad de mano de obra poco cualificada y esos sectores crecerán. El aumento de la demanda de trabajadores poco cualificados, que normalmente pertenecen a los segmentos más pobres de la población, conducirá a un aumento de sus salarios con relación a los de los trabajadores cualificados.  ([10])

 

Salvo que las desigualdades en los ingresos ahora, en la realidad de los hechos, no está relacionada con la reducción de la pobreza ni con el crecimiento.

 

“Las medidas de la desigualdad de los ingresos se centran en la diferencia de ingresos entre ricos y pobres en una sociedad. Los cambios de la desigualdad de los ingresos no indican necesariamente que aumente o disminuya la pobreza. Puede ocurrir que el comercio aumente los ingresos de los pobres. Sin embargo, si aumentan más los ingresos de las personas más ricas, la reducción de la pobreza irá acompañada de un aumento de la desigualdad.”  ([11])  Ante esta afirmación solo cabe meditar que “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

 

Razonando en términos aun más amplios respecto de los mecanismos y efectos de la globalización actualmente en marcha, el ex director del FMI, Peter Sutherland escribe el siguiente análisis: “El verdadero problema de la globalización, contrariamente a los mitos tan socorridos para sus acérrimos oponentes, es que los países más ricos son los que se llevan la tajada más grande del aumento en inversión y comercio transfronterizo. Todos los países en desarrollo juntos (incluidos los seis grandes exportadores de Asia sudoriental) apenas atrajeron poco más del 20% de la IED total del pasado año y solo representaron un 27% de las exportaciones mundiales de productos manufacturados. Y, cuanto más tiempo vayan a la zaga los países en desarrollo, mientras las cadenas mundiales de abastecimiento se tornan más complejas y desarrolladas, más difícil les resultará a las empresas de estos países operar a escala mundial.” ([12])

 

Claramente dicho: el mundo está dividido en dos, por un lado las empresas globales que se complejizan, se expanden y se desarrollan, y por el otro las empresas nacionales, regionales y locales que deben situarse a la zaga de aquellas para insertarse, globalizarse, y adquirir una micronésima porción del reparto.

 

Y agrega a continuación: “Sin duda, un comercio más libre ofrece posibilidades sin precedentes para explotar las ventajas comparativas, no solo en el sector de productos terminados, sino en toda la cadena de producción.

Por otra parte, además de contribuir a los beneficios económicos de los países que participan en el comercio, éste es también un cauce para la importación de buenas políticas, ya que socava las prácticas ineficientes y corruptas, mejorando con ello el entorno empresarial.  ([13])

 

El paradigma ideológico de la globalización es, en última instancia, una estructura dinámica de beneficio empresarial, es un contexto de comercio libre, ventajas comparativas, de eficiencia productiva para beneficio de un buen entorno empresarial, beneficiarios últimos de sus prácticas.

 

El Banco Mundial, lo presenta en los siguientes términos: “Para acelerar el crecimiento y reducir la pobreza es necesario que los gobiernos reduzcan los riesgos normativos, los costos y las barreras a la competencia que enfrentan empresas de todos los tipos, desde los agricultores y microempresarios hasta las empresas de manufactura locales y las sociedades multinacionales…” ([14]).

 

 Según esta línea argumental la competitividad de los agricultores y microempresarios  en cualquier país del mundo subdesarrollado, sería comparable a la capacidad competitiva de las sociedades multinacionales.  La falacia conceptual salta  la vista.

 

De este modo, la globalización se manifiesta en un contexto caracterizado por la extensión del capital asociado con la tecnología, por efectos civilizacionales tales como la nueva relación espacio-tiempo, los nuevos modos cognitivos y culturales, el crecimiento y expansión del contenido informacional de la economía, de los procesos productivos y en las operaciones del trabajo, por la mercantilización y trasnacionalización de los intercambios, por la liberalización del comercio y los nuevos “modelos empresariales”.

 

Desde el mito del predominio de la máquina sobre el hombre –característico de la época de la primera revolución industrial- hasta el nuevo mito del advenimiento de una sociedad cognitiva o del conocimiento, la ideología positivista y neoliberal tiende a representar los nuevos procesos globalizadores como procesos a-políticos o políticamente asépticos, del mismo modo como la representación simbólica del progreso material y del conocimiento como fuentes de la riqueza, ocultan los orígenes de la acumulación del capital y enmascaran la realidad de la expansión de las potencias hegemónicas sobre nuevos espacios geo-económicos y geopolíticos.

 

Lo extraño y sugerente de esta nueva ideología globalizadora es que nos presenta la pobreza y la marginalidad, la dependencia y el atraso como consecuencia de otras doctrinas económicas, de otros modos de organización de la economía, reservándose para sí la ventaja de los beneficios y los logros positivos.

 

Como resultado de la implantación de las prácticas globalizadoras, los flujos de inversión y la expansión de los intercambios, se dirigen  hacia aquellas zonas planetarias que reúnen las mejores condiciones de mercado para la realización de sus beneficios.  

 

El sistema-planeta aparece entonces segmentado en “zonas propicias” (constituidas por aquellos países y grupos de países cuyas economías y sistemas políticos son favorables a la presencia de los conglomerados empresariales globales), “zonas oscuras”, que serían aquellas economías y Estados que se oponen y ejercen un control intenso sobre las prácticas globalizadoras y las  zonas grises”, que son aquellos países que se encuentran en disputa para integrarlos dentro de los mercados globales.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 Y DOCUMENTALES

 

Bedar, S.: Infodominance et globalisation.  Paris, 2002.  Centre Interdisciplinaire de Recherches sur la Paix et d’Etudes Stratégiques (CIRPES).

 

FMI: Informe Anual del Directorio Ejecutivo correspondiente al ejercicio cerrado el 30 de abril de 2004.  Washington DC, 2004.  Fondo Monetario Internacional.

 

Hobsbawm, E.: Historia del siglo XX.  B. Aires, 2002.  Planeta-Mondadori.

 

-  La era del imperio. 1875-1914.  B.Aires, 1999.  Planeta-Mondadori.

 

Kay, C.: Latin American Theories of development and underdevelopment.  N. York, 1989.  Routledge & Kegan Ed.

 

Raffestin, C.: Pour une géographie du pouvoir. Paris, 1980.  LITEC.

 

Rodríguez, M.L.:  Espacio y poder. Los nuevos paradigmas geopolíticos en los inicios del siglo XXI.  P. Arenas, 2003.  (ensayo inédito).

 

Sutherland, P.: Porqué debemos aceptar la globalización.  N. York, 2002.  Revista Finanzas y Desarrollo.  Fondo Monetario Internacional,  N° 21, septiembre 2002.

 

OMC Informe sobre el Comercio Mundial – 2003.  Lausanne (Suiza), 2003. Organización Mundial de Comercio.

 

World Bank: World Development Report 2005.  A better investment climate for everyone. Washington, 2004. 

 

World Bank: Globalization, Growth and Poverty.  Building an inclusive world economy. N. York, 2001. Oxford University Press.

 

Banco Mundial: Informes Anuales. Washington. Años 2000-2004.

 

Colecciones completas. Le Monde Diplomatique.  Años 1986 – 2004.

 

Fondo Monetario Internacional: Informes Anuales. Años 2000-2004.

 

Organización Mundial de Comercio: Informes anuales del Comercio Mundial.  Años 2002-2004.

 


[1] Raffestin, C.: Pour une géographie du pouvoir. Paris, 1980.  Ed. LITEC, p.  130.

[2] Bourdieu, P., Wacquant, L.: Una nueva vulgata planetaria.  Le Monde Diplomatique. Edición chilena. Santiago, diciembre 2000, pp. 22-23.

[3] Foucault, M.: Un diálogo sobre el poder. Barcelona, 1998.  Ed. Altaya, p. 145.

[4] Este concepto es de mi exclusiva responsabilidad.  La desmemoriación actuaría como un mecanismo cultural e ideológico alienante que tiende a borrar y desdibujar las identidades culturales, la particularidad de las historias locales, nacionales, regionales en nombre de la globalidad, de la historia universal, pasando por debajo además, el contrabando intelectual según el cual todas las historias, políticas y económicas anteriores serían antecedentes inevitables de la actual mundialización.

[5]OMC Informe sobre el Comercio Mundial – 2003.  Lausanne (Suiza), 2003. Organización Mundial de Comercio, p. 96.

[6]OMC, op. cit., p. 96.

[7]OMC, op. cit. p. 99.

[8]OMC, op. cit., p. 118.

[9]FMI: Informe Anual del Directorio Ejecutivo correspondiente al ejercicio cerrado el 30 de abril de 2004.  Washington DC, 2004.  Fondo Monetario Internacional. Cap. II, p. 21.

[10] OMC, op. cit., p. 119.

[11]OMC, op. cit., p 121.

[12]Sutherland, P.: Porqué debemos aceptar la globalización.  N. York, 2002.  Revista Finanzas y Desarrollo.  Fondo Monetario Internacional,  N° 21, septiembre 2002.

[13]Sutherland, P.: Porqué debemos aceptar la globalización.  N. York, 2002.  Revista Finanzas y Desarrollo.  Fondo Monetario Internacional,  N° 21, septiembre 2002.

[14]Banco Mundial: Informe sobre el desarrollo mundial, 2005. Washington, 2004. Banco Mundial.

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Autor: Manuel Luis Rodríguez U.

Sociólogo, Cientista Político, académico, comunicador.

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